La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) se ha situado como una de las instituciones de referencia en el uso de animales de apoyo para cuidar la salud mental de su alumnado. A través del Centro de Apoyo Emocional y Terapia Ocupacional (CAETO), la universidad ha consolidado un programa de terapias asistidas en el que varios perros rescatados se han convertido en aliados clave para acompañar procesos psicológicos.
Este enfoque, que integra perros de origen callejero o vÃctimas de maltrato en un entorno terapéutico estructurado, no solo proporciona herramientas emocionales a estudiantes y personal universitario, sino que también ofrece una nueva vida a los animales. La iniciativa encaja con una tendencia cada vez más extendida en Europa y otros paÃses, donde las terapias asistidas con animales se empiezan a ver como un complemento serio y profesional a la atención psicológica tradicional.
Un centro universitario pionero en apoyo emocional

El CAETO de la BUAP se ha ido consolidando como un espacio innovador dedicado a la gestión del bienestar emocional dentro del entorno académico. Desde este centro se organizan sesiones de acompañamiento dirigidas a estudiantes que atraviesan estrés, ansiedad, dificultades de adaptación a la vida universitaria o situaciones personales complejas.
Según señalan fuentes universitarias y medios locales, el objetivo principal es que la comunidad universitaria cuente con un lugar seguro donde recibir apoyo psicológico profesional, reforzado por la presencia de perros entrenados especÃficamente para interactuar de forma calmada y respetuosa. Lejos de ser una actividad informal, el programa está planificado y supervisado por especialistas.
La puesta en marcha de este modelo se vincula a una estrategia institucional impulsada por la rectora Lilia Cedillo, que ha apostado por integrar la salud mental como uno de los ejes del bienestar estudiantil. Dentro de esa visión, las Terapias Asistidas con Perros (TAP) funcionan como un recurso adicional que complementa los servicios tradicionales de atención psicológica.
El CAETO se ha convertido asà en un ejemplo de cómo un campus universitario puede incorporar programas estructurados de intervención emocional con animales, algo que podrÃa servir de referencia para universidades en España y otros paÃses europeos interesadas en iniciativas similares.
Perros rescatados como coterapeutas

Uno de los rasgos que más llaman la atención de este programa es que aproximadamente el 75 % de los perros que participan en las sesiones fueron rescatados de la calle o de ambientes de maltrato. Lejos de limitarse a un papel simbólico, estos animales desempeñan funciones muy concretas dentro de la intervención terapéutica.
Antes de integrarse al CAETO, los perros pasan por un proceso de cuidado, socialización y entrenamiento especializado, que les permite adaptarse a entornos con personas desconocidas, ruidos, movimientos repentinos y cambios constantes. El objetivo es que puedan participar en las sesiones con seguridad tanto para ellos como para los usuarios del servicio.
En las actividades diarias, los perros actúan como coterapeutas en la terapia: su presencia facilita que muchas personas se relajen, reduzcan la tensión inicial y se abran más fácilmente a la conversación con psicólogos y terapeutas. Para algunos estudiantes, acariciar a un perro, jugar con él o simplemente compartir unos minutos tranquilos supone un primer paso para expresar lo que están viviendo.
Los profesionales que coordinan estas terapias subrayan que el vÃnculo afectivo que se crea entre estudiante y animal puede favorecer procesos como la gestión de la ansiedad, el afrontamiento del estrés académico o el trabajo sobre la autoestima. No se trata de sustituir la terapia tradicional, sino de introducir un elemento que mejore la disposición emocional de la persona atendida.
Equipo de coterapeutas y organización del programa
En la actualidad, el CAETO cuenta con 22 coterapeutas de tiempo completo adscritos al programa, además de varios perros que participan de forma parcial bajo el cuidado de tutores responsables. Si se suman todas las incorporaciones, la cifra se eleva hasta unas 34 unidades de apoyo canino, entre presencia permanente y colaboraciones puntuales.
