
La tragedia ferroviaria ocurrida en Adamuz (Córdoba) ha dejado una estela de dolor en toda España, con decenas de fallecidos y más de un centenar de heridos. Entre las muchas historias humanas que han salido a la luz hay una que ha conmovido especialmente a la opinión pública: la de Boro, el perro que viajaba con su familia en uno de los trenes siniestrados y que continúa desaparecido.
Mientras los equipos de emergencia y los hospitales siguen volcados en atender a las víctimas, una familia malagueña intenta recomponerse del impacto del accidente y, al mismo tiempo, no pierde la esperanza de reencontrarse con su perro. Para ellos, Boro no es solo un animal de compañía: es un miembro más de la familia que se desvaneció entre el caos del descarrilamiento.
El accidente en Adamuz y el viaje de una familia
El pasado domingo, dos trenes de larga distancia descarrilaron a la altura de Adamuz, en la provincia de Córdoba, cuando cubrían el trayecto entre Málaga y Madrid. El siniestro, uno de los más graves de los últimos años en España, ha dejado un balance provisional que oscila entre 39 y 41 fallecidos y más de 100 personas heridas, varias de ellas en estado crítico y al menos una docena en la UCI.
En uno de esos trenes viajaban Ana, su hermana Raquel —embarazada de cinco meses—, la pareja de esta e inscrito en el mismo billete familiar, el perro Boro. Todos ellos iban en el vagón 7 del convoy de Iryo que realizaba el recorrido Málaga-Madrid, regresando a la capital tras pasar unos días en familia en Andalucía.
La colisión afectó especialmente a uno de los laterales del tren. Raquel viajaba en la parte izquierda del vagón, la zona más castigada por el impacto, sentada junto a Boro, mientras que Ana y el novio de su hermana iban unos asientos más adelante, en el lado derecho. El brutal golpe dejó el interior del vagón lleno de hierros retorcidos, cristales rotos y escenas que muchos supervivientes han descrito como “una película de terror”.
En los minutos posteriores al descarrilamiento, los pasajeros quedaron atrapados entre restos del tren, humo, gritos y una gran confusión. Los equipos de rescate tuvieron que evacuar a contrarreloj, sacando a los heridos por ventanas y huecos que se iban habilitando entre los restos de los vagones.
Adif, el administrador de infraestructuras ferroviarias, habilitó rápidamente el teléfono 900101020 para atender a los familiares y canalizar la información oficial, en un contexto de enorme angustia y de búsqueda desesperada de noticias sobre los seres queridos.
La angustia de una hermana y el estado crítico de Raquel
Ana, profesora en un colegio de la sierra de Madrid, ha relatado en diversos medios cómo vivió el siniestro y los instantes posteriores. En sus testimonios describe el interior del tren como un auténtico infierno: humo, oscuridad, restos metálicos bloqueando el paso y personas atrapadas, algunas de ellas en estado muy grave.
“Había mucha gente, muchos gritos, parecía una película de terror”, ha contado conmocionada. En un momento dado, llegó a pensar que no saldría con vida: se giró, miró a su hermana como si se despidiera y, según ha explicado, “se apagó todo”.
Tras el impacto, Ana intentó llegar hasta Raquel, pero los restos del vagón y otros pasajeros heridos impedían el paso. Incluso alguien le advirtió de que estaba pisando a una niña mientras trataba de avanzar entre los asientos y las planchas metálicas. Finalmente, los equipos de emergencia optaron por sacarla a ella por una ventana lateral.
Desde el exterior, Ana veía a su hermana al otro lado, inconsciente. No dejó de gritar a los bomberos y sanitarios que Raquel estaba embarazada de cinco meses, insistiendo en que la sacaran cuanto antes. Los rescatadores lograron finalmente liberarla y trasladarla a un hospital, donde permanece ingresada en la UCI.
