El CJNG entrena binomios caninos para detectar explosivos: cómo operan y por qué preocupa su uso

  • El CJNG ha incorporado binomios caninos especializados en detección de explosivos para operar en zonas minadas y territorios en disputa.
  • Perros pastor belga malinois, equipados con arneses tácticos y parches del cártel, son entrenados con estándares similares a los de fuerzas policiales y militares.
  • Las fotografías analizadas por el Centro Nacional de Inteligencia vinculan a estos canes con las Fuerzas Especiales Grupo Delta y células como “Máximo Delta 1” y “Gente del Jardinero”.
  • Expertos alertan de una “innovación preocupante” que eleva el nivel de sofisticación del crimen organizado y aumenta los riesgos para los animales y para la seguridad pública.

Perro de trabajo entrenado para detección

En plena pugna por el control territorial en el occidente de México, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha incorporado una herramienta tan llamativa como inquietante a su estructura operativa: perros adiestrados para localizar explosivos y minas antipersonales. Estas unidades, conocidas como binomios caninos, combinan a un manejador humano y a un can especialmente entrenado para moverse en campos minados y zonas de alto riesgo.

Las imágenes y documentos analizados por autoridades mexicanas apuntan a que esta capacidad no es experimental ni improvisada, sino el resultado de un entrenamiento prolongado y de la incorporación de conocimientos que tradicionalmente solo estaban al alcance de cuerpos policiales y militares. El salto cualitativo del CJNG preocupa tanto por su impacto táctico como por el uso instrumental de los animales en escenarios de máxima violencia.

Binomios caninos del CJNG: qué muestran las imágenes de inteligencia

Según expedientes del Centro Nacional de Inteligencia, integrados con fotografías y análisis de campo, los binomios caninos del CJNG se emplean principalmente en la franja de conflicto entre Jalisco y Michoacán, donde la disputa por rutas y territorios ha derivado en el uso de minas terrestres y explosivos de fabricación casera.

En una de las imágenes, descrita por fuentes de seguridad, se aprecia a un pastor belga malinois en plena posición de alerta, equipado con un arnés táctico en el que se distinguen parches con las siglas “CJNG”, el emblema del grupo “Fuerzas Especiales Grupo Delta” y la subdivisión “Máximo Delta 1”. El paisaje árido y el camino de tierra han llevado a los analistas a situar la escena en algún punto del Pacífico mexicano.

La fotografía fue difundida originalmente en redes sociales con un mensaje que lo presentaba como un “guardián” en estado de alerta máxima. Para los investigadores, la forma en que el animal es mostrado no deja dudas de que el cártel lo considera un miembro operativo más, integrado en unidades armadas de élite.

Otro de los materiales visuales examinados por las autoridades retrata a un hombre joven con un uniforme apócrifo de la Secretaría de la Defensa Nacional, gorra con insignias similares a las usadas por el CJNG y un pastor belga malinois pegado a sus piernas. La escena refuerza la idea de que estos perros se incorporan a la estética paramilitar del grupo, con equipos y distintivos que imitan a los de fuerzas estatales.

Una tercera imagen, considerada la más delicada por expertos en seguridad, muestra de nuevo a un malinois con arnés táctico, complexión atlética y orejas erguidas, rasgos típicos de un perro de trabajo en plena actividad. Junto a él aparece un hombre armado, vestido de negro, con el rostro cubierto y un parche en la espalda con la leyenda “Gente del Jardinero”, referencia a Audias Flores Silva, alias El Jardinero, antiguo jefe de seguridad de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho.

Los Delta, “Máximo Delta 1” y el papel de los perros

Las referencias a “Máximo Delta 1” en los parches de los arneses han permitido vincular el uso de perros detectores de explosivos con las Fuerzas Especiales Grupo Delta (FEGD), uno de los brazos armados más agresivos del CJNG. Esta célula respondía a Armando Gómez Núñez, conocido como El Delta 1, a quien se atribuyen asesinatos de alto perfil, incluido el del exgobernador de Jalisco Aristóteles Sandoval.

Fuentes del gabinete de seguridad mexicano estiman que las fotografías podrían tener más de un año de antigüedad, al menos en lo que respecta a la etapa en la que El Delta 1 seguía al mando de esa estructura. El líder fue extraditado a Estados Unidos junto con otras decenas de personas ligadas al cártel, lo que sugiere que el empleo de binomios caninos ya estaba consolidado antes de su salida del país.

