
Al igual que nosotros los humanos, nuestro amigo peludo también puede tener una hernia. Este es un problema que puede aparecer como consecuencia de un traumatismo (golpes, caídas, saltos bruscos) o por tener una predisposición genética, especialmente en ciertas razas de patas cortas y lomo largo.
Se trata de un proceso que puede ser muy doloroso y limitante para el perro, y que en los casos graves incluso llega a provocar parálisis e incontinencia. Por eso vamos a ver con detalle cómo saber si mi perro tiene una hernia discal, qué tipos existen, qué síntomas deben ponernos en alerta, cómo la diagnostica el veterinario y cuáles son las opciones de tratamiento y de prevención.
¿Qué es una hernia de disco en perros?
Las hernias de disco o hernias discales se producen por un desplazamiento o rotura de los discos que se encuentran entre las vértebras. Estos discos actúan como amortiguadores y están formados por un núcleo gelatinoso en el centro y un anillo fibroso más duro alrededor. Cuando el disco se deforma o se rompe, invade el canal vertebral y comprime la médula espinal o los nervios, lo cual produce mucho dolor y puede causar graves problemas neurológicos.
La enfermedad del disco intervertebral (IVDD) es una patología degenerativa en la que estos discos se deshidratan y pierden elasticidad con el tiempo. Como resultado, pueden abultarse (protrusión) o romperse (extrusión), dando lugar a la hernia discal. Esta es una de las principales causas de lesión medular en perros y el problema de columna más frecuente que ven los neurólogos veterinarios.
Según la forma en que se lesiona el disco y el perfil del perro, se habla de varios tipos de hernia discal:
- Tipo 1: ocurre cuando el núcleo pulposo y el anillo fibroso del disco se deterioran de manera prematura y el material discal sale bruscamente hacia el canal medular. Suele afectar a perros de raza pequeña y condrodistrófica (patas cortas, lomo largo) en edades comprendidas entre los 2 y 6 años, y se asocia a síntomas muy agudos.
- Tipo 2: ocurre por una degeneración progresiva del núcleo discal. El disco se abomba poco a poco hacia la médula espinal, provocando signos más lentos y crónicos. Ataca sobre todo a perros de razas grandes y medianas en edad adulta o avanzada.
- Tipo 3: es el tipo más grave y agudo. Ocurre cuando el material del disco intervertebral sale violentamente del canal de la médula a gran velocidad, sin apenas degeneración previa, causando una hernia explosiva que en ocasiones termina generando la muerte del animal o una parálisis irreversible.
En todos los casos, el problema central es el mismo: presión sobre la médula espinal y los nervios. Cuanto mayor y más prolongada sea esta compresión, peor pronóstico tendrá el perro, por lo que la rapidez en acudir al veterinario es clave.
Causas y perros con mayor riesgo de hernia discal
Una hernia discal en perros puede deberse a una única causa o, más frecuentemente, a la suma de varios factores que dañan los discos intervertebrales con el tiempo:
- Degeneración por edad: el proceso normal de envejecimiento hace que los discos pierdan agua y elasticidad, volviéndose más frágiles y propensos a abultarse o romperse.
- Predisposición genética: algunas razas, especialmente las condrodistróficas, tienen una tendencia hereditaria a que sus discos degeneren de forma temprana.
- Traumatismos y movimientos bruscos: caídas, golpes, giros violentos, carreras con frenazos o saltos repetidos desde sofás o escaleras pueden desencadenar la salida del material discal.
- Obesidad: el exceso de peso ejerce una presión adicional sobre la columna y acelera el desgaste de los discos.
- Ejercicio inadecuado o insuficiente: una vida muy sedentaria o, al contrario, actividades extenuantes sin preparación hacen que la musculatura que protege la columna sea insuficiente o se fatigue en exceso.
- Otras enfermedades: fracturas vertebrales, luxaciones, infecciones o tumores de columna también pueden afectar a los discos y derivar en una hernia.
Las razas que tienen mayor riesgo de sufrir una hernia discal son aquellas con lomo largo y patas cortas (condrodistróficas), como el Teckel o Dachshund, Beagle, Basset Hound, Corgi, Shih Tzu, Lhasa Apso, Bulldog Francés y también algunos cocker spaniel. En estos perros la hernia puede aparecer a edades relativamente jóvenes. En razas grandes, el problema suele presentarse en perros mayores y de forma más progresiva.
¿Cómo saber si mi perro tiene una hernia discal?
Para saber si tiene una hernia, es muy importante que se le observe a diario. Así podremos detectar cualquier nuevo detalle que aparezca al caminar o en su estado de ánimo. Este tipo de males provocan mucho dolor, por lo que enseguida que veamos que no camina como lo hacía antes, que está decaído y/o que no tiene tantas ganas de saltar ni jugar, será el momento de preocuparnos. De dejarlo así, podría acabar perdiendo la movilidad.
Los síntomas de una hernia discal en perros pueden ir desde molestias leves hasta una parálisis completa, y dependen del lugar de la columna afectado y del grado de compresión de la médula. Algunos signos frecuentes son:
- Dolor en cuello o espalda: el perro se queja al tocarle, evita que le cojan en brazos o mantiene la espalda encorvada o la cabeza baja.
- Rigidez y temblores: lomo rígido, temblores musculares o escalofríos, especialmente al ponerse de pie o al moverse.
- Cambios en la marcha: paso tambaleante, descoordinación, arrastre de las patas traseras o agarrotamiento de una o varias extremidades.
- Reticencia a moverse: se niega a subir escaleras, a saltar al sofá o al coche, o se sienta y se tumba con mucha cautela por miedo al dolor.
- Aullidos o quejidos: grita o llora si intenta correr, saltar o si le acaricias la zona afectada.
