
El baño del perro no debe hacerse demasiado a menudo, sobre todo si lo cepillamos con frecuencia, ya que el cepillado regular ya arrastra gran parte de la suciedad y el pelo muerto. Sin embargo, si tenemos que bañarlo, una de las mejores épocas que hay es el verano. Podemos aprovechar esta estación para refrescar y bañar al perro al mismo tiempo, y consultar cuánto bañar al perro, ayudándole a soportar mejor las altas temperaturas y manteniendo su piel en buen estado.
Bañar al perro de vez en cuando es sano para su piel, aunque debemos recordar algunas pautas básicas de higiene y salud. Durante el verano nos resultará más fácil hacerlo porque, además, el animal se secará con rapidez y no tendrá el pelaje mojado durante demasiado tiempo, lo que podría hacer que bajasen sus defensas si la humedad se mantiene. Por eso podemos aprovechar para poner a punto la higiene del perro con un buen baño y con artículos de aseo caninos imprescindibles, adaptando la frecuencia según su tipo de pelo, su estilo de vida y sus necesidades específicas.

Una de las grandes ventajas del verano es que podemos bañar al perro en el exterior, si tenemos un jardín, terraza o patio, porque al no hacer frío el riesgo de que se ponga malo se reduce mucho. De esta forma a nosotros nos resultará mucho más sencillo poder lavar al animal y evitar salpicaduras dentro de casa. El agua no debe estar muy fría, sino simplemente fresca o templada, de forma que además refresquemos al perro y pueda sentirse mejor en los días de mayor calor, evitando siempre cambios bruscos de temperatura que puedan causarle un pequeño choque térmico.
Al secarse al aire y rápidamente, no hay ningún problema con que se ponga malo, algo que sí puede suceder en invierno, cuando el ambiente es más frío y húmedo. Por eso hay que evitar bañarlos con mal tiempo y, sobre todo, si no llevan las vacunas al día o tienen las defensas bajas. El procedimiento durante el verano es el mismo, con un champú específico para perros que cuide la piel y el pelaje, respetando su pH natural. Hay que dejar que seque y asegurarse de que el pelaje está completamente seco, y si no lo está, acabar de secarlo con un secador de pelo a temperatura suave, ya que si queda humedad pueden generarse hongos y bacterias en la piel, especialmente en perros de pelo largo o doble capa.
La frecuencia del baño en verano depende del tipo de pelaje y del estilo de vida del perro. Los perros que salen a menudo al campo, a la playa o a zonas con barro pueden necesitar baños algo más frecuentes que aquellos que solo dan paseos urbanos cortos. Sin embargo, conviene evitar el exceso: un baño completo cada pocas semanas suele ser suficiente si se complementa con un cepillado frecuente, limpieza de oídos y cuidado de uñas. Bañar en exceso puede eliminar los aceites naturales de la piel y provocar resequedad, picores e irritaciones.
También importa el tipo de pelaje. Las razas de pelo largo o sedoso necesitan más mantenimiento y pueden requerir baños algo más regulares, mientras que los perros con pelaje espeso o doble capa no deben bañarse demasiado para no deteriorar la función protectora de su manto. En todos los casos, es recomendable consultar con el veterinario si el perro padece problemas cutáneos o alergias, ya que en esas situaciones se pueden indicar champús medicados y una pauta de baño concreta, o conocer la técnica del stripping.
Cómo refrescar al perro con seguridad durante el verano

En los días de más calor, un baño puede ser una forma rápida de bajar la temperatura corporal del perro, sobre todo si lo notamos muy acalorado, jadeando intensamente o tras una sesión de ejercicio. Aunque no necesite un baño completo con champú, se puede mojar al perro solo con agua fresca para ayudarle a refrescarse, siempre evitando el agua excesivamente fría. Este tipo de ducha ligera es especialmente útil en olas de calor, siempre que luego lo sequemos bien para que no quede humedad atrapada en el pelo.
