El galgo ruso, también conocido como Borzoi, es un can muy tranquilo y elegante, que adora estar rodeado de sus seres queridos. Aunque fue criado originariamente como perro de caza de liebres y lobos en las amplias estepas, hoy es un excelente compañero para la vida en familia. Necesita hacer ejercicio físico a diario, pero debido a su carácter equilibrado puede convivir sin problemas tanto con familias con niños como con personas solteras o parejas que disfruten de una rutina tranquila.
Si estás pensando en adquirir un can, sigue leyendo para saber cómo es el galgo ruso, cuál es su historia, sus características físicas, su carácter, los cuidados que necesita y los problemas de salud más frecuentes.
Origen e historia del galgo ruso o Borzoi

El galgo ruso tiene un pasado muy ligado a la aristocracia rusa y a la caza. Su nombre procede de la palabra rusa “borzyi”, que significa algo similar a “rápido” o “veloz”, una clara referencia a su capacidad para perseguir presas a gran velocidad. Se desarrolló a partir del cruce de perros de caza locales con lebreles árabes y persas (como el saluki), dando lugar a un perro especialmente apto para perseguir liebres, lobos y ciervos en terrenos abiertos y condiciones climáticas duras.
Durante mucho tiempo fue considerado un símbolo de estatus. Los zares y la nobleza lo utilizaban para grandes monterías y también lo regalaban entre familias reales como obsequio de prestigio. Se sabe que en algunas perreras reales se llegaron a reunir más de un centenar de Borzoi, cuidadosamente seleccionados y criados para combinar instinto cazador, resistencia y un carácter obediente con sus dueños.
Con los cambios políticos en Rusia, la raza pasó de ser un emblema de la realeza a estar prácticamente perseguida, pero varios ejemplares ya habían sido exportados a Europa y América. Gracias a ello se consolidó como perro de compañía y de exposición, manteniendo su imagen de perro aristocrático, pero adaptado a la vida moderna.
Características físicas del galgo ruso

Este es un perro de tamaño grande, con un peso de entre los 35 y los 45 kg aproximadamente en líneas generales, aunque algunos ejemplares pueden situarse algo por encima o por debajo según sexo, genética y condición física. La altura a la cruz suele ser de 70 a 82 cm en el macho, y de 65 a 71 cm en la hembra, situándolo entre los lebreles más altos y estilizados.
Su cuerpo es alargado, con patas largas, rectas y robustas, preparado para alcanzar altas velocidades y mantener un trote ligero y elegante durante largos periodos. El tórax es profundo, la cintura marcadamente estrecha y el lomo algo curvado, lo que le otorga esa silueta tan característica de los galgos. La cola es larga y muy peluda, con forma ligeramente curvada cuando está en reposo.
La cabeza es estrecha y alargada, con un hocico muy largo y fino, una de las señas de identidad más llamativas de la raza. Las orejas son pequeñas, finas y están colocadas hacia atrás, pegadas al cuello cuando el perro está relajado, aunque pueden erguirse parcialmente cuando está atento. Los ojos son grandes, almendrados y muy expresivos, lo que refuerza su aire noble.
El cuerpo lo tiene bien protegido con pelo largo, sedoso y ondulado, que puede ser ligeramente rizado en algunas zonas. Se trata de un pelaje doble, con una capa interna más densa y una externa más larga. Puede ser de cualquier color (blanco, marrón, canela, negro, dorado, gris, atigrado o combinaciones de varios tonos), siendo muy habituales los mantos blancos con manchas oscuras.
Tiene una esperanza de vida de entre los 10 y los 13 años (lo habitual suele situarse entre los 11 y los 13 años), pero esto puede variar dependiendo de la alimentación que se le dé, del ambiente en el que viva, de la calidad de los cuidados veterinarios y de cómo se le trate en el día a día.
¿Cuál es su carácter?

