
El labrador es un perro muy sociable por naturaleza, que se lleva estupendamente bien con otros animales y personas. Pero, como todos los canes, necesita que le enseñen normas básicas, ya desde que es un cachorro, para asegurar una buena convivencia y evitar problemas futuros.
Así pues, si acabas de adquirir uno, tras leer este artículo sabrás cómo adiestrar a un labrador paso a paso, qué métodos son más respetuosos, cómo organizar su rutina diaria y qué errores conviene evitar.
El adiestramiento debe empezar el primer día

Aunque de cachorro hace algunas cosas que nos encantan y que nos pueden resultar incluso divertidas, tales como subirse encima de nosotros, mordisquear algunos objetos o incluso gruñir de vez en cuando, tenemos que adoptar el papel de educadores nada más meterlo en casa. Pero eso sí, de educadores que respetan al animal en todo momento.
De hecho, no es buena idea obligarle a hacer nada mediante castigos, tirones o gritos, ya que así lo único que se conseguirá es que nos tenga miedo. Y con miedo ningún perro puede aprender de forma correcta. La educación moderna se basa en el refuerzo positivo: premiar lo que hace bien con comida, caricias o juego y anticiparse a los errores para que no se repitan.
Tenemos que ser firmes con nuestras decisiones, pero nunca hay que pegar ni gritar a un animal. Además, el labrador es un perro que siempre está dispuesto a aprender y que posee una gran capacidad de concentración y motivación, por lo que enseñarle a comportarse realmente es mucho más fácil de lo que en un principio podríamos pensar si usamos los métodos adecuados.
Desde el primer día en casa ya podemos trabajar pequeñas cosas como responder a su nombre, acudir a la llamada, comenzar la rutina de hacer sus necesidades fuera y acostumbrarlo a que le manipulemos patas, orejas y boca de forma agradable, siempre con sesiones muy cortas y divertidas. Estas primeras prácticas evitan problemas futuros y facilitan revisiones veterinarias, el acicalado y la higiene.
Ponle límites… ¡y no los modifiques!
Al igual que nuestros padres nos pusieron límites a nosotros de pequeños para que estuviéramos seguros en casa y no tuviéramos problemas en un futuro, con nuestro perro debemos hacer exactamente lo mismo. Los límites claros le dan seguridad y le ayudan a entender qué comportamientos son adecuados.
Por ejemplo, si no queremos que se suba al sofá, no lo dejaremos que lo haga ni una sola vez, ya que si lo hace aunque sea una, luego será muy difícil hacerle entender que ya no puede hacerlo. La consistencia en las normas es clave: lo que hoy está permitido también debe estarlo mañana, y lo que hoy está prohibido debe mantenerse igual.
Toda la familia debe de colaborar en su adiestramiento, y todos deben de enseñarle lo mismo, pues de no hacerlo así se le creará confusión al animal y acabará haciendo lo que quiera. Es muy útil acordar de antemano qué palabras se usarán para cada orden (por ejemplo, siempre «ven» y no a veces «ven» y a veces «aquí») y qué reglas habrá en casa.
Además de los límites físicos (sofá, cama, habitaciones), conviene definir zonas específicas para dormir, comer y hacer sus necesidades. Este «entrenamiento por zonas» crea un entorno predecible para el labrador y reduce la ansiedad, porque sabe dónde debe estar en cada momento y qué se espera de él.

Si quieres saber más sobre el labrador, aquí tienes un artículo sobre su carácter.
Métodos modernos para educar y adiestrar a un labrador
La educación canina actual se basa en la conexión emocional con el perro y descarta por completo las técnicas coercitivas como collares de castigo, dominancia o gritos. El labrador, por ser un perro sensible, sociable y muy orientado a las personas, responde especialmente bien a:
- Premiar comportamientos deseados con comida, juego o caricias justo después de que ocurren.
