¿Estás planteándote tener un nuevo amigo peludo? Si es así, te recomendamos que adoptes. Te va a costar mucho menos que comprar uno de raza, y además, le estarás salvando la vida, lo cual te va a agradecer ya desde el primer día que lleguéis a casa.
Además de darle una segunda oportunidad a un animal que lo necesita, estarás contribuyendo a la adopción responsable y a reducir el abandono y el maltrato, un problema que afecta a miles de perros cada año y que satura refugios, perreras y servicios municipales. Cada adopción responsable libera espacio para que otros perros puedan ser rescatados y recibir atención veterinaria y afecto.
Pero, ¿qué se necesita para adoptar? En esta ocasión, te diremos cómo adoptar un perro abandonado, qué pasos seguir desde que empiezas a informarte hasta que el perro llega a casa, y cómo ayudarle a adaptarse a su nueva familia.
Busca las Protectoras y refugios de animales de tu zona por Internet

Hoy en día, hay tantos voluntarios que prácticamente todos los refugios, perreras y Protectoras de animales tienen su sitio en Internet. Por ello, te recomendamos buscar si tienen páginas web, poniendo por ejemplo «Refugios de animales de X» (sustituye la X por la comunidad autónoma o provincia donde residas). También puedes probar con términos como «perros en adopción» o «protectora de animales cerca de mí».
Es muy probable que te salgan varias opciones, por lo que durante unos días puedes dedicarte a ver imágenes de los perros que tienen a su cargo, leer las descripciones que ofrecen las protectoras (nivel de energía, compatibilidad con niños, otros perros o gatos) y anotar los que te llamen especial atención. Muchas asociaciones también publican casos de perros en adopción en sus perfiles de redes sociales, por lo que seguirlas puede ayudarte a no perder oportunidades.
Las protectoras son el mejor lugar donde encontrar perros abandonados, ya que conocen sus cualidades y carácter. Suelen saber si el perro es tímido o sociable, si ha convivido en piso o en campo, si ladra mucho, si se asusta con ruidos o si necesita una familia con experiencia. Toda esta información te será de gran utilidad en los primeros días de convivencia.
Otra forma de encontrar perros en adopción es a través de anuncios de particulares o conocidos que difunden casos de abandono o camadas no deseadas en redes sociales. En estos casos es fundamental comprobar con un veterinario que el animal está sano, vacunado y desparasitado, y formalizar igualmente la adopción con un contrato escrito para evitar problemas futuros.
¿Adulto o cachorro?

Por otra parte, los adultos ya tienen el carácter formado, y prácticamente todas las personas que se han decantado por adoptar a un perro adulto dicen lo mismo: que el animal es muy agradecido. Suelen ser más tranquilos, ya controlan mejor sus esfínteres y, en muchos casos, conocen órdenes básicas. Eso sí, si han sufrido abandono o maltrato, pueden presentar miedos o inseguridades que tendrás que trabajar con paciencia, cariño y, si es necesario, con ayuda de un profesional en conducta canina.
También hay perros de raza en adopción: desde perros pequeños muy activos hasta perros de caza (galgos, podencos, bracos, pointers) que, tras una vida dura, necesitan un hogar donde aprender lo que es una caricia y una cama caliente. No todos los perros de raza son comprados; muchos acaban igualmente abandonados y esperan una segunda oportunidad.
Elegir uno u otro dependerá de ti, de tu ritmo de vida, del espacio del que dispongas, de si hay niños o personas mayores en casa y, sobre todo, de lo que te haga sentir el perro cuando lo conozcas. Aunque hayas visto mil y una imágenes, no sabrás realmente cuál quieres hasta que no visites el refugio y pases un rato con él.
Antes de decidirte, plantéate con sinceridad si tendrás tiempo y recursos para cubrir sus necesidades: paseos diarios, juego, estimulación mental, visitas veterinarias, alimentación de calidad y, por supuesto, mucho afecto. Adoptar no es una decisión impulsiva, sino un compromiso para muchos años.
Revisión veterinaria y aspectos de salud antes y después de adoptar

