Las luces, los regalos y las reuniones familiares dejan cada aƱo una cara mucho mĆ”s amarga de la Navidad: el abandono de perros tras las fiestas. Animales que hace solo unas semanas compartĆan sofĆ”, fotos y juegos con la familia, acaban en la calle, en perreras municipales o en protectoras ya de por sĆ saturadas.
Para miles de perros, el final de las celebraciones marca el momento en el que pierden el que creĆan su hogar. Con la vuelta a la rutina, muchos de esos animales Ā«regaladosĀ» dejan de encajar en la nueva normalidad familiar y pasan a convertirse en un estorbo. Y enero, aƱo tras aƱo, se consolida como el mes en el que este problema se hace mĆ”s visible.
Enero, el mes mƔs cruel para muchos perros
Los datos de la Real Sociedad Canina de EspaƱa (RSCE) dibujan un panorama preocupante: aproximadamente uno de cada cuatro perros que llegan a un hogar en Navidad termina siendo abandonado poco despuƩs. Enero concentra el porcentaje mƔs elevado de abandonos del aƱo, en torno a un 8,7 % del total anual.
Este repunte no es algo puntual. En los Ćŗltimos cinco aƱos el abandono de perros y gatos en EspaƱa ha seguido una tendencia al alza, con un incremento acumulado cercano al 7 % desde 2020. Solo en el Ćŗltimo ejercicio, el nĆŗmero de animales de compaƱĆa abandonados creció alrededor de un 1,8 %, una subida moderada pero que confirma que el problema sigue lejos de estar controlado.
La propia RSCE advierte de que el abandono continĆŗa siendo la principal amenaza para el bienestar de los animales de compaƱĆa. Aunque se han multiplicado las campaƱas de concienciación y se habla cada vez mĆ”s de adopción responsable, las cifras muestran que buena parte de la sociedad todavĆa trata a los perros como bienes de usar y tirar.
En paralelo, estudios como el informe Ā«Ćl nunca lo harĆaĀ» de Fundación Affinity apuntan a que cerca de la mitad de los animales recogidos por entidades de protección proceden directamente de la calle. Entre los que logran llegar a un refugio o perrera, casi la mitad acaba finalmente en adopción, mientras que un porcentaje significativo permanece sin hogar o incluso fallece antes de encontrar familia.
Todo esto sitĆŗa a EspaƱa entre los paĆses europeos con mayor volumen anual de abandonos, en torno a 300.000 animales, una cifra que contrasta con los mĆ”s de 24 millones de mascotas censadas y el creciente nĆŗmero de hogares con perros y gatos.
Perros que se regalan en Navidad⦠y se dejan atrÔs en enero
El contraste entre lo que sucede en diciembre y lo que pasa en enero es llamativo. Justo antes de las fiestas navideñas se dispara la adopción de perros, llegando en algunos estudios a incrementos cercanos al 16-20 % respecto a otros momentos del año. Muchos de esos animales entran en casa con un lazo en el cuello, como si fueran un objeto mÔs bajo el Ôrbol.
Ese pico en las adopciones lleva aparejada una cara oscura: una parte significativa de esos perros, aproximadamente uno de cada cuatro, termina siendo abandonada semanas despuĆ©s. Cuando se apagan las luces, se acaban las vacaciones y vuelve la rutina, algunas familias se dan de bruces con la realidad de convivir con un animal de compaƱĆa.
Los expertos en bienestar animal coinciden en que el problema no es adoptar en Navidad, sino hacerlo de forma impulsiva. La falta de reflexión previa y la idea de que un perro puede ser un regalo sorpresa contribuyen a cosificar al animal. Se le presenta como un detalle especial para un niño, una pareja o un familiar, sin haber valorado si el hogar estÔ preparado para asumir esa responsabilidad a largo plazo.
Fundaciones y entidades de protección llevan años advirtiendo de que los regalos de mascotas estÔn estrechamente relacionados con el aumento de abandonos. Muchas familias se dejan llevar por la ilusión del momento sin ser conscientes de que el interés puede diluirse cuando llegan los primeros problemas de convivencia, gastos veterinarios o dificultades en la educación del animal.
En este contexto, la RSCE insiste en que un perro no puede entenderse como un presente efĆmero o un capricho de temporada, sino como un miembro mĆ”s de la familia. Sin esa perspectiva, el riesgo de que termine en un chenil despuĆ©s de las fiestas se multiplica.
CampaƱas para frenar el abandono tras las fiestas
Ante la repetición del mismo patrón cada año, distintos organismos han intensificado sus mensajes de prevención y responsabilidad. La campaña «Elige quererlo siempre, no solo en Navidad» de la Real Sociedad Canina de España es uno de los ejemplos mÔs recientes de este esfuerzo.
