Cuándo poner bozal a un perro: normas, seguridad y buena educación

  • Los perros catalogados como potencialmente peligrosos, sus cruces y algunos perros con determinadas características físicas o antecedentes de agresividad deben llevar bozal por ley en espacios públicos.
  • Más allá de la normativa, el bozal es recomendable en perros reactivos, con miedo, con antecedentes de mordedura o que comen basura del suelo, siempre combinado con trabajo de educación en positivo.
  • El modelo de cesta que permite jadear, beber y recibir premios es el más seguro para usos prolongados; los bozales de tela o nylon solo deben usarse durante periodos muy cortos.
  • Acostumbrar al perro al bozal de forma progresiva, con comida y refuerzo positivo, evita que lo viva como un castigo y lo convierte en una herramienta de seguridad cómoda y respetuosa.

Perro con bozal

El perro es un miembro más de la familia y, tal y como haríamos con un hijo e incluso con los sobrinos o nietos, tenemos que educarlo para que sepa cómo comportarse correctamente y pueda vivir en sociedad siendo feliz y equilibrado. Sin embargo, a veces adquirimos o adoptamos a uno que tiene un carácter tan fuerte que no termina de ser compatible con el nuestro, y es cuando la posibilidad de que surjan problemas de convivencia o seguridad se dispara.

A ello hay que añadirle que, si además se trata de una raza considerada potencialmente peligrosa, entonces nos veremos en una situación aún más delicada por las obligaciones legales que conlleva. Para evitar que esto suceda, es importante saber con detalle cuándo poner bozal a un perro, qué dice la normativa, en qué otros casos es recomendable usarlo y cómo hacerlo de forma respetuosa para el animal.

Obligaciones legales sobre el uso de bozal en perros

Perro usando bozal en la calle

Según la ley española sobre tenencia de animales potencialmente peligrosos y su normativa de desarrollo, todos los perros considerados de raza potencialmente peligrosa (PPP), así como sus cruces, deben llevar bozal en espacios públicos, independientemente de su carácter y de lo muy bien educados que estén. Esto, aunque pueda resultar injusto para muchos propietarios responsables, se debe tener siempre presente cuando convivimos con un PPP si queremos evitar sanciones económicas importantes. En algunos casos las multas pueden ir desde 300 hasta 2400 euros, según la gravedad de la infracción y la normativa aplicable.

Además de la lista oficial de razas, la normativa contempla que cualquier perro con determinadas características físicas y conducta (por ejemplo, gran tamaño, aspecto muy musculoso, mandíbula potente y antecedentes de agresividad) puede ser considerado potencialmente peligroso por la autoridad competente. En ese caso, también se puede exigir uso obligatorio de bozal, correa no extensible de un máximo de dos metros, licencia administrativa, registro específico y seguro de responsabilidad civil. Para consultar un listado orientativo de razas y características, puedes revisar fuentes especializadas como la guía sobre perros potencialmente peligrosos y la normativa vigente.

El incumplimiento de estas obligaciones legales puede conllevar multas significativas e incluso, en los casos más graves, medidas administrativas sobre el animal. Por ello, además de consultar la legislación estatal, conviene revisar siempre las ordenanzas municipales y normativas autonómicas, ya que algunas comunidades amplían las razas o perfiles de perros obligados a usar bozal y endurecen las condiciones.

También existen entornos donde el bozal puede ser obligatorio para cualquier perro, aunque no sea PPP, como determinados servicios de transporte público (metro, cercanías, algunos autobuses o barcos), así como en ciertos espacios públicos regulados (parques, playas para perros o recintos cerrados) donde se indica expresamente esta obligación en sus normas de uso.

Cuándo poner bozal a un perro por seguridad y comportamiento

Perro grande que puede necesitar bozal

Aparte de las situaciones estrictamente legales, el bozal es una herramienta de seguridad que puede ser recomendable en muchos otros contextos. Bien usado, no debe verse como un castigo, sino como un elemento preventivo que protege tanto al perro como a las personas y otros animales que lo rodean.

