Día Mundial de las Zoonosis: el reto de proteger la salud humana desde el mundo animal

  • Las zoonosis representan aproximadamente el 60% de las enfermedades infecciosas conocidas y el 75% de las de carácter emergente.
  • El cambio climático y la globalización están acelerando la expansión de vectores como el mosquito tigre y las garrapatas en toda Europa.
  • El enfoque 'One Health' se consolida como la estrategia fundamental para integrar la salud animal, humana y medioambiental en la prevención de brotes.
  • La vacunación y la vigilancia profesional en entornos urbanos y rurales son las herramientas más eficaces para evitar crisis sanitarias.

Prevención de enfermedades transmitidas por animales

Cada 6 de julio se celebra el Día Mundial de las Zoonosis, una fecha que no es casualidad, ya que conmemora el hito histórico de 1885 cuando Louis Pasteur administró con éxito la primera vacuna contra la rabia. Hoy en día, este concepto nos suena más que nunca, pues se refiere a todas esas patologías que consiguen dar el salto de los animales a los seres humanos, ya sea por contacto directo, a través de alimentos o mediante intermediarios conocidos como vectores. En un mundo tan interconectado como el nuestro, estas enfermedades han dejado de ser algo anecdótico para convertirse en un desafío constante que afecta a la salud pública y a la estabilidad de nuestros sistemas sanitarios.

La realidad es que nuestra salud no es algo aislado, sino que está estrechamente ligada a lo que sucede en el entorno natural y a la situación sanitaria de los animales que nos rodean. Los datos que manejan los expertos son bastante claros y nos indican que aproximadamente tres de cada cuatro enfermedades infecciosas nuevas tienen su origen en el reino animal. Por eso, con la llegada de las altas temperaturas y los cambios en los ecosistemas, es vital recordar que la prevención es la herramienta más potente de la que disponemos para evitar que un pequeño brote termine escalando hasta convertirse en un problema de grandes dimensiones.

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El impacto del clima en la expansión de los vectores

Uno de los temas que más preocupa actualmente en España y en el resto de Europa es cómo el termómetro está alterando el comportamiento de ciertos insectos y arácnidos. El aumento de las temperaturas y los inviernos cada vez más cortos están permitiendo que especies que antes eran típicas de climas tropicales se sientan como en casa en nuestras latitudes. El mosquito tigre, por ejemplo, ya es un vecino más en gran parte de la geografía española, y su presencia no es solo una molestia por las picaduras, sino que supone un riesgo real de transmisión de virus como el dengue o el zika.

No se quedan atrás las garrapatas, especialmente las del género Hyalomma, que han ampliado sus zonas de actividad de forma considerable. Estos pequeños parásitos son los responsables de transmitir enfermedades graves, como la enfermedad de Lyme en España, cuyos casos han dejado de ser algo excepcional en nuestro país. Los profesionales de la sanidad ambiental insisten en que la gestión de estos vectores no puede limitarse a actuar cuando ya hay una plaga, sino que requiere una vigilancia continua y una monitorización científica de las poblaciones para anticiparse a los riesgos.

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Una Sola Salud para un futuro más seguro

Para abordar este complejo panorama, la comunidad internacional y las organizaciones veterinarias en España apuestan firmemente por el enfoque ‘One Health’ o Una Sola Salud. Esta filosofía reconoce que no podemos curar a las personas si no cuidamos también de los animales y del medio ambiente de manera integrada. No sirve de mucho tener hospitales de vanguardia si no prestamos atención a la sanidad pecuaria o a la fauna silvestre, ya que la detección temprana en los animales es lo que permite actuar antes de que aparezca el primer caso humano.

En este sentido, los veterinarios juegan un papel crucial que a veces pasa desapercibido para el gran público. Desde las clínicas de animales de compañía hasta las inspecciones en explotaciones ganaderas y mataderos, se teje una red de seguridad que garantiza la inocuidad de los alimentos y el control de patologías. Se estima que el 60% de los patógenos que afectan a las personas son zoonóticos, lo que convierte a la vigilancia veterinaria en la primera línea de defensa ante posibles amenazas pandémicas.

Prevención en casa y en el entorno profesional

A nivel doméstico, la lucha contra las zoonosis empieza por algo tan sencillo y fundamental como cumplir con los calendarios de vacunación de nuestras mascotas. Aunque España es un país libre de rabia en mamíferos terrestres desde hace décadas, la proximidad con zonas donde la enfermedad sigue activa obliga a no bajar la guardia, siendo fundamental conocer cómo saber si mi perro tiene rabia. Además, patologías como la leishmaniosis en Canarias, transmitida por flebótomos, tienen una presencia muy consolidada en el sur de Europa, lo que hace que el uso de antiparasitarios y collares repelentes sea una medida de salud pública que va mucho más allá de proteger solo al perro.

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Por otro lado, la industria veterinaria y las administraciones públicas están reforzando sus sistemas de diagnóstico rápido y cribado estacional. Contar con tests precisos en la propia consulta permite tomar decisiones clínicas inmediatas y controlar la propagación de enfermedades de forma más efectiva. Al final, se trata de una inversión necesaria, ya que gestionar una crisis sanitaria una vez que ha estallado es infinitamente más costoso y traumático que apostar por una cultura preventiva sólida y coordinada entre todos los sectores implicados.

Para que todo este esfuerzo tenga éxito, es fundamental que la sociedad sea consciente de que gestos cotidianos como mantener una buena higiene tras tocar animales o proteger a nuestras mascotas son piezas clave del engranaje. La historia nos ha enseñado que las fronteras no existen para los virus y las bacterias, y que la única forma de convivir con seguridad es respetando el equilibrio natural y manteniendo una vigilancia constante. Proteger la vida de los animales y el bienestar de los ecosistemas es, en definitiva, la mejor manera de asegurar nuestra propia supervivencia y calidad de vida en el futuro.

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