Con este lema, la entidad busca recordar que el vĆnculo con un perro se extiende durante toda su vida, no solo durante las semanas en las que la novedad resulta atractiva. La iniciativa pone el foco en que cualquier decisión de incorporar un animal al hogar debe ir acompaƱada de información, asesoramiento y un consenso real entre todos los miembros de la familia.
En el Ômbito municipal también se estÔn dando pasos. El Ayuntamiento de Palma, por ejemplo, ha reforzado en fechas navideñas su campaña «Adóptalos. Ellos también desean una feliz Navidad», centrada en los animales acogidos en el centro de Son Reus. Actualmente, estas instalaciones albergan en torno a 80 perros y 90 gatos que esperan una segunda oportunidad.
El responsable de Bienestar Animal del consistorio palmesano ha subrayado que el verdadero pico de abandonos se produce, precisamente, despuƩs de la Navidad. Por ello, el mensaje principal es claro: mejor adoptar con responsabilidad que comprar por impulso, y siempre con la idea de que se trata de un compromiso que durarƔ aƱos.
La filosofĆa de estas campaƱas se complementa con la labor de multitud de protectoras y voluntarios en toda EspaƱa, que luchan por reducir las adopciones impulsivas y aumentar las posibilidades de que cada perro encuentre una familia adecuada. Visitas previas, entrevistas y seguimientos son algunas de las herramientas que se emplean para minimizar el riesgo de devoluciones o nuevos abandonos.
Historias que ponen rostro al abandono tras las fiestas
DetrĆ”s de cada cifra hay un animal concreto, con nombre y carĆ”cter propios. Casos como el de Ćscar, un perro que ha pasado mĆ”s de la mitad de su vida en una jaula en el centro de Son Reus, se han convertido en sĆmbolo de la espera interminable que viven muchos animales que fueron, en su dĆa, parte de una familia.
Ćscar y tantos otros demuestran que el efecto del abandono va mucho mĆ”s allĆ” de la pĆ©rdida del hogar: el estrĆ©s del encierro prolongado, la frustración y la falta de estabilidad emocional pasan factura. De ahĆ la importancia de la figura de los voluntarios, cuya labor diaria contribuye a reducir la ansiedad, proporcionar paseos y socialización, y mantener viva la esperanza de una adopción.
Los responsables de estos centros insisten en que los perros y gatos que esperan en las protectoras no son animales Ā«rotosĀ», sino compaƱeros llenos de cariƱo pendientes de una nueva oportunidad. Quienes trabajan con ellos dĆa a dĆa aseguran que cualquier duda se disipa cuando se convive con un animal adoptado y se comprueba su capacidad de afecto y de adaptación.
Sin embargo, tambiĆ©n recuerdan que no todas las historias terminan bien. Parte de los animales recogidos nunca llega a encontrar un hogar definitivo, bien por problemas de salud, por edad avanzada o por miedos derivados de experiencias previas. Estos casos refuerzan la necesidad de atajar el problema de raĆz, evitando que sigan entrando animales en el circuito del abandono.
La realidad que se vive en perreras y refugios de ciudades como Palma se repite, con matices, en muchas otras localidades espaƱolas, grandes y pequeƱas, donde las instalaciones se llenan especialmente a partir de enero, justo cuando la Navidad se ha dado por concluida.
Por quƩ tantos perros se abandonan despuƩs de Navidad
Las razones que se alegan para abandonar a un perro tras las fiestas suelen ser variadas, pero a menudo esconden un mismo problema de fondo: la falta de planificación y de compromiso real. Entre los motivos mÔs habituales aparecen los cambios en la rutina, la vuelta al trabajo, los viajes, la llegada de nuevos gastos o la simple pérdida de interés.
Muchos adoptantes descubren tarde que convivir con un perro implica tiempo diario para paseos, educación, juego y atención. TambiĆ©n requiere asumir costes veterinarios, alimentación de calidad y posibles imprevistos de salud o comportamiento. Todo ello, sumado al cansancio posnavideƱo, hace que algunos vean al animal como una carga que no habĆan previsto.
Otro factor que seƱalan los expertos es el desconocimiento sobre las necesidades reales del animal. Se tiende a pensar que todos los perros se adaptan a cualquier entorno, cuando en realidad el tamaƱo del hogar, el tipo de vivienda, el tipo de familia, el nivel de actividad o el tiempo disponible influyen enormemente en su bienestar. Elegir un perro solo por su aspecto, sin valorar su carĆ”cter o energĆa, suele dar lugar a problemas posteriores.
