Los cachorros de rottweiler se han ganado una fama enorme entre las familias que buscan un perro cariñoso, potente y muy protector. Son perros impresionantes, con una mezcla de ternura cuando son pequeños y una seguridad arrolladora cuando llegan a la edad adulta. Antes de llevar uno a casa, es clave conocer bien la raza, su carácter, sus necesidades y qué debes exigir a un criador serio.
Si estás pensando en comprar o adoptar un cachorro rottweiler, te conviene ir más allá de su aspecto. Hablamos de una raza con mucha historia, utilizada durante siglos como perro de pastoreo, guardián y perro de trabajo, que hoy en día también está considerada “potencialmente peligrosa” en España. Todo esto implica que la elección del cachorro, su socialización, el adiestramiento y los cuidados veterinarios deben tomarse muy en serio.
Origen e historia del rottweiler
El rottweiler es una raza originaria de Alemania, aunque sus raíces se remontan a los antiguos perros de tipo mastín que acompañaban a las legiones romanas. Estos perros de trabajo se encargaban de reunir y conducir el ganado que alimentaba al ejército mientras avanzaba por Europa.
Cuando los romanos atravesaron las regiones alpinas, algunos de estos perros quedaron asentados en zonas que con el tiempo se convertirían en fuertes áreas ganaderas. En la región de Rottweil, muy cerca de Stuttgart, aquellos perros se cruzaron con perros pastores locales, dando lugar a una mezcla que acabaría siendo la base del rottweiler moderno.
Durante la Edad Media, la ciudad de Rottweil se convirtió en un importante centro de comercio de ganado. Allí, estos perros se utilizaban para conducir reses grandes y protegerlas tanto de ladrones como de animales salvajes. Su función no se limitaba a manejar el ganado: también defendían a los dueños, que viajaban con dinero en efectivo tras vender sus productos.
De esa época viene el nombre “Rottweiler Metzgerhund”, que significa literalmente “perro de carnicero de Rottweil”. Los carniceros de la zona criaban a estos perros seleccionando sobre todo su capacidad de trabajo, resistencia y valentía, sin preocuparse tanto por la estética. Gracias a esa selección funcional se consolidó un perro fuerte, fiable y muy versátil, usado también para tirar de pequeños carros de carga.
Con la revolución industrial y la llegada del ferrocarril, el transporte de ganado cambió y la raza perdió parte de su función original. El rottweiler estuvo a punto de desaparecer al disminuir la necesidad de perros boyeros. Sin embargo, el inicio del siglo XX y la preparación para la Primera Guerra Mundial devolvieron a la raza un papel fundamental en la sociedad.
Las autoridades alemanas empezaron a buscar razas aptas para el trabajo policial y militar. El rottweiler superó con creces las pruebas, demostrando un carácter firme, una musculatura muy potente y una gran capacidad de intimidación frente a posibles agresores. Por ello, en 1910 fue reconocido oficialmente como perro policía en Alemania.
Durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, los rottweilers se emplearon en tareas muy diversas: perros mensajeros, transporte de material y artefactos, labores de ambulancia, rastreo de heridos y vigilancia. Su versatilidad, dureza y equilibrio mental hicieron que se consolidara como raza de trabajo de primer nivel.
En 1907 se fundó en Alemania el primer club de la raza, el Deutscher Rottweiler-Klub (DRK), con unos 500 ejemplares registrados. Ese mismo año nació también el Süddeutscher Rottweiler-Klub (SDRK), que llegó a reunir alrededor de 3.000 rottweilers. Mientras el DRK ponía más énfasis en el trabajo, el SDRK se fue orientando también hacia la morfología.
En 1921 se unificaron los distintos clubes alemanes para dar lugar al Allgemeiner Deutscher Rottweiler Klub (ADRK), el club alemán del rottweiler, que aún hoy se reconoce a nivel mundial como el club de origen de la raza. El ADRK se registró oficialmente en 1924 en el tribunal de Stuttgart.
