¿Sabes cómo se transmite la leishmaniasis? Esta es una enfermedad parasitaria que se transmite a través de un insecto vector llamado flebotomo hembra. Cuando este diminuto mosquito pica a un reservorio infectado (perros, liebres, conejos u otros mamíferos) e ingiere sangre con parásitos del género Leishmania, estos se desarrollan en su intestino. Los parásitos se multiplican y migran hacia la trompa del flebotomo, desde donde serán inoculados a un nuevo hospedador con la siguiente picadura.
Y, ¿a quién pueden infectar? Sobre todo a los perros, que son el principal reservorio doméstico, pero también a las personas y a otros mamíferos como roedores, liebres y conejos. Por eso es tan importante tomar medidas preventivas y proteger a todos los miembros de la familia, tengan dos piernas o cuatro patas.
La leishmaniasis no se transmite por contacto directo entre perros, ni entre perros y personas, ni por compartir comederos, juguetes o caricias. Siempre es necesaria la intervención del mosquito flebotomo para que exista contagio. Tampoco se adquiere por ingerir carne de animales infectados como conejos o liebres.

Formas de transmisión de la leishmaniasis
La vía principal de contagio es la picadura del flebotomo hembra infectado, que necesita ingerir sangre para producir huevos. Sin embargo, se han descrito otros mecanismos menos frecuentes que conviene conocer para entender mejor la enfermedad:
- Transmisión vectorial clásica: el flebotomo pica a un animal o persona infectados, adquiere el parásito y, tras un periodo de desarrollo interno, lo transmite con una nueva picadura.
- Reservorios animales diversos: además del perro, se han identificado liebres y conejos silvestres como fuentes importantes de parásitos en algunos brotes, lo que obliga a controlar también sus poblaciones en zonas de riesgo.
- Transmisión vertical (madre-cría): en humanos y perros se han descrito casos en los que el parásito pasa durante el embarazo o el parto. Es un mecanismo poco frecuente, pero posible.
- Transmisión parenteral: puede ocurrir por el uso compartido de agujas o transfusiones de sangre contaminada, sobre todo en contextos sanitarios deficitarios o en animales si no se controlan los donantes.
A pesar de estos mecanismos adicionales, en la práctica diaria la enorme mayoría de los casos se explica por la picadura del flebotomo, especialmente en entornos rurales, periurbanos o con abundante vegetación y materia orgánica donde estos insectos se refugian.
Síntomas más comunes de leishmaniasis
Todos los mamíferos contamos con un sistema de defensas que se encarga de eliminar cualquier cuerpo extraño que pueda poner en peligro la salud del organismo: el sistema inmunológico. ¿Qué ocurre con la leishmaniosis? Una vez que los parásitos han llegado al torrente sanguíneo, invaden los macrófagos (células defensivas encargadas de combatir microorganismos peligrosos). Dentro de estas células se multiplican hasta destruirlas, debilitando progresivamente las defensas.
Cuando esto ocurre, los síntomas aparecen. Los más comunes en perros son los siguientes:
- Inflamación del área de la picadura u otras lesiones cutáneas iniciales.
- Diarrea aguda o alteraciones digestivas intermitentes.
- Anemia y mucosas pálidas, consecuencia de la destrucción de células sanguíneas.
- Pérdida de peso y de apetito, incluso si el perro sigue comiendo algo.
- Aparición de nódulos en la cara y/o extremidades, así como descamación, pérdida de pelo, especialmente alrededor de ojos y hocico.
En fases avanzadas pueden observarse otros signos como crecimiento anormal de las uñas, sangrado nasal, cojera por afectación articular o síntomas de fallo renal. No todos los animales infectados desarrollan la enfermedad clínica: algunos permanecen como portadores asintomáticos, pero siguen siendo fuente de parásitos para el mosquito.
En las personas, la leishmaniasis puede presentarse en varias formas:
- Leishmaniasis cutánea: lesiones en la piel, parecidas a úlceras o heridas que no curan, a menudo en zonas expuestas (cara, brazos, piernas) y que suelen dejar cicatrices permanentes.
