Cada vez es más fácil encontrar a perros callejeros, animales que, por uno u otro motivo, están viviendo en las calles, aunque vivir es una palabra demasiado bonita para describirlo, pues las condiciones no son las más apropiadas para que un animal tan dependiente de los humanos como lo es el perro pueda tener una buena calidad de vida.
El peligro de los coches al cruzar, la crueldad con la que algunas personas hacen gala tirándoles piedras, incluso mediante envenenamientos de perros, y tratándolos de la manera más inhumana posible, las enfermedades que pueden contraer, el hambre, la sed, la calor y el frío les dificultan mucho la supervivencia. En este especial voy a hablar de ellos para que se les escuche, para que se les tenga en cuenta, y sobretodo, para ti si quieres ayudarles.

¿Qué es un perro callejero?

Aunque la propia palabra lo indica, a veces y sobretodo en los pueblos nos puede confundir, pues hay familias que, como hacían antaño, dejan que sus canes salgan a dar una vuelta. Esto es algo que, si bien no se aconseja hacer pues hay muchos peligros incluso en las zonas rurales, la realidad es que todavía se hace. Así pues, ¿cómo identificar a un perro callejero?
No es lo mismo un perro que vive en la calle que uno que simplemente se ha perdido o que sale sin supervisión puntual de su casa. Para poder ayudar de verdad, conviene diferenciar entre perro perdido, perro comunitario (cuidado por varios vecinos, aunque sin dueño formal) y perro realmente abandonado, que es el que más vulnerable se encuentra y el que con mayor probabilidad necesita rescate. En algunos lugares se han dado polémicas por operativos municipales contra perros callejeros.
Antes de intervenir conviene observar durante unos minutos al animal: su estado físico, su actitud, si entra y sale de alguna vivienda concreta, si algún vecino lo llama por su nombre o si deambula sin rumbo claro. Esta primera evaluación te ayudará a decidir el siguiente paso y a evitar retirarlo de su hogar por error.
También es importante valorar si el perro es adulto o cachorro. Los cachorros callejeros suelen estar aún más expuestos a enfermedades, malnutrición y atropellos, y requieren una atención todavía más rápida. Fíjate en si el animal tiene aspecto juvenil, patas grandes en comparación con el cuerpo, movimientos torpes o dentadura de leche.
Cuando sospeches que el perro puede estar extraviado, además del collar, revisa si lleva placa identificativa con un teléfono de contacto. En muchos lugares, los veterinarios, protectoras y servicios municipales disponen de lectores de microchip, por lo que será esencial que alguien autorizado lo escanee para comprobar si tiene familia buscándolo.
Si se está criando en la calle, el aspecto que suele presentar es el siguiente:
- Tendrá un cuerpo delgado, puede que incluso se le marquen los huesos por la falta de alimento.
- No llevará collar ni identificación visible, salvo en algunos perros comunitarios que los vecinos intentan marcar.
- Si es hembra, es posible que esté embarazada o haya tenido varias camadas recientemente.
- Puede tener algunas heridas visibles, ya sea de peleas con otros perros o como consecuencia de accidentes.
- Puede cojear o moverse con dificultad debido a golpes, atropellos o problemas articulares no tratados.
- Si está enfermo, puede tener fiebre, vómitos, temblores, tensión alta o problemas para respirar, además de secreciones en ojos y nariz.
- Su comportamiento puede ser violento o agresivo, o por el contrario se puede mostrar muy tímido y asustadizo, huyendo al menor movimiento.
Junto a estos signos físicos, hay otros detalles que ayudan a confirmar si un perro vive en la calle: suele moverse en zonas donde encuentra comida (mercados, contenedores, restaurantes), se reúne en pequeñas manadas o jaurías con otros perros callejeros y suele elegir lugares discretos para dormir, como solares vacíos, debajo de coches o en parques poco transitados.

