Desde que la normativa estatal entró en vigor hace ya un tiempo, todavía son muchos los ciudadanos que andan un poco despistados con los detalles técnicos que afectan a su día a día. Aunque la norma se aprobó en marzo de 2023, la realidad es que el desconocimiento sobre lo que se puede y no se puede hacer con nuestras mascotas sigue siendo una constante en las conversaciones de parque y en las redes sociales, especialmente cuando el termómetro empieza a subir y nos planteamos la vida en el exterior de nuestras viviendas.
No es un tema baladí, ya que en España la fotografía social ha cambiado de forma radical. Si echamos un ojo a las estadísticas actuales, resulta que ya hay muchísimos más perros que niños correteando por nuestras calles; hablamos de casi 10 millones de canes frente a una cifra de menores de cinco años que no deja de menguar. Con este panorama, es normal que las pautas sobre el cuidado y la protección animal se hayan convertido en una prioridad absoluta para el legislador, buscando asegurar que nuestros compañeros de cuatro patas vivan en condiciones dignas.
¿Se puede dejar al perro en la terraza o el balcón?

Una de las dudas más recurrentes, sobre todo ahora que aprieta el calor, es si nuestra mascota puede pasar el día o la noche en el patio o el balcón. La ley es bastante tajante en este punto y prohíbe expresamente que estos espacios se conviertan en el domicilio habitual del animal. No pasa nada porque el perro salga un rato a que le dé el aire o a cotillear lo que pasa en la calle, pero mantenerlos de forma permanente en azoteas, sótanos o vehículos está totalmente vetado por el artículo 27 de la normativa, ya que se considera una falta de integración en el núcleo familiar.
Los expertos en comportamiento animal llevan tiempo advirtiendo de que el aislamiento en estos lugares no solo provoca un estrés innecesario, sino que en un país como el nuestro es una auténtica temeridad por el clima. Un golpe de calor en un balcón sin sombra puede ser fulminante en cuestión de minutos, y por eso las autoridades pueden imponer sanciones elevadas si consideran que el animal está en una situación de riesgo o desatención constante. Además, en el caso de los felinos, se intenta evitar el famoso síndrome del gato paracaidista, limitando que pasen tiempo en zonas de altura sin la debida supervisión o protección.
Viajes seguros y normas en el transporte
Cuando nos toca ponernos al volante para irnos de vacaciones o simplemente hacer un trayecto corto, la seguridad debe ser lo primero. La ley obliga a que los conductores garanticen que el animal no interfiera en la conducción, lo que implica usar sistemas de retención adecuados como arneses de doble enganche o transportines situados en el suelo o el maletero con rejilla divisoria. Es fundamental que el sistema de climatización del vehículo funcione correctamente para que el bicho no sufra, y jamás debemos dejarlos encerrados al sol, algo que parece de cajón pero que sigue provocando intervenciones policiales cada verano.
En lo que respecta al transporte público y establecimientos como bares o tiendas, el marco legal ha dado un pequeño giro. Aunque no es obligatorio que todos los locales admitan perros, si el dueño de un restaurante decide prohibir la entrada, está obligado a poner un distintivo visible desde el exterior que lo indique. Si no hay cartelito, en teoría la entrada debería estar permitida bajo el principio de convivencia responsable. Eso sí, los perros de asistencia, como los lazarillos, tienen carta blanca y pueden entrar en cualquier sitio por ley, sin que nadie pueda ponerles pegas por mucho que el local no sea ‘pet-friendly’.
Tiempo máximo a solas y cuidados obligatorios

Otro de los pilares de esta ley es el control del tiempo que los animales pasan sin supervisión humana. Ya no vale eso de irse un fin de semana largo y dejarle al perro un cubo de agua y comida a mansalva; la normativa establece que un can no puede estar solo más de 24 horas bajo ninguna circunstancia. Para el resto de mascotas, como los gatos o los hurones, el plazo se amplía hasta los tres días consecutivos, pero siempre asegurando que las condiciones de higiene y alimentación sean las óptimas para su bienestar.
En el caso concreto de los gatos, la ley se ha puesto seria con el tema de la reproducción descontrolada para evitar el abandono de camadas indeseadas. Ahora es obligatorio esterilizar quirúrgicamente a todos los gatos antes de que cumplan los seis meses de edad, a menos que seas un criador dado de alta de forma oficial. Con esta medida se busca reducir la saturación de los refugios y gestionar de una forma más ética las colonias felinas que habitan en nuestros barrios y pueblos.
Un régimen sancionador para ponerse las pilas

Para aquellos que decidan saltarse las normas, el bolsillo puede sufrir un buen revolcón. Las infracciones se dividen en tres niveles según su gravedad: las leves, como no tener los datos actualizados, pueden llegar a los 10.000 euros; las graves, donde entra el tema de las terrazas o no poner el microchip, suben hasta los 50.000; y las muy graves, que incluyen el maltrato severo o el sacrificio no autorizado, pueden alcanzar la friolera de 200.000 euros. No es ninguna broma, y las autoridades tienen potestad incluso para retirar la custodia del animal si ven que corre peligro.
Pero ojo, que no todo son multas en metálico. La ley contempla lo que llaman sanciones accesorias, que pueden ir desde la inhabilitación para tener animales durante varios años hