Con la llegada de la canícula, el periodo más caluroso del año, no solo las personas sufren las consecuencias de las altas temperaturas. Los perros, que regulan el calor de forma mucho menos eficiente que nosotros, se enfrentan a un riesgo real de sufrir un golpe de calor en perros, una urgencia veterinaria que puede ser mortal si no se detecta a tiempo. Los especialistas advierten que la temperatura corporal de un perro puede dispararse hasta los 42 o 43 grados, una cifra que, según la presidenta del Colegio de Veterinarios de Santa Cruz de Tenerife, María Luisa Fernández, es «una barbaridad» y puede desencadenar un fallo multiorgánico.
Afortunadamente, la mayoría de los casos no terminan en tragedia porque los dueños reaccionan con rapidez y acuden al veterinario. Sin embargo, cada verano se repiten situaciones evitables, como dejar al animal dentro de un vehículo estacionado al sol. «El coche se convierte en un horno y la afectación es tremenda en muy poco tiempo», explica Fernández. Por eso, conocer los síntomas y saber cómo actuar desde el primer minuto marca la diferencia entre una recuperación completa y secuelas irreversibles.
Señales de alerta: cómo detectar un golpe de calor a tiempo
El primer síntoma que suele aparecer es un jadeo intenso y continuado, incluso cuando el perro está en reposo. Los veterinarios recuerdan que si el animal permanece quieto y sigue jadeando de forma constante, está indicando que tiene dificultades para regular su temperatura. A medida que el cuadro avanza, pueden aparecer debilidad, desorientación, temblores, pérdida de equilibrio o incluso colapso. En los casos más graves se producen vómitos, convulsiones y pérdida de conocimiento. La veterinaria Laura Fernández, que ha difundido un aviso en redes sociales, señala que las encías de color rojo oscuro o azulado son una señal de alarma que no debe ignorarse. También hay que vigilar si el perro se tumba de golpe y no se quiere levantar, o si camina tambaleándose como si estuviera mareado.

Primeros auxilios: qué hacer y qué evitar
Ante la sospecha de un golpe de calor, lo primero es trasladar al perro a un lugar fresco y comenzar a bajar su temperatura de forma gradual. Los expertos recomiendan aplicar toallas húmedas y frescas sobre el cuerpo, prestando especial atención a las axilas, las ingles, la barriga y las almohadillas de las patas. Es fundamental no usar agua helada ni meter al animal en una ducha fría, ya que el cambio brusco de temperatura provoca que los vasos sanguíneos se contraigan y el calor quede atrapado en el interior. «El frío de golpe cierra las venas y el calor se queda dentro», advierte Laura Fernández. Lo correcto es mojar al perro con agua templada de manera suave y progresiva, mientras se le ofrece agua fresca poco a poco, sin obligarle a beber grandes cantidades. Aunque el animal parezca recuperarse, es imprescindible saber cómo actuar si mi perro sufre un golpe de calor y acudir al veterinario, porque pueden aparecer complicaciones internas horas después, como daños neurológicos, hepáticos o renales.
Los errores más comunes que ponen en riesgo a tu perro
Uno de los fallos más peligrosos sigue siendo no dejar al perro encerrado en el coche, aunque sea «solo unos minutos» y con las ventanillas abiertas. La temperatura en el interior puede aumentar entre 10 y 20 grados en cinco minutos, convirtiendo el vehículo en un horno. Los veterinarios insisten en que esta práctica es la causa más habitual de golpes de calor mortales en verano. Otro error muy extendido es rapar a los perros de pelo largo pensando que así pasarán menos calor. La realidad es que el pelaje actúa como un aislante natural tanto del frío como del calor. Lo recomendable es mantener el manto limpio, cepillado y libre de pelo muerto para que conserve su función protectora. Además, muchos dueños no comprueban la temperatura del suelo antes de pasear. La llamada prueba de los cinco segundos consiste en apoyar el dorso de la mano en el pavimento: si no se aguanta ese tiempo, el perro podría sufrir quemaduras en las almohadillas.

Perros más vulnerables y cómo prevenir
Los cachorros y los perros de edad avanzada son los que corren mayor riesgo. Los más pequeños suelen seguir jugando sin percibir que su temperatura está aumentando peligrosamente, mientras que los mayores pueden tener enfermedades cardíacas o respiratorias que dificultan aún más su capacidad para soportar el calor. Los especialistas también advierten que las razas de hocico corto, como los pugs y el calor, tienen más dificultades para respirar y se sobrecalientan con mayor rapidez. Para prevenir un golpe de calor, los veterinarios recomiendan evitar los paseos entre las 12:00 y las 18:00 horas, buscar siempre la sombra, garantizar agua fresca en todo momento y utilizar mantas refrigerantes o piscinas para perros. También es importante adaptar la rutina de ejercicio a las horas más frescas del día y no subestimar nunca un jadeo persistente. Como recuerda Laura Fernández, «tu perro no puede decirte que tiene calor; no esperes a ver los síntomas y adelántate a ellos».
Con las olas de calor cada vez más frecuentes e intensas, proteger a nuestras mascotas no es solo una recomendación estacional, sino una medida esencial para su salud. Detectar a tiempo las señales de alarma, actuar con calma pero con rapidez, y evitar los errores más comunes puede salvar la vida de tu perro. La prevención, al final, es la mejor herramienta: horarios adecuados, hidratación constante y sentido común son la clave para que el verano no se convierta en una pesadilla para nuestros compañeros de cuatro patas.

