Las plantas de Psiquiatría del Hospital de Bellvitge, en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona), cuentan desde hace unos meses con unos visitantes poco habituales: perros especialmente formados que participan en sesiones de terapia asistida con los pacientes ingresados. Esta propuesta se ha incorporado como un recurso complementario dentro del tratamiento estándar que ofrece el centro, con el objetivo de mejorar la experiencia y el bienestar de las personas con trastornos mentales.
Lejos de ser una moda pasajera, este programa se apoya en evidencia científica y en la colaboración de entidades especializadas. El Hospital de Bellvitge (HUB) trabaja codo con codo con el Centro de Terapias Asistidas con Perros (CTAC) y cuenta con el apoyo de Nestlé Purina España para llevar a cabo intervenciones semanales, siempre bajo la supervisión del personal sanitario del hospital.
Cómo funciona la terapia asistida con perros en Bellvitge

El programa se desarrolla mediante sesiones semanales dirigidas a pacientes ingresados en las unidades de Psiquiatría del HUB. Estas intervenciones se estructuran en dos formatos principales: actividades grupales de unos 60 minutos de duración y sesiones individuales de alrededor de 20 minutos, adaptadas a las necesidades y al estado clínico de cada persona.
En todas las sesiones participan profesionales sanitarios del propio hospital junto con especialistas del CTAC, que se encargan de conducir el trabajo con los perros y de ajustar los ejercicios. De esta forma, la terapia asistida se integra en el plan terapéutico global, sin sustituir en ningún momento a los tratamientos médicos o psicológicos habituales, sino actuando como un apoyo adicional.
El papel de los animales en este contexto se centra en facilitar la interacción, la motivación y la participación activa de los pacientes. A través del juego, el contacto físico, el cuidado o pequeñas tareas guiadas, se trabaja de manera indirecta el estado de ánimo, la comunicación y ciertos hábitos de autocuidado que luego pueden trasladarse a la vida diaria.
Desde el hospital destacan el carácter participativo de estas sesiones, que suele favorecer que incluso pacientes más retraídos o con un elevado nivel de ansiedad se animen a intervenir. El hecho de que el foco inicial esté puesto en el perro y no en el propio paciente contribuye a rebajar tensiones y a generar un ambiente más cercano y menos clínico.
Quiénes son Mushu y Keisy, los protagonistas caninos

En esta primera fase del proyecto, los principales protagonistas son Mushu y Keisy, dos perros de carácter tranquilo y muy sociable. Mushu es un samoyedo de 6 años, mientras que Keisy es una cavalier king Charles spaniel de 3 años. Ambos forman parte del grupo de 12 perros con los que trabaja habitualmente el CTAC en distintos centros sanitarios; la selección atiende a criterios de carácter y a estudios sobre razas de perro que ayudan a superar la depresión.
Según explican Montse Godoy, técnica especialista del CTAC que conduce las sesiones, y Francesc Ristol, director del centro, la incorporación de un perro al programa no es algo improvisado. Primero se realiza una selección exhaustiva en función de su carácter: se buscan animales que toleren bien el contacto físico, los espacios cerrados y la presencia de personas con diferentes estados emocionales, sin mostrar signos de incomodidad o estrés.
Solo los perros que superan este primer filtro pasan a una fase de entrenamiento específico, orientado a prepararles para el entorno hospitalario. En esta etapa se trabaja la respuesta ante ruidos inesperados, la capacidad de mantener la calma en situaciones de tensión y la obediencia a las indicaciones del guía, entre otros aspectos.
Ristol subraya que el objetivo del CTAC no es “venir a hacer tratamiento” por su cuenta, sino aportar un recurso complementario al abordaje que ya realizan los equipos de salud mental del hospital. Por eso, recalca que es “fundamental que los perros acepten situaciones con un posible estrés ambiental sin que les afecte de forma negativa”, algo que solo se logra con una combinación de buena selección y una formación muy cuidadosa.
Un cambio de enfoque en la atención a la salud mental