La aparición de parches como “Máximo Delta 1” o “Gente del Jardinero” en la misma secuencia de imágenes revela que el entrenamiento de estos perros no está restringido a una sola célula, sino que podría extenderse a distintos brazos especializados del CJNG. Para los analistas, esta transversalidad multiplica el impacto potencial de los binomios en operaciones ofensivas y defensivas.

Este uso de canes entrenados ha sido asociado, además, a contextos en los que se han encontrado minas terrestres y artefactos explosivos caseros. Autodefensas de Tepalcatepec, en Michoacán, descubrieron en 2021 tubos de plástico galvanizado que posteriormente se identificaron como bombas improvisadas, un tipo de amenaza que también se ha documentado en Jalisco y Tamaulipas, zonas con fuerte presencia del CJNG.

En este escenario, disponer de animales capaces de identificar explosivos enterrados otorga al cártel una ventaja operativa significativa: le permite abrir paso a sus unidades humanas, reducir riesgos en su propio terreno y aventurarse en áreas minadas por grupos rivales.

Por qué el pastor belga malinois es la raza elegida

El protagonismo del pastor belga malinois no es casual. Se trata de una de las razas más utilizadas por policías estatales, Guardia Nacional y Fuerzas Armadas en México y en otros países, debido a su inteligencia, su enorme capacidad de aprendizaje y su resistencia física. Su olfato y su agilidad los convierten en candidatos idóneos para la detección de explosivos, drogas, restos humanos e incluso dinero en efectivo.

En el ámbito civil, estos perros han adquirido notoriedad en los últimos años. Un ejemplo citado por medios mexicanos es Togo, malinois del Heroico Cuerpo de Bomberos de Ciudad de México, que colaboró en la localización de víctimas tras el derrumbe de un edificio en la colonia San Antonio Abad. Casos como este ilustran hasta qué punto la misma raza puede emplearse tanto en tareas de rescate como en operaciones vinculadas al crimen organizado.

Sin embargo, que un perro tenga el potencial físico y cognitivo adecuado no basta. La detección de explosivos exige un entrenamiento extremadamente especializado, que combina el manejo de sustancias como diversas pólvoras, azufre o salitre con técnicas de condicionamiento y obediencia avanzada. Es un proceso que requiere tiempo, recursos y, sobre todo, adiestradores con experiencia.

En instituciones como la Guardia Nacional, quienes se forman como entrenadores caninos pueden pasar hasta tres años en programas que abarcan derecho, seguridad pública, veterinaria básica y etología. En Estados Unidos, un aspirante a adiestrador de perros para la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) puede someterse a procesos de selección y escrutinio que se prolongan hasta cinco años antes incluso de iniciar el trabajo directo con los animales.

No todos los perros, ni siquiera dentro de las razas más apreciadas, alcanzan el nivel requerido. El malinois es la referencia habitual, pero también se utilizan pastor alemán, pastor holandés y labrador retriever. Algunos ejemplares se adaptan de inmediato a su manejador; otros nunca llegan a formar un binomio eficaz, y el proceso debe empezar de cero con otro animal. Cuando el adiestramiento se inicia desde cachorros, puede prolongarse durante un año y afinarse a lo largo de dos o más.

Quién podría estar entrenando a los perros del cártel

Uno de los interrogantes que más inquieta a las autoridades mexicanas es el origen de los conocimientos necesarios para entrenar a los perros del CJNG. La complejidad del adiestramiento para detección de explosivos hace pensar que detrás hay personal con experiencia previa en cuerpos de seguridad o en empresas privadas altamente especializadas.

Hasta el momento, el gobierno federal no ha podido determinar si los entrenadores son civiles formados en centros privados o si se trata de exmilitares y expolicías que abandonaron sus instituciones para incorporarse al crimen organizado. El fenómeno de la “fuga de talento” desde las corporaciones del Estado hacia estructuras criminales no es nuevo, pero la incorporación de capacidades tan sensibles como la detección de explosivos ha reavivado el debate.

Expertos en seguridad consultados por medios mexicanos explican que se trata de una inversión a medio plazo: formar un buen binomio canino lleva tiempo, paciencia y continuidad. No basta con enseñar al perro a reconocer un olor; es imprescindible consolidar una relación de confianza total entre el animal y su manejador, capaz de sostenerse bajo estrés, ruido de disparos y explosiones.