Una de las situaciones más claras es cuando el perro ya ha mostrado conductas agresivas. Si el perro ya ha mordido a alguien, independientemente de si es de raza o mestizo, tendrás que ponerle un bozal cada vez que lo saques a pasear, especialmente hasta que trabajes su comportamiento con un profesional. También se recomienda su uso en:

  • Perros reactivos o muy nerviosos con otros perros o personas, que ladran, se lanzan o muestran intención de atacar.
  • Perros con miedo o ansiedad intensa en determinadas situaciones (visitas al veterinario, peluquería canina, aglomeraciones, presencia de niños o extraños).
  • Visitas al veterinario cuando se prevé dolor o manipulación incómoda, para evitar mordeduras por miedo o estrés.
  • Sesiones de peluquería canina si el perro se incomoda con el manejo, el ruido o las herramientas de corte.
  • Perros que cogen comida, basura u objetos peligrosos del suelo, como restos en mal estado, huesos, piedras o incluso heces; en estos casos el bozal puede ser un apoyo mientras trabajas la educación.

Además, también podría resultar interesante para algunas personas ponerle un bozal a su can para evitar que se coma cosas del suelo, como heces u otros restos que puedan provocar problemas digestivos o intoxicaciones. Sin embargo, se debe tener en cuenta que, con paciencia y esfuerzo, se puede evitar que el animal ingiera cosas que no debería mediante adiestramiento en positivo: por ejemplo, redirigiéndolo con una golosina hacia el lugar que nosotros queramos, pidiéndole un «sienta» y dándosela, o enseñándole órdenes como «suéltalo» y «déjalo».

Asimismo, si es un animal reactivo, es decir, si se pone muy nervioso cuando está con otros de su especie hasta el punto de que tiene intención de atacarles, por su seguridad y por tu tranquilidad es aconsejable que lleve puesto el bozal hasta que, con la ayuda de un adiestrador canino que trabaje en positivo, aprenda a comportarse. En estos casos, el bozal nunca debe ser la única medida para gestionar el problema; siempre debe ir acompañado de un programa de modificación de conducta individualizado.

Tipos de bozales y tiempo máximo de uso

Diferentes tipos de bozales para perros

El bozal es una herramienta muy útil para la corrección de conductas indeseadas en algunos perros; sin embargo, hay que prestar una especial atención a su colocación y materiales de fabricación, ya que no todos los bozales son adecuados para todos los perros y, por esta razón, muchos animales pueden sufrir daños e incluso la muerte si no se emplean adecuadamente.

En el mercado existen diferentes tipos de bozales y cada uno cuenta con una serie de ventajas e inconvenientes que conviene conocer antes de elegir:

  • Bozal de tela o nylon: ligero y económico, pero limita bastante la apertura de la boca y no permite jadear con normalidad. Es recomendable solo para espacios de tiempo cortos, como una visita puntual al veterinario o un momento muy concreto de manejo. No se debe usar más de unos 15-20 minutos seguidos ni en perros activos o con calor.
  • Bozal de malla o tipo banda: se coloca como una cinta alrededor del hocico. Resulta similar a los de tela, por lo que solo debería utilizarse de forma puntual y muy controlada, nunca para paseos largos o ejercicio físico.
  • Bozal de cesta o canasta (de metal o plástico resistente): permite que el perro abra la boca, jadee, beba agua y reciba premios. Es el más recomendable para usos prolongados (paseos, transporte público, trabajo de reeducación), siempre que esté bien ajustado. Los metálicos deben manejarse con cuidado para evitar golpes en el hocico; los de plástico o biothane bien diseñados son más seguros.
  • Bozal de cuero: puede ser muy duradero y cómodo si está bien confeccionado, aunque suele ser más costoso. Debe permitir también la correcta apertura de la boca.
  • Bozales ajustables: algunos modelos permiten adaptarse mejor a distintas formas de hocico, algo útil en perros con morfologías intermedias, siempre respetando la capacidad de jadear.

Dependerá sobre todo del tipo de material del que se compone el propio bozal la duración máxima de uso seguro. Aquellos que sean de tela o nylon son recomendables para periodos muy cortos, mientras que el bozal de tipo canasta, por ejemplo, es más idóneo para paseos largos o si el perro va a estar activo físicamente. En todos los casos, hay que evitar que el bozal se convierta en una limitación para respirar o jadear, especialmente en razas braquicéfalas (hocico chato), en las que su uso puede ser directamente desaconsejable o requerir supervisión veterinaria.