La expansión internacional del rottweiler fue rápida: en 1931 lo reconoció el American Kennel Club (AKC) y en 1936 se mostró por primera vez en el Reino Unido, en la prestigiosa exposición Crufts. En 1966 se abrió un registro específico para la raza en el Kennel Club británico.
La popularidad del rottweiler se disparó en los años noventa, hasta el punto de convertirse en uno de los perros más registrados por el AKC, compitiendo directamente con razas muy conocidas como el pitbull. Ese auge vino acompañado tanto de una mayor presencia en hogares como de un incremento de la cría irresponsable.
Aspecto físico de los cachorros y adultos rottweiler

El rottweiler es un perro de tamaño grande y construcción muy robusta, pero sin ser tosco ni excesivamente pesado. No es un perro ligero ni frágil, y tampoco tiene las extremidades especialmente largas: su cuerpo compacto y bien proporcionado transmite fuerza, agilidad y resistencia.
En cuanto al peso y la altura, los machos rondan los 50 kg y suelen medir entre 61 y 68 cm a la cruz, siendo especialmente valoradas las alturas cercanas a 65-66 cm. Las hembras suelen pesar en torno a 42 kg, con una altura que suele situarse entre 56 y 63 cm, considerándose óptimos los 60-61 cm.
El estándar de la Federación Cinológica Internacional (FCI) indica que la longitud del tronco, medida desde el esternón hasta la protuberancia isquiática, no debe sobrepasar en más de un 15 % la altura a la cruz. Esta proporción contribuye a la imagen de perro bien equilibrado y compacto.
La cabeza del rottweiler es uno de sus rasgos más característicos. Debe ser poderosa, con un cráneo de longitud media y cierta anchura entre las orejas. Visto de perfil, el arco frontal es ligeramente abombado, con un hueso occipital bien desarrollado, pero sin exageraciones. El stop (depresión nasofrontal) ha de estar claramente marcado.
Los antiguos estándares alemanes llegaban a concretar medidas de la cabeza: en hembras se describía una longitud de cráneo (del occipital a la comisura interna del ojo) de entre 8,5 y 13 cm, y en machos de entre 9,5 y 15 cm. Además, se buscaba una proporción de 60 % de cráneo y 40 % de hocico en la longitud total de la cabeza, algo que ayudaba a definir el típico perfil del rottweiler.
La FCI, en cambio, evita detallar cifras exactas y prefiere descripciones cualitativas. La nariz debe estar bien desarrollada, ser más ancha que redondeada y siempre de color negro, con fosas nasales amplias. El hocico no debe resultar ni demasiado corto ni excesivamente alargado, con el puente nasal recto, ancho en la base y afinándose solo de forma moderada hacia la punta.
Los labios del rottweiler deben ser negros y bien pegados, cubriendo las comisuras de la boca. Las encías idealmente presentan un color lo más oscuro posible. Mandíbulas superior e inferior han de ser amplias y fuertes, con una dentadura completa de 42 piezas y cierre en tijera, es decir, los incisivos superiores encajan ligeramente por delante de los inferiores.
Los ojos correctos en la raza son de tamaño medio, con forma almendrada y color castaño oscuro; los párpados deben cerrar adecuadamente, sin dejar el globo ocular expuesto. Las orejas han de ser triangulares, de tamaño medio, colgantes y de inserción alta, bien separadas entre sí. Cuando el perro está atento y las adelanta, la cabeza parece aún más ancha.
El cuello del rottweiler es de longitud moderada, muy musculoso, ligeramente arqueado y sin papada marcada ni piel colgante en la garganta. Esta estructura le permite mover la cabeza con potencia y sostenerla con firmeza incluso en pleno trabajo.
Respecto a la cola, tradicionalmente se amputaba cuando eran cachorros, dejando solo una o dos vértebras visibles. Esta práctica se realizaba con la excusa de evitar lesiones y seguir un estándar estético. Sin embargo, desde el año 2000 la ADRK y la FCI prohíben la amputación de cola, excluyendo de exposiciones a los ejemplares a los que se les haya cortado.
