Cómo cuidar a un perro recién nacido: guía práctica y completa paso a paso

  • Calor y entorno controlado: temperatura estable, humedad adecuada y cama segura son esenciales para evitar hipotermia y problemas respiratorios.
  • Alimentación correcta: leche maternizada específica, tomas frecuentes y postura horizontal para prevenir aspiraciones y desnutrición.
  • Higiene y estimulación: limpieza diaria, estimulación de la zona anal tras cada toma y vigilancia de peso y estado general.
  • Apoyo veterinario y socialización: chequeos tempranos, desparasitación, calendario vacunal y contacto progresivo con personas y otros perros.

Cachorro recién nacido

Si te encuentras a un perrito recién nacido, o si la madre no puede atenderlo como debería, surge una gran responsabilidad: garantizar su supervivencia en una etapa en la que dependen totalmente de los cuidados externos. Durante los primeros dos meses de vida del can tenemos que cuidarlo lo mejor que sepamos, proporcionándole calor, una alimentación adecuada, higiene, estimulación y una correcta socialización para que pueda crecer sano y fuerte.

No es una tarea fácil, pero con información clara y constancia se puede conseguir. A continuación te vamos a explicar cómo cuidar a un perro recién nacido paso a paso, tanto si está con su madre como si es huérfano o ha sido abandonado.

Proporciónale un lugar seguro

Lugar seguro para cachorro recién nacido

En este lugar va a pasar muchas horas y muchos días hasta que aprenda a caminar y regular mejor su temperatura. Por ello, te recomiendo colocarlo dentro de una caja de plástico ancha y alta, de unos 60x40cm de altura como mínimo, para que pueda moverse sin correr el riesgo de caerse. Aunque sea muy pequeño, cuando sienta hambre podría gatear y salirse de la caja si los bordes son bajos.

Es importante que el espacio sea cómodo, estable y fácil de limpiar. Puedes forrar el fondo con empapadores y encima colocar mantas suaves. Evita superficies resbaladizas o frías, ya que aumentan el riesgo de hipotermia y de que el cachorro se fatigue al intentar desplazarse.

Además, controla la humedad ambiental de la habitación, que debe oscilar entre un 55% y un 65%. Una humedad demasiado baja favorece la deshidratación, mientras que una humedad muy alta aumenta el riesgo de hongos y problemas respiratorios. Un humidificador o deshumidificador pueden ayudarte a mantener estos valores estables.

Dale calor

Mantener caliente a un cachorro recién nacido

Por experiencia cuidando una gatita recién nacida, y extrapolando estos cuidados a los perros, te aconsejo que le pongas a tu cachorro mantas que retengan bien el calor. El papel de periódico también sirve como aislante, pero podrías tener que ponerlo de nuevo cada día y no abriga tanto; en cambio, si le pones una manta, si se mancha tan sólo tendrás que limpiarla y volvérsela a poner.

Asimismo, es importante que le pongas una botella térmica o botellas de cristal con agua caliente, que tienes que envolver con un trapo para evitar que se queme. Colócalas en un lateral de la caja para que el cachorro pueda acercarse o alejarse según lo necesite. También puedes usar almohadillas térmicas especiales para animales, siempre regulando bien la temperatura y cubriéndolas con una manta.

Ten presente que los cachorros recién nacidos no termorregulan correctamente. Como referencia, la temperatura ambiental ideal es de unos 30-32 ºC durante la primera semana, bajando a 26-28 ºC entre los 7 y 21 días y alrededor de 22-24 ºC a partir del mes. Si se enfrían, dejarán de alimentarse y pueden entrar en hipotermia.

Los signos de frío incluyen hocico frío, inactividad, incapacidad para mamar y llanto débil o continuo. Si ocurre, primero caliéntalo de forma progresiva (nunca con calor intenso directo) y, solo cuando la temperatura se haya estabilizado, ofrece la toma de leche.

Aliméntalo regularmente

Alimentar a un cachorro recién nacido

El cachorro tiene que comer cada 2 o 3 horas durante las primeras dos semanas, y cada 3-4 horas la tercera y cuarta. Esto incluye las noches, ya que su estómago es muy pequeño y necesita tomas frecuentes para evitar la hipoglucemia. Más adelante, el intervalo entre tomas se puede ir ampliando según indicación veterinaria.

No se le puede dar cualquier tipo de leche; es imprescindible utilizar leche maternizada específica para cachorros, que encontrarás a la venta en clínicas veterinarias o tiendas especializadas. Esta leche está formulada con las proporciones correctas de proteínas, grasas, vitaminas y minerales para un crecimiento adecuado.

La manera correcta de dársela es colocando el animal de manera horizontal, boca abajo, con la cabeza un poco inclinada hacia arriba, imitando la postura natural que adoptaría al mamar de la madre. No hay que ponerlo de pie nunca, pues la leche podría irse hacia los pulmones, provocando aspiración y neumonía, lo que podría acabar con su vida.

Al preparar la leche maternizada, sigue siempre las proporciones indicadas por el fabricante. Una leche demasiado concentrada puede provocar diarreas y deshidratación, y demasiado diluida no aportará los nutrientes necesarios. La leche debe estar tibia, similar a la temperatura corporal de la madre. Comprueba la temperatura poniendo una gota en el dorso de tu muñeca antes de ofrecérsela.

Si el cachorro no quiere comer, revisa primero que esté caliente y activo. Un cachorro frío suele perder el reflejo de succión. Si después de calentarlo sigue sin comer, puede necesitar ayuda con jeringa especial y debe ser valorado por un veterinario cuanto antes.