Cómo elegir la talla correcta y colocar el bozal

Bozal bien ajustado en perro

A la hora de elegir el bozal para tu perro que sea ideal, es fundamental que respetes su anatomía y necesidades de respiración. La circunferencia del bozal debe ser más grande que el hocico del perro, ya que, de lo contrario, al animal le será imposible abrir la boca para jadear. También hay que tener en cuenta:

  • Tamaño adecuado: el bozal no debe quedar ni demasiado suelto (podría quitarlo o engancharse) ni demasiado apretado (podría causar roces, heridas o dificultar la respiración).
  • Comodidad: debe permitir que el perro jadee, se lama y beba agua. Un bozal que roza o aprieta acabará generando rechazo y estrés.
  • Uso previsto: no es lo mismo un bozal para un paseo largo que para una visita muy corta al veterinario. Para usos prolongados, el tipo cesta es el más apropiado.
  • Materiales seguros: es preferible evitar bozales que cierren por completo el hocico y los rígidos demasiado pequeños. También es recomendable evitar los modelos metálicos que puedan causar golpes, especialmente en perros muy activos.

El bozal debe permitir que el perro pueda abrir la boca para jadear, lamerse y beber. Antes de comenzar a usarlo en situaciones reales, es recomendable realizar una desensibilización progresiva mediante refuerzo positivo, presentándolo poco a poco, poniéndoselo durante segundos y aumentando el tiempo progresivamente.

Cómo acostumbrar al perro al bozal sin estrés

Perro aprendiendo a usar bozal

Antes de nada, debes comprender que el bozal, sobre todo en las primeras ocasiones de uso, es un elemento extraño para tu perro; así que deben de combinarse varios procedimientos para adecuar al perro de manera satisfactoria y que no lo viva como un castigo.

  • En primer lugar, crearemos una contingencia positiva entre el bozal y la comida: mostraremos el bozal al tiempo que le ofrecemos algo muy apetitoso de comer, para posteriormente esconderlo y hacer desaparecer la comida. De esta manera, se creará una asociación positiva ante la aparición del mismo (bozal → comida), al tiempo que su desaparición estará ligada a la no ocurrencia de nada señalable.
  • Posteriormente, incitaremos al perro a meter el hocico en el bozal. Para ello, podemos untar el fondo con comida húmeda o premios. Asociar una palabra con la introducción del hocico (por ejemplo, «bozal») ayuda al proceso. Esta técnica, basada en el condicionamiento operante, requiere repeticiones cortas y frecuentes.
  • Cuando hayamos superado estas fases, es el momento de atar el bozal durante unos segundos en una de las repeticiones. Para evitar comportamientos como arrastrarse, esconderse o intentar quitárselo, recomendamos continuar con juegos suaves, caricias y recompensas mientras lo lleva puesto.
  • Si en algún momento el perro se agobia o intenta quitárselo de forma insistente, deberemos volver al paso anterior y avanzar más lentamente. En situaciones donde debamos usar el bozal de forma no planificada, podemos usar premios pequeños de forma continua para que la experiencia no sea traumática.

El objetivo es que el perro perciba el bozal como un accesorio cotidiano más, igual que el collar o el arnés. De forma general, todos los perros deberían saber usar el bozal, aunque no lo necesiten a diario, para evitar un estrés innecesario si en algún momento es obligatorio su uso (por enfermedad, transporte, normas locales, etc.).

El bozal es un elemento muy polémico. Para algunos es imprescindible para prevenir mordeduras y evitar la ingestión de objetos, mientras que para otros se trata de un método de castigo que coarta la libertad de los perros. Todo depende del uso que demos al bozal y de los conocimientos en anatomía y comportamiento canino que tengan los propietarios. Bien utilizado, con un modelo adecuado y dentro de un plan de educación respetuoso, se convierte en una herramienta de gran utilidad para conseguir seguridad, sin perder el bienestar del animal.

A pesar de que existan normas con las que no estamos de acuerdo, el uso del bozal para perros bajo ciertas condiciones es obligatorio en España. Y aunque la denominación de perro potencialmente peligroso pueda parecer totalmente innecesaria e injusta, la responsabilidad del cuidador pasa por conocer la ley, escoger el bozal correcto y la talla adecuada, acostumbrar al perro de manera positiva y apoyarse siempre en la educación y el adiestramiento en lugar de utilizar el bozal como solución permanente a los problemas de conducta.


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