Condena a la dueña del perro que murió atado en una azotea de Torrevieja

  • La propietaria de Maikel acepta un año de prisión y cuatro de inhabilitación por maltrato animal con resultado de muerte.
  • El perro permaneció varios días atado en una azotea de Torrevieja en agosto de 2022, expuesto al sol y sin protección.
  • FAADA y PACMA impulsaron el caso, que se resolvió con sentencia de conformidad en el Tribunal de Instancia de Orihuela.
  • Organizaciones animalistas consideran la pena insuficiente pero clave para avanzar en la persecución del maltrato animal.

perro que murió atado en una azotea de Torrevieja

La muerte de Maikel, el perro que agonizó durante días en una azotea de Torrevieja en pleno agosto de 2022, ya tiene respuesta judicial. La dueña del animal ha aceptado una condena tras reconocer su responsabilidad en un caso que sacudió a buena parte de la opinión pública y reavivó el debate sobre el maltrato animal en España.

El procedimiento, tramitado en la Sección de lo Penal del Tribunal de Instancia de Orihuela, ha concluido con una sentencia de conformidad por un delito de maltrato animal con resultado de muerte. La resolución llega después de semanas de negociaciones entre la defensa de la acusada y las acusaciones ejercidas por las organizaciones animalistas FAADA y PACMA.

Cómo se produjo la muerte del perro en la azotea de Torrevieja

caso de perro muerto en azotea de Torrevieja

Según los escritos de acusación presentados por FAADA (Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales) y PACMA (Partido Animalista), Maikel fue mantenido durante varios días consecutivos atado en una terraza tipo solárium de un edificio de Torrevieja, precisamente en las horas de más calor del mes de agosto.

Las acusaciones sostienen que el animal permaneció expuesto al sol, a altas temperaturas y sin protección adecuada, lo que le provocó un severo golpe de calor. Como consecuencia de esa situación extrema, el perro desarrolló hemorragias internas y acabó falleciendo tras una agonía que, según describen las organizaciones, se prolongó durante días.

Las imágenes del perro en la azotea, difundidas en redes sociales y medios de comunicación, mostraban el estado de extremo deterioro en el que se encontraba Maikel. Esas secuencias fueron clave para que el caso tomara relevancia pública y se tradujeran en una fuerte indignación social, especialmente en la Comunidad Valenciana.

El episodio se produjo en agosto de 2022, en plena ola de calor, cuando las temperaturas en la zona superaban con facilidad los umbrales considerados de riesgo para personas y animales. Pese a ello, el perro continuó atado en la azotea sin que se le ofreciera refugio suficiente, ni una atención adecuada ante el evidente sufrimiento.

Repercusión social y primeras reacciones tras conocerse el caso

reaccion social al caso del perro en azotea de Torrevieja

La historia de Maikel conmocionó profundamente a miles de personas. Las escenas de su agonía, compartidas por asociaciones animalistas y particulares, se viralizaron en cuestión de horas y se reprodujeron en informativos, prensa digital y redes sociales, alimentando un intenso debate sobre la protección real de los animales de compañía.

Numerosos usuarios, colectivos y vecinos se preguntaban cómo había podido llegar la situación hasta ese punto sin que nadie frenara a tiempo el sufrimiento del animal. La sensación de que se había fallado en la respuesta, tanto social como institucional, intensificó la oleada de críticas.

Diversas organizaciones de defensa de los animales, entre ellas FAADA y PACMA, asumieron desde el principio un papel activo, recopilando información, reuniendo testimonios y preparando la vía penal. Fue precisamente el impulso de estas entidades lo que permitió que el caso no quedara reducido a una simple denuncia administrativa.

En las semanas posteriores a la difusión de las imágenes se organizaron campañas de sensibilización y llamamientos a la denuncia de situaciones similares. El caso de Maikel se convirtió en un ejemplo recurrente en redes y medios cada vez que se hablaba de golpes de calor en animales, abandono o negligencia grave.

La investigación judicial y el papel de FAADA y PACMA

Con los hechos ya en conocimiento de la opinión pública, FAADA y PACMA llevaron el asunto a los tribunales, personándose como acusación. En sus escritos, describieron una conducta continuada de maltrato por parte de la propietaria, al dejar atado al perro sin condiciones mínimas durante varios días.