- Leishmaniasis visceral (kala-azar): forma más grave, con fiebre prolongada, pérdida de peso, aumento del bazo e hígado y anemia intensa. Afecta a órganos como médula ósea y ganglios linfáticos.
- Leishmaniasis mucocutánea: menos frecuente, con lesiones destructivas en nariz, boca y garganta, que pueden generar graves secuelas estéticas y funcionales.
Los síntomas en humanos suelen aparecer semanas o meses después de la picadura, y solo una parte de las personas infectadas llega a desarrollar la enfermedad clínica, dependiendo de su estado inmunitario.
Factores de riesgo y distribución geográfica
La leishmaniasis está presente en gran parte de las zonas tropicales, subtropicales y de la cuenca mediterránea, donde España forma parte de un importante foco endémico. Factores como la pobreza, las malas condiciones de vivienda, la acumulación de basura o escombros y la presencia de animales vagabundos facilitan la proliferación del flebotomo.
Los cambios ambientales y climáticos (deforestación, urbanización acelerada, aumento de temperaturas, cambios en las lluvias) influyen en el tamaño y distribución de las poblaciones de flebótomos, extendiendo la enfermedad a nuevas áreas. También aumentan el riesgo los desplazamientos de población hacia zonas endémicas y la presencia de personas inmunodeprimidas (por VIH, trasplantes, tratamientos oncológicos u otras patologías).
En perros, además de la exposición al mosquito, influyen factores como la genética de la raza, el estado del sistema inmunitario y la presencia de otras enfermedades concomitantes. No todas las infecciones progresan de la misma manera: pueden ir desde infecciones asintomáticas hasta cuadros graves con fallo orgánico.
¿Cómo evitar el contagio?

Afortunadamente, actualmente podemos reducir de forma muy importante el riesgo de que nuestro perro tenga esta enfermedad combinando varias medidas. De hecho, la combinación de collar repelente y la vacuna puede disminuir el riesgo hasta en un 98% en condiciones controladas o según estudios y experiencias de campo; por eso conviene aplicar varias herramientas a la vez. La protección debe centrarse en el control del vector (flebotomo), la protección individual del animal y la reducción de focos ambientales.
En el perro, las principales herramientas son:
- Uso de collar repelente de flebotomos o pipetas específicas, que liberan sustancias que ahuyentan o eliminan al insecto antes de que llegue a picar.
- Administración de la vacuna contra la leishmaniasis canina, que no evita al 100% la infección, pero disminuye la probabilidad de enfermedad clínica grave y mejora la respuesta inmunitaria.
- Aplicación puntual de sprays repelentes (por ejemplo, con citronela u otros compuestos) antes de paseos en zonas de alto riesgo, especialmente al atardecer y durante la noche.
- Evitar que el perro duerma en el exterior o en lugares donde haya mucha vegetación, escombros o materia orgánica acumulada.
En el entorno doméstico y para la familia humana, es clave:
- Colocar mosquiteras en ventanas y puertas si se quieren mantener abiertas durante las noches cálidas.
- Utilizar repelentes de insectos en las zonas de piel expuestas, siguiendo siempre las indicaciones de edad y uso, y evitar aplicarlos sobre heridas o piel irritada.
- Reducir los focos de cría del flebotomo limpiando escombros, hojas y basura, y manteniendo jardines y patios libres de maleza y humedad excesiva.
- Limitar las actividades al aire libre en horas de máxima actividad del mosquito (desde el anochecer hasta el amanecer) en zonas endémicas.
Además de las medidas individuales, las autoridades sanitarias realizan tareas de vigilancia epidemiológica, control de poblaciones de liebres y conejos, desinsectaciones ambientales y campañas de educación sanitaria para reducir la circulación del parásito en el medio. La combinación de estas estrategias con la protección constante de nuestro perro es la forma más efectiva de mantener alejados a estos parásitos de nuestro hogar y cuidar la salud de toda la familia.
Adoptar un enfoque preventivo durante todo el año, reforzando las precauciones en épocas de calor y en zonas de riesgo, permite minimizar de forma notable la probabilidad de contagio y detectar de manera temprana cualquier signo sospechoso en perros o personas.