Una mujer resultó gravemente herida tras ser atacada por tres perros de raza pitbull en calles de la alcaldía Tláhuac, en la Ciudad de México. El suceso, que ha generado una fuerte indignación pública sobre los ataques de perros, quedó registrado en un vídeo que se ha difundido ampliamente en redes sociales y medios de comunicación.
Según los primeros reportes, la mujer, identificada como Ana, intentaba proteger a su hijo cuando los animales se abalanzaron primero sobre el joven y, posteriormente, se concentraron en ella, provocándole múltiples mordidas y lesiones tan serias que existe el riesgo de que pierda movilidad en una pierna y un brazo, un desenlace similar al ataque de pitbull en Hollywood.
Cómo se produjo el ataque en Tláhuac
De acuerdo con la información difundida por el periodista Carlos Jiménez, el incidente ocurrió en la calle Traviata, en la colonia Miguel Hidalgo de la alcaldía Tláhuac. Ana caminaba acompañada de un hombre joven, presuntamente su hijo, cuando los tres pitbull salieron de un predio cercano, en un comportamiento que recuerda al ataque de cinco pitbull en Potrerillos.
Los perros, que pertenecerían a vecinos de la zona, habrían sido dejados salir sin supervisión momentos antes. En las imágenes se aprecia que la puerta del inmueble estaba abierta, lo que sugiere una clara falta de control y de medidas de seguridad por parte de los propietarios, un problema que abordan las nuevas ordenanzas sobre tenencia responsable.
El primer objetivo de los animales fue el joven. Ante esta situación, la mujer se coloca entre los perros y su hijo, tratando de usar su propio cuerpo como escudo. Es en ese momento cuando los tres pitbull dirigen toda su ferocidad contra ella, en un episodio que recuerda al ataque de dos pitbulls.
La víctima es tirada al suelo mientras los perros continúan mordiéndola de forma repetida. El joven intenta ahuyentarlos lanzando objetos y propinándoles golpes, pero sus esfuerzos resultan completamente inútiles durante los largos segundos que se prolonga la agresión, como también se documentó en el ataque en Multiplaza Escazú.
Ante la imposibilidad de controlar a los animales, el chico sale corriendo en busca de ayuda. Una persona de edad avanzada acude al lugar, y después se suman otros vecinos, que lanzan palos y diversos objetos para tratar de separar a los perros de la mujer, aunque con escaso éxito inicial, una escena que también recuerda los ataques en Campo Alegre.
Las imágenes del vídeo y el momento más crítico
El vídeo difundido por Jiménez muestra con crudeza la secuencia completa del ataque, que dura aproximadamente dos minutos. A lo largo de la grabación se escuchan los gritos desesperados de Ana y del joven, que no consiguen frenar a los pitbull y reflejan la desesperación del momento.
En cierto punto, el hombre logra zafarse de los perros y se aleja para pedir ayuda, mientras la mujer permanece en el suelo rodeada por los canes, que siguen mordiéndola en piernas y brazos. Los vecinos que llegan comienzan a lanzarles objetos y a golpear el suelo, intentando que se aparten.
En las imágenes se aprecia cómo, tras un primer momento en el que los perros parecen retirarse, regresan de nuevo sobre la víctima y continúan atacándola. La tensión aumenta a medida que pasan los segundos sin que nadie logre sujetar a los animales con seguridad.
Finalmente, Ana consigue ponerse de pie, ayudada por las personas que han acudido, y alguien emplea un palo para ahuyentar definitivamente a los pitbull. Aun así, la mujer continúa emitiendo quejidos de dolor que evidencian la gravedad de las lesiones sufridas durante la agresión.
Las imágenes han generado un intenso debate en redes sociales, donde muchos usuarios cuestionan tanto el comportamiento de los dueños como la actitud de algunas de las personas presentes, a quienes se acusa de reaccionar con lentitud o cobardía durante los momentos más críticos del ataque, y reavivan propuestas como la prohibición de pitbull en Montreal.