El carácter del galgo ruso es el ideal para las familias de naturaleza tranquila que disfruten saliendo a dar largos paseos y valoren un perro calmado en el hogar. Es un perro muy tranquilo y muy cariñoso con sus seres queridos, que suele crear un fuerte vínculo con su familia. Le gusta estar cerca de los suyos y participar en las actividades cotidianas, aunque lo hará con un comportamiento discreto y elegante.
Desconfiará de los extraños, mostrando una actitud reservada o algo distante, pero eso tiene fácil solución: cada vez que vengan visitas, pídeles que le den golosinas y que interactúen con calma, de esta manera el peludo se sentirá mucho más cómodo con ellas y aprenderá a asociar a las personas nuevas con experiencias agradables.
Es inteligente y se muestra seguro de sí mismo. Disfruta aprendiendo cosas nuevas si se trabaja con él mediante refuerzo positivo y sesiones de corta duración. A pesar de su gran tamaño y de su origen cazador, no suele ser un perro conflictivo con otros perros bien socializados y puede convivir sin problema con otros animales, aunque, debido a su instinto de persecución, conviene extremar la precaución con animales pequeños si no ha sido socializado de forma correcta.
Aunque, eso sí, no hay que dejarlo mucho tiempo solo pues lo pasaría mal. Es un perro que necesita compañía y estabilidad, por lo que no es la mejor opción para personas que pasan gran parte del día fuera de casa. Por ello, si puedes dedicarle tiempo todos los días, ofrecerle paseos, juegos y atención, seguro que se convertirá en tu mejor amigo de cuatro patas.
Con los niños suele mostrarse afable y paciente, siempre que éstos lo respeten y se les enseñe a tratarlo con suavidad. Debido a su tamaño, es importante supervisar las interacciones con los más pequeños para evitar empujones accidentales.
Ejercicio, adiestramiento y cuidados básicos

Aunque en casa sea calmado, el Borzoi es un perro atlético que necesita quemar energía. Los paseos de correa son necesarios, pero no suficientes: lo ideal es combinar paseos diarios largos con momentos en los que pueda correr en un espacio amplio y bien cerrado, donde no exista riesgo de fugas ni de atropellos. Actividades como carreras controladas, juegos de persecución con pelotas o ejercicios de olfato le ayudan a mantenerse equilibrado física y mentalmente.
En cuanto a la educación, se trata de un perro sensible que responde mejor a un adiestramiento suave y positivo. No tolera bien los métodos duros ni los castigos. Es recomendable empezar desde cachorro con la socialización y las órdenes básicas, reforzando siempre con premios, caricias y palabras amables. Una base sólida evita que se vuelva obstinado o demasiado independiente en la edad adulta.
Su sistema digestivo puede ser algo delicado, por lo que conviene ofrecerle una alimentación de alta calidad, adaptada a perros grandes y a su nivel de actividad. Muchos galgos rusos se benefician de dietas con proteínas animales de buena procedencia y ingredientes de fácil digestión, evitando cambios bruscos de pienso y raciones excesivamente copiosas en una sola toma.
Respecto al cuidado del pelaje, el Borzoi necesita un cepillado regular para evitar nudos y mantener el pelo sedoso. En épocas de muda el cepillado puede ser diario para retirar el pelo muerto. Además, se aconseja bañarlo cada cierto tiempo, sin abusar del champú para no dañar la barrera natural de su piel, y revisar con frecuencia sus orejas, ojos y uñas.
Como perro grande, es recomendable realizar revisiones veterinarias periódicas para controlar el estado del corazón, las articulaciones y detectar a tiempo posibles problemas hereditarios. Mantener las vacunas, desparasitaciones y chequeos al día es clave para garantizar una buena calidad de vida.

¿Qué te ha parecido el galgo ruso? Este elegante lebrel combina historia, belleza y un carácter calmado que encaja muy bien con hogares tranquilos que puedan cubrir sus necesidades de ejercicio, compañía y cuidados. Con una buena socialización, una alimentación adecuada, ejercicio diario y atención veterinaria preventiva, el Borzoi puede disfrutar de una vida plena y convertirse en un compañero leal y sofisticado para muchos años.