Algunos países, como Canadá y Estados Unidos, aún contemplan la cola amputada en sus estándares de raza, lo que genera diferencias visibles entre ejemplares de distintas partes del mundo. En España está prohibido cortar la cola a los perros desde 2018 salvo excepciones veterinarias muy concretas.
Dentro del rottweiler se distinguen dos grandes líneas de crianza: la europea (o alemana) y la americana. La línea europea se orienta más al estándar original, con perros algo más altos, muy robustos y potentes. La línea americana, por su parte, tiende a producir ejemplares algo más compactos, con un cuerpo más estilizado y menor altura, sin perder la esencia de la raza.
Carácter del rottweiler: cómo son realmente

De acuerdo con el estándar de la FCI, el rottweiler debe ser un perro de buen carácter, con un temperamento básico tranquilo, muy apegado a su familia, obediente, dócil y con muchas ganas de trabajar. Se busca una apariencia natural, rústica, con un comportamiento seguro, firme y sin rastro de miedo.
Estos perros reaccionan al entorno con mucha claridad mental. No son animales nerviosos ni imprevisibles por naturaleza, sino perros que observan, evalúan y actúan de forma decidida cuando lo consideran necesario. El American Kennel Club los define como perros calmados, seguros y valientes, con una especie de “frialdad” confiada que hace que no se entreguen a cualquiera desde el primer momento.
Un rottweiler equilibrado suele mostrarse reservado con desconocidos, pero muy cariñoso con su núcleo familiar. No es el típico perro que se lanza a hacer amigos de inmediato, y precisamente por eso resulta tan buen guardián del hogar. Tiene un fuerte instinto de protección hacia la casa y las personas con las que convive.
Además del instinto protector, mantiene un marcado impulso de pastoreo, herencia de sus tiempos como perro boyero. Este impulso, combinado con su fuerza y tamaño, hace imprescindible una buena educación desde cachorro, así como socialización temprana con personas, perros y otros estímulos.
Cuando la raza se cría y se maneja de forma irresponsable, pueden aparecer conductas peligrosas: agresividad, falta de control, reactividad exagerada… En la mayoría de los casos, el problema no es el perro en sí, sino la suma de mala selección genética, falta de socialización, abuso, negligencia o métodos de adiestramiento inadecuados.
La fuerza física del rottweiler es un factor de riesgo añadido. Un comportamiento que en un perro pequeño se resolvería sin mayores consecuencias, en un rottweiler puede tener resultados graves. Por eso los expertos insisten en que esta raza necesita formación en obediencia y un trabajo de socialización amplio y constante, especialmente durante sus primeros meses.
El AKC destaca que el rottweiler quiere y necesita estar con su gente. Suele formar un vínculo muy fuerte con su familia, disfrutando del contacto cercano y pudiendo ser sorprendentemente mimoso en casa. A la vez, protege su territorio con gran seriedad y no facilitará la entrada a extraños hasta que estos sean claramente aceptados por los dueños.
En el libro “The Intelligence of Dogs”, de Stanley Coren (1994), el rottweiler aparece en el puesto número 9 en cuanto a inteligencia de trabajo y obediencia. Según el autor, son capaces de aprender nuevas órdenes en menos de cinco repeticiones y obedecer la primera orden alrededor del 95 % de las veces cuando están bien entrenados.
Esta combinación de inteligencia, lealtad e instinto protector los hace excelentes compañeros, perros de guarda y perros de trabajo general. No obstante, también implica que necesitan un guía coherente, seguro, paciente y dispuesto a dedicar tiempo al adiestramiento positivo y a la actividad física y mental.
