Siempre me gustaron los perros. Me sorprendÃa el amor incondicional que demostraban hacia sus dueños. Los sabÃa compañeros y socios. Amigos en las buenas y en las malas. Cuando me decidà a tener mi primer perro, conocÃa bien cuales eran mis obligaciones y sobre todo, entendà que dejar a mi egoÃsmo de lado, me permitirÃa brindarle todo aquello que mi mascota necesitara.

Los primeros tiempos no fueron fáciles. Ver a mi cachorro con un zapato nuevo, apretujado en su flamante y afilada mandÃbula o tener que deshacerme de una deshilachada alfombra hindú, fueron las primeras experiencias que pusieron a prueba mi tolerancia y que por supuesto, hoy forman parte nuestro anecdotario.
Ver jugar a mi amigo con su mordisqueada pelota, perseguir por todo el jardÃn a un chorro de agua rebelde o simplemente sentirlo a mà lado, me llena el corazón y sé que fue una gran idea tener un perro.
Como dije al principio, siempre supe que me gustaban los perros, lo que no sabÃa, era que ya no podrÃa vivir sin ellos.
Foto:Â Entre perros y gatos
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