En muchos hogares, ademƔs, no se reparte de forma clara la responsabilidad sobre el cuidado del perro. Se parte de la idea de que serƔn los niƱos quienes se encargarƔn, cuando la experiencia demuestra que la mayor parte de las obligaciones recae, inevitablemente, en los adultos. Cuando esta realidad choca con las expectativas previas, el conflicto interno se resuelve, en demasiadas ocasiones, a costa del animal.
Todo ello evidencia que no basta con la buena intención de «salvar» a un perro por Navidad. Sin un compromiso firme, información adecuada y apoyo profesional cuando surgen dificultades, la probabilidad de que ese gesto acabe en abandono aumenta de forma notable.
La voz de los expertos: responsabilidad y reflexión antes de adoptar
Profesionales del Ć”mbito veterinario y de la protección animal reiteran el mismo mensaje: la tenencia responsable empieza mucho antes de que el perro llegue a casa. La decisión no deberĆa tomarse de un dĆa para otro, ni como respuesta a la insistencia de los niƱos o a la presión del entorno.
Veterinarias como Elisenda Saperas recuerdan que un perro no es un juguete ni un simple regalo de Navidad, sino un compañero para muchos años. Según explica, lo ideal es que toda la familia se siente a hablar y que solo se dé el paso si existe un acuerdo pleno. Si alguien tiene serias dudas o no estÔ dispuesto a asumir cambios de hÔbitos, lo mÔs sensato es posponer o descartar la adopción.
Los especialistas recomiendan analizar de forma realista el estilo de vida: horarios laborales, frecuencia de viajes, tipo de vivienda, nivel de actividad fĆsica y capacidad económica. En función de estos factores, serĆ” conveniente optar por un determinado perfil de perro u otro, o incluso valorar si ese es el momento adecuado para incorporar un animal.
La formación tambiĆ©n juega un papel clave. Pedir consejo a protectoras, educadores caninos y veterinarios antes de adoptar puede evitar problemas futuros. Conocer las pautas bĆ”sicas de socialización, educación y gestión del comportamiento ayuda a prevenir conflictos que, de otro modo, podrĆan terminar en devoluciones o abandonos.
AdemĆ”s, se insiste en la importancia de explicar a los niƱos que el perro no es un regalo que pueda cambiarse o devolverse. Es un ser vivo que siente, sufre y genera vĆnculos. Involucrarles en tareas adaptadas a su edad es positivo, pero siempre bajo la supervisión y la responsabilidad principal de las personas adultas.
Cómo adoptar sin caer en el impulso navideño
Ante la llegada de las fiestas, muchas protectoras han desarrollado protocolos para evitar que las adopciones se tomen como una decisión precipitada. En centros como Son Reus se recomienda que las familias interesadas pasen varias jornadas con el animal antes de firmar ningún papel.
Este proceso suele incluir visitas programadas, paseos conjuntos y momentos de convivencia en un entorno controlado. El objetivo es que las personas candidatas conozcan el carĆ”cter del perro, su nivel de energĆa y sus posibles miedos, y que puedan valorar con calma si encaja en su dĆa a dĆa.
Los responsables de estas instalaciones aseguran que esta fórmula reduce considerablemente las devoluciones, ya que la decisión se toma con mĆ”s información y menos impulsividad. TambiĆ©n permite detectar incompatibilidades tempranas, como problemas de alergias, miedos de los niƱos o falta de sintonĆa con otros animales del hogar.
Otra recomendación habitual es aplazar la adopción unos dĆas si el ambiente navideƱo estĆ” demasiado cargado. Cuando la casa estĆ” llena de visitas, viajes y planes, es fĆ”cil que el perro se vea sobrepasado por tanto movimiento. Muchas entidades sugieren reservar esas fechas para informarse y conocer opciones, y formalizar la adopción cuando la rutina estĆ© mĆ”s estabilizada.
Finalmente, se anima a las familias a valorar la adopción frente a la compra, especialmente tras las fiestas, cuando aumentan las entradas de perros en protectoras. Dar una oportunidad a un animal que ya ha sido abandonado es una forma directa de combatir el problema, siempre que la decisión se tome con serenidad y compromiso.
Todo este entramado de datos, campañas y testimonios refleja una realidad que se repite año tras año: la Navidad puede ser el inicio de una gran historia con un perro, o el preludio de un abandono mÔs. La diferencia estÔ en cómo se toma la decisión, el grado de responsabilidad con el que se asume y la capacidad de la sociedad para dejar de tratar a los animales como simples complementos de temporada.