La participación parcial implica que algunos perros viven con familias o tutores vinculados a la universidad, pero acuden regularmente al centro para formar parte de las sesiones. Este modelo permite que haya una red más amplia de animales disponibles sin necesidad de concentrarlos todos en un único espacio, lo que también reduce el estrés y facilita que mantengan una vida cotidiana más variada.
Las sesiones de Terapias Asistidas con Perros están guiadas por psicólogos, terapeutas ocupacionales y otros especialistas formados tanto en salud mental como en manejo de animales de apoyo. Ellos deciden qué perro interviene en cada caso, el tipo de dinámica que se realizará y la duración de la sesión, siempre en función de las necesidades de la persona atendida.
La organización del programa incluye además protocolos de descanso para los animales, lÃmites en el número de sesiones diarias en las que puede participar cada perro y un registro continuo de su comportamiento. De esta manera se busca preservar su bienestar y evitar que se vean sobrecargados por la interacción constante con personas que atraviesan situaciones emocionales delicadas.
Bienestar animal como eje central
El CAETO ha estructurado su trabajo en torno a un esquema de bienestar basado en las cinco libertades animales, un estándar internacional que recoge los principios mÃnimos para garantizar una vida digna a los animales bajo cuidado humano. Estas libertades abarcan la ausencia de hambre y sed, de malestar fÃsico, de dolor o enfermedad, asà como la posibilidad de expresar comportamientos naturales y la protección frente al miedo y la angustia.
Para cumplir con estos principios, los perros que participan en el programa reciben atención veterinaria periódica, alimentación adecuada y controles de salud especÃficos para detectar de forma temprana cualquier problema fÃsico o conductual. Además, cuentan con espacios para juego, descanso y esparcimiento fuera de las sesiones terapéuticas.
El equipo del centro también pone énfasis en el acompañamiento emocional de los propios animales. A través de actividades de socialización, refuerzo positivo y rutinas claras, se intenta que los perros se sientan seguros en el entorno universitario y mantengan una relación estable y de confianza con los profesionales que trabajan con ellos.
Este enfoque de bienestar integral resulta especialmente relevante en el caso de perros con un pasado de abandono o violencia, que pueden arrastrar miedos o inseguridades. El trabajo paciente y progresivo permite que muchos de ellos se transformen con el tiempo en animales confiados, capaces de vincularse con las personas y de participar activamente en las sesiones.
Impacto en la comunidad universitaria y proyección del modelo
La presencia de estos perros en el campus ha generado un impacto palpable en la percepción que el alumnado tiene sobre la salud mental. Cada vez es más habitual que los estudiantes identifiquen el CAETO como un recurso cercano, en el que pedir ayuda psicológica no se vive como algo estigmatizante, sino como una parte normal del cuidado personal.
Al mismo tiempo, el programa contribuye a sensibilizar sobre la adopción responsable y el respeto hacia los animales, mostrando que un perro rescatado puede no solo adaptarse a un entorno estructurado, sino también desempeñar un papel valioso en procesos de apoyo emocional. Esta idea conecta con campañas europeas que insisten en la importancia de dar una segunda oportunidad a los animales abandonados.
Experiencias como la del CAETO de la BUAP pueden servir de guÃa para universidades y centros educativos de España y Europa que estudian integrar terapias asistidas con perros rescatados en sus propios servicios de orientación. La combinación de rigor profesional, cuidado del bienestar animal y enfoque preventivo de la salud mental encaja con las recomendaciones de muchos expertos en psicologÃa y protección animal.
Con un programa que reúne a especialistas, estudiantes y perros rescatados en un mismo espacio de apoyo emocional, la BUAP muestra cómo una institución académica puede abordar de manera práctica dos retos muy actuales: la atención a la salud mental y la defensa del bienestar animal, dejando la puerta abierta a que iniciativas similares puedan adaptarse también a otros contextos universitarios europeos.