Cómo enseñar a tu cachorro a hacer sus necesidades en la calle y en casa de forma correcta

  • Organiza una zona de baño con empapadores en casa y usa un diario para detectar los horarios de pipí y caca.
  • Tras la pauta vacunal, incrementa paseos cortos y frecuentes, siempre premiando cuando haga sus necesidades en la calle.
  • Evita regaños y castigos físicos, limpia bien los accidentes y aprovecha los momentos clave tras comer, dormir o jugar.
  • Aplica la estrategia propiciar, evitar y controlar para guiar al cachorro y consolidar el hábito de forma positiva.

cachorro aprendiendo a hacer sus necesidades

Enseñar al cachorro a hacer sus necesidades fuera de casa puede ser una tarea sencilla o, por el contrario, un proceso largo y difícil, pues a algunos perros les cuesta más que a otros adquirir este hábito. Sin embargo, con tiempo, paciencia y refuerzo positivo podemos solucionar este problema. Te damos algunos consejos para ello, integrando lo que recomiendan educadores caninos y veterinarios.

Cuándo empezar y qué tener en cuenta antes de salir a la calle

En primer lugar, debemos tener en cuenta que el cachorro no puede salir a la calle hasta recibir todas las vacunas necesarias (aproximadamente a los 4 meses de edad). Hasta ese momento podemos enseñarle a desahogarse en un rincón que preparemos especialmente para ello, con empapadores o papel de periódico, ubicado lejos de los lugares donde coma y duerma. Lo mejor para ello es permanecer atentos durante los momentos clave (al despertarse, justo después de comer…), para conducir al animal hasta este rincón y premiarle cuando haga sus necesidades.

Durante estos primeros meses, su control de esfínteres es muy limitado. Igual que un bebé humano, el cachorro no es capaz de “aguantarse” mucho tiempo, aunque lo desee. Por eso son normales los accidentes, y el foco debe estar en ayudarle a acertar más veces, no en reñirle cuando se equivoca.

Una idea muy útil es llevar un pequeño “diario del cachorro”: durante tres o cuatro días anota a qué hora come, a qué hora hace pipí, a qué hora hace caca y cuándo juega o se despierta. Así detectarás sus patrones y podrás anticiparte, acercándolo al empapador o zona de baño justo en el momento en que es más probable que necesite evacuar.

Cómo organizar la “zona de baño” dentro de casa

Hasta que pueda salir con seguridad al exterior, es fundamental organizar bien el espacio en casa. Podemos habilitar una habitación pequeña o una zona delimitada donde la mayor parte del suelo esté cubierta con empapadores o papel de periódico, dejando otra parte para la cama, agua, juguetes y comida. De este modo, tanto si lo hace voluntariamente como por casualidad, es muy probable que el pipí y la caca caigan sobre la superficie adecuada, y el cachorro empiece a asociar que esa textura y ese color son el lugar correcto.

Con el paso de los días, iremos reduciendo poco a poco la superficie ocupada por empapadores, de forma que el cachorro tenga que buscar más activamente esa zona para hacer sus necesidades. Cada vez que acierte, debemos felicitarlo con palabras cariñosas, caricias o alguna pequeña golosina.

Es importante usar empapadores limpios y cambiarlos con frecuencia para que el olor no resulte desagradable y siga siendo un lugar atractivo. Si el cachorro tiene un incidente fuera de la zona prevista, limpiaremos la superficie con agua y productos que no contengan lejía ni amoníaco, ya que estos olores pueden incitarle a orinar de nuevo en el mismo punto.

Asimismo, muchos cachorros muestran señales claras antes de hacer sus necesidades: se ponen inquietos, olfatean mucho el suelo, giran en círculos o se dirigen a la puerta. Prestar atención a estos signos te ayudará a adelantarte, llevarlo a su “baño” y reforzar el comportamiento correcto.

Transición del empapador a la calle paso a paso

Una vez haya terminado esta primera fase de vacunación, tendremos que sustituir progresivamente los periódicos o empapadores por la calle. Lo lograremos sacando al perro justo en aquellos momentos clave de los que hablábamos, y premiarlo cuando se desahogue en la calle. En algunos casos el can aprende rápidamente esta nueva norma, mientras que en otras ocasiones le cuesta adaptarse y continúa utilizando el rincón que hemos habilitado previamente en nuestra casa para que «vaya al baño».

De ser así, nada mejor que aumentar el número de paseos diarios o alargarlos ligeramente hasta que el animal por fin haga sus deposiciones fuera. Es muy importante premiarlo cada vez que actúe correctamente y no regresar inmediatamente después a casa, sino seguir paseando durante algunos minutos más para que entienda que salir no es solo “ir al baño”, sino también olfatear, explorar y relacionarse.