Estado de salud de la víctima y atención médica
Tras lograr alejar a los perros, servicios de emergencia se desplazaron a la zona para atender a la mujer. Los equipos de rescate encontraron a Ana con heridas de gravedad en extremidades superiores e inferiores, producto de las múltiples mordidas, mientras en distintos lugares se discute la nueva regulación para perros potencialmente peligrosos.
La víctima fue trasladada de inmediato a un centro médico, donde ha sido sometida a varias cirugías para intentar reparar el daño en nervios, músculos y tejidos blandos. Según los informes difundidos por distintos medios, los médicos trabajan para evitar que pierda movilidad en una pierna y en un brazo.
El proceso de recuperación se prevé largo y complejo. La familia ha manifestado su preocupación no solo por las secuelas físicas, sino también por el impacto psicológico que deja una agresión de este tipo, que puede derivar en miedo crónico a los perros, ansiedad o estrés postraumático, un debate que incide en las discusiones sobre las razas peligrosas de perros y su tenencia.
Tanto la mujer como sus familiares han solicitado a las autoridades que se haga justicia y se repare el daño, reclamando cobertura de todos los gastos médicos, apoyo para la rehabilitación y garantías para que un episodio similar no vuelva a repetirse en la misma zona.
Mientras tanto, la comunidad local permanece en alerta, ya que los vecinos temen nuevos incidentes si no se toman medidas contundentes contra los propietarios de los animales y no se refuerza la supervisión del comportamiento de los perros en la vía pública.
Responsabilidad de los dueños y denuncia ante las autoridades
Uno de los aspectos que más indignación ha causado es que, según los reportes, los dueños de los tres pitbull no acudieron de inmediato a controlar a sus animales ni han querido asumir su responsabilidad tras el ataque.
La familia de la víctima ha presentado una denuncia ante la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, utilizando el propio vídeo como prueba clave de la agresión. Este material audiovisual muestra con claridad la violencia de los perros y la ausencia de control por parte de sus propietarios en todo el desarrollo del incidente.
En redes sociales, numerosos comentarios señalan que, además del sufrimiento de la víctima, lo más grave es la presunta negligencia de los propietarios, que habrían dejado salir a los perros sin correa ni bozal, a pesar de tratarse de animales con una fuerza y capacidad de daño considerables.
La normativa vigente en la ciudad establece que toda persona responsable de un perro debe garantizar que el animal circule con correa y, si se considera necesario, con bozal u otras medidas de seguridad, especialmente cuando pueda representar un riesgo para terceros.
Si se comprueba que los perros estaban sueltos en la calle, sin supervisión y sin medidas de contención adecuadas, los dueños podrían enfrentar multas, arrestos y otras sanciones, además de la obligación de cubrir los gastos médicos y de indemnizar a la víctima por daños físicos y morales.
Sanciones legales por ataques de perros y marco normativo
La Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México contempla diversos niveles de sanción para los casos en los que un perro, especialmente si tiene propietario identificado, provoca lesiones a una persona.
En situaciones donde un perro muerde a alguien en la vía pública estando suelto o sin correa, las autoridades pueden imponer multas que van de 11 a 40 Unidades de Medida y Actualización (UMA), lo que en 2025 equivale aproximadamente a entre 1.244 y 4.425 pesos mexicanos.
Además de la sanción económica, la ley prevé que el responsable pueda ser sometido a arrestos de entre 20 y 36 horas o a la realización de trabajo comunitario de 10 a 18 horas, especialmente en aquellos casos donde se demuestre negligencia en el cuidado o manejo del animal.
Cuando las lesiones causadas por el ataque sanan en menos de 15 días, suele abrirse un proceso de conciliación en el que el dueño debe asumir el coste de la atención médica y cualquier otro perjuicio derivado del incidente. Si la recuperación se alarga más allá de ese periodo o deja secuelas importantes, el caso puede escalar a la vía penal.
En ataques con consecuencias graves, como el de Tláhuac, existe la posibilidad de que se inicie un procedimiento que implique indemnizaciones más elevadas, pérdida de la custodia del animal e incluso responsabilidad penal, dependiendo de la gravedad de las lesiones y de la conducta previa del propietario.
