
Un nuevo trabajo de investigación ha puesto el foco en algo que muchos dueƱos intuĆan, pero que ahora se ha medido con rigor: algunos perros son capaces de aprender nombres de objetos de una forma muy parecida a la de los niƱos pequeƱos. No se trata de órdenes bĆ”sicas como āsiĆ©ntateā o āvenā, sino de etiquetas concretas para juguetes y otros elementos del entorno.
El estudio, desarrollado en universidades europeas como la Universidad Eƶtvƶs LorĆ”nd de Budapest y la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, y publicado en la revista Science, muestra que un grupo muy reducido de perros puede incorporar palabras nuevas simplemente escuchando conversaciones entre humanos, sin que nadie les hable directamente ni les entrene de forma explĆcita.
Perros con un vocabulario fuera de lo comĆŗn
Los cientĆficos centraron su atención en un conjunto de perros ya conocidos por su habilidad extraordinaria para reconocer palabras. Estos animales, descritos como āsuperdotados del vocabularioā, podĆan identificar decenas o incluso cientos de juguetes por su nombre, algo documentado en las dos Ćŗltimas dĆ©cadas por distintos grupos de investigación.
Uno de los casos mĆ”s llamativos es Basket, una border collie de siete aƱos que vive en Manhattan y que conoce al menos 150 juguetes por su nombre. Su dueƱa comenzó a enseƱarle palabras cuando era cachorra, repitiendo el nombre de cada juguete mientras jugaban. Empezaron con unos pocos objetos y el repertorio fue creciendo hasta que el lĆmite lo marcó, literalmente, el espacio disponible en el piso.
Este tipo de perros no se limita a aprender palabras asociadas a cosas muy motivadoras como la comida. Muchos de los términos corresponden a juguetes aparentemente corrientes, que solo tienen en común el haber sido nombrados repetidamente en un contexto de juego y atención conjunta con sus cuidadores.
Según los investigadores, los mÔs representados en este grupo especial son perros de pastoreo, en particular border collies, aunque también se han identificado individuos de otras razas como labradores retriever o pastores australianos. Incluso dentro de estas razas, no obstante, la capacidad de acumular un gran vocabulario es poco frecuente.
Un experimento inspirado en el aprendizaje infantil
El equipo liderado por la investigadora Shany Dror quiso ir un paso mĆ”s allĆ” y comprobar si estos perros excepcionales podĆan aprender palabras nuevas del mismo modo que los niƱos de alrededor de 18 meses: escuchando de manera pasiva lo que dicen los adultos mientras interactĆŗan con objetos.
Para ello, seleccionaron diez perros con una capacidad de aprendizaje de etiquetas ya demostrada: siete border collies, un labrador retriever, un pastor australiano mini y un cruce de pastor ovejero australiano con ganadero australiano. Todos ellos habĆan mostrado antes que podĆan memorizar el nombre de mĆŗltiples juguetes y recuperarlos a petición.
En los ensayos principales, los dueƱos presentaban un juguete nuevo a otro miembro de la familia. Las personas se pasaban el objeto de mano en mano y lo nombraban en frases sencillas, del estilo āEsto es una rayaā o āĀæQuieres la raya?ā. Durante todo el intercambio, nadie miraba al perro ni le hablaba directamente, aunque el animal podĆa observar la escena.
Cada perro vio este tipo de interacción con dos juguetes nuevos, en varias sesiones breves repartidas a lo largo de distintos dĆas. El objetivo era reproducir, de manera controlada, lo que ocurre cuando un niƱo escucha a los adultos hablar entre sĆ sobre un objeto mientras lo manipulan.
DĆas despuĆ©s, llegaba el momento de la prueba. Los dueƱos colocaban en otra habitación los dos juguetes nuevos junto a varios juguetes ya conocidos. Sin que el perro viese la disposición, el cuidador pedĆa por el nombre al juguete nuevo. Si el animal traĆa el objeto correcto, se consideraba un acierto.
Resultados comparables a los de un niƱo de 18 meses
Los datos sorprendieron incluso a los propios investigadores. En promedio, los perros acertaron alrededor del 80Ā % de las veces al elegir el juguete nuevo cuyo nombre solo habĆan oĆdo en conversaciones ajenas. Esta tasa de Ć©xito fue muy similar a la obtenida cuando aprendĆan palabras mediante entrenamiento directo.
A nivel individual, siete de los diez perros demostraron un rendimiento claramente superior al azar. En paralelo, un grupo de control formado por diez border collies sin habilidades especiales de vocabulario no mostró la misma capacidad: estos perros no lograron asociar los nuevos nombres a los juguetes en las mismas condiciones.
Los resultados recuerdan al llamado āaprendizaje incidentalā descrito en psicologĆa infantil, un proceso mediante el cual los niƱos integran palabras nuevas sin que nadie se dirija expresamente a ellos. Para que esto ocurra en humanos es necesario seguir la mirada, interpretar gestos y filtrar las palabras relevantes de todo lo que se oye.
