¿A tu perro le encanta la nieve? Claves para saberlo y cuidarle en invierno

  • Un vídeo viral de un golden retriever desata el debate sobre si a todos los perros les gusta la nieve.
  • Raza, tamaño, tipo de pelaje y grasa corporal influyen en cómo toleran el frío y la nieve.
  • Hay señales claras de que un perro no lo está pasando bien en la nieve y conviene entrar en casa.
  • La nieve puede ser segura si se protegen las patas, se controla la temperatura y se limita el tiempo al exterior.

Perro disfrutando de la nieve

Los vídeos de perros jugando en la nieve llevan años arrasando en redes sociales, y el invierno vuelve a llenar TikTok e Instagram de escenas de cachorros saltando, corriendo y enterrando el hocico en el manto blanco. Uno de los últimos en hacerse viral tiene como protagonista a Charlie, un golden retriever que pierde literalmente la cabeza de felicidad al ver la primera nevada del año.

Sin embargo, detrás de esas imágenes tan compartibles hay una pregunta que muchos dueños se hacen: ¿a todos los perros les encanta la nieve o algunos lo pasan realmente mal con el frío? Y, sobre todo, ¿cómo podemos saber si nuestro compañero de cuatro patas lo disfruta o está deseando volver al sofá?

El vídeo viral que ha encendido el debate

En uno de los clips más comentados del otoño, compartido en TikTok bajo el usuario @laurenandcody, se ve a Charlie, un golden retriever, salir al exterior en cuanto cae la primera nevada. En pocos segundos, el perro empieza a saltar sin parar, mueve la cola con euforia y hunde la cabeza en la nieve recién caída, mientras su humana le acompaña en el jardín.

El texto sobreimpreso en el vídeo resume la escena con humor: «POV: es la primera nevada y tu golden retriever tiene un colapso emocional de felicidad». La descripción remata: «Nadie ama la nieve más que Charlie». A la vista de las imágenes, cuesta llevarle la contraria.

El clip, publicado en noviembre, se disparó rápidamente en reproducciones hasta superar los 2,6 millones de visualizaciones y más de 600.000 «me gusta». Los comentarios de otros usuarios iban desde bromas hasta mensajes de ánimo: muchas personas aseguraban que ver a Charlie les ayudaba con la depresión estacional y les alegraba el día.

Entre las respuestas más compartidas, una usuaria se preguntaba: «¿Por qué nadie habla de los saltos felices en el ascensor?», aludiendo a otro momento del vídeo en el que el perro no puede dejar de brincar incluso antes de pisar la nieve. Otros añadían que seguramente Charlie llevaba todo el día mirando por la ventana, esperando el momento de salir al exterior.

¿Todos los perros disfrutan de la nieve igual?

La cara más tierna de estos vídeos puede dar la impresión de que a cualquier perro le entusiasma la nieve, pero los expertos insisten en que no todos reaccionan igual ante el frío ni ante este tipo de clima. La veterinaria Julie Hunt, con amplia experiencia en seguros y salud de mascotas, explica que hay perros que la adoran y otros que la detestan.

Según Hunt, para que un perro disfrute realmente de la nieve tienen que encajar varios factores: que le guste salir al exterior, que tolere las bajas temperaturas, que no le moleste la humedad en las patas y que se sienta cómodo al caminar sobre superficies con texturas diferentes a las habituales.

Si tu perro suele ser reacio a salir cuando hace frío, evita el contacto con el suelo mojado o se muestra incómodo cuando pisa superficies irregulares, es bastante probable que la nieve no sea precisamente su plan favorito de invierno. Además, en algunos casos se forman pequeñas bolas de nieve entre los dedos cuando el pelaje de las patas es largo y no está recortado, lo que puede resultar molesto o incluso doloroso.

Estas molestias, aunque a simple vista parezcan menores, pueden hacer que un paseo que debería ser divertido termine siendo una mala experiencia. Por eso, antes de lanzarnos a grabar el típico vídeo en la primera nevada, conviene observar bien la reacción del animal y respetar sus límites.

Razas que suelen llevar mal el frío y la nieve

No todos los perros están preparados físicamente para el invierno. Hunt recuerda que las razas que peor toleran el frío tienen más papeletas para rechazar la nieve y preferir el calor del hogar. En este grupo se encuentran, sobre todo, perros muy pequeños con pelaje corto.

Los llamados perros «toy» o «taza de té» son un ejemplo claro: chihuahuas mini, pinschers miniatura, yorkshire toy o perros salchicha de tamaño reducido suelen temblar con facilidad y perder calor corporal a gran velocidad. Aunque puedan llevar abrigos y, en teoría, ir bien equipados, su tamaño y su anatomía hacen que aguanten poco rato a bajas temperaturas.

En la misma línea, los perros sin pelo, como el crestado chino, son especialmente sensibles al frío, igual que muchas razas de tipo lebrel (whippet, galgo, etc.), que se caracterizan por tener muy poca grasa corporal y un perfil atlético y delgado. Estos perros suelen necesitar prendas de abrigo incluso para paseos cortos cuando el termómetro se desploma.

En entornos europeos donde los inviernos pueden ser largos y húmedos, como el norte de España, el interior peninsular o países del centro y norte de Europa, este tipo de razas agradece paseos más breves, horarios de sol y zonas secas. Obligarles a jugar en la nieve porque nos parece “bonito” para una foto puede resultar contraproducente para su bienestar.

Perros que normalmente disfrutan del frío y la nieve

En el lado opuesto están las razas habituadas históricamente a trabajar al aire libre en climas duros. Muchas de ellas no solo soportan bien el frío, sino que parecen activarse y volverse aún más enérgicas cuando llega el invierno. Es el caso de perros de montaña y guardianes de ganado, diseñados durante siglos para convivir con las nevadas.