Reacción social y debate sobre la tenencia de perros potencialmente peligrosos
La difusión del vídeo ha provocado un aluvión de reacciones en redes sociales, donde miles de usuarios han comentado el caso. Entre los mensajes más repetidos se encuentran críticas duras a los dueños por su irresponsabilidad y por permitir que los perros estuvieran sueltos.
Algunas personas han expresado su preocupación por el futuro de los animales, temiendo que, debido a la ignorancia o negligencia de los propietarios, los tres pitbull terminen siendo sacrificados como consecuencia del ataque, sin que se aborde de raíz el problema de la tenencia responsable.
Otros comentarios señalan la actitud del hombre que acompañaba a Ana, al que algunos califican de «cobarde» por la forma en que se coloca detrás de ella en medio del ataque y finalmente huye para pedir ayuda, mientras la mujer sigue soportando las embestidas de los perros.
También se ha reavivado el debate sobre si ciertas razas, como el pitbull, deberían considerarse aptas como mascotas para cualquier persona, o si deberían existir requisitos más estrictos de formación, licencias especiales y medidas de seguridad, como ya ocurre en algunos países europeos con los perros potencialmente peligrosos.
En paralelo, especialistas en comportamiento animal insisten en que el problema no es únicamente la raza, sino la educación, socialización y control que se ejerce sobre el perro, así como la responsabilidad legal de quienes deciden convivir con animales con gran potencia física.
Recomendaciones básicas ante el ataque de un perro
Los expertos en seguridad y comportamiento canino ofrecen una serie de pautas generales para reducir el riesgo en caso de enfrentarse a un perro agresivo. Aunque cada situación es diferente, conocer estas indicaciones puede marcar la diferencia.
En primer lugar, se aconseja intentar mantener la calma y evitar los gritos, ya que los perros reaccionan al miedo y a los movimientos bruscos. Gritar o correr puede activar aún más su instinto de persecución y empeorar la situación.
También se recomienda no mantener contacto visual directo y prolongado con el animal, porque muchas veces el perro lo interpreta como un desafío. Es preferible adoptar una postura lateral, sin encararlo de frente, y moverse de forma lenta.
Si aún no ha comenzado el ataque, es útil quedarse inmóvil o retroceder lentamente sin dar la espalda, evitando correr. Siempre que sea posible, conviene colocar un objeto entre el perro y la persona, como una mochila, una chaqueta, una bolsa o incluso una bicicleta.
Cuando el ataque ya es inevitable, las prioridades son proteger las zonas más vulnerables del cuerpo, como la cara, el cuello y el pecho. Se aconseja usar los antebrazos como escudo y tratar de mantener los pies firmes para no caer al suelo, donde la persona se vuelve mucho más indefensa.
Si finalmente se cae, la postura más segura es adoptar una posición fetal, con las rodillas encogidas hacia el pecho y los brazos cubriendo cuello y cabeza, evitando moverlos de forma brusca para no estimular más mordidas.
Tras el incidente, es fundamental buscar atención médica inmediata, incluso cuando las lesiones parezcan superficiales, ya que las mordidas de perro pueden infectarse con rapidez. Se recomienda lavar la herida con agua y jabón y, en la medida de lo posible, identificar al perro para comprobar su vacunación antirrábica.
Finalmente, se debe reportar el ataque a las autoridades locales o a los servicios de control animal, a fin de que se investigue lo ocurrido, se responsabilice a los dueños y se adopten medidas para evitar que el mismo perro vuelva a protagonizar un episodio similar.
El caso de la mujer atacada por tres pitbull en Tláhuac ha puesto de relieve, una vez más, la necesidad de combinar una tenencia responsable de animales con un marco legal claro y eficaz, capaz de proteger tanto a las personas como a los propios perros; mientras Ana lucha por recuperarse de las graves secuelas físicas y emocionales, el vídeo del ataque sigue circulando como un recordatorio de lo que puede ocurrir cuando se relajan las normas de seguridad y se confía en exceso en que “no va a pasar nada”.