Educar a un perro sin castigos

educar perro

Al educar a un perro, hay muchas maneras de establecer límites y de dejar claro qué comportamientos no son aceptables. Pero algunas sanciones, como encerrarlos a  solas, deben ser evitadas. A continuación, justificamos esta posición y ofrecemos alternativas más eficientes y seguras desde el punto de vista psicológico.

Los perros son extremadamente sociales, por eso no les gusta quedarse solos. Hasta entonces, todo bien. Si les gusta, el dejarles solo de castigo ni sería castigo y es que el problema es que el perro asocia el estar solo con lo que hace  mal y cada vez que tiene que quedarse solo se sentirá peor. Siempre recomendamos hacer lo opuesto, es decir, asociar el hecho de quedarse solo con cosas buenas, de esta manera, nuestras ausencias serán encaradas con más tranquilidad por el perro y causarán menos sufrimiento para él, lo que resultará en menores posibilidades de desarrollar ansiedad de separación o compulsiones, como quedarse lamiendo la pata sin parar.

 ¿Castigo o premio?
castigo o premio

Imagínate esta escena, el dueño conversa animado con visitas y el perro ladra para conseguir atención. Decidido a castigar al perro, el dueño se dirige hacia él, lo agarra o da órdenes y lo acompaña hasta el lugar del castigo.

El centro de atención, por algunos momentos, es el perro y el resultado es que, después de hacer lo que no debe, el perro se siente recompensado. El castigo que vendrá posteriormente será ineficaz, por más desagradable que sea. Cuando el perro logra escapar antes de llegar al castigo, gana aún más atención y se siente más recompensado por el comportamiento equivocado.

A menudo se hace evidente cuando el perro se divierte, adorando ver al dueño intentar atraparlo. Si fuera posible castigar a los perros como arte de magia, sin tener que llevarlos hasta el lugar del castigo, el castigo sería mucho más eficaz, pero aun así, persistiría la asociación de hacer mal con el hecho de quedarse solo.

Recuerda que recompensas a tu perro cada vez que le prestas atención, aunque esta atención sea un intento de castigo.

Para educar al perro a convivir con humanos, no hay nada mejor que el contacto prolongado entre ambos y es que la repetición de las recompensas y reprensiones, dependiendo de que el perro actúe correctamente o de manera inadecuada, hace claros los límites y disminuye los comportamientos inapropiados.

Regáñale solo cuando sea necesario

regañar a un perro

Debido a la importancia de la repetición, se utiliza la técnica de inducir al perro a errar para poder reprenderlo más veces. Por ejemplo, al enseñarle a no atravesar la calle, intentamos estimularlo a ir al otro lado jugando con alguna pelota o algo.

Si un perro salta y ladra para ser visto, lo mejor es reñirlo en el momento exacto del salto y del ladrido y es que cada vez que el ladre o salte de nuevo, llevará a otra regañina. Si no surge efecto, corregimos. Con todo esto, el comportamiento equivocado va quedando claro para el perro y se asocia a cosas desagradables.

En vez de preocuparnos sólo en castigar los errores del perro, siempre debemos procurar enseñar los comportamientos adecuados y recompensarlos.

Por ejemplo, si el perro salta para conseguir atención, en lugar de castigarlo, mejor es enseñarle a sentarse para ganar cariño y es que el castigo, cuando es necesario y útil para dar al perro una vida más agradable y cercana a las personas, puede ser aplicado sin necesidad de dejar el animal solo e inseguro.

En primer lugar, si se le riñe,  debe ser al momento. Da preferencia, en el mismo momento en que ocurre el comportamiento incorrecto. Mejor aún si es al principio del comportamiento, como cuando el perro comienza a abrir la boca para ladrar.

La riña más indicada es aquella que causa susto o incomodidad al perro, sin lastimarlo ni traumatizarlo. El método de reprensión así como la manera correcta de aplicarlo son esenciales y la eficacia varía según el perro. Por eso, en caso de duda, es importante recurrir a la ayuda de un adiestrador o especialista en comportamiento.
 

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