Mientras comunidades como Murcia y Madrid intensifican sus campañas informativas para reducir el riesgo de contagio, historias como la de la bailarina cántabra Cristina Romaña muestran la otra cara de la moneda: diagnósticos tardíos, síntomas incapacitantes y tratamientos de alto coste que muchos pacientes no pueden asumir fácilmente, y municipios como Lorca refuerzan la prevención local.
Qué es la enfermedad de Lyme y cómo se transmite
La enfermedad de Lyme es una zoonosis causada principalmente por la bacteria Borrelia burgdorferi, que se transmite a las personas a través de la picadura de garrapatas infectadas. Estas garrapatas actúan como parásitos de animales silvestres y domésticos, especialmente perros y otros mamíferos, de los que obtienen alimento succionando sangre.
En la mayoría de los casos, la picadura es indolora y puede pasar completamente inadvertida. El riesgo de infección aumenta cuanto más tiempo permanece el parásito adherido a la piel, de modo que una retirada temprana reduce de forma notable la probabilidad de contagio. Por ese motivo, los expertos insisten en revisar bien el cuerpo tras una salida al campo.
Las garrapatas pueden actuar como vector de varias enfermedades de distinta gravedad, entre ellas la borreliosis de Lyme, la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, la rickettsiosis o la anaplasmosis. En el caso concreto de Lyme, la bacteria puede diseminarse por el organismo y provocar un cuadro multisistémico que afecte a piel, articulaciones, sistema nervioso y corazón.
En España, el riesgo de adquirir la enfermedad es más elevado en primavera y verano, coincidiendo con las fases de mayor actividad de las garrapatas debido al aumento de las temperaturas. No obstante, las autoridades recuerdan que estos artrópodos pueden permanecer activos a lo largo de todo el año, especialmente en zonas con clima templado.
Alerta y recomendaciones de la Región de Murcia
Con motivo de la celebración del Día Mundial de la Enfermedad de Lyme, la Consejería de Salud de la Región de Murcia ha difundido una serie de recomendaciones dirigidas a la población general y, de manera especial, a quienes desarrollan su actividad al aire libre. El objetivo es reducir el riesgo de picaduras de garrapata y, por tanto, de contagio.
Salud aconseja que, cuando se vaya a transitar por zonas rurales o con vegetación, se utilice camiseta y pantalón largo, preferiblemente de colores claros para poder detectar con más facilidad la presencia de garrapatas, así como botas cerradas y calcetines. Esta vestimenta crea una barrera física que dificulta que los parásitos alcancen la piel.
En el entorno natural se recomienda evitar el contacto directo con la vegetación de los márgenes de los caminos, donde suelen concentrarse más garrapatas. También se sugiere no sentarse directamente en el suelo en zonas con hierba alta o matorral y reducir el tiempo de permanencia en áreas con vegetación densa para minimizar la exposición.
El uso de repelentes autorizados es otra medida clave, tanto en las personas como en las mascotas que acompañen en las salidas al campo. Los propietarios de animales domésticos deben mantener al día los tratamientos antiparasitarios para disminuir el riesgo de que las garrapatas entren en contacto con los humanos a través de los perros u otros animales de compañía.
Según el último informe de Vigilancia Epidemiológica de las enfermedades transmitidas por artrópodos vectores, en 2024 no se declaró ningún caso contagioso de enfermedad de Lyme en la Región de Murcia. La patología es Enfermedad de Declaración Obligatoria desde hace dos años, por lo que existe un seguimiento específico a través de la Dirección General de Salud Pública, que controla las bacterias y virus que se transmiten mediante organismos vivos como las garrapatas.
Medidas de prevención en la Comunidad de Madrid
La Comunidad de Madrid también ha lanzado una alerta sobre los efectos de las picaduras de garrapata en la salud de las personas y de las mascotas, especialmente ante la subida de las temperaturas que favorece su proliferación. Los Agentes Forestales autonómicos han difundido pautas de protección para quienes disfrutan de actividades al aire libre.
Para las excursiones por el campo, las autoridades madrileñas recomiendan caminar por el centro de los senderos, evitando rozar la vegetación de los márgenes, donde estos parásitos son más habituales. También aconsejan no sentarse directamente en el suelo en lugares con abundante vegetación y proteger a las mascotas con tratamientos antiparasitarios adecuados.
En cuanto a la indumentaria, se insiste en usar ropa que cubra la mayor parte del cuerpo: manga larga, pantalón largo, calcetines y calzado cerrado. El empleo de prendas claras facilita la detección visual de las garrapatas antes de que lleguen a fijarse a la piel, lo que permite retirarlas con rapidez.
Uno de los mensajes prioritarios se centra en el procedimiento correcto para retirar una garrapata. Si se detecta un ejemplar adherido a la piel, debe extraerse con guantes o pinzas de punta fina, sujetándola lo más cerca posible de la superficie cutánea y tirando perpendicularmente, con un movimiento firme y continuo. No se debe aplastar, girar ni arrancar de forma brusca para evitar que parte del parásito quede dentro.