En España, el rottweiler está incluido en la lista de razas caninas “potencialmente peligrosas”. Esto se traduce en nueva regulación para perros potencialmente peligrosos: licencias, seguros, registro en ayuntamientos, uso de bozal y correa en espacios públicos, etc. Es fundamental que, si te decides por esta raza, conozcas y cumplas toda la legislación vigente en tu comunidad autónoma y tu municipio.
Cómo saber si un cachorro rottweiler es puro

Comprobar si un cachorro de rottweiler es de pura raza implica fijarse tanto en su aspecto físico como en su documentación y antecedentes. Aunque el físico da muchas pistas, lo realmente determinante es el respaldo de un criador registrado y las pruebas oficiales.
En lo visual, un rottweiler auténtico presenta un pelaje corto, denso y doble, normalmente negro con marcas bien delimitadas de color fuego o marrón rojizo en cejas, hocico, pecho, patas y parte inferior de la cola. La cabeza debe ser robusta y ancha, con hocico fuerte, ojos oscuros y expresión segura.
El cuerpo de un cachorro puro debe ser compacto y sólido, aunque aún esté creciendo. Incluso siendo pequeños, suelen transmitir sensación de potencia: pecho amplio, cuello fuerte y patas gruesas, sin ser desproporcionadas. A medida que crecen, se va marcando la estructura típica de perro de trabajo.
Más allá de la apariencia física, es imprescindible solicitar el pedigrí o un certificado de pureza emitido por una entidad oficial o un criador acreditado. En España, lo habitual es el pedigrí emitido por la Real Sociedad Canina de España (RSCE) u organizaciones reconocidas a nivel internacional.
Los criadores responsables identifican a cada cachorro con microchip y entregan la documentación correspondiente. Un ejemplo de numeración podría ser “900123456789065”, aunque cada animal tiene su propio código único. Con ese número puedes comprobar datos en los registros oficiales y asegurarte de que todo está en regla.
Para tener una confirmación aún más sólida, se puede solicitar un examen veterinario completo y, si es necesario, pruebas genéticas que verifiquen la pureza de la raza. Algunas clínicas ofrecen análisis de ADN canino que confirman el porcentaje de razas presentes en el perro.
Qué exigir a un buen criador de cachorros rottweiler

Elegir un criador serio es tan importante como elegir la raza. Un buen criador no solo te entrega un cachorro bonito, sino un perro sano, bien socializado y con garantías, y te acompaña durante toda la vida del animal con asesoramiento y seguimiento.
Un criadero especializado y responsable se centra en la cría selectiva de sus perros, respetando la genética, la morfología y el carácter. Sus camadas se crían con atención, cariño y bajo un estricto control veterinario. Los cachorros no se entregan antes de la edad adecuada y se han criado en un entorno limpio y enriquecido.
En cuanto a la parte sanitaria, lo habitual es que el cachorro se entregue con todas las vacunas correspondientes a su edad, desparasitación interna y externa actualizada y una cartilla veterinaria correctamente sellada. Muchos criadores serios ofrecen una garantía vírica durante los primeros 14 días y una garantía por enfermedades hereditarias de alrededor de un año.
Es fundamental que el criador te permita visitar el lugar donde crecen los cachorros, preferiblemente con cita previa pero sin presiones. Debes poder ver a la madre (y si es posible al padre), observar cómo viven, cómo se relacionan con las personas y comprobar que el ambiente es sano y tranquilo.
Algunos criadores entregan a los cachorros ya reservados y dejan claro que el precio que publican corresponde a la reserva y no al valor final del cachorro, que puede variar según su morfología, su genética y el potencial que muestre para trabajo, belleza o compañía. Este tipo de transparencia es un buen síntoma.
Un criador que cuida su reputación suele realizar seguimiento posterior a la entrega, ofreciéndose a resolver dudas sobre alimentación, educación, vacunas, seguros y cualquier problema que pueda surgir. Incluso puede ayudarte con recomendaciones de adiestradores o veterinarios especializados en razas grandes.
