La coprofagia canina es un trastorno del comportamiento muy común. Consiste en que el perro come sus excrementos o el de otros animales. Los motivos pueden ser varios motivos, y todos ellos los vamos a citar para que de esta manera sepas cómo tratar la coprofagia canina.
Apunta estos consejos para que tu peludo deje de comportarse de ese modo y así podáis disfrutar más de los paseos.
¿Por qué mi perro come heces?
Antes de nada, conviene saber que la coprofagia forma parte de los trastornos de pica (ingestión de sustancias no alimentarias) y puede presentarse como autocoprofagia (come sus propias heces), coprofagia intraespecífica (de otros perros) o interespecífica (de otras especies). Aunque es un comportamiento observado en muchos perros, no es deseable y puede implicar riesgo sanitario, por lo que conviene identificar la causa y actuar.
Los perros pueden comer excrementos por varios motivos:
Alimentación de poca calidad
Cuando le damos a nuestro amigo una alimentación de poca calidad, no le estamos dando todos los nutrientes que necesita su cuerpo para poder crecer y/o mantenerse sano. Por este motivo, es muy recomendable darle un pienso que tenga un alto porcentaje de carne (mínimo un 70%), o pasar a darle comida cruda o BARF. También ayuda revisar digestibilidad, aporte de fibra y distribuir la ración en tres tomas para evitar hambre entre comidas.
Estrés
A menudo el estrés es el causante de los problemas de comportamiento de nuestros amigos. Si estamos pasando por una mala época, es importante que, cuando estemos con el can, estemos tranquilos, ya que de lo contrario enseguida notará la tensión. Además, si se mantiene esta situación por varios días o semanas, el perro puede reaccionar empezando a comer sus heces o las de otros animales. El aburrimiento, aislamiento o pasar muchas horas solo favorece que aparezca.
Porque le parecen apetitosas
Sí, ya sé que parecen más bien todo lo contrario, pero a juicio de tu perro tienen buen sabor. Las heces de herbívoros o de animales sobrealimentados pueden resultar especialmente palatables, y también las de gato. El sentido del olfato canino está muy desarrollado y la comunicación olfativa (feromonas en las heces) puede reforzar este interés.
Aprendizaje y conducta materna
Las madres ingieren las heces de sus cachorros para mantener la paridera limpia. Los cachorros pueden imitar este comportamiento o aprender a hacer desaparecer sus deposiciones si han sido reñidos por hacerlo en lugar inadecuado.
Búsqueda de atención
Algunos perros descubren que, comiendo heces, obtienen una reacción inmediata de sus cuidadores. Si cada episodio se convierte en un espectáculo, el comportamiento puede mantenerse por refuerzo involuntario.
Problemas médicos o farmacológicos
Ciertas condiciones aumentan el apetito o dificultan la absorción de nutrientes: insuficiencia pancreática exocrina, parásitos intestinales, síndromes de malabsorción, diabetes, alteraciones tiroideas o de cortisol, entre otras. Algunos medicamentos (p. ej., glucocorticoides) también incrementan la ingesta. Siempre conviene descartar causas médicas con tu veterinario.
¿Cómo evitarlo?
La mejor manera de evitarlo es redirigiendo al animal. Antes de salir a pasear, tenemos que preparar una bolsa de golosinas para perros que huelan mucho, y hacer si hace falta unas cuantas respiraciones tranquilas para calmarnos. Luego, sólo será cuestión de estar muy atentos a lo que haya en el suelo para poder anticiparnos. Enseguida que veas una, haz lo siguiente:
- Coge una golosina y enséñasela a tu peludo, pero no se la des.
- Aleja a tu can de las heces, siempre enseñándole la golosina. Si el trayecto es largo (por ejemplo, si la calle está llena de heces), ve dándole una golosina cada 3-4 pasos.
- Cuando por fin estéis lejos, prémialo.
Será necesario repetir varias veces hasta que el perro llegue a preferir la golosina, pero al final el trabajo habrá merecido la pena.
Para consolidar el cambio, añade estas claves:
- Higiene y control del entorno: recoge sus deposiciones de inmediato y mantén limpios jardín y zonas de descanso. Evita áreas con muchos excrementos y supervisa los paseos; un bozal tipo cesta puede ser útil de forma temporal.
- Adiestramiento: enseña órdenes “déjalo”, “suéltalo” y una llamada fiable. Refuerza con premios cuando ignore heces. Si te cuesta, consulta con un etólogo o adiestrador.
- Enriquecimiento: incrementa ejercicio físico, juego social y estimulación mental (juguetes dispensadores, olfateo dirigido) para reducir estrés y aburrimiento.
- Dieta: ofrece alimento de calidad, ajusta ración y añade fibra si procede. Dividir en 2-3 tomas ayuda a evitar picos de hambre. Algunas familias observan mejora añadiendo piña o calabacín a la dieta, o unas gotas de aceite vegetal, para que las heces resulten menos atractivas; consulta siempre con tu veterinario.
- Evita refuerzos involuntarios: no castigues ni montes escena cuando ocurra. Ignora el episodio y refuerza lo que sí quieres ver.

¿Es peligroso que mi perro coma heces?
Además del factor estético, existe riesgo real de parásitos, bacterias, virus y toxinas. Este comportamiento puede desencadenar gastroenteritis e infestaciones recurrentes y, por zoonosis, algunos patógenos podrían afectar a la familia. Niños, embarazadas, personas mayores o inmunodeprimidas son grupos de riesgo que requieren máxima prevención.
Si se infecta o intoxica, el perro puede mostrar vómitos, diarrea o halitosis. La ausencia de síntomas no garantiza seguridad, por lo que la prevención y la consulta veterinaria ante dudas son esenciales.
¿Y si no se las come, pero se reboza?
Muchos perros se frotan con excrementos, cadáveres o aguas estancadas para camuflar su olor, conducta ligada a su instinto cazador y a su comunicación olfativa. También pueden intentar eliminar perfumes o champús intensos que les resultan molestos. Prueba a usar jabones sin aroma o muy suaves y evita colonias en el perro.
Mucha suerte, y ánimo.