¿Qué problemas tienen que enfrentar si quieren sobrevivir?
Además de los comentados al principio, son muchos otros los problemas con los que tienen que lidiar día tras día. Uno de los principales son las pulgas y las garrapatas, las cuales pueden transmitirles enfermedades como la de Lyme, y provocarles muchas molestias. Pero además, se pueden contagiar de sarna sarcóptica, que la transmite el ácaro Sarcoptes scabiei y que se puede contagiar a los humanos; o de sarna demodécica, que la transmite el ácaro Demodex canis de madres perrunas a hijos.
Y tampoco podemos dejar de hablar del moquillo, que es una enfermedad que se transmite por vía aérea y que puede resultar fatal; o de la rabia, que se contagia por contacto directo con otros perros infectados (a través de un mordisco, por ejemplo). Estas enfermedades se podrían prevenir si recibieran todas sus vacunas, pero eso es algo que dista mucho de conseguirse en animales que viven sin atención veterinaria.
Además de los parásitos y virus, los perros callejeros sufren muchas veces de desnutrición crónica. La falta de comida de calidad provoca pérdida de masa muscular, caída de pelo, debilidad general, sistema inmune debilitado y una mayor predisposición a infecciones. Muchos de ellos se alimentan únicamente de restos en la basura, lo que puede generar problemas digestivos graves e intoxicaciones.
A esto se suma el estrés constante al que están sometidos. Tienen que defenderse de otros perros, huir de personas que los agreden, soportar ruidos intensos de tráfico y buscar refugio frente a las inclemencias del tiempo (ver cómo proteger a los perros callejeros del frío). El estrés prolongado altera su comportamiento, les vuelve más reactivos y afecta a su salud física y emocional.
Los atropellos constituyen otro gran peligro. Muchos perros callejeros no saben interpretar el tráfico y cruzan la calzada desorientados, provocando accidentes graves tanto para ellos como para conductores y peatones. Un gran número de perros encontrados en la calle presentan fracturas, heridas abiertas o secuelas de golpes anteriores que nunca han sido atendidos.
No hay que olvidar los riesgos para la salud pública. Perros sin vacunar ni desparasitados pueden ser portadores de enfermedades zoonóticas (transmisibles a las personas) como la rabia, ciertas leptospirosis o parasitosis. Por eso, ayudarles de forma responsable implica también promover la vacunación, la desparasitación y el control ético de su población.

Los perros callejeros y los humanos

A nadie le gusta que haya perros malviviendo en las calles. Esto resulta muy peligroso para ellos, pues, si bien antaño sí que podían cazar solos, tras años de domesticación hemos conseguido quitarles eso, quitarles ese instinto depredador, y ahora, por mucha hambre que tengan, lo único que van a hacer es ir a buscar en la basura. Además de ello, no se puede obviar que hay enfermedades que son contagiosas a los humanos, como la rabia.
La relación entre perros callejeros y humanos es compleja. En muchos barrios se forman vínculos comunitarios: varias personas del vecindario les ponen comida, agua o incluso mantas cuando hace frío. Estos llamados “perros de todos” reciben cierto cuidado, pero siguen sin tener la protección legal y sanitaria de una adopción responsable, por lo que continúan expuestos a enfermedades y accidentes.
Al mismo tiempo, existen personas que ven a los perros callejeros como un problema de seguridad o suciedad y recurren a métodos crueles para alejarlos, llegando incluso a envenenarlos (arresto por envenenamiento de perros) o agredirlos. Este tipo de conductas además de inhumanas, en muchos lugares son constitutivas de delito de maltrato animal, por lo que es fundamental denunciarlas ante las autoridades competentes o contactar con organizaciones protectoras.
Aún así, todavía hay muchas personas que hacen criar a sus perras. ¿Por qué? Bueno, hay varios motivos, entre ellos porque es una experiencia bonita y para enseñar a los hijos a respetar a los animales y a responsabilizarse de ellos. Pero ¿es una buena idea?
La respuesta es no. Y no lo es porque los refugios de animales están llenos de perros que no han encontrado un hogar. Porque la triste realidad es que son muy pocas las personas que quieren tener un perro en casa durante toda su vida. No se debería dejar criar a una perra a menos que los cachorros estuviesen colocados de antemano, ya que de lo contrario las probabilidades de que acaben viviendo en las calles es muy alta.
Una de las claves para reducir el número de perros callejeros es la tenencia responsable. Esto implica identificar al perro con microchip y placa, esterilizarlo o castrarlo para evitar camadas no deseadas, proporcionarle atención veterinaria periódica y no permitir que vague solo por la calle. Cada tutor responsable contribuye directamente a disminuir la sobrepoblación canina en su ciudad; hay ejemplos exitosos como Holanda, primer país sin perros abandonados.

