En plena temporada navideña, una escena cotidiana en un centro comercial de Mérida, Yucatán, terminó convirtiéndose en una de las historias más comentadas en redes sociales. Un perrito callejero que se encariñó con un peluche dentro de una tienda Miniso no solo logró enternecer a quienes estaban presentes, sino que acabó cambiando su vida para siempre.
Lo que empezó como un “robo” inocente de un juguete se transformó en un ejemplo de solidaridad espontánea: clientes, trabajadores y usuarios de redes sociales se volcaron con el animal, que pasó de dormir en la calle a tener casa, nombre, juguetes y hasta una comunidad digital que sigue cada paso de su nueva etapa.
El día que un perrito entró a Miniso a buscar su propio regalo
El episodio tuvo lugar en el centro comercial Plaza Las Américas, en el norte de Mérida. En vísperas de Navidad, el pequeño mestizo, sin dueño conocido, se adentró en la sucursal de Miniso como si fuera un cliente más, recorriendo con calma los pasillos repletos de peluches y otros artículos de regalo.
Entre los estantes, el perro se detuvo frente a la sección de ositos de peluche y, tras “examinar” varios con el hocico, eligió uno y lo tomó entre los dientes. A partir de ahí, comenzó a jugar: corría, saltaba y se movía de un lado a otro del local, visiblemente emocionado, mientras algunas personas empezaban a sacar el móvil para grabar la escena.

El personal de la tienda intentó entonces seguir el protocolo habitual: recuperar el producto para poder pasarlo por caja. En los vídeos se ve a una empleada acercarse con cuidado, intentando quitarle el peluche sin brusquedad, mientras el animal, lejos de mostrar miedo o agresividad, interpreta el gesto como parte del juego y se resiste moviendo la cabeza, siempre con el muñeco bien sujeto.
La situación, que en otro contexto podría haber derivado en un desalojo rápido del local, fue tomando un giro muy distinto gracias a la reacción del público. Varios clientes que observaban la escena se mostraron conmovidos por el entusiasmo del perro y empezaron a comentar la posibilidad de pagar el peluche para que pudiera quedárselo.
Una coperacha improvisada: el peluche pasa a ser “oficialmente” suyo
Apenas unos minutos bastaron para que la ternura del momento se convirtiera en acción. Personas que se encontraban comprando en la plaza decidieron hacer una “coperacha” rápida, aportando pequeñas cantidades de dinero para cubrir el precio del juguete. Según relataron testigos en redes, hubo quien puso 20 pesos, otros algo más, hasta reunir el importe completo.

De este modo, el peluche dejó de ser técnicamente un producto “robado” para convertirse en el regalo navideño de un perro sin hogar. Empleados y clientes coordinaron el pago del artículo y, una vez hecho el cobro, permitieron que el animal saliera con su nuevo tesoro sin ningún problema con la tienda.
En varios de los vídeos que se difundieron después se ve al perrito saliendo de la tienda con la cola en alto, llevando orgulloso el peluche en el hocico mientras continúa jugando en el pasillo del centro comercial. A su alrededor, se escuchan risas, aplausos y comentarios de quienes presenciaron uno de los momentos más entrañables de esos días.
Entre las publicaciones que ayudaron a viralizar la historia destacan las de usuarias como Fersita Dlg o @alehdezrivero, que describieron cómo se organizó la colecta y cómo el lomito se marchó “feliz con su regalito de Navidad”. Comentarios como “la humanidad no está perdida” o “para nosotros es solo un peluche, para él es el mundo entero” se repitieron en distintas plataformas.
Del vídeo viral a la adopción: el nacimiento de Thor
Tras la avalancha de reacciones, muchas personas en redes empezaron a preguntarse qué había sido del “perrito de Miniso”. Las imágenes mostraban a un animal sociable y juguetón, pero seguía siendo un perro de la calle, sin un lugar fijo donde dormir. La historia dio un nuevo giro cuando comenzaron a circular noticias de que alguien había decidido adoptarlo.

