Las orejas de nuestro amigo son una parte de su cuerpo muy importantes para él, ya que le permiten no sólo escuchar lo que ocurre a su alrededor sino también nuestra voz y muchos sonidos que nosotros no percibimos. Cuidar de ellas es relativamente sencillo, ya que tan sólo necesitaremos gasas limpias, un limpiador ótico específico para perros o colirios para las orejas prescritos por un veterinario y un poco de paciencia para mantenerlas bien limpias y sanas.
Además de la limpieza, es fundamental entender que en el conducto auditivo del perro se acumulan de forma natural cera, restos de suciedad ambiental, pequeñas partículas de polvo e incluso agua tras los baños. Todo ello, si no se controla, puede favorecer la aparición de hongos, bacterias y ácaros, dando lugar a otitis y otras infecciones dolorosas.
Una vez que lo tengamos todo, vamos a ver cómo cuidar las orejas del perro de forma correcta, cuándo limpiarlas, qué productos usar y qué señales nos indican que debemos acudir al veterinario.
¿Cada cuánto hay que limpiar las orejas del perro?

Es muy importante revisar las orejas del perro de forma regular para prevenir infecciones, pero la frecuencia de limpieza no es exactamente igual para todos los perros. Un oído canino sano produce cerumen que actúa como mecanismo de defensa, por lo que una higiene excesiva también puede ser perjudicial.
El artículo original recomendaba realizar una limpieza semanal para prevenir infecciones; esa indicación sigue siendo válida para muchos perros, sobre todo para aquellos con orejas largas o que tienden a ensuciarse con facilidad. No obstante, la recomendación actual es adaptar la frecuencia según el tipo de perro y las circunstancias.
Como pauta general, en perros con oídos sanos y sin antecedentes de problemas, suele bastar con una limpieza cada 2-4 semanas y una revisión visual semanal. Sin embargo, hay casos en los que conviene limpiar más a menudo:
- Perros con orejas largas y caídas (cocker spaniel, basset hound, beagle, etc.): la falta de ventilación favorece la humedad y la acumulación de cera, por lo que puede ser recomendable una limpieza semanal o tras cada baño.
- Perros que nadan con frecuencia en ríos, lagos, mar o piscinas: el agua retenida en el oído aumenta el riesgo de otitis, así que es aconsejable limpiar y secar bien las orejas después de cada sesión de agua.
- Perros con predisposición a otitis o historial de infecciones de oído: el veterinario puede pautar limpiezas regulares con productos concretos para mantener controlado el problema.
No es necesario seguir una rutina rígida de limpieza si las orejas se ven sanas; lo más importante es observar: si ves suciedad evidente, cerumen en exceso o el perro ha estado en ambientes con mucho polvo o barro, entonces sí conviene limpiarlas.
Limpieza: cómo limpiar las orejas del perro paso a paso

Lo cierto es que este es un momento que le puede resultar muy molesto al animal, de modo que hay que tener paciencia y, sobre todo, empezar a acostumbrarlo desde que es un cachorro. De este modo, no se sentirá tan mal cuando le estemos manipulando esta parte de su cuerpo y asociará la rutina con algo positivo si la acompañamos de premios y caricias.
Antes de empezar, prepara el material necesario cerca de ti: limpiador ótico específico para perros o suero fisiológico, gasas estériles o paños suaves (nunca papel que se rompa con facilidad) y algún snack para recompensarlo al final. Evita jabones, soluciones con alcohol, agua oxigenada o productos de uso humano, ya que pueden irritar el oído.
Así pues, cuando decidamos limpiárselas, tenemos que hacer lo siguiente:
- Lo primero que debemos hacer es levantar la oreja y colocar unas gotas dentro de la oreja con un limpiador auricular suave recomendado por el veterinario. Veremos que tiene un trozo vertical y otro horizontal. Es importante que el líquido entre bien dentro, ya que de lo contrario sólo estaríamos limpiando una parte superficial.
- A continuación, le haremos un masaje en la base de la oreja durante unos segundos para asegurarnos de que el producto llegue bien a todas las partes del interior de la oreja y ayude a disolver el cerumen y la suciedad. Es normal escuchar un sonido parecido a un “chup-chup”.
- Luego, dejamos que el perro sacuda la cabeza. Este gesto le permite expulsar al exterior parte del líquido junto con la suciedad disuelta.
- Después, con una gasa limpia enrollada en el dedo retiraremos la suciedad que podamos de la parte externa del pabellón y de la entrada del conducto auditivo, sin introducirnos demasiado para no dañar estructuras internas.
- Finalmente, repetiremos estos mismos pasos en la otra oreja y utilizaremos una gasa nueva para no trasladar suciedad de un oído al otro. Al terminar, podemos ofrecerle un premio para reforzar la experiencia.
Si el veterinario te ha recetado gotas medicinales para tratar una infección, lo ideal es aplicarlas poco después de haber realizado esta limpieza, con el oído ya libre de exceso de suciedad para que el medicamento actúe mejor.
Revisión y señales de que algo no va bien