¿Cómo ayudar a un perro callejero?
Ayudar a un perro callejero no es tan difícil como aparenta ser, pero sí requiere actuar con cautela y planificación para no poner en riesgo tu seguridad ni la del animal. Lo primero que tienes que hacer es contactar con alguna Protectora de animales o refugio local para que se haga cargo, pero mientras tanto puedes acercarte poco a poco, a ser posible con un bol lleno de comida para perros para que de esa manera te coja confianza.
Antes de acercarte, dedica unos minutos a identificar y evaluar la situación. Observa su comportamiento y su estado de salud: si camina bien, si respira con normalidad, si presenta heridas visibles o si parece desorientado. También conviene valorar si hay más perros alrededor y si te resulta seguro intervenir en ese lugar concreto.
En muchos casos el perro puede estar perdido. Por ello, además de mirar si lleva collar, es recomendable preguntar a los vecinos de la zona si lo reconocen y revisar si hay carteles de “se busca” o anuncios en redes sociales locales. A veces, simplemente ayudando a un perro a reencontrarse con su familia ya estás cambiando su destino.
En situaciones donde veas al animal claramente enfermo, herido o en peligro inmediato (por ejemplo, en medio de una carretera), intenta, con mucho cuidado, apartarlo a un lugar más seguro y llamar de inmediato a los servicios municipales (como ejemplo, El Estado de México refuerza la lucha contra la sobrepoblación) o a una organización de rescate que pueda acudir con el material adecuado.
Cuando vayas a proporcionarle comida o agua, hazlo siempre manteniendo una distancia prudencial. Coloca el recipiente en el suelo y da unos pasos hacia atrás, permitiendo que sea el perro quien se acerque. Esto reduce su estrés, le da sensación de control y evita que se sienta acorralado.
No lo acaricies a menos que lo veas que está tranquilo, y que sepas lo que estás haciendo. Recuerda que los perros callejeros que llevan tiempo viviendo en las calles pueden volverse muy desconfiados y actuar de manera inesperada. Por ello, si no tienes mucha experiencia cuidando perros, lo ideal es que sólo le dejes el plato con comida; y si al final te acercas a él y se deja tocar sin problemas, es muy recomendable llevarlo al veterinario para que lo examine.
Si consigues que el perro se acerque sin mostrar miedo ni agresividad, puedes intentar colocarle con suavidad una correa o improvisar un lazo con una cuerda larga, siempre evitando movimientos bruscos. Una vez lo tengas controlado, el siguiente paso debe ser llevarlo a una clínica veterinaria para una revisión completa, desparasitación, vacunación básica y, si procede, esterilización.