El investigador de cognición comparativa Federico Rossano, de la Universidad de California en San Diego, que no participó en el experimento, calificó la actuación de estos perros como āmuy impresionanteā y similar a lo que hacen los niƱos pequeƱos en esa etapa. Al mismo tiempo, subrayó la importancia de repetir el estudio con un control aĆŗn mayor sobre el entorno domĆ©stico y el entrenamiento, por ejemplo con investigadores presentes en los hogares.
La conclusión que extrae el equipo es que al menos algunos perros pueden aprovechar pistas sociales y lingüĆsticas complejas, aunque las seƱales concretas que utilizan todavĆa no estĆ”n del todo claras.
QuƩ hace diferentes a estos perros superdotados
Una de las grandes incógnitas es quĆ© distingue a estos animales del resto de perros. Investigaciones previas dirigidas por Juliane Kaminski, responsable del centro de cognición canina de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido), apuntan a ciertas pistas. En un trabajo publicado en Scientific Reports, su equipo observó que los perros que aprenden etiquetas muestran mĆ”s interĆ©s por los objetos nuevos y un mayor autocontrol que los perros tĆpicos.
Lo que todavĆa no se sabe es si esas caracterĆsticas son la causa o la consecuencia. Es decir, no estĆ” claro si esa curiosidad y capacidad de concentración facilitan el aprendizaje de palabras o si, al revĆ©s, el entrenamiento intensivo con etiquetas de objetos termina reforzando esos rasgos.
En cualquier caso, todos los especialistas coinciden en que se trata de una habilidad muy poco frecuente. La mayorĆa de los perros, incluso con una buena educación, no desarrolla de forma espontĆ”nea un vocabulario amplio de nombres de objetos. Hablamos de casos excepcionales que representan una minorĆa dentro de la especie.
El trabajo publicado en Science tambiĆ©n probó otras formas de aprendizaje de palabras. En un experimento complementario, los dueƱos mostraban un juguete nuevo al perro, lo introducĆan en un cubo y, ya sin que el objeto estuviera a la vista, empezaban a usar la nueva etiqueta en frases cortas, alternando la mirada entre el cubo y el animal. Tras varias sesiones, estos perros eran capaces de ir a buscar el juguete correcto casi el 80Ā % de las veces.
Para seguir avanzando, los equipos de Dror y Kaminski insisten en la necesidad de localizar mĆ”s sujetos. Los investigadores han lanzado un mensaje claro: piden a cualquier dueƱo que sospeche que su perro conoce el nombre de varios juguetes que se ponga en contacto con los laboratorios, ya que el nĆŗmero de perros con estas caracterĆsticas sigue siendo reducido.
Implicaciones para la cognición canina y la relación con los humanos
MĆ”s allĆ” de la anĆ©cdota de los perros que traen el āaguacateā de juguete cuando oyen a sus dueƱos hablar de comprar aguacates reales, el estudio tiene implicaciones de peso para entender la inteligencia social de los perros. Los autores sostienen que los procesos sociocognitivos que permiten aprender palabras a partir de conversaciones entre terceros no son exclusivos de los humanos.
El hecho de que estos perros sean capaces de seguir la atención de las personas, discriminar palabras clave y vincularlas a objetos concretos sugiere que la convivencia estrecha con los humanos ha moldeado, al menos en algunos individuos, unas capacidades cognitivas muy refinadas.
Para Europa y paĆses como EspaƱa, donde la tenencia responsable y el bienestar animal ganan peso en la agenda pĆŗblica, este tipo de hallazgos alimenta el debate sobre hasta quĆ© punto comprendemos realmente a los perros con los que convivimos. Aunque la investigación se ha desarrollado principalmente en HungrĆa, Austria y Reino Unido, sus conclusiones son aplicables a cualquier contexto domĆ©stico europeo.
Los expertos en comportamiento animal seƱalan que estos resultados podrĆan inspirar nuevos enfoques de entrenamiento canino, mĆ”s centrados en la comunicación bidireccional y en aprovechar la capacidad del perro para leer seƱales humanas. Aun asĆ, se insiste en que no hay que esperar que cualquier perro pueda aprender cientos de nombres, por mucho esfuerzo que se dedique a su educación.
Otra derivada importante es el estudio comparado con otras especies. Si algunos perros pueden aprender de esta forma, se abre la puerta a investigar procesos similares en otros animales domésticos o incluso en especies salvajes, analizando cómo la interacción con los humanos o con otros miembros del grupo afecta al desarrollo de habilidades comunicativas.
En conjunto, las investigaciones sobre perros que aprenden nombres de objetos como niƱos pequeƱos muestran un fenómeno tan raro como revelador: un puƱado de animales que, gracias a su entorno, su genĆ©tica y su relación estrecha con las personas, han desarrollado una capacidad de aprendizaje de palabras que recuerda a la etapa temprana del lenguaje humano. Aunque su nĆŗmero sea limitado y todavĆa queden muchas preguntas abiertas sobre las claves de esta habilidad, estos casos estĆ”n ayudando a redefinir lo que sabemos sobre la mente canina, el papel de la socialización con humanos y los lĆmites del aprendizaje del lenguaje mĆ”s allĆ” de nuestra propia especie.