Ayúdale a hacer sus necesidades

Estimular necesidades de cachorro recién nacido

Los cachorros recién nacidos no son capaces de orinar y defecar por sí solos. En la naturaleza, la madre lo soluciona lamiendo suavemente la zona genital y anal tras cada toma. Cuando no hay madre, esta función la debe asumir la persona que cuida al cachorro.

Después de cada toma, con una gasa o papel higiénico humedecido con agua templada debes de estimularle su zona perianal y anal para que orine y defeque, usando una gasa o papel limpio para cada zona, a fin de evitar infecciones. Realiza movimientos suaves, desde el abdomen hacia el ano, imitando el lamido de la madre.

Piensa que por cada comida debería evacuar, así que es normal que tengas que repetir este procedimiento entre 6 y 8 veces al día. Vigila que la cama esté siempre seca, cambiando mantas o empapadores cada vez que sea necesario para reducir la proliferación de bacterias.

Utiliza siempre toallitas o paños aptos para animales cuando limpies el resto del cuerpo, ya que su pH es diferente al nuestro y un producto inadecuado puede irritar la piel. Observa el aspecto de las heces y la orina: cambios bruscos en color, consistencia o presencia de sangre requieren consulta veterinaria.

No le quites el cordón umbilical

Cordón umbilical en cachorro recién nacido

El cordón umbilical se le caerá solo durante la primera semana, por lo que no es necesario que se lo quitemos nosotros, ni cortarlo ni tirar de él. Manipularlo de forma brusca puede causar hemorragias o infecciones en una zona muy delicada.

Lo que sí puedes hacer es vigilar que el ombligo se mantenga limpio y seco. Si observas enrojecimiento intenso, inflamación, mal olor o secreción, acude al veterinario, ya que podría tratarse de una infección umbilical que necesita tratamiento.

Eso sí, si ves que pasa ese tiempo y continúa con él, o si la zona no cicatriza correctamente, llévalo al veterinario para que valore si es necesario intervenir o aplicar algún desinfectante específico.

Importancia del peso, la salud y el entorno

Control veterinario cachorro recién nacido

Tras el parto de la perra, es recomendable comprobar el estado de salud de los pequeños cachorros. Uno de los indicadores más fiables sobre el correcto desarrollo del perro recién nacido es su peso, que tiene que ser acorde a su edad y raza. Se recomienda pesar a los cachorros a diario, para comprobar que duplican su peso entre el séptimo y el décimo día de vida y que siguen una progresión constante.

Las hembras, en general, son capaces de cuidar de su prole sin problemas. Si tienen suficiente leche y se les provee de un lugar de descanso apropiado, con una humedad y temperatura adecuadas, lo más probable es que las tres primeras semanas de vida de los cachorros, que son las más delicadas, transcurran con normalidad. Recuerda mantener la humedad entre 55% y 65% y ajustar la temperatura ambiental según la semana de vida.

Si la temperatura ambiental es demasiado baja, se produce hipotermia en los cachorros, que se traduce en la falta de actividad, succión débil y riesgo de muerte si no se corrige. Por otro lado, el exceso de calor también es peligroso: un cachorro sobrecalentado estará inquieto, jadeante y buscará alejarse de la fuente de calor.

Es fundamental que un veterinario realice un primer chequeo tan pronto como sea posible para comprobar que todo está en orden, descartar malformaciones, valorar la hidratación y recomendar un plan de desparasitación y vacunación adaptado. Aunque el calendario de vacunas suele iniciarse alrededor de las 6-8 semanas, antes de este momento el profesional puede aconsejarte sobre cualquier síntoma de alarma a vigilar.

Introducción del alimento suplementario y desarrollo emocional

La producción de leche de la madre comienza a disminuir cuando ha transcurrido aproximadamente un mes desde el nacimiento de los cachorros. Para entonces, las necesidades alimenticias de los pequeños perros siguen aumentando. Por ello, es recomendable aportarles alimento extra de manera paulatina a partir de la tercera semana de edad.

En el mercado se venden papillas específicas, pero otra opción es utilizar un pienso formulado para cachorros, al que se puede añadir agua templada o caldo apto para perros para que adquiera textura de papilla. La ventaja de esta alternativa es que, cuando llegue el momento de separarse de la madre, alrededor de las siete u ocho semanas de vida, el cachorro estará muy bien adaptado a su nuevo alimento sólido.

El período más importante para que el cachorro aprenda a ser sociable es el comprendido entre las tres y las doce primeras semanas de vida. Es entonces cuando el perro aprende más sobre situaciones nuevas. Es importante acariciar a los cachorros a partir de los 15 días de vida, cuando abren los ojos, porque estos contactos físicos, unidos a nuestra voz y otros sonidos suaves, ayudan al cachorro a adaptarse a su nuevo entorno.

Una correcta sociabilización le ayudará a relacionarse con personas y otros animales, a controlar la mordida durante el juego y a no tener miedo a los ruidos cotidianos. Las experiencias que el cachorro no viva en esta etapa serán más difíciles de asimilar cuando sea adulto, pudiendo aparecer conductas de miedo o agresividad.

Junto con las vivencias con humanos y animales, el cachorro será un perro más equilibrado si está con su madre y hermanos, como mínimo, hasta las ocho semanas de edad. De ellos aprenderá normas básicas para relacionarse con otros congéneres: cómo jugar, cómo aceptar la jerarquía de la manada o cómo comunicarse. Esto será de gran utilidad para desenvolverse con seguridad a lo largo de su vida.

Mucho ánimo. Cuidar a un cachorro recién nacido exige tiempo, disciplina y una gran dosis de cariño, pero cada pequeño avance, cada gramo que gana y cada gesto de confianza que te dedica son la mejor recompensa al esfuerzo que estás realizando por darle la oportunidad de crecer sano y feliz.