Entre estos destacan el Boyero de Berna, el San Bernardo o los Grandes Pirineos, muy populares en zonas de montaña de Europa. Su denso pelaje, su tamaño y su capa de grasa les permiten mantener la temperatura corporal incluso a bajas temperaturas, siempre que estén sanos y en buena condición física.

Las razas árticas, como el samoyedo o el husky, son casi un icono del invierno. Su manto doble y su resistencia hacen que se sientan especialmente cómodos corriendo y jugando en nieve compacta o polvo helado. También hay otras razas robustas, como el Gran Perro de Montaña Suizo o el Terranova, que están muy bien adaptadas a temperaturas frías y terrenos húmedos.

Además, muchas razas deportivas, como la mayoría de golden retriever y labrador retriever, suelen disfrutar de juegos al aire libre incluso cuando hace frío, aunque en el caso del labrador el pelaje sea algo más corto. Si a estos perros ya les encanta el agua y el campo en verano, es bastante posible que también se lo pasen en grande persiguiendo bolas de nieve o jugando a buscar juguetes enterrados en el blanco.

Cómo saber si tu perro odia la nieve

No hace falta ser etólogo para detectar que un perro no está cómodo en la nieve. La propia Hunt aconseja fijarse en señales muy básicas: si el animal se queda quieto, tiembla, intenta volver sobre sus pasos o tira hacia casa, probablemente no esté disfrutando del paseo invernal.

Otros indicios claros son que se niegue a caminar, levante las patas de forma alterna para evitar el contacto prolongado con el suelo helado o busque resguardo detrás del tutor. Si tu perro actúa así, lo razonable es acortar la salida y regresar al interior, en lugar de insistir en que juegue o se haga una foto en la nieve.

También conviene observar si después del paseo se lame en exceso las almohadillas o el espacio entre los dedos, ya que podría indicar molestias por hielo, nieve compactada o pequeñas grietas en la piel. Un repaso rápido a las patas al entrar en casa ayuda a detectar estos problemas a tiempo.

En España y en buena parte de Europa, donde la nieve aparece de forma más esporádica en muchas ciudades, es frecuente que los perros no estén acostumbrados a pisarla. En esos casos, es mejor ir poco a poco, permitiendo que el animal explore sin presión y se retire cuando lo desee, en lugar de forzar una larga excursión el primer día de nevada.

Consejos para que la nieve sea segura para tu perro

La nieve, en principio, no tiene por qué ser peligrosa para los perros, pero su seguridad depende de cuánto tiempo permanezcan fuera, del tipo de terreno y de la protección que lleven. Según los especialistas, el objetivo es que el animal mantenga una temperatura corporal confortable y que sus patas estén bien cuidadas.

En salidas invernales, es recomendable revisar con frecuencia las almohadillas para comprobar que no se formen bolas de nieve o hielo entre los dedos, sobre todo en perros de pelo largo. Estos pequeños “pegotes” pueden causar tirantez, incomodidad e incluso pequeñas heridas si se endurecen. Una inspección rápida al volver a casa ayuda a prevenir problemas.

Otro punto importante es el tipo de superficie. Calles con mucha sal, aceras muy frías o terrenos extremadamente irregulares pueden dañar la piel de las patas con el tiempo. Cuando sea posible, es preferible buscar zonas con nieve más limpia y menos transitada, y, si se pasea por ciudad, valorar el uso de protectores o cremas específicas recomendadas por el veterinario.

En el caso de perros pequeños y de pelo corto, los expertos recomiendan tomarse muy en serio la protección frente al frío. Un abrigo adecuado, salidas algo más cortas y, para animales especialmente frioleros, incluso la opción de transportarlos en un cochecito para mascotas bien abrigado con mantas puede ser una solución práctica para que sigan saliendo sin pasar un mal rato.

Sea cual sea la raza, conviene evitar exposiciones excesivamente largas, sobre todo si hay viento, humedad o temperaturas bajo cero. Igual que las personas, los perros pueden sufrir hipotermia o problemas relacionados con el frío intenso si se abusa del tiempo al aire libre en malas condiciones.

Disfrutar del invierno con tu perro, pero con sentido común

Las primeras nevadas del año suelen traer consigo ganas de fotos, vídeos y juegos al aire libre, y es lógico querer compartir esos momentos con nuestros perros. Pero antes de lanzarse a copiar el ejemplo de Charlie en TikTok, conviene tener en cuenta las características concretas de nuestro animal: raza, edad, estado de salud y tolerancia al frío.

Algunos perros, como muchos retrievers o razas de montaña, se lo pasarán de maravilla correteando por la nieve durante un buen rato. Otros, en cambio, agradecerán un paseo corto, un buen abrigo y volver pronto al calor de casa. Ambos perfiles son igual de normales, y ninguna de las dos reacciones significa que el perro sea más o menos «feliz».

La clave está en observar su lenguaje corporal, respetar su ritmo y tomar medidas sencillas de prevención, como controlar el estado de las patas, evitar superficies agresivas y limitar el tiempo al exterior en días especialmente crudos. Al hacerlo, la nieve puede convertirse en una experiencia positiva y segura, tanto para los que la adoran como para los que solo la toleran a ratitos.

Lo importante no es que tu perro se haga viral saltando entre copos, sino que cada salida al frío se adapte a sus necesidades reales. Con un poco de sentido común y algo de observación, es fácil saber si a tu perro le encanta la nieve o prefiere verla desde la ventana, bien arropado en el sofá.

Perro tapado con mantas.
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