En algunos criaderos multirraza se pueden encontrar, además de rottweilers, otras razas muy demandadas como bichón maltés, beagle, pomerania, bulldog francés, teckel, mini pinscher, perro de agua, border collie, pastor belga, labrador, chihuahua, american staffordshire, husky, schnauzer, yorkshire, golden retriever, jack russell, galgo italiano, shiba inu, bulldog inglés, carlino, pastor alemán, caniche, samoyedo o cocker, entre otros.
En el proceso de compra también conviene que la empresa o marca esté correctamente registrada. Por ejemplo, algunas tiendas especializadas en cachorros funcionan bajo sociedades formalmente constituidas, con su correspondiente identificación fiscal, lo que añade un plus de seguridad al proceso de adquisición.
Salud del rottweiler: enfermedades frecuentes y prevención

En general, el rottweiler se considera una raza relativamente saludable, pero como cualquier perro grande presenta cierta predisposición a problemas concretos. Un buen criador tratará de reducir esos riesgos mediante una selección responsable de los reproductores.
Lo primero que deberías pedir a un criador serio es la certificación oficial de caderas y codos de los padres, con radiografías evaluadas por especialistas y resultados aceptables según los criterios de displasia. Estos informes son básicos para minimizar el riesgo de displasia de cadera y de codo en los cachorros.
Además de las articulaciones, es importante que los progenitores hayan sido revisados de manera específica para descartar problemas oculares como entropión (párpado que se pliega hacia dentro) o ectropión (párpado hacia fuera), así como defectos dentales que impidan la mordida correcta en tijera.
Entre las enfermedades hereditarias o frecuentes en la raza encontramos varias patologías ortopédicas y oculares, además de algunos problemas sistémicos. La detección precoz y un seguimiento veterinario periódico son claves para mantener al perro en buen estado.
Una de las lesiones de rodilla que puede afectar al rottweiler es la rotura del ligamento cruzado craneal, el ligamento que une el fémur con la tibia en la articulación. Esta lesión provoca cojera intensa y suele requerir cirugía para recuperar la funcionalidad.
La displasia de cadera es una malformación de la articulación coxofemoral en la que el acetábulo (cavidad de la cadera) no se desarrolla adecuadamente, lo que puede causar dolor, artritis precoz y problemas de movilidad. La displasia de codo es un proceso similar, pero en la articulación del codo, también frecuente en razas grandes.
La osteocondrosis es otro trastorno que puede verse en rottweilers jóvenes: el cartílago de crecimiento en los extremos de algunos huesos se desarrolla de manera anómala, lo que puede ocasionar dolor, cojeras y necesidad de intervención quirúrgica en casos graves.
En el apartado ocular, además del entropión, pueden aparecer cataratas, atrofia progresiva de retina y otros problemas que, sin control, limitarían la visión del perro. Un oftalmólogo veterinario puede realizar revisiones periódicas para detectar cualquier alteración a tiempo.
Otra cuestión a tener en cuenta es la mayor susceptibilidad de los rottweilers al parvovirus en comparación con otras razas. El parvovirus es una enfermedad muy contagiosa y potencialmente mortal, sobre todo en cachorros y perros jóvenes, pero se puede prevenir siguiendo consejos para prevenir el parvo canino y el calendario de vacunación recomendado por el veterinario.
Los rottweilers también pueden presentar problemas endocrinos, como el hipotiroidismo, que se manifiesta con aumento de peso, letargo, caída de pelo y otros signos. Un análisis de sangre puede confirmar el diagnóstico y el tratamiento suele ser sencillo si se detecta pronto.
Debido a su tamaño y estructura, la raza está expuesta a la torsión gástrica (dilatación-vólvulo de estómago), una urgencia veterinaria grave en la que el estómago se hincha y gira sobre sí mismo. Evitar comidas copiosas de una sola vez, reducir la actividad física intensa justo antes y justo después de comer y vigilar signos como distensión abdominal o arcadas sin vómito puede salvar la vida del perro.