Tras la extracción, se recomienda lavar la zona con agua y jabón y vigilar en los días posteriores la aparición de síntomas como fiebre, malestar general o alteraciones cutáneas (por ejemplo, erupciones o manchas en forma de diana). En caso de no poder retirar el parásito de manera adecuada o si aparecen signos de alarma, se debe acudir a un profesional sanitario. Las autoridades desaconsejan remedios caseros como alcohol, aceites u otras sustancias que pueden resultar contraproducentes.
Síntomas, evolución y dificultad del diagnóstico
Una de las principales complicaciones de la enfermedad de Lyme es que, en un porcentaje elevado de personas, la infección cursa de manera asintomática y autolimitada. En estos casos, el organismo consigue controlar la infección y la persona no llega a desarrollar síntomas clínicos claros, por lo que no suele precisar tratamiento antibiótico.
Cuando sí aparecen manifestaciones, la enfermedad se caracteriza por un cuadro multisistémico progresivo. En fases precoces, los signos suelen ser cutáneos, como el conocido eritema migratorio, una lesión en la piel que se expande y que, a veces, adopta forma de diana alrededor de la zona de la picadura. Estos síntomas iniciales pueden confundirse con otras afecciones dermatológicas o con reacciones a picaduras corrientes.
Si la infección no se detecta y trata a tiempo, pueden surgir problemas reumáticos (dolor articular), neurológicos (alteraciones sensitivas, espasmos, mareos, pérdida de conocimiento) y cardiacos (trastornos del ritmo, inflamación del corazón). Es en estas fases más avanzadas cuando la enfermedad puede cronificarse y generar una importante merma en la calidad de vida de los pacientes.
Otro obstáculo es que los síntomas iniciales pueden simular un cuadro gripal, con fiebre, cansancio intenso, dolores musculares o malestar general. Muchas personas no recuerdan haber sufrido una picadura de garrapata, lo que dificulta que se establezca la relación con Lyme en las primeras consultas médicas. Esto alimenta los retrasos en el diagnóstico y, en ocasiones, la realización de múltiples pruebas para descartar otras enfermedades.
Las asociaciones de pacientes llevan años denunciando que no todos los profesionales sanitarios tienen el mismo grado de formación y experiencia en el reconocimiento de Lyme, sobre todo en sus formas tardías o crónicas. Esta situación puede desembocar en diagnósticos erróneos, tratamientos incompletos y un peregrinaje de consultas que prolonga el sufrimiento físico y emocional de quienes padecen la infección.
El caso de Cristina Romaña: de un viaje de ocio a una UCI en Alemania
La historia de la bailarina cántabra Cristina Romaña, de 25 años, ilustra de forma muy clara las dificultades que puede implicar la enfermedad de Lyme cuando el diagnóstico se retrasa y la infección avanza. Tras lograr una medalla de plata en un importante campeonato de danza en Punta Cana, decidió cumplir un sueño pendiente: viajar por Japón.
En ese viaje, visitó el Parque de Nara, conocido por los ciervos que conviven en libertad con los turistas. Allí estuvo en contacto cercano con los animales, sin saber que aquel día marcaría un antes y un después en su vida. Tres días después de la visita comenzó a encontrarse mal, con dos heridas en la pierna a las que inicialmente no dio importancia, y al poco tiempo regresó a España.
A su vuelta a Cantabria, se presentó en Urgencias del Hospital Marqués de Valdecilla con fiebre, cansancio extremo y lesiones en la piel, primero en manos y piernas. Se le practicaron distintas analíticas, algunas remitidas a servicios de enfermedades infecciosas en Madrid, y se le recomendó permanecer en casa en cuarentena. Varios diagnósticos iniciales, entre ellos viruela del mono, fueron descartados.
Con el paso de los meses, los síntomas se intensificaron: mareos, náuseas, vómitos, fiebre, eritema migratorio cada vez más evidente y, posteriormente, episodios de pérdida de conocimiento, insuficiencia respiratoria y parálisis facial. A pesar de esta evolución, Romaña recibió distintos diagnósticos (sífilis, impétigo, síndrome vasovagal, trastorno obsesivo-compulsivo, posible esclerosis múltiple, infección intestinal), y se sometió a varios tratamientos que no consiguieron frenar el empeoramiento.
En junio de 2025 llegó una llamada clave desde el Centro Nacional de Microbiología dependiente del Instituto de Salud Carlos III, donde se había analizado parte de su sangre. Los resultados indicaban positividad en IgM frente a Rickettsia conorii y un resultado indeterminado en Bartonella, ambas relacionadas con enfermedades transmitidas por garrapatas. Sin embargo, en su comunidad de origen se interpretó durante un tiempo como un posible falso positivo.
