Errores que se comente generalmente con los perros IV

Seguimos analizando conductas inadecuadas de los amos con sus perros:

  • Falta de coherencia: El perro lo que busca es seguridad. No es una animal solitario, y el pariente del que procede, el lobo, tampoco. Éste vive en manadas, como sabéis, su fuerza es el grupo,  se parece en esto a nosotros. En cada manada hay un lobo líder o alfa , que se gana y mantiene su puesto día a día. Sus subordinados confían en él , porque no les defrauda ni les da ordenes contradictorias, y si les reprende su reprimenda es proporcional a la falta cometida. No se excede ni abusa de su autoridad. Quedémonos con esta imagen en la mente, la de un jefe justo y coherente. Ahora translademos esta situación a nuestros hogares. El perro ha aparecido allí un buen día siendo un pequeño cachorro. La familia es grande y no parecen estar muy de acuerdo de cómo tratarle. Unos le dan de comer a una hora, y otros a otra diferente. Tampoco le sacan cada día a la misma hora sino cuando les conviene, o cuando el animal avisa que ya no aguanta más. Le riñen un día por cosas que al día siguiente le festejan. Unos miembros de la familia le consienten en su afán de protección, y otros lo tratan con autoridad y disciplina. Como resultado de este comportamiento colectivo el animal se siente perdido, sin saber a qué atenerse. Le gustaría estar bajo las órdenes de un auténtico líder que sepa realmente lo que quiere. Vista la situación, como en esos países en los que campa la anarquía y el caos, el perro se cuestiona  dar un golpe de estado…

Perro en exposición

  • Ausencia de dominancia: nuestro colega canino no sale de su asombro… Se halla aún en la tierna infancia y le han hecho ya el rey de la casa. Le dan de comer de todo: pollo cocido , sobras de la cena anterior, gominolas, las lentejas del sábado pasado del fondo de la nevera. Lo del pienso de la clínica veterinaria no parece muy buena idea, ya lo dijo el abuelo: “¿Cómo va  a comer un animal las bolas esas?, ¿dónde se vió?” , y mientras dice ésto comparte con él su desayuno, porque “ahora que es pequeño necesita engordar y creiarse bien para ponerse fuerte“. El perrín es feliz gracias a su variada dieta , hambre no pasa nunca , pues come a todas horas, siempre alguien le da algo. Lo único que sucede es que le cuesta mucho contenerse en casa y tiene diarreas frecuentes, pero ya lo dijo la suegra: “Eso es que el animal viene mal. La culpa la tiene el criador. ¡Vaya pájaro…!” A la hora de la siesta tampoco hay problema. El cachorro de mastín se repantiga cómodamente en el sofá. “Es pequeñín , si no ocupa nada…” A los ocho meses la escena cambia. La familia sigue la telenovela en equilibrio precario sobre el sofá, pero nuestro amigo mastín ronca a la larga con plena satisfacción. El sofá ya es suyo, y pobre del que se lo quite… A la hora de dormir igual, ya tiene reservada la mejor parte de la cama matrimonial. Dª Vicenta no dice nada al esposo, pero en su foro interno piensa que lo de dejar al perro subirse al colchón, es como meter en la cama a un primo del pueblo, “quién iba a imaginar que creciera tanto este animal…” Y así sigue la muelle vida de nuestro amigo Mastín Leonés… en la cresta de la ola. Si le viera su madre mastina le diría aquello mismo que le gritaba James Cagney a su progenitora  en “Al rojo vivo” “¡Mírame mamá estoy en la cima del mundo…!”
Cachorro con su ama

Cachorro con su ama


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