Las acusaciones presentaron un relato pormenorizado: Maikel habría permanecido encadenado en la azotea del edificio, en una terraza tipo solárium orientada al sol, sin resguardo suficiente frente al calor y con un acceso a agua y sombra que consideraban claramente insuficiente dadas las circunstancias climáticas.

Las diligencias practicadas por el juzgado, junto con las pruebas gráficas y los informes veterinarios, apuntaban a que la muerte del perro fue consecuencia directa de un golpe de calor extremo que derivó en hemorragias orgánicas internas. La situación de sufrimiento se prolongó durante varios días hasta el fallecimiento del animal.

En un primer momento, FAADA y PACMA solicitaron la pena máxima posible en este tipo de casos: 18 meses de prisión para la acusada y cuatro años de inhabilitación especial para cualquier profesión, oficio o actividad relacionada con animales, así como para su tenencia y convivencia.

El procedimiento se señaló para juicio en la Sección de lo Penal del Tribunal de Instancia de Orihuela, con vista prevista para un jueves 14 de mayo, pero la causa dio un giro en las jornadas previas, cuando las partes comenzaron a perfilar un acuerdo de conformidad para evitar la celebración completa de la vista oral.

La sentencia de conformidad: condena de prisión e inhabilitación

Tras semanas de conversaciones, la acusada aceptó los hechos descritos en los escritos de acusación y se llegó a un acuerdo que suponía una rebaja respecto a la petición inicial de las organizaciones. De este modo, la mujer ha sido condenada a un año de prisión por un delito de maltrato animal con resultado de muerte.

La pena de cárcel, de 12 meses de duración, no implicará el ingreso en prisión, ya que no supera los dos años y la mujer carece de antecedentes penales. En estas circunstancias, la ley permite suspender la ejecución de la condena, siempre que la penada no vuelva a delinquir ni incumpla las condiciones fijadas por el tribunal.

Además de la prisión, la sentencia establece una inhabilitación especial de cuatro años para ejercer cualquier profesión, oficio o actividad que tenga relación con animales. Durante ese mismo periodo, la condenada tampoco podrá tener animales a su cargo ni convivir con ellos en su domicilio.

Esta combinación de prisión suspendida e inhabilitación es similar a la que se está viendo en otros casos de maltrato animal con resultado de muerte en España, donde los jueces valoran tanto la gravedad de los hechos como la ausencia o presencia de antecedentes y la colaboración de la persona acusada.

Con la firma del acuerdo por todas las partes implicadas, la sentencia adquirió firmeza inmediata, cerrando un procedimiento que se había seguido muy de cerca en la comarca de la Vega Baja y por colectivos animalistas de todo el país.

Polémica institucional y actuación de la Policía Local

Al margen de la condena a la propietaria, el caso de Maikel vino acompañado de una polémica paralela sobre la respuesta de las autoridades locales. Desde los primeros días se señalaron supuestas omisiones por parte del Ayuntamiento de Torrevieja, en particular del área de Protección Animal y de la Policía Local.

Vecinos de la zona aseguraron haber realizado avisos reiterados a los servicios municipales para alertar de la situación del perro en la azotea. La sensación de que no se había actuado con suficiente rapidez alimentó las críticas contra la concejala responsable entonces de Protección Animal, Concha Sala, y contra los agentes que acudieron al domicilio.

Las diligencias practicadas en el procedimiento penal concluyeron, sin embargo, que la Policía Local sí llegó a desplazarse a la vivienda tras la orden de la responsable del área. En una primera visita, los agentes comprobaron que el animal disponía de agua y de una zona de sombra, y que la propietaria no se encontraba en el domicilio.

En un segundo aviso, ya durante el mismo fin de semana, los agentes trataron de acceder de nuevo a la vivienda para revisar el estado de Maikel, pero no pudieron entrar. En cualquier caso, los policías solo estaban citados en el juicio como testigos y finalmente ni siquiera tuvieron que declarar debido al acuerdo de conformidad alcanzado entre las partes.