Ante la ausencia de una respuesta clara, Cristina recurrió a pruebas privadas en un laboratorio especializado que detectaron valores elevados de Borrelia miyamotoi, una cepa asociada a Asia. Un médico experto en Madrid confirmó entonces que se trataba de enfermedad de Lyme. Según ella misma ha relatado, aquel día en el Parque de Nara sufrió la picadura de una garrapata infectada, que desencadenó todo el proceso.
Diagnóstico tardío, tratamientos extremos y coste económico
Aunque finalmente se instauró un tratamiento contra Lyme en España, Cristina considera que fue insuficiente y demasiado tardío. Para entonces, la infección se había extendido por su organismo y había empezado a cronificarse. Esta situación la llevó a buscar opciones en otros países con más experiencia en el abordaje de formas complejas de la enfermedad.
Romaña consultó con el Tokyo National Centre for Global Health, donde le ofrecieron un tratamiento específico para Lyme pero con un coste elevado que no podía asumir. De vuelta a España, donde estimaba que el abordaje completo de su caso podía suponer unos 120.000 euros, decidió contactar con la Asociación de Lyme Crónico en España (Soslyme), a través de la cual conoció el testimonio de otros afectados y recibió la recomendación de acudir a un centro especializado en Alemania.
Finalmente ingresó en el Hospital Klinik St. Georg, en Bad Aibling (Múnich), considerado un referente internacional en el tratamiento de Lyme. Allí se sometió a un procedimiento de hipertermia en UCI: bajo sedación, le elevaron la temperatura corporal hasta cerca de 42 ºC con el objetivo de debilitar la bacteria, combinando esta técnica con antibióticos intravenosos para aumentar su eficacia.
El protocolo previsto incluía varias sesiones de hipertermia, tratamiento antibiótico intensivo y aféresis de sangre para combatir diferentes bacterias asociadas a la picadura de garrapata. A esto se sumaba una semana de estabilización y apoyo posterior. Todo este proceso implicaba una factura global cercana a los 50.000 euros, a los que había que añadir los aproximadamente 35.000 euros ya gastados en pruebas y tratamientos previos en distintos países.
Ante la imposibilidad de asumir estos costes en solitario, Cristina lanzó una campaña de micromecenazgo a través de plataformas de recaudación colectiva. Según ha explicado, el apoyo económico y emocional recibido ha sido fundamental para poder continuar con el tratamiento y para sobrellevar la carga psicológica de una enfermedad que, en su caso, ha estado acompañada de ansiedad, miedo, sensación de incomprensión y dudas sobre su propio estado mental.
A pesar de todo, los especialistas que la tratan confían en que, al responder a los antibióticos y haberse identificado la infección en una fase aún abordable, podrá recuperarse. Ella misma admite sentir temor, pero mantiene la esperanza de volver a su actividad profesional en la danza una vez superado este largo proceso médico.
Vigilancia epidemiológica y papel de la ciudadanía
En paralelo a casos individuales como el de Cristina, las autoridades sanitarias españolas han reforzado los sistemas de vigilancia epidemiológica de las enfermedades transmitidas por vectores. La inclusión de Lyme como Enfermedad de Declaración Obligatoria implica que los profesionales sanitarios deben notificar los casos confirmados, lo que permite un seguimiento más preciso de su incidencia.
La Dirección General de Salud Pública, tanto a nivel nacional como autonómico, trabaja en programas que monitorizan bacterias y virus transmitidos por garrapatas y otros artrópodos. Estos planes buscan detectar cambios en la distribución geográfica de los vectores, identificar zonas de riesgo y ajustar las campañas de prevención según la época del año y las características del territorio.
Sin embargo, los expertos recuerdan que la prevención individual es una pieza esencial en el control de la enfermedad de Lyme. Elegir bien la ropa al salir al campo, utilizar repelentes aprobados, proteger a las mascotas y revisar minuciosamente la piel tras las actividades al aire libre son gestos sencillos que pueden evitar muchos disgustos.
También se insiste en la importancia de acudir al sistema sanitario si, tras una posible exposición a garrapatas, se detectan alteraciones cutáneas o síntomas compatibles con infección. Una consulta temprana y una correcta interpretación de las pruebas aumentan las posibilidades de tratamiento eficaz en fases iniciales, reduciendo el riesgo de cronificación y de secuelas a largo plazo.
La experiencia de las últimas temporadas y los mensajes lanzados desde comunidades como Murcia y Madrid apuntan a una misma idea: la enfermedad de Lyme es prevenible en muchos casos, pero exige una combinación de información rigurosa, formación de los profesionales, recursos diagnósticos adecuados y una ciudadanía consciente de los riesgos que entraña algo aparentemente tan inocuo como una tarde de campo o un paseo entre animales en libertad.