Gonzalo Senosian, especialista en seguridad privada, ha señalado que la efectividad de un binomio canino depende en gran medida del vínculo humano-perro, algo que no se logra en cuestión de días. Esta realidad refuerza la idea de que el CJNG está apostando por una estrategia sostenida, más propia de fuerzas armadas formales que de grupos criminales improvisados.

Lo que sí parece claro es que, sin acceso a reactivos adecuados y sin una metodología rigurosa, los riesgos para los propios animales se multiplican. Un perro mal entrenado, enviado a un campo minado para detectar explosivos, puede convertirse fácilmente en víctima de la misma amenaza que se intenta localizar.

Riesgos para los perros y para la seguridad pública

Además de la evidente preocupación por el avance táctico del CJNG, el uso de perros entrenados por el crimen organizado plantea un serio dilema ético y de bienestar animal. En contextos de guerra no declarada como los que se viven en distintas regiones de México, los canes se exponen a explosiones, disparos, trampas y condiciones extremas sin comprender el alcance del peligro.

Una fuente del gabinete de seguridad citada por la prensa advirtió que, si no se trabaja con protocolos estrictos y con los reactivos necesarios, los binomios caninos pueden fallar en la detección o activar accidentalmente artefactos explosivos. En la práctica, esto implica que muchos de esos perros podrían morir en el cumplimiento de tareas para las que no han sido adiestrados de manera adecuada.

La trayectoria de los binomios caninos en instituciones oficiales mexicanas muestra, por contraste, otro tipo de relación entre humanos y perros. Desde la antigua Policía Federal hasta las actuales corporaciones de seguridad, estos animales han sido clave en operaciones contra el narcotráfico, la localización de fosas clandestinas y el análisis de escenas del crimen complejas.

En 2010, por ejemplo, el peritaje de un cochebomba detonado en Ciudad Juárez con 10 kilos de explosivo C4 se vio reforzado por la labor de Lucy, una golden retriever de la Policía Federal. Su olfato permitió hallar restos de dinamita y fragmentos de la carga explosiva, elementos decisivos para vincular el atentado con el grupo armado La Línea, ligado entonces al Cártel de Juárez.

Testimonios de responsables de unidades caninas han recordado cómo los propios perros del Estado llegaron a tener “precio” en algunas ciudades fronterizas, donde los grupos criminales los veían como enemigos directos por su capacidad para descubrir escondites de armas, drogas o cadáveres. Desde entonces, los binomios de las corporaciones oficiales trabajan bajo la amenaza permanente de ser blanco deliberado de represalias.

Con el paso de los años, estos animales también han estado presentes en operativos de alto impacto y misiones humanitarias: desde la búsqueda de restos vinculados al caso de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa hasta misiones internacionales de rescate, como la que costó la vida al pastor alemán Proteo en Turquía tras un terremoto de gran magnitud. Estos ejemplos reflejan que el papel de los perros de trabajo se ha ampliado mucho más allá del ámbito estrictamente policial.

La adopción de tácticas, equipamiento y métodos propios de fuerzas armadas por parte de los cárteles mexicanos revela una tendencia preocupante de “militarización” del crimen organizado. La incorporación de binomios caninos especializados en explosivos encaja en ese proceso y obliga a las autoridades a replantear protocolos de actuación, medidas de protección y estrategias de desarticulación.

Todo apunta a que el CJNG ha decidido invertir tiempo, recursos y capital humano en desarrollar una capacidad que hasta hace poco se asociaba casi en exclusiva a cuerpos de seguridad del Estado. Esta evolución no solo aumenta la complejidad operativa en zonas de conflicto, sino que introduce un factor adicional de crueldad: el uso de animales leales y altamente entrenados como herramientas desechables en una guerra que no han elegido.

En este contexto, el hecho de que un cártel como el CJNG haya logrado desplegar perros detectores de explosivos, vinculados a sus brazos armados más violentos, muestra hasta qué punto el crimen organizado es capaz de replicar e incluso adaptar recursos reservados históricamente a fuerzas policiales y militares. Al mismo tiempo, reabre el debate sobre la responsabilidad de los Estados a la hora de proteger tanto a la población civil como a los animales empleados en tareas de seguridad, y evidencia que la lucha contra estas organizaciones pasa también por frenar su acceso a formación, tecnología y conocimientos altamente especializados.

adiestramiento de perros para búsqueda y rescate
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