El baño o la ducha no son la única medida para evitar el golpe de calor. Es fundamental que el perro tenga siempre agua limpia y fresca a su disposición, que pueda descansar en zonas con sombra y que los paseos se realicen en las horas de menos calor, evitando las franjas centrales del día. El baño, en ese contexto, actúa como un apoyo extra para mejorar su comodidad, pero nunca debe sustituir a estas medidas básicas de prevención.
A la hora de elegir dónde bañar al perro en verano, podemos optar por la bañera, una piscina infantil, el jardín con manguera o incluso la ducha, siempre que el lugar sea seguro y antideslizante. Es recomendable preparar el espacio con una alfombrilla de goma para evitar resbalones, tener a mano el champú específico para perros, toallas y, si lo tolera, un secador con aire templado. Mantener siempre el mismo lugar de baño ayuda a que el perro se sienta más tranquilo porque se acostumbra al entorno. Si tiene miedo, puede seguir pasos para hacer que el perro pierda miedo al baño.
Si el perro se baña en el mar o en piscina, es muy importante enjuagarlo con agua dulce al terminar. La sal del mar y el cloro de las piscinas pueden resecar e irritar su piel y su pelaje si no se retiran bien. Un enjuague abundante con agua templada, seguido de un buen secado, reduce el riesgo de picores, dermatitis y otras molestias cutáneas. En perros con la piel sensible, conviene limitar el tiempo de exposición al agua clorada y consultar con el veterinario.
El mejor momento del día para bañar al perro en verano suele ser durante las horas de sol suaves, por la mañana o a última hora de la tarde. De este modo, la temperatura ambiente ayuda a que el pelaje se seque más rápido, se evita que el animal permanezca mojado muchas horas y se reduce el riesgo de irritaciones por humedad prolongada. Además, hay que evitar las horas de máximo calor para que el perro no sufra un exceso de estrés térmico durante el baño.
Cuidado del secado, oídos y piel tras el baño
Una vez terminado el baño, es fundamental secar bien al perro. Un error frecuente en verano es pensar que, por el calor, basta con dejarlo secar al aire sin más. Aunque el ambiente sea cálido, la humedad prolongada en el pelaje favorece la aparición de hongos, bacterias y mal olor, sobre todo en razas con mucho pelo o doble capa. Lo ideal es usar toallas absorbentes y, si el perro lo tolera, un secador con aire templado y potencia moderada, evitando acercarlo demasiado a la piel.
Además, no debemos olvidar revisar sus oídos después del baño. Las orejas son una zona muy sensible a la humedad y, si quedan gotas de agua en el interior, aumenta el riesgo de otitis, algo muy habitual en verano. Podemos utilizar una gasa seca o un algodón para secar cuidadosamente la parte visible de la oreja, sin introducir nada dentro del canal auditivo. En determinados perros propensos a infecciones de oído, el veterinario puede recomendar productos específicos para su limpieza.
El cuidado de la piel y el manto no termina con el secado. Es recomendable realizar cepillados frecuentes entre baños para eliminar pelo muerto, evitar nudos y mejorar la ventilación del pelaje, lo que ayuda a regular mejor la temperatura corporal del perro. En perros de pelo largo, se pueden usar mascarillas o acondicionadores específicos para perros durante el baño y aclarar bien, con el fin de mantener el pelo suave, desenredado y menos propenso a acumular suciedad.
En algunos casos, sobre todo si el perro tiene la piel delicada o padece dermatitis, puede ser útil recurrir a champús especiales, sprays que no necesitan enjuague o soluciones de higiene en seco recomendadas por el veterinario. Estos productos permiten espaciar los baños completos sin descuidar la limpieza ni la comodidad del animal, manteniendo el equilibrio del pH de su piel y evitando irritaciones por excesos de lavado.
Con estas pautas de baño, secado, revisión de oídos y cuidado del pelaje, el perro podrá disfrutar de la época de calor más limpio, fresco y protegido, minimizando el riesgo de problemas de piel y de golpes de calor, y convirtiendo el momento del baño en una experiencia agradable tanto para él como para su familia.