La obesidad es otro enemigo habitual en el rottweiler. Si se sobrealimenta o realiza poco ejercicio, el perro tenderá a engordar, lo que aumenta el riesgo de artritis, dificultades respiratorias, diabetes, insuficiencia cardiaca, problemas reproductivos, patologías cutáneas, menor resistencia a enfermedades e incluso golpes de calor, ya que la grasa subcutánea actúa como aislante excesivo.
La esperanza de vida media de un rottweiler suele situarse entre los 8 y los 11 años, algo habitual en razas grandes. Mantener un peso adecuado, realizar ejercicio moderado y constante, ofrecer una dieta equilibrada y realizar revisiones veterinarias de forma periódica puede ayudar a acercarse a la parte alta de esa horquilla.
Necesidades de ejercicio, educación y socialización

Un cachorro rottweiler necesita algo más que paseos rápidos. Es un perro con gran capacidad física y mental, que requiere ejercicio diario, estimulación mental, normas claras y cariño. Si se le deja aburrido o sin guía, puede desarrollar conductas destructivas o problemáticas.
Desde muy pequeño debe acostumbrarse a distintos entornos: ruidos urbanos, coches, personas de todas las edades, otros perros equilibrados, diferentes superficies, visitas en casa… Esa socialización temprana reduce el riesgo de miedos y reacciones excesivas en la etapa adulta.
El entrenamiento en obediencia básica (sentarse, tumbarse, venir a la llamada, caminar sin tirar de la correa, quedarse quieto, etc.) no es opcional en esta raza, sino una necesidad. Cuanto antes se inicie de forma positiva, más fácil será controlar sus impulsos cuando alcance su tamaño definitivo.
Por su inteligencia y ganas de trabajar, el rottweiler disfruta mucho de actividades estructuradas: deportes caninos de obediencia, pruebas de trabajo como el schutzhund, rastreo, juegos de olfato, ejercicios de habilidad adaptados a su físico, etc. Esto no solo lo cansa físicamente, sino que le ayuda a mantener la mente ocupada y equilibrada.
Respecto al ejercicio físico, lo ideal es combinar paseos largos y tranquilos con momentos de juego y actividad más intensa, siempre adaptándolos a la edad y al estado de salud del perro. En cachorros, no se recomienda forzar articulaciones con saltos o carreras largas hasta que hayan terminado de crecer.
Aspectos legales y responsabilidad del propietario

Tener un rottweiler en España implica cumplir una legislación específica, ya que pertenece al grupo de razas catalogadas como potencialmente peligrosas. Según la normativa estatal y autonómica, suele ser obligatorio contar con una licencia administrativa, un seguro de responsabilidad civil y registrar al perro en los censos municipales correspondientes.
En la vía pública, estos perros deben llevar correa resistente de longitud limitada y bozal homologado, salvo excepciones muy concretas marcadas por la ley. Es recomendable informarse bien en el ayuntamiento o comunidad autónoma para conocer los requisitos exactos, ya que pueden variar ligeramente.
Más allá de las obligaciones legales, la responsabilidad ética del propietario es fundamental. Un rottweiler mal manejado puede causar problemas serios, mientras que uno bien educado, socializado y atendido se convierte en un compañero ejemplar, equilibrado y estable.
La elección del cachorro, del criador y del veterinario de confianza, junto con la decisión de invertir tiempo en el adiestramiento y la socialización, marcan la diferencia entre un perro conflictivo y un miembro de la familia del que sentirse orgulloso.

Cuando se combina una cría responsable, unos propietarios comprometidos y un buen acompañamiento profesional, los cachorros de rottweiler crecen hasta convertirse en perros adultos extraordinariamente leales, seguros, trabajadores y cariñosos con los suyos. Conocer a fondo su historia, su carácter, sus necesidades de salud y las obligaciones legales asociadas a la raza es la mejor forma de decidir si este poderoso compañero encaja realmente con tu estilo de vida y de prepararte para disfrutar de él durante muchos años.
