Errores más comunes al educar a un perro y cómo evitarlos con adiestramiento en positivo

  • Evita castigos físicos, gritos y métodos basados en el miedo; el refuerzo positivo es más eficaz y respetuoso.
  • No humanices al perro ni lo culpes de sus errores: necesita límites claros, rutinas y una guía coherente.
  • Convierte el adiestramiento en un juego con sesiones cortas, divertidas y constantes, usando órdenes simples.
  • Cuida tu propio estrés y, si surgen problemas serios de conducta, acude a un profesional en comportamiento canino.

errores comunes al educar a un perro

Pastor alemán jugando

Cuando se es primerizo son muchos los errores que se pueden cometer. Esto es normal, ya que obviamente nadie nace sabiendo, pero también es verdad que hay muchas personas que se consideran profesionales que usan métodos de adiestramiento que, más que enseñar, hacen que el perro sienta miedo y desconfianza hacia su propio humano.

En esta ocasión te voy a contar cuáles son los errores más comunes al educar a un perro y cómo evitarlos para construir una convivencia tranquila, segura y respetuosa.

Antes de empezar, quiero aclarar que no soy ni mucho menos etóloga ni adiestradora, así que lo que te voy a contar a continuación está basado en mi propia experiencia, en lo que me han ido diciendo amigos y conocidos, y también en lo que he leído en varios libros sobre la educación y el adiestramiento caninos, además de en recomendaciones de profesionales del comportamiento canino.

Error número 1: Humanizamos a los perros

errores al humanizar a un perro

Hay muchas, muchísimas personas, que tratan a sus perros como si fueran bebés humanos. Evidentemente, hay que cuidarlos y darles cariño, pero no es buena idea sobreprotegerlos, ni vestirlos (a no ser que sea por necesidad real de abrigo o protección), ni ponerles su plato encima de la mesa, ni llevarlos siempre en brazos o en cochecitos, y conviene seguir tips para que el cachorro crezca buen carácter.

Cuando los tratamos como bebés, el perro puede desarrollar inseguridad, dependencia excesiva y dificultad para tolerar la frustración. Un perro que nunca se queda solo, que siempre va en brazos o que tiene todo permitido, puede acabar mostrando ansiedad, destrucción, quejidos constantes o incluso agresividad por frustración.

Pero tampoco se debe castigar como si castigásemos a un niño: “te quedarás en tu cama como castigo”, “hoy no habrá paseo por tu mal comportamiento”, y comentarios similares. ¿Por qué? No lo entienden de la misma forma que nosotros. Ellos sólo viven el momento presente, y en el momento en el que le estamos diciendo eso, él sólo sabe que estás enfadado con él, pero nada más.

No tiene sentido castigarle para que tenga tiempo de reflexionar sobre lo que ha hecho, porque no es capaz de hacerlo como lo haría una persona. El aprendizaje del perro se basa en asociaciones: lo que ocurra justo después de una conducta es lo que contará para él, lo demás se pierde.

Lo que sí hay que hacer es tratar de evitar que se porte mal, anticipándonos a las situaciones que sabemos que le superan, y hacerle saber que el mal comportamiento no es aceptado, pero justo en el momento en el que se porte mal, no después. A la vez, es importante reforzar en positivo con caricias, comida o juego todos los comportamientos correctos (estar tranquilo, acudir cuando se le llama, dejar de tirar, etc.).

Error número 2: Gritos, castigos y toques físicos

castigos físicos al educar a un perro

Siguiendo con el tema de los castigos, no hay que gritarles ni pegarles. Así no se conseguirá nada, exceptuando que nos tenga miedo y haga las cosas, no porque quiera hacerlas, sino porque teme que se le haga daño. Los perros saben bien cuando han hecho algo que a su humano no le gusta solo con mirarnos a la cara y por nuestro lenguaje corporal; no necesitan (y de hecho, si se hace, estaríamos cometiendo un delito de maltrato animal) que les peguen.

Además del golpe o del grito evidente, hay otros castigos físicos o negativos que todavía se ven con frecuencia y que también son dañinos: collares de ahogo o pinchos, tirones bruscos de correa, restregar el hocico contra el suelo donde ha hecho pis o contra un objeto roto, o sacudirle del pellejo. Muchos propietarios creen que así el perro “aprende la lección”, pero en realidad solo aprende a temer a la persona o a esconderse cuando tiene ganas de hacer sus necesidades.

Los expertos en comportamiento canino recomiendan basarse en el adiestramiento en positivo: y en las claves del adiestramiento canino, enseñar al perro qué queremos que haga premiando esa conducta y retirando la atención o el recurso cuando hace algo inadecuado, sin recurrir nunca a la violencia. Esto refuerza el vínculo entre perro y humano, mejora la confianza y reduce el riesgo de conductas agresivas por miedo.

Si el perro tiene una conducta grave (mordiscos, agresividad seria, miedos intensos, fobias), lo más prudente es consultar con un etólogo o educador canino profesional, y no improvisar con métodos que hayamos visto en vídeos de dudosa fiabilidad. Un buen profesional te enseñará a manejar la situación sin castigos físicos ni técnicas traumáticas.

Error número 3: Cargar a nuestro perro con nuestro estrés y/o ansiedad

Debido a nuestro frenético ritmo de vida, a veces es normal que sintamos estrés y/o ansiedad, pero no hay que cargar a nuestro perro con ello. Él no tiene la culpa de nada, y sólo quiere pasar todo el tiempo posible con nosotros, pero estando tranquilos. Un humano nervioso, que grita, que cambia de humor continuamente o que se desespera en los paseos, transmite inseguridad y tensión al perro.