Otras maneras de ayudar
También puedes ayudar, aunque de manera indirecta, adoptando y castrando al perro que te llevas a casa. Si adoptas, le salvas la vida a dos animales: el que seguro que será tu mejor amigo peludo, y al que ocupe su lugar; y si lo castras, evitarás las camadas no deseadas.
Si por cualquier razón no puedes adoptar, existen muchas formas de colaborar. Una de las más valiosas es convertirte en casa de acogida temporal: ofreces tu hogar durante unas semanas o meses hasta que la protectora encuentre una familia definitiva. Durante ese tiempo, el perro se socializa, se recupera física y emocionalmente y tiene muchas más probabilidades de ser adoptado.
Otra opción es hacerte voluntario en una organización de rescate. Puedes ayudar en campañas de esterilización, en jornadas de adopción, en el cuidado diario de los animales o en tareas de difusión en redes sociales. Donar parte de tu tiempo contribuye a que más perros salgan de la calle y reciban atención.
También es muy útil apoyar económicamente a refugios y grupos de rescate. Las donaciones permiten comprar alimento, pagar tratamientos veterinarios, vacunar, desparasitar y esterilizar a muchos animales. Cualquier aportación, por pequeña que parezca, marca una gran diferencia en la vida de un perro callejero.
No olvides el poder de la educación y la concienciación. Compartir información sobre la importancia de la esterilización, la adopción responsable y el respeto a los animales ayuda a cambiar mentalidades y a construir una sociedad más empática. Hablar con niños y jóvenes sobre estos temas fomenta la empatía y la responsabilidad hacia los seres vivos.
Más acciones cotidianas para ayudar a los perros callejeros
Uno de los principales orígenes de la sobrepoblación callejera es la reproducción animal descontrolada. Esterilizar o castrar a tu perro o gato es un acto de amor con el que, además, estarás contribuyendo a disminuir el riesgo de que alguna de sus crías termine en las calles.
Si por algún motivo no has podido llevar a tu mascota con el veterinario para este procedimiento, no pasa nada. Existen diferentes campañas de esterilización, algunas incluso ofrecen el tratamiento sin costo. Infórmate en tu municipio, protectoras locales o colectivos animalistas sobre fechas y requisitos.
Otra manera de ayudar es denunciar el maltrato animal. Al no contar con una persona que los cuide, los gatos y perros callejeros están expuestos a agresiones, envenenamientos o abusos. Para tales situaciones, deberás informarlo a las autoridades competentes o contactar a una ONG de rescate animal para que puedan brindarte mayor orientación. Recuerda que los perros y gatos no tienen voz, pero son seres sintientes, no los desampares.
En tu día a día, puedes cuidar de los animales que ves en la calle. Si puedes, considera comprar un alimento de buena calidad y darles un poco a los perros callejeros que deambulan cerca de tu casa. Es posible que sea su única comida en el día o en varios días. Acompaña la comida con agua fresca en recipientes limpios, sobre todo en épocas de calor intenso.
En ocasiones, un perrito callejero es “adoptado” de forma comunitaria por los vecinos de la cuadra. No obstante, aun cuando varias personas le brindan alimento, techo y cariño, puede que algunos detalles se pasen por alto. Aunque sea comunal sigue siendo una mascota y necesita recibir atención a su salud. Tú podrías ser la persona encargada de llevar el control de sus vacunas, visitas al veterinario y demás necesidades.
En este caso, recuerda que resulta imprescindible llevar a cabo la vacunación a tiempo, la esterilización y las desparasitaciones. De esta manera, se podrán evitar complicaciones a futuro, pero también que el perro se reproduzca de forma descontrolada, evitando que se continúe el ciclo.
Otra forma de contribuir es decir un rotundo no a la compra impulsiva de animales y a los criaderos clandestinos. Siempre que quieras incorporar un animal a tu familia, prioriza la adopción en protectoras y asociaciones. Los perros que han pasado por la calle suelen ser extremadamente agradecidos y se convierten en compañeros leales de por vida.
Por último, si no puedes rescatar directamente a un perro callejero que ves con frecuencia, puedes documentar su situación con fotos y vídeos, anotar el lugar y horario donde suele aparecer y compartir esta información con protectoras locales o en grupos de rescate en redes sociales. A menudo, esta ayuda logística es la clave para que un equipo especializado pueda acudir y salvar una vida.
Los perros callejeros necesitan ayuda. El ser humano es el único responsable, por lo que somos nosotros los que tenemos que protegerles. Cada pequeño gesto, desde ofrecer un cuenco de agua hasta promover campañas de esterilización, suma para que menos animales pasen su vida en la calle y más de ellos conozcan el calor de un hogar seguro y responsable.