La página de Facebook “Yucatán Hermoso” informó de que un joven llamado Allan se había propuesto encontrar al perro después de ver los vídeos. Según su propio testimonio, pasó un buen rato recorriendo los alrededores del estacionamiento de Plaza Las Américas, hasta localizarlo de madrugada, alrededor de las dos de la mañana, vagando ya sin el peluche.
En cuanto lo encontró, Allan lo subió a su coche y se lo llevó a casa, iniciando así su nueva vida como perro de familia. Poco después, el lomito recibió nombre oficial: Thor, en alusión al dios del trueno de la mitología nórdica. En los vídeos difundidos posteriormente se le ve descansando en una cama, jugando, haciendo travesuras y disfrutando de un entorno seguro.
La adopción fue celebrada masivamente en comentarios de Facebook y otras redes, con mensajes de agradecimiento y felicitación hacia el nuevo dueño. Frases del estilo de “te mereces lo mejor por adoptarlo” o “te has ganado el premio gordo” ilustran el respaldo que recibió la decisión de darle un hogar a un animal que hasta hacía poco vivía en la calle.
Atención veterinaria, más juguetes y hasta una comunidad digital
La notoriedad del caso no solo le consiguió una familia a Thor. También atrajo la atención de colectivos dedicados al bienestar animal. La organización “Esterilizando Patitas” se ofreció a asumir parte de su cuidado veterinario, con revisiones médicas, vacunas, desparasitación, servicio de estética y esterilización, y consejos sobre cuándo darle croquetas a un cachorro, según relataron medios locales.

Paralelamente, se creó en Facebook la página “Perrito de Plaza Las Américas”, un perfil tipo “creador digital” donde se comparten fotos y vídeos de Thor ya en su nuevo hogar. En muy pocas horas, la cuenta reunió cerca de 2.000 seguidores, reflejando el interés que había despertado su historia en todo el país.
En esa comunidad virtual se publicaron mensajes en nombre del propio perro, como un simpático “Hola amigos, ya fui adoptado, pero perdí mi peluche”, que generó decenas de reacciones y peticiones para que su familia le consiguiera un juguete nuevo. También se difundieron contenidos más creativos, como imágenes generadas digitalmente en las que aparece viajando en transporte público junto a su peluche.
La página, además, se ha convertido en un pequeño altavoz para promover la adopción de otros perros en situación de calle. Entre los comentarios, algunos usuarios han sugerido aprovechar la visibilidad de Thor para difundir casos de otros animales que buscan hogar, intentando que esta historia no se quede solo en una anécdota viral, sino que sirva para impulsar más rescates.
El papel de las redes sociales y el debate sobre los perros callejeros
La sucesión de vídeos, publicaciones y testimonios en torno al perrito que robó un peluche en Miniso ha dado pie también a cierta reflexión pública. Por un lado, muchas personas han destacado la reacción rápida y empática de los clientes que pagaron el juguete y de quienes se movilizaron luego para localizar y adoptar al animal.
Por otro lado, han circulado aclaraciones por parte de trabajadoras de la tienda, que explicaron en TikTok e Instagram que no hubo intención de maltrato, sino la necesidad de pasar el producto por caja para que el peluche pudiera ser entregado de manera correcta. De no haberse pagado, el artículo habría pasado a merma, es decir, se habría retirado de la venta, sin regresar a los estantes.
Estas aclaraciones ayudaron a despejar interpretaciones erróneas que algunos usuarios habían hecho al ver únicamente fragmentos del vídeo. Al difundirse el contexto completo, la narrativa predominante volvió a centrarse en la colaboración entre clientes, personal de la tienda y usuarios de redes para hacer posible que el perro se quedara con su juguete.
Organizaciones y expertos en bienestar animal han aprovechado la atención mediática para recordar que el juego con objetos forma parte del comportamiento natural de los perros, especialmente de aquellos que no cuentan con un entorno estable. Este tipo de interacciones, cuando se producen sin violencia ni estrés, pueden reforzar la confianza del animal y favorecer vínculos positivos con las personas.
En Europa y España, donde también circuló la historia a través de medios digitales y redes, muchos usuarios la han conectado con el debate recurrente sobre la adopción responsable y la protección de animales abandonados. Aunque el caso ocurrió en México, el trasfondo —la presencia de perros sin hogar en entornos urbanos y la respuesta ciudadana— resulta fácilmente reconocible en cualquier gran ciudad europea.
La experiencia de este lomito de Mérida ha terminado simbolizando algo más que una travesura simpática en una tienda: condensa el impacto que puede tener un pequeño gesto colectivo, la capacidad de las redes sociales para amplificarlo y la posibilidad de que un simple peluche marque la línea entre seguir en la calle o empezar una vida nueva bajo techo.