Los perros son muy sensibles al lenguaje corporal, al tono de voz y a las rutinas. Un tutor estresado, que improvisa constantemente, que hoy permite algo y mañana lo castiga, provoca en su perro confusión y ansiedad. Esto puede traducirse en ladridos excesivos, problemas de higiene, destrozos en casa o agresividad por miedo.

Así pues, si eres propenso/a a estar estresado o ansioso, puedes empezar a tomar infusiones de valeriana o tila, hacer ejercicios de respiración, escuchar música relajada, practicar deporte o meditación… en fin, lo que sea que te guste y te relaje. Un tutor más tranquilo suele tener un perro más equilibrado.

También es importante cuidar la coherencia en las rutinas: horarios de paseo, de comida, momentos de juego y descanso. Los perros se sienten más seguros cuando saben qué esperar a lo largo del día. Una buena organización de tu tiempo reduce tu propio estrés y el del animal.

Error número 4: Culparlo de sus errores (y no asumir los nuestros)

El perro no nace sabiendo, por lo que, por ejemplo, si tira de la correa, es porque su humano no le ha enseñado a ir con ella: conviene enseñarle a ir con la correa correctamente desde pequeño.

Si no hemos dedicado tiempo a enseñarle a pasear sin tirar, a venir a la llamada, a no robar comida o a hacer sus necesidades fuera, el perro simplemente hará lo que sabe hacer: seguir sus impulsos. Culparle solo empeora la relación y dificulta el aprendizaje.

Lo ideal es buscar información fiable o, si el problema se complica, acudir a un profesional veterinario experto en etología o a un educador canino. Esta figura te dará pautas claras, adaptadas a tu perro y a tu familia, y te ayudará a entender qué necesita tu compañero para comportarse mejor.

Eso sí, siempre usando métodos que respeten al animal y que le enseñen a pensar, como el adiestramiento en positivo. Aprenderás a reforzar los comportamientos que quieres que se repitan y a gestionar los inadecuados sin castigos físicos ni humillaciones.

Error número 5: Hacer del adiestramiento un trabajo, y no un juego

Los perros, al igual que los niños, aprenden mucho mejor y mucho más rápido si se divierten. Por ello, cada sesión de adiestramiento debe de ser divertida, a la vez que estimulante. Un perro aburrido, cansado o saturado difícilmente prestará atención o disfrutará aprendiendo.

Podemos sacar pelotas y esconderlas para que tenga que ir a buscarlas, esparcir trozos de salchicha por el suelo del jardín para que tenga que usar su sentido del olfato para encontrarlos, utilizar juguetes interactivos, practicar pequeños ejercicios de obediencia entre juego y juego… En fin, échale imaginación y ya verás qué bien os lo pasáis.

Además, conviene cuidar la duración y frecuencia de las sesiones. Es mejor hacer varias sesiones cortas al día (por ejemplo, de 5 a 15 minutos) que una sola sesión eterna en la que el perro termine frustrado. Cuando notes que empieza a desconectarse o a distraerse, es momento de cerrar la sesión con un éxito y un buen premio.

Por cierto, dale órdenes simples, de una sola palabra, ya que de lo contrario se puede confundir. En lugar de “ven aquí que nos vamos al parque”, di simplemente “ven”. Más adelante puedes combinar señales verbales con gestos con la mano, que los perros entienden muy bien.

Educar al perro

Otros errores frecuentes al educar a un perro

Fallos muy habituales complican la convivencia y el aprendizaje del perro, sobre todo cuando es cachorro:

  • No socializar adecuadamente: un perro que no ha tenido experiencias positivas y controladas con otros perros, personas, ruidos y entornos desde pequeño puede desarrollar miedo, inseguridad o reacciones agresivas. Es fundamental presentarle distintos estímulos de forma gradual y agradable, sin forzarle.
  • No establecer límites claros desde el principio: permitir que el cachorro haga cosas “porque es pequeño y da ternura” (subirse al sofá, morder manos, pedir comida en la mesa) complica mucho corregir estas conductas cuando es adulto. Las normas deben ser claras y constantes desde el primer día.
  • Usar solo comida y no variar las recompensas: la comida es un reforzador potente, pero también conviene usar caricias, palabras amables y juego. Así evitamos que el perro solo obedezca si ve comida en la mano.
  • No respetar sus tiempos de descanso: los cachorros necesitan muchas horas de sueño. Despertarlos constantemente para entrenar o jugar puede afectar a su desarrollo y aumentar la irritabilidad.
  • Falta de consistencia en la familia: si una persona le deja subirse al sofá y otra le riñe por hacerlo, el perro nunca sabrá qué se espera de él. Toda la familia debe seguir las mismas normas y usar las mismas órdenes.

Si te sientes desbordado, recuerda que pedir ayuda a un profesional no significa fracasar, sino invertir en una mejor relación con tu perro. Un buen asesoramiento a tiempo evita problemas serios en el futuro y mejora mucho la convivencia diaria.

Cuidando estos detalles y evitando los errores más comunes, es mucho más fácil disfrutar de un perro equilibrado y confiado que sabe qué se espera de él, mientras tú aprendes a comunicarte mejor con tu compañero de vida.

adiestramiento de perros para búsqueda y rescate
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