El padre de ambas, Alberto García, ha explicado que su hija sufre una fractura vertebral y un traumatismo craneoencefálico severo. Raquel está sedada, intubada y bajo estrecha vigilancia por parte de los médicos, que observan posibles daños neurológicos. Sobre el bebé, la única información cierta por ahora es que su corazón sigue latiendo, pero la evolución continúa siendo una incógnita.
Boro, el perro que se perdió en el caos del rescate
Mientras la familia lidia con la angustia por la salud de Raquel, hay otra preocupación que les pesa enormemente: el paradero de Boro, el perro que viajaba con ellas. El animal estaba junto a Raquel en el momento del impacto y, en medio de la evacuación, desapareció.
Boro es un perro de tamaño medio, mestizo de Perro de Aguas y Schnauzer, de color marrón, que la familia adoptó en una protectora de Málaga. Lleva años con ellos y se ha convertido en un compañero inseparable, especialmente para las dos hermanas. Por eso, su desaparición se suma al sufrimiento que ya arrastran por las graves lesiones de Raquel.
Según ha explicado la familia a distintos medios, cuando comenzaron las tareas de rescate y evacuación, Boro salió huyendo asustado y en ese momento perdió su collar azul identificativo. Desde entonces, nadie de la familia lo ha vuelto a ver. Creen que, debido a su carácter miedoso, lo más probable es que se haya escondido en algún punto cercano a la zona del descarrilamiento.
Ana lo ha contado entre lágrimas en varias entrevistas televisivas y de prensa. En una conexión con El Programa de Ana Rosa, en Telecinco, lanzó un mensaje que se ha vuelto viral: “Ahora que mi hermana está ingresada y no puedo hacer nada por ella, aprovecho para buscar a mi perro”. Entre sollozos, insistía en que Boro es “uno más de la familia” y pedía que su historia se difundiera.
La joven ha recalcado que, aunque todo el mundo es consciente de que las personas son la prioridad en una catástrofe así, para su familia Boro tiene un valor afectivo inmenso. De hecho, tanto ella como su padre han repetido que no descansarán hasta agotar todas las posibilidades para encontrarlo.
Un perro muy asustadizo y una búsqueda contrarreloj
Quienes conocen a Boro lo describen como un animal especialmente tímido y asustadizo. No es un perro que se acerque con facilidad a desconocidos, ni que responda bien ante ruidos fuertes o entornos muy agitados. Esta personalidad complica su localización, ya que lo más probable es que, tras el trauma del accidente, se encuentre extremadamente nervioso.
Una familiar de las jóvenes ha señalado que, por su edad, no creen que Boro haya podido alejarse demasiado del lugar del siniestro. La hipótesis más extendida es que se encuentre oculto en algún punto de los alrededores, quizá entre matorrales, fincas cercanas o pequeños recovecos donde se sienta mínimamente seguro.
Ante esta situación, tanto la familia como las protectoras que han asumido su búsqueda insisten en un mensaje clave: si alguien lo ve, es fundamental actuar con calma. Recomiendan no correr hacia él ni hacer movimientos bruscos, pues podría asustarse aún más y huir. Lo ideal sería avisar de inmediato a los teléfonos de contacto que están circulando o a las protectoras locales, para que acudan personas que él pueda reconocer o que sepan cómo manejar la situación.
En redes sociales se ha insistido además en desmentir informaciones erróneas. En determinados momentos se ha difundido el rumor de que Boro ya había aparecido, pero desde la protectora de Adamuz y fuentes cercanas a la familia se ha aclarado que, por ahora, esa noticia no es cierta. De ahí que pidan seguir únicamente canales oficiales o perfiles fiables de las entidades implicadas en la búsqueda.
La sensación general entre quienes están colaborando es que, pese a las enormes dificultades, todavía hay margen para hallarlo con vida. Cada hora que pasa sin noticias aumenta la preocupación, pero también la determinación de no darse por vencidos.
El papel de las protectoras y la movilización en redes
La desaparición de Boro ha generado una respuesta muy notable por parte del movimiento animalista y de las protectoras de la zona de Córdoba y de Málaga. La asociación donde fue adoptado en Málaga se ha volcado desde el primer momento, compartiendo en sus perfiles toda la información disponible para facilitar su identificación.