Los paseos deben realizarse a horarios bastante fijos, porque la rutina es una gran aliada en este proceso. Sacarlo al despertarse, después de comer o beber y tras un rato de juego incrementa mucho las posibilidades de éxito. Con el tiempo, su organismo se irá adaptando a evacuar en esos momentos y lugares.

Asimismo, debemos dejar de premiarle cada vez que use los periódicos o empapadores de los que hablábamos antes. En su lugar, tendríamos que decirle firmemente que «no» (sin gritos, sin castigos físicos) y llevarle a la calle inmediatamente para que termine allí. De esta forma, redirigimos el comportamiento sin generar miedo o desconfianza.

Y por supuesto, los gritos y castigos físicos quedan totalmente descartados, ya que resultan inefectivos y pueden causar graves daños en el animal. Reñirlo después de un accidente no sirve de nada, porque el cachorro no es capaz de relacionar el regaño con algo que hizo hace unos minutos. En el peor de los casos, solo aprenderá a hacer sus necesidades a escondidas.

Claves prácticas: propiciar, evitar y controlar

Puede que todo este proceso nos lleve días, semanas o meses, todo depende de varios factores. En todo caso necesitaremos tiempo y mucha paciencia, pero siguiendo estas pautas podremos conseguirlo. Una forma sencilla de resumir las claves del éxito es en tres palabras: propiciar, evitar y controlar.

Propiciar que lo realice en el lugar que hayamos escogido. Es decir, llevaremos a nuestro cachorro las máximas veces posibles al lugar donde queremos que realice sus necesidades. No basta con abrir la puerta del jardín, sino que premiaremos el hecho de que lo haga donde queramos. Es recomendable que se acostumbre a hacerlo en arena o hierba, de manera que nos aseguraremos de que entienda perfectamente que dentro de casa no es el espacio adecuado.

Físicamente los cachorros tienen una capacidad de aguantarse el pipí limitada, y según va creciendo irá incrementando. Si siempre tenemos a nuestro cachorro en el patio y puede orinar cuando quiera, haremos que no se acostumbre a aguantarse, sino que lo hará en cualquier momento sin aprender a esperar al paseo.

Evitar que lo realice en un lugar no adecuado, para esto lo confinaremos en un lugar reducido cuando no podamos supervisar. Como hemos hablado anteriormente el transportín puede ser una buena solución, siempre y cuando no sean muchas horas seguidas y esté asociado a experiencias positivas. También puede ayudar cerrar puertas para limitar el acceso a alfombras u otras zonas en las que suele equivocarse.

Controlar como un halcón: nunca dejaremos a nuestro cachorro sin supervisión en lugares en los que no queremos que realice sus necesidades. Es un cachorro, y no puede controlar por sí solo que no se le escape nada. Cuanto más presentes estemos para guiarle al sitio correcto en el momento justo, más rápido integrará el hábito.

Algo que nos ayudará a controlar el horario en el que tu perro realiza sus necesidades es no dejar comida a libre disposición. Definir un horario fijo de comidas permite prever mejor cuándo tendrá ganas de evacuar y organizar las salidas o los momentos de empapador de forma estratégica.

Momentos críticos y manejo de accidentes en casa

Los cachorros, aunque acaben de realizar sus necesidades, no suelen quedar completamente vacíos, por lo que es frecuente que necesiten repetir al cabo de poco tiempo. Existen una serie de “momentos estrella” en los que es casi seguro que tendrá un descuido si no lo acompañamos al lugar adecuado:

  • Recién levantado, tras la noche o una siesta.
  • Después de jugar intensamente o de una gran excitación.
  • Después de comer o beber abundante agua.
  • Al salir del transportín o de una zona de descanso.
  • Cuando está oliendo muy interesado un punto del suelo.
  • Si espera delante de la puerta o se muestra repentinamente inquieto.

Si pese a todo ocurre un accidente, no debemos abroncar al cachorro. Igual que no echarías bronca a un bebé porque es muy pequeño para retener sus necesidades, tampoco debes hacerlo con un perro tan joven. Simplemente limpiaremos la superficie con productos adecuados (sin lejía ni amoníaco) y tomaremos nota mental o en el diario para estar más atentos la próxima vez.

Cuando lo pilles justo en el instante en que se agacha para hacer pipí donde no debe, puedes interrumpir suavemente la acción con una palabra neutra y animarlo a ir al exterior o al empapador. Si consigue terminar en el lugar correcto, lo felicitaremos para reforzar ese comportamiento.

La limpieza correcta es fundamental: conviene utilizar limpiadores enzimáticos o productos con oxígeno activo que eliminen por completo el olor de la orina. Si el perro sigue percibiendo el aroma, considerará que ese es un punto aceptable para repetir.

Así que olvidaros de restregar el hocico con el periódico o castigos similares. Lo que realmente funciona son muchas salidas, constancia, observación y cariño. Tener un cachorro puede ser muy duro a ratos, pero también es una experiencia maravillosa y la base de un vínculo para toda la vida.