- Incontinencia urinaria o fecal: en los casos avanzados puede perder el control de esfínteres.
Además, puede aparecer alguna protuberancia a lo largo de la espalda, de modo que también es recomendable acariciarle suavemente su columna si sospechamos que tiene una hernia, aunque sin realizar presiones fuertes para no agravar el dolor.
En medicina veterinaria se utiliza una escala de gravedad del 1 al 5 para valorar la hernia discal:
- Grado 1: solo hay dolor, pero el perro camina con normalidad y no presenta déficits neurológicos.
- Grado 2: dolor moderado y debilidad en una o varias extremidades, aunque todavía puede caminar.
- Grado 3: el perro ya no puede caminar por sí mismo, pero aún mueve las patas.
- Grado 4: está paralizado, pero conserva la sensibilidad profunda al dolor en los dedos.
- Grado 5: parálisis completa sin sensibilidad profunda en las extremidades, situación muy grave y con pronóstico reservado.
Es importante saber que la evolución no siempre es lineal: algunos perros pasan de un dolor moderado a una parálisis aguda en pocas horas sin que hayan mostrado todos los grados intermedios. Por eso, si notas que tu perro pierde la capacidad de caminar, arrastra las patas o no responde al dolor, debes acudir de urgencia al veterinario.
Diagnóstico veterinario de la hernia discal
Ante la sospecha de hernia, el veterinario realizará primero un examen físico y neurológico completo para valorar los reflejos, la coordinación y la sensibilidad. Esto permite localizar aproximadamente qué zona de la columna puede estar afectada.
La mayoría de las hernias discales no se aprecian en las radiografías simples, ya que los discos son de cartílago. En algunos casos, cuando el disco se ha calcificado, puede verse con rayos X, pero para un diagnóstico preciso casi siempre se necesitan pruebas de imagen avanzadas:
- Radiografías: útiles para valorar la alineación de la columna y descartar fracturas o tumores óseos, aunque no muestran bien la médula ni el disco.
- Mielografía: consiste en inyectar un contraste en el canal medular y hacer radiografías para ver dónde se estrecha. Hoy se usa menos porque existen técnicas más seguras y precisas.
- Resonancia magnética (RMN): es la prueba de elección para diagnosticar la hernia discal, ya que muestra con gran detalle la médula, los discos y los nervios.
- Tomografía computarizada (TAC): muy útil para ver estructuras óseas y, combinada con contraste, localizar el material discal herniado.
Con toda esta información, el veterinario o neurólogo puede confirmar el tipo de hernia, su localización exacta y su gravedad, y decidir el tratamiento más adecuado en cada caso.
Tratamiento de la hernia discal en perros
Si sospechas que nuestro perro tiene una hernia, debemos llevarlo al veterinario lo antes posible. Una vez allí lo examinarán, y dependiendo del caso pueden administrarle analgésicos y antiinflamatorios, u optar por intervenirlo quirúrgicamente.

De forma general, existen dos grandes enfoques terapéuticos:
Tratamiento conservador
Se reserva para los casos más leves (habitualmente grados 1 y 2) y para algunos perros que no son buenos candidatos a cirugía. Sus pilares son:
- Reposo absoluto: el perro debe pasar varias semanas (a menudo entre 4 y 6) con la actividad muy restringida, idealmente en un espacio reducido o jaula, sin subir escaleras, sin saltar ni correr.
- Medicación: uso de analgésicos, antiinflamatorios y relajantes musculares recetados por el veterinario para aliviar el dolor, reducir la inflamación y disminuir la contractura muscular.
- Fisioterapia y rehabilitación: una vez superada la fase aguda, los masajes, ejercicios suaves y caminata en cinta subacuática ayudan a fortalecer la musculatura de la espalda y mejorar la coordinación.
- Aplicación de calor moderado: en la fase crónica, mantas térmicas o lámparas de calor, siempre bajo indicación veterinaria, pueden ayudar a relajar la musculatura tensa.
Este enfoque puede ser muy eficaz en perros con dolor sin déficit neurológico importante. No obstante, es fundamental cumplir estrictamente el reposo: muchos fracasos del tratamiento conservador se deben a que el perro retoma la actividad demasiado pronto.
Tratamiento quirúrgico
Cuando hay dificultad marcada para caminar, parálisis, pérdida de sensibilidad o si el tratamiento conservador no funciona, la opción recomendada es la cirugía descompresiva. Bajo anestesia general, el cirujano abre el canal vertebral y retira el material del disco que está comprimiendo la médula.
Se trata de una intervención delicada que debe ser realizada por cirujanos traumatólogos o neurocirujanos con experiencia, ya que la médula espinal es una estructura muy sensible. Aun así, cuando se actúa con rapidez, el pronóstico de recuperación puede ser muy bueno, especialmente en perros que aún conservan la sensibilidad profunda.
Tras la operación, el perro suele necesitar un proceso de rehabilitación largo, con ejercicios controlados, ayuda para vaciar la vejiga si es necesario y cuidados para evitar úlceras por decúbito. La fisioterapia especializada marca una gran diferencia en la recuperación funcional.
Hay que tener presente que un diagnóstico precoz ayudará a que el animal pueda seguir teniendo una buena calidad de vida. Cuanto antes se inicie el tratamiento, ya sea conservador o quirúrgico, mayores son las probabilidades de que recupere la movilidad y el control de esfínteres y menor el riesgo de secuelas permanentes.
Comprender qué es una hernia discal en perros, conocer sus causas, reconocer los primeros síntomas y acudir rápido al veterinario convierte a cualquier tutor en un aliado clave para que su compañero peludo tenga las mejores opciones de recuperación y pueda seguir disfrutando de una vida lo más plena y cómoda posible.