Cuando decides adoptar un perro callejero o abandonado, es imprescindible acudir al veterinario para que le realice una exploración completa, determine que no padece ninguna patología importante y compruebe que su estado de salud es adecuado. Es muy posible que al perro no le hayan administrado todas las vacunas necesarias, y que tampoco esté desparasitado de forma correcta ni interna ni externamente.
El veterinario te indicará cómo proceder: calendario de vacunación, desparasitación, pruebas en caso de sospecha de enfermedades infecciosas, recomendaciones de alimentación y, si procede, la fecha ideal para la esterilización. También te ayudará a gestionar el proceso de identificación con microchip y a actualizar la cartilla veterinaria a tu nombre, si el chip estaba registrado a la protectora.
Si has encontrado al perro directamente en la calle, antes de darlo por abandonado conviene comprobar si lleva collar con chapa identificativa y, posteriormente, revisar con un lector de microchip en una clínica veterinaria. A veces los perros solo están perdidos y su familia los busca desesperadamente.
Durante los primeros días de convivencia, intenta que el perro disponga de su espacio propio (zona de alimentación y descanso), sin agobiarlo en exceso. Un perro que ha sido abandonado o ha vivido en la calle necesita sentirse seguro y cómodo para recuperar la confianza perdida, regular sus rutinas de sueño y aprender que ya no tiene que luchar por comida o resguardo.
Si observas que el perro muestra signos de miedo intenso, agresividad, apatía extrema o dificultad para socializar con personas u otros perros, es recomendable consultar con un etólogo o educador canino especializado en conducta. Un buen profesional puede orientarte sobre cómo ayudarle a superar traumas pasados sin recurrir a gritos ni castigos, siempre desde el refuerzo positivo.
Llega el momento de adoptar

Una vez hayas decidido que es ese el perro que quieres adoptar, necesitarás llevarte el DNI para confirmar que eres mayor de edad y 120 euros (es posible que sobre, pero por si acaso). Ese dinero servirá en la mayoría de casos para pagarle el microchip y las vacunas, así como la cartilla y, en muchas protectoras, parte del coste de la esterilización y la desparasitación. Se trata de una cuota de adopción, no de una compra, que ayuda a cubrir parte de los gastos veterinarios básicos del animal.
Antes de darte el animal, el refugio de animales te dará un Contrato de Adopción para que lo firmes. En él se dice, resumiendo mucho, que te comprometes a darle un lugar seguro y a cuidarlo con cariño, proporcionándole alimentación adecuada, atención veterinaria, ejercicio, educación y un entorno en el que no sufra maltrato ni abandono. Es un documento pensado para proteger al perro y garantizar que no volverá a pasar por la misma situación.
En algunos casos, la protectora puede realizar una entrevista previa o incluso una visita al domicilio antes de la adopción para asegurarse de que el entorno es adecuado para el animal elegido (altura de vallas, tamaño de la vivienda, convivencia con otros animales, etc.). No es un examen para juzgarte, sino una forma de garantizar que el perro encajará bien en su nuevo hogar.
Una vez al mes puedes recibir la visita de alguien del refugio, aunque hay algunas Protectoras que te llaman una vez al año o mantienen el seguimiento mediante mensajes y fotos. Estas revisiones sirven para comprobar que el perro se ha adaptado bien y para resolver dudas que puedan surgir en temas de comportamiento, salud o convivencia.
Si en algún momento necesitas ausentarte unos días por viaje o trabajo, puedes valorar dejarlo en una guardería canina o residencia, donde cuiden de él adecuadamente. Asegúrate de que el centro es responsable, tiene supervisión profesional y espacios seguros para descansar y jugar, de modo que el perro se sienta lo más cómodo posible mientras no estás.
Que disfrutes de tu nuevo amigo. Un perro adoptado puede llegar a convertirse en un compañero leal e irrepetible, y el vínculo que se crea cuando le ofreces una segunda oportunidad es muy especial. Con paciencia, coherencia en las normas y mucho cariño, verás cómo el miedo y la inseguridad dan paso a la confianza y a una vida en familia plena para todos.