El perro que ladra sin cesar… Cómo solucionarlo enseñándole a hacerlo sólo cuando nosotros queramos · II Parte

En nuestro anterior comentario analizamos un poco las causas más comunes por las que un perro ladra más de lo normal. De modo habitual, cuando se da este problema suele existir una causa subyacente: falta de dominancia o de educación del animal por parte del dueño, aburrimiento, falta de ejercicio… Digamos que el perro muestra un sobrante de energía que intenta canalizar por este medio: ladrando. ¿Cuál es pues la solución? A simple vista parece evidente… implicarse más con el perro, haciéndole más caso (tampoco es bueno hiperestimularle estando siempre encima de él, acariciándole y jugando todo el tiempo), ofrecerle más actividad (correr, caminar, jugar con otros perros), ejercer la dominancia… Pero sin duda alguna la mejor forma de conseguir que nuestro colega peludo deje de ladrar es ¡¡ agarraros bien…!! ¡¡ENSEÑÁNDOLE A HACERLO!! “¿Cómo es eso…? – os preguntaréis. Muy sencillo, ahí os va “la receta”:

Si os acordáis en anteriores comentarios decíamos como enseñar a un perro a tumbarse o a sentarse. Para ello utilizábamos el método más corriente de aprendizaje, “la inducción”. Este método, como recordáis, se basaba en aprovechar las acciones naturales del perro. Cuando éste se tumbaba le ordenábamos “echado” (sólo después de que lo hiciera ¡ojo!) y cuando se sentaba motu propio le decíamos  después “sienta” o sitz”. Con el ladrido podemos hacer lo mismo, sólo tenemos que observar a nuestro querido amigo. Algunos ladran cuando tocan al timbre de la puerta o al interfono. En ese momento le diremos “¡ladra!” o “bark!” y cuando cese de ladrar le diremos “¡calla!”. Esto lo repetiremos una y otra vez y lo acabará aprendiendo. No debemos sin embargo, permitirle que lo haga bajo otras circunstancias, se haría nuestro tirano y cada vez que quisiera algo ladraría… Cuando queramos que no ladre le diremos “¡calla!” cerrándole el hocico con nuestras manos, y si esto no funciona practicaremos el método del lazo: Un simple cordel o cordón o cinta que anudaremos alrededor de su hocico cada vez que ladre hasta que deje de hacerlo. En cuanto se lo hagamos dos veces, sólo con ver el cordel dejará de ladrar (no falla) Es una forma incruenta e inofensiva de controlar a nuestro perro. De todas maneras, no debemos olvidar que el mejor de los sistemas es prodigar a nuestra mascota actividad, disciplina y afecto (por este orden), todo ello dentro de un ambiente de tranquilidad y coherencia.

La falta de ejercicio puede ser la causa de ladrar en exceso



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