Si hay algo que suelen hacer a menudo los cachorros es morder. Necesitan explorarlo todo, y para ello utilizan su boca como si de una mano se tratara. Este comportamiento, que al principio nos puede resultar gracioso, se debe parar lo antes posible, pues si bien ahora no hace daño ni causa muchos destrozos, con el paso del tiempo tendrá más fuerza y, por lo tanto, podrá romper más cosas e incluso podría hacernos daño sin querer.
Además, durante los primeros meses están en plena fase de dentición, lo que significa que sus encías pueden estar irritadas y masticar les ayuda a aliviar el malestar. Por eso es normal que parezca que lo muerden todo: manos, pies, muebles y juguetes. No indica que el cachorro sea agresivo, sino que está en pleno desarrollo y aprendizaje.
Para evitar que este comportamiento se convierta en un problema, te vamos a explicar cómo educar a tu cachorro para que no muerda, enseñándole a controlar la fuerza de la boca, a redirigir las mordidas hacia objetos apropiados y a relacionarse de forma correcta con personas y otros perros.
¿Es normal que un cachorro muerda mucho?
Antes de corregir la conducta es fundamental entenderla. Es totalmente normal que un cachorro muerda mucho. Del mismo modo que los bebés humanos se llevan todo a la boca, los perros jóvenes usan sus dientes para explorar el entorno, jugar y comunicarse.
Los motivos más frecuentes por los que un cachorro muerde son varios: juego y exploración, exceso de energía acumulada, aburrimiento, ansiedad cuando se queda solo, molestia por el cambio de dentadura y falta de socialización adecuada con otros perros. Todo ello forma parte de su desarrollo natural, pero es clave enseñarle qué puede morder y qué no para evitar que ese hábito se mantenga cuando sea adulto.
El objetivo no es que deje de morder por completo, ya que la masticación es necesaria para su bienestar físico y emocional, sino redirigir las mordidas hacia juguetes y mordedores seguros y enseñarle que la piel humana es delicada y no debe apretarla.
Claves para que el cachorro aprenda a no morder
Para educar a un cachorro hay que ser pacientes, constantes y firmes en nuestra decisión. Además, toda la familia debe colaborar para evitar que el perro muerda, ya que si solo una persona sigue unas normas y el resto permite las mordidas, el can acabará confundido y probablemente continuará haciéndolo.
Será fundamental que todos sigan una serie de normas claras: no se permite morder manos, pies ni ropa, siempre se ofrece una alternativa adecuada para masticar, se premia al cachorro cuando se comporta bien y se ignora el comportamiento indeseado en lugar de reforzarlo sin querer con caricias o atención.
También ayuda mucho ofrecer suficiente ejercicio físico y estimulación mental. Un cachorro cansado, que juega, pasea y entrena a diario, tiene menos energía sobrante para dedicarse a morder con intensidad. Los juguetes interactivos, los juegos de olfato y las sesiones cortas de adiestramiento con premios son grandes aliados.
No debemos olvidar que, aunque sea pequeño, si no se le enseña a tiempo puede llegar a causar lesiones accidentales a niños o adultos, e incluso problemas legales si en un futuro muerde a alguien fuera del hogar. Por eso, educar la boca del cachorro es una inversión directa en la seguridad y buena convivencia de toda la familia.
Cómo enseñarle a no morder paso a paso

La manera más recomendada para enseñarle es utilizando el adiestramiento en positivo, ya sea con la ayuda de golosinas para perros, caricias o juguetes. En ningún caso se debe pegar ni gritar, pues de hacerlo el animal se asustaría, aumentaría su ansiedad y sería muy difícil enseñarle. Incluso podría acabar cogiéndonos miedo o respondiendo con verdadera agresividad.
Un concepto básico que debe aprender es la llamada inhibición de la mordida, es decir, controlar la fuerza con la que aprieta. Cuando juega con sus hermanos de camada, si uno muerde demasiado fuerte, el otro suele chillar y dejar de jugar. De esta manera el cachorro aprende que si aprieta más de la cuenta se termina la diversión.
Podemos imitar este mecanismo en casa: si vemos que tiene intención de mordernos o ya lo hace, lo que podemos hacer es emitir un sonido tipo «¡ay!» y retirar la mano o detener el juego. Después de unos segundos, le ofrecemos algo apropiado para morder y le premiamos cuando utiliza ese objeto en lugar de nuestra piel.
De forma práctica, cuando nuestro cachorro quiera morder manos, pies o ropa, podemos aplicar estas ideas:
- Darle un juguete, como un mordedor, y dejar que lo muerda. Esto es especialmente útil si está mordiendo un mueble, ropa o cualquier objeto que no deba: simplemente intercambiamos ese objeto por su mordedor.
- Enseñarle una golosina para perros, pedirle un sencillo «sienta» o «tumba» y luego dársela cuando obedezca sin utilizar la boca. Así aprende que la calma y el autocontrol tienen recompensa.
- Si lo que está haciendo es morder a otros perros con demasiada intensidad, lo cogeremos en brazos unos instantes y lo pondremos de nuevo con el otro can cuando esté tranquilo, de manera que puedan olerse correctamente. Así el cachorro aprende a respetar a los otros perros y a ajustar su fuerza.
Cuando el cachorro muerda jugando, evita retirar la mano bruscamente, ya que puede interpretarlo como un juego de persecución. Es preferible quedarse quieto, emitir el quejido y cortar la interacción unos segundos. Si insiste, podemos levantarnos y salir de la habitación durante un minuto. De esta forma asocia que morder fuerte hace que pierda nuestra atención.

Errores que debes evitar al corregir las mordidas
Al intentar enseñar a un cachorro a no morder es fácil cometer fallos que dificultan el aprendizaje. Uno de los más comunes es usar castigos físicos o gritos. Esto solo aumenta su miedo y su nivel de estrés, empeorando la conducta. Además, el perro puede aprender a ocultar señales de incomodidad y llegar a morder de forma más seria en el futuro.
Otro error frecuente es ser inconsistente. Si a veces permitimos que nos muerda las manos cuando estamos de buen humor y otras veces lo regañamos, el cachorro no sabrá qué se espera de él. Todos en casa deben responder igual: detener el juego cuando aprieta demasiado y premiar siempre que use sus juguetes.
Tampoco es buena idea fomentar juegos demasiado bruscos en los que se anime al cachorro a saltar sobre nosotros, perseguir manos o tirar de la ropa. Es mejor usar pelotas, cuerdas y mordedores para que toda la energía de juego se descargue en los objetos y no en nuestra piel.
Si pese a todos estos pasos el cachorro muerde de forma muy intensa, gruñe con rigidez corporal o continúa haciéndolo con más de medio año de vida, conviene consultar con un veterinario o etólogo canino para descartar problemas de salud o miedo profundo y recibir un plan personalizado.

Con estos consejos, tu peludito aprenderá a comportarse y a utilizar su boca de forma adecuada. Con tiempo, cariño y mucha constancia, las mordidas de cachorro quedarán solo como una anécdota graciosa y podréis disfrutar juntos de una convivencia más segura, respetuosa y relajada.