Además de la limpieza, es fundamental realizar una revisión visual frecuente de las orejas. Un oído sano suele presentar un color rosado, sin exceso de cera, sin mal olor y el perro permite que lo toquemos sin mostrar dolor.
Cuidar las orejas del perro es muy importante, pero si lo hacemos mal podemos dañar su conducto auditivo. Por este motivo, nunca hay que utilizar bastoncillos, pues podríamos causarles lesiones que requerirán atención veterinaria y, además, empujar la cera hacia el fondo. Asimismo, si vemos que desprende un olor desagradable y/o que está rojo, tenemos que llevarlo al especialista pues es probable que tenga una infección, como otitis.
Algunas señales de alerta que indican que debes consultar al veterinario son:
- Orejas muy rojas, calientes o visiblemente inflamadas.
- Supuración o secreción amarillenta, verdosa, marrón muy oscura o negra con mal olor.
- Perro que se rasca mucho las orejas, las frota contra el suelo o sacude la cabeza con frecuencia.
- Dolor al tocar la oreja o cuando abrimos el pabellón para mirarla.
- Presencia de costras oscuras o aspecto de posos de café, que pueden indicar ácaros.
- Alteraciones del equilibrio, inclinación constante de la cabeza hacia un lado o pérdida de audición aparente.
En estos casos no conviene aplicar remedios caseros por tu cuenta; es mejor que el veterinario examine el oído con un otoscopio, determine si hay bacterias, hongos o parásitos y paute el tratamiento adecuado. Una limpieza incorrecta en un oído ya inflamado puede empeorar notablemente la situación.

Consejos adicionales para cuidar las orejas de tu perro
Cuidar las orejas del perro es muy importante y no se limita únicamente al momento de la limpieza. Hay una serie de buenas prácticas que ayudan a mantenerlas sanas a largo plazo y reducir el riesgo de otitis u otras afecciones.
- Evita remedios agresivos: no utilices vinagre sin diluir, alcohol, agua oxigenada ni productos para humanos, ya que pueden irritar gravemente el canal auditivo canino.
- Control tras los baños: si tu perro se baña en casa, en la playa o en ríos, seca con cuidado la parte externa de las orejas y revisa que no quede agua retenida. La humedad constante es uno de los factores que más favorecen las infecciones.
- Atención a las razas predispuestas: perros con orejas grandes, caídas o muy peludas (como cockers, basset hound, caniches o terriers) tienden a acumular más cera y suciedad, por lo que necesitan una vigilancia más frecuente.
- No abuses de la limpieza: aunque revises las orejas cada semana, sólo límpialas cuando veas suciedad, cerumen excesivo o haya factores que lo justifiquen. La cera también protege el oído frente a agresiones externas.
- Consulta siempre en caso de duda: si observas cambios en el color, olor, comportamiento o cantidad de cera y no estás seguro de cómo actuar, lo más prudente es acudir al veterinario antes de aplicar cualquier producto.


Revisa y cuida semanalmente las orejas de tu perro para prevenir infecciones. Una buena rutina de observación, el uso de productos adecuados y una técnica de limpieza suave, junto con la ayuda del veterinario cuando sea necesario, permitirán que tu compañero peludo mantenga sus oídos sanos, evite dolores innecesarios y disfrute plenamente de su gran capacidad auditiva.