- Sesiones cortas y divertidas, de entre 5 y 15 minutos, varias veces al día.
- Técnicas de moldeado, reforzando pequeños pasos que se acercan al comportamiento final (por ejemplo, premiar cada vez que se acerca a la puerta cuando aprende a salir sin tirar).
- Clicker training, utilizando un pequeño dispositivo que emite un sonido para marcar el acierto y después dar el premio.
Estos métodos, centrados en el refuerzo positivo, permiten un aprendizaje rápido y sin estrés, fortalecen el vínculo con el tutor y reducen al mínimo la aparición de miedos o agresividad.
Antes de adiestrar, educa y socializa a tu labrador cachorro
Si acabas de adoptar un cachorro de esta raza, antes de pensar en cómo adiestrar a un labrador, lo primero que debes hacer es socializar y educar correctamente a tu compañero de cuatro patas. Sus primeros meses son la etapa más importante para que su carácter y comportamiento durante toda su vida sea ejemplar y el perro sea feliz.
Además de permitir que socialice con personas, perros y otros animales, también tiene que acostumbrarse a las situaciones cotidianas como el ruido, los coches, los cohetes y quedarse solo en casa. De esta forma, cuando sea adulto estará habituado a todas estas cosas y no tendrá miedo de ellas, consiguiendo con esto que sea un perro equilibrado y un fantástico compañero.
Respecto a los primeros pasos en su educación: el cachorro debe aprender muy bien su nombre; la palabra “no”, para corregir un mal comportamiento; “ven” o “vamos”, para que te preste atención tanto en casa como en la calle; también debe aprender a pasear con la correa sin tirar y a no saltar sobre la gente ya que, aunque de pequeño puede ser divertido, de adulto pesará más de 40 kilos y resultará molesto y peligroso.
¿Cómo adiestrar a un labrador retriever adulto?
Aunque la mejor forma de adiestrar a un labrador sea desde temprana edad, su inteligencia y gran capacidad para aprender, así como su carácter obediente y trabajador, permiten que también se les pueda adiestrar y enseñar cosas nuevas de adulto sin demasiada dificultad.
Para saber cómo adiestrar a un labrador tenemos que tener claro que el adiestramiento tiene varias fases, en las cuales el nivel de exigencia y los objetivos van aumentando de forma progresiva. Las sesiones de entrenamiento no deben durar más de 10 minutos, ya que los perros tienen un tiempo de atención limitado y sobrepasarlo no será productivo.
La forma de enseñar a tu perro es siempre desde un comportamiento tranquilo y amable, con técnicas de refuerzo positivo, sin regaños ni voces altas y con premios (chuches para perros) y elogios después de cada acierto. Es importante controlar las distracciones: primero se entrena en un lugar tranquilo y, cuando domina la orden, se aumenta poco a poco la dificultad del entorno.
Siempre que quieras enseñar una orden a tu labrador, el lenguaje debe ser muy sencillo y claro, con órdenes de una sola palabra y a ser posible corta. En cada sesión se le enseña una sola orden nueva, pero siempre repasamos de forma habitual las que ya aprendió anteriormente para que no las olvide. Recuerda felicitar su comportamiento, no es necesario siempre los snacks, puede ser con caricias y entusiasmo hacia él.
El labrador es un perro con mucha energía, así que no olvides realizar alguna actividad física con él como pasear, jugar o correr; puedes hacerlo antes de la sesión de entrenamiento para que no esté tan inquieto. También conviene trabajar que esté cómodo solo en casa, aumentando gradualmente los tiempos de ausencia y asociándolos a juguetes interactivos o mordedores rellenos que hagan la experiencia más positiva.
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Educar a un labrador con respeto, límites claros y constancia, apoyándonos en el refuerzo positivo y una buena socialización temprana, es la mejor forma de construir una convivencia armoniosa y disfrutar de un compañero equilibrado, seguro de sí mismo y muy feliz a tu lado.