Por su parte, la protectora de Adamuz está coordinando parte de las labores de búsqueda en el terreno y se ha convertido en una fuente de información clave. Desde allí han ido actualizando el estado de las batidas por los alrededores del accidente y han pedido expresamente que los ciudadanos sigan sus avisos para evitar confusiones.
Organizaciones de ámbito estatal como PACMA también han amplificado el llamamiento. A través de sus redes sociales han difundido la foto y los datos básicos de Boro, subrayando que estará probablemente muy asustado y desorientado en las inmediaciones de la zona del descarrilamiento. Su mensaje apela a la empatía de la ciudadanía: aunque la prioridad sean las personas heridas, los animales que viajaban en el tren formaban parte de familias que también sufren su pérdida.
La familia de Ana y Raquel ha intervenido en programas de televisión, radios y periódicos para insistir en ese punto. “Sabemos que las personas son lo primero, pero Boro es un miembro más de nuestra familia”, han repetido en varias ocasiones. Su objetivo es que la imagen del perro llegue al mayor número posible de personas que vivan o transiten por la zona de Adamuz.
En paralelo, las redes sociales se han llenado de mensajes de apoyo y compartidos con la foto de Boro, muchos de ellos acompañados de llamamientos a no rendirse y a seguir atentos por si alguien lo ve. Usuarios de distintos puntos de España se han ofrecido incluso para desplazarse y colaborar en las búsquedas, aunque por ahora las tareas se están organizando principalmente a nivel local.
Colaboración ciudadana y precauciones si se localiza a Boro
Las personas y entidades implicadas en la búsqueda coinciden en que la colaboración ciudadana puede ser determinante. Adamuz y sus alrededores comprenden una zona con áreas rurales, fincas privadas y caminos secundarios donde un perro asustado podría pasar desapercibido durante varios días.
Quienes vivan en el municipio o deban circular por la zona del accidente —incluidos cazadores, trabajadores agrícolas o conductores que utilicen carreteras cercanas— pueden desempeñar un papel clave simplemente manteniendo los ojos bien abiertos y avisando si ven a un perro con las características de Boro. Se recomienda tener a mano los teléfonos de contacto facilitados por la protectora de Adamuz y por la de Málaga.
En caso de avistamiento, los expertos recuerdan que lo más importante es no intentar capturarlo por la fuerza. Un perro traumatizado puede reaccionar con pánico, escapar corriendo y ponerse en peligro, por ejemplo, si se adentra en la calzada o se interna en zonas de difícil acceso. Lo más prudente es mantener cierta distancia, observar su comportamiento y llamar a quienes coordinan la búsqueda para que actúen, y en caso de ofrecerle comida revisar antes los alimentos prohibidos para perros.
También se está insistiendo en que no se difundan datos no contrastados sobre su aparición. La familia ya ha tenido que desmentir en varias ocasiones mensajes que aseguraban que Boro había sido encontrado por una familia de Adamuz, algo que hasta ahora las protectoras han negado categóricamente. Estos bulos generan falsas esperanzas y desvían esfuerzos que deberían centrarse en la búsqueda real.
Mientras tanto, se están organizando pequeñas batidas en grupos reducidos, tratando de recorrer el entorno inmediato del descarrilamiento, arroyos, lindes de fincas y puntos donde un perro podría esconderse. Se priorizan las primeras horas de la mañana y el final de la tarde, cuando el animal podría moverse en busca de agua o alimento.
La historia de Boro se ha convertido, sin quererlo, en un símbolo de las muchas aristas humanas y emocionales que deja una tragedia de esta magnitud. A la pérdida de vidas y al dolor de los heridos se suman los vínculos con animales que, como en este caso, forman parte del núcleo afectivo de muchas familias. La esperanza de quienes buscan a Boro es que, pese a todo lo ocurrido, aún sea posible sumar al menos una pequeña buena noticia a un episodio marcado por la devastación.