Algunos particulares y colectivos llegaron a anunciar posibles denuncias contra la edil y los agentes, pero esas iniciativas no prosperaron ni dieron lugar a responsabilidades penales o administrativas directas contra los cargos públicos implicados.

Valoración de las organizaciones animalistas y mensaje a la ciudadanía

Tras hacerse pública la sentencia, FAADA y PACMA coincidieron en subrayar que, aunque consideran las penas actuales insuficientes en comparación con el sufrimiento causado, decisiones como la de este juzgado son un paso necesario para consolidar la persecución penal del maltrato animal.

Las entidades recordaron que la muerte de Maikel se produjo en un contexto de negligencia prolongada, no en un hecho puntual, y que el Código Penal empieza a recoger de forma más clara este tipo de comportamientos, especialmente cuando acaban con la vida del animal tras un periodo de sufrimiento intenso.

Para FAADA, uno de los aspectos clave del caso ha sido la colaboración ciudadana. La difusión de las imágenes, las denuncias y la presión social ayudaron a que el procedimiento no se cerrara en falso y a que se llegara a una condena penal. Desde la fundación insisten en que «la pasividad ante el maltrato es una forma de complicidad».

PACMA, por su parte, hizo hincapié en la necesidad de seguir endureciendo las penas y aplicando la legislación de bienestar animal con rigor. El partido animalista ve en este caso una advertencia, pero considera que aún queda camino por recorrer para que conductas de maltrato grave sean respondidas con castigos más ejemplares.

Ambas organizaciones reiteraron su llamamiento a denunciar cualquier situación de abandono, negligencia o sufrimiento animal ante las autoridades competentes. Recuerdan que, especialmente en verano, dejar a un perro atado al sol, sin agua suficiente o sin sombra, puede ser letal en pocas horas.

El caso de Maikel en el contexto del maltrato animal en España

El fallecimiento de Maikel se enmarca en un escenario en el que el maltrato animal cuenta con mayor rechazo social y mayor visibilidad en España que hace apenas unos años. Casos como el de este perro en Torrevieja o el de otros animales maltratados y asesinados en la vía pública han contribuido a que la población sea cada vez menos tolerante con este tipo de conductas.

En la misma semana en la que se dictó la sentencia por la muerte de Maikel, otro juzgado de Torrevieja acordó la expulsión de España de un hombre que mató a golpes al gato de su expareja en plena calle. En aquel procedimiento, el condenado aceptó también una resolución de conformidad para evitar ingresar en prisión, siendo deportado y quedando inhabilitado para tener animales durante varios años.

Estos casos, que se suman a otros similares en distintas provincias españolas, muestran que la respuesta penal frente al maltrato animal empieza a ser más frecuente, si bien las organizaciones de defensa de los animales reclaman que las penas se ajusten mejor al daño causado y a la gravedad de los hechos.

La entrada en vigor de nuevas normas de protección animal a nivel estatal y autonómico ha reforzado la obligación legal de garantizar el bienestar de los animales de compañía. Al mismo tiempo, se han ampliado las herramientas para perseguir el abandono, la crueldad y la negligencia grave que pongan en riesgo la vida o la integridad de los animales.

Sin embargo, colectivos como FAADA y PACMA insisten en que las leyes por sí solas no son suficientes si no van acompañadas de recursos, formación para las fuerzas de seguridad y una cultura social de tolerancia cero frente al maltrato. La implicación ciudadana, a través de la denuncia y de la presión social, sigue siendo esencial para que casos como el de Maikel no queden impunes.

El cierre judicial del caso del perro que murió atado en una azotea de Torrevieja deja una mezcla de alivio y frustración entre quienes siguieron su historia: alivio por la existencia de una condena que reconoce el maltrato sufrido por el animal, y frustración porque la pena se percibe todavía corta frente a una vida perdida entre sufrimiento y abandono. Como recordatorio permanente, queda la idea de que denunciar a tiempo, actuar ante cualquier indicio de maltrato y asumir la responsabilidad en el cuidado de los animales son pasos imprescindibles para evitar que tragedias similares vuelvan a repetirse.

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