Poseer un perro de un modo cívico · I parte

Pastor alemán andando

Las actividades variadas permiten a los perros alcanzar todo su potencial y les hace mejores...

A veces nos maravilla el hecho de ver como no toda la gente ama los perros, y como son en algunos casos incluso, por sistema, odiados. Sin embargo, si nos paramos a pensar, profundizar en los problemas puede revelarnos su causa. Nada se origina sin motivo aparente…

Cada cultura trata sus animales, y dentro de ellos los perros, de diferente manera. Lo dicen hasta los adiestradores televisivos famosos. El mundo hispano es heredero de una tradición greco-arábigo-judaica en la que el perro no sale muy bien parado… Ni siquiera los romanos les tenían mucho aprecio, desde aquella vez que los gansos del Capitolio aventajaron a los canes dando la alarma de un ataque nocturno… Son tal vez los pueblos nórdicos los más amantes de los perros y de muchos animales. La mayoría de las fundaciones y protectoras de la fauna, métodos de adiestramiento, libros sobre el tema, concursos, clubs y exposiciones  cinófilas tienen su origen en el Norte de Europa, como la mayoría de las razas caninas. Luego estas naciones tienen defectos, igual que  todas, pero los perros y los animales sus habitantes los quieren, y no es casualidad que sean países con un elevado nivel cultural…

En muchos de estos lugares septentrionales los perros conviven con las personas, comparten medios de transporte, disfrutan de lugares de esparcimiento dentro de las ciudades y acaban siendo ciudadanos gratos y queridos. Un perro es lo que su amo quiere que sea. Algo tendrá que ver en todo esto la educación cívica imperante entre los germanos, anglosajones y nórdicos en general, digo yo… A los perros suelen llevarlos atados por la calle, – sin molestar a peatones u a otros dueños acompañados de  sus canes – y así tampoco estos provocan accidentes de tráfico. Les colocan un bozal al acceder a transportes públicos, ofreciéndoles también esparcimiento soltándolos en lugares a tal fin destinados. Recogen sus heces, y además de no abandonarlos, adoptan en muchos casos los que nosotros dejamos tirados. Pero mal pueden seguir el ejemplo los ciudadanos españoles, cuando – según un rumor que me llegó – cierta autoridad municipal, declaró en un medio público “que el que quiera un perro que se compre una finca”. Confió fervientemente  en la no veracidad de esta declaración, ya que de ser cierta, volvería a cernirse sobre nosotros la sombra de la “España profunda” que una vez nos cubrió…

Foto antigua de un perro y su ama

Los países del Norte de Europa poseen una larga tradición cinófila. En la foto antigua joven ama y su perro


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