La responsable de Enfermería del Área de Neurociencias del HUB, Lia Tamar Sánchez, sitúa esta iniciativa dentro de un cambio de paradigma en la atención a la salud mental. La terapia asistida con perros se concibe como una intervención terapéutica complementaria y estructurada, diseñada para encajar en los itinerarios de tratamiento ya existentes y para hacer más humano el proceso de hospitalización.
Según detalla, este tipo de intervenciones persigue promover el bienestar emocional, psicológico y social de los pacientes, a la vez que ayuda a “optimizar la experiencia del paciente durante el proceso terapéutico”. En otras palabras, se busca que la estancia en el hospital sea menos hostil y más llevadera, algo especialmente relevante en unidades donde el ingreso puede ser prolongado.
Para las enfermeras y el resto del equipo asistencial, la presencia de los perros abre una vía adicional para abordar la ansiedad, el estrés y el malestar emocional. También permite trabajar de manera muy directa la socialización y la reducción del aislamiento que acompaña a muchas patologías como la depresión, la esquizofrenia o los trastornos de ansiedad graves.
Además de su impacto sobre el estado de ánimo, las sesiones sirven para fortalecer el vínculo entre pacientes y profesionales. Compartir un espacio de interacción más distendido, con el perro como punto de encuentro, facilita que se genere confianza y que los pacientes se muestren más receptivos a las indicaciones terapéuticas.
Beneficios observados y respaldo científico
Las investigaciones publicadas en los últimos años sobre terapias asistidas con animales apuntan a una serie de beneficios relevantes en el ámbito de la salud mental, tanto en España como en otros países europeos. Entre los efectos más destacados se encuentra la mejora de la activación conductual, algo clave en pacientes con depresión o apatía marcadas, que tienden a reducir al mínimo sus actividades diarias.
También se ha observado un incremento de la socialización y de las relaciones interpersonales, ya que la presencia del perro actúa a menudo como un “puente” para iniciar conversaciones y compartir experiencias, incluso entre personas que apenas se conocían dentro de la unidad. Esto ayuda a disminuir la sensación de soledad no deseada, muy frecuente en quienes atraviesan un problema de salud mental.
Otro de los aspectos que señalan estos estudios es la reducción del malestar emocional y de ciertas conductas disruptivas, algo que repercute tanto en el bienestar del propio paciente como en el clima general de la unidad. A medio plazo, se ha asociado este tipo de intervenciones con una mejor adherencia a los programas terapéuticos, ya que el paciente tiende a implicarse más cuando percibe que el entorno es acogedor y que dispone de recursos que le ayudan a sentirse mejor.
En el caso concreto del Hospital de Bellvitge, el personal de Enfermería destaca que las sesiones con perros incrementan la motivación de muchos pacientes para participar en actividades de autocuidado, desde la higiene personal hasta la asistencia a talleres o terapias de grupo. El simple hecho de “tener algo que esperar” cada semana puede suponer un aliciente importante en momentos de baja energía o desesperanza.
Este tipo de programas, que ya se han implantado en otros centros de España y Europa, se están consolidando como un complemento útil dentro de los dispositivos de salud mental, siempre que se apliquen con criterios clínicos claros, protocolos de seguridad y respeto tanto hacia los pacientes como hacia los animales.
La puesta en marcha de la terapia asistida con perros en el Hospital de Bellvitge refleja, en definitiva, una apuesta por humanizar la atención psiquiátrica con herramientas basadas en la evidencia y en la colaboración entre equipos sanitarios y entidades especializadas. La combinación de sesiones estructuradas, perros cuidadosamente seleccionados y la implicación del personal de Enfermería está permitiendo ofrecer a los pacientes una experiencia de ingreso más cercana, menos solitaria y con más oportunidades para recuperar su estabilidad emocional.