Los perros prefieren el amor que la comida: qué dice la ciencia sobre su vínculo con nosotros

  • Los estudios con resonancia magnética muestran que muchos perros activan su sistema de recompensa igual o más con elogios y caricias que con comida.
  • El vínculo perro-humano se apoya en oxitocina, mirada, olfato y emociones compartidas, similares a las relaciones de apego entre personas.
  • Estas investigaciones indican que el afecto humano puede ser una recompensa tan valiosa como la comida en el entrenamiento y el día a día.
  • Las técnicas de escaneo cerebral ayudan a elegir mejor perros de asistencia, terapia y rescate, según su sensibilidad social y emocional.

Perro recibiendo cariño de su cuidador

Los perros son animales sensibles y emocionales, que necesitan entre sus cuidados principales buenas dosis de cariño. La compañía de su familia es insustituible y esencial para su bienestar psicológico, como muestran las muestras de afecto en los perros. Ahora, diferentes estudios recientes demuestran que estos animales prefieren recibir amor que comida en muchas situaciones cotidianas.

El estudio que demuestra que el afecto puede valer más que la comida

Perro eligiendo cariño antes que comida

Esta curiosa teoría queda respaldada por un estudio presentado en la plataforma Biorxiv, que será publicado en el periódico científico “Social Cognitive and Affective Neuroscience”. Así lo asegura la revista “Science”, que ha divulgado los detalles de la investigación y ha dado visibilidad a cómo funciona el cerebro canino ante diferentes tipos de recompensa.

Para llevarla a cabo, un grupo de científicos escaneó la actividad cerebral de 15 perros de varias razas, a los que expusieron a diferentes situaciones. Una de las pruebas consistió en mostrar a los animales varios objetos justo antes de darles una recompensa, que podía ser una caricia o un trozo de salchicha. Trece de los quince canes mostraron los mismos o superiores niveles de actividad cerebral en la zona implicada en la toma de decisiones y de recompensas cuando eran acariciados que cuando recibían la comida.

Otro experimento llevado a cabo durante el estudio fue el de situar un plato de comida enfrente de los perros y a los dueños de los mismos en otro sitio. La mayoría de las mascotas prefirieron caminar hacia sus seres queridos en busca de cariño, en lugar de quedarse comiendo. Esto indica que, para muchos perros, la recompensa social tiene un valor tan alto o superior a la recompensa alimenticia.

Los resultados de este trabajo revelan la importancia de las interacciones sociales para la psicología canina y dan lugar a un importante debate sobre la posibilidad de que los perros hayan aprendido a reconocer algunas emociones humanas como consecuencia de los miles de años de convivencia junto a nuestra especie.

Gregory Berns y la neurociencia del amor canino

Perro en estudio de resonancia magnética

Uno de los neurocientíficos que más ha profundizado en este tema es Gregory S. Berns, de la Universidad de Emory. Tras perder a su perro, se preguntó si el vínculo que les unía era amor genuino o simplemente interés por la comida y los paseos. Esta duda personal le llevó a desarrollar un ambicioso proyecto para estudiar el cerebro de los perros mediante resonancia magnética.

Su gran reto fue conseguir que los perros permanecieran despiertos, tranquilos e inmóviles dentro de una máquina muy ruidosa. Inspirado por el caso de Cairo, un pastor belga malinois entrenado para saltar desde helicópteros en operaciones militares, pensó que si un perro podía soportar ese entorno, también podría acostumbrarse al entorno de un escáner.

Con la ayuda de un entrenador, construyó un simulador de resonancia magnética en su sótano. Allí entrenó primero a su perra Callie y después a decenas de perros más para que subieran, se tumbaran con la cabeza apoyada y se quedaran quietos todo el tiempo necesario. Ningún perro fue sedado y todos podían salir si se sentían incómodos, algo fundamental para no alterar la actividad cerebral.

Gracias a este entrenamiento, el equipo de Berns consiguió escanear el cerebro de muchos perros en diferentes situaciones. En uno de los experimentos más relevantes, los perros recibían salchichas en unas ocasiones y elogios y caricias de su humano en otras. Al analizar el núcleo caudado, región relacionada con la recompensa, observaron que en una gran parte de los perros la respuesta a los elogios era igual de intensa que a la comida, y en alrededor de un 20% incluso más fuerte.

Estos datos refuerzan la idea de que muchos perros nos quieren tanto como a la comida, y que en algunos casos el afecto humano tiene un valor superior para ellos. Además, el equipo comprobó que cuando se prometía un elogio y luego no se daba, la actividad cerebral disminuía, demostrando que la frustración emocional también es real en los perros, por lo que es importante conocer los síntomas de ansiedad en los perros.

La química del vínculo: oxitocina, mirada y olfato

Perro mirando a su humano con cariño

Otros estudios han demostrado que la relación entre humanos y perros se sostiene sobre una potente base biológica. Cuando un perro mira a su cuidador, ambos experimentan un aumento de oxitocina, conocida como la hormona del apego. Este mecanismo es similar al que se produce entre madres e hijos y ayuda a explicar por qué la mirada de tu perro es tan intensa y significativa.

La neurociencia también ha confirmado que los perros están especializados en procesar rostros humanos. Ciertas áreas de su cerebro se activan de forma específica cuando observan nuestras caras, lo que indica una adaptación evolutiva para leer nuestras expresiones, estados de ánimo y señales sociales. Esto no se observa de la misma forma en lobos, lo que sugiere que apareció durante la domesticación.

El olfato completa este cuadro emocional. Estudios sobre el procesamiento de olores han demostrado que el cerebro canino reacciona con mayor intensidad al olor de su humano de referencia que al de otros perros o personas desconocidas. Sin necesidad de vernos ni escucharnos, el simple aroma de su persona favorita activa zonas relacionadas con la recompensa.

En conjunto, mirada, olor, tono de voz y caricias conforman un paquete de señales afectivas que el perro valora de forma muy profunda. Por eso, tu presencia, tus palabras y tus gestos de cariño pueden resultar para él más importantes que cualquier premio comestible, sobre todo cuando el vínculo está bien consolidado.

Implicaciones para el entrenamiento y los trabajos caninos

Perro siendo entrenado con refuerzo positivo

Además, los expertos indican que las técnicas de escáner cerebral podrían ser útiles para mejorar la asignación de los trabajos caninos, en base a las preferencias del animal. Esto podría aplicarse, por ejemplo, tanto a tareas terapéuticas como a misiones de rescate, seleccionando a los perros que muestran mayor sensibilidad social y menor respuesta al miedo y la ansiedad.

Desde el punto de vista del adiestramiento, estos hallazgos apoyan el uso del refuerzo positivo social. Muchos perros responden igual o mejor a palabras amables, caricias y juegos que a los premios de comida, especialmente cuando ya han aprendido un ejercicio. Esto permite reducir la dependencia de las chucherías y centrar el aprendizaje en la relación afectiva con el guía.

También se ha observado que los perros que muestran una activación cerebral más intensa ante los elogios tienden a ser candidatos especialmente buenos como perros de asistencia, ya que disfrutan de la interacción humana constante y se motivan sobre todo por la conexión emocional.

Todo este conjunto de investigaciones coincide en una misma idea central: para tu perro, tu presencia, tu voz y tus caricias son una fuente fundamental de bienestar. Alimentarlo correctamente es imprescindible para su salud física, pero nutrir su mundo emocional con atención diaria, juegos compartidos y afecto sincero es lo que construye el profundo lazo que te devuelve cada vez que te mira o corre hacia ti dejando de lado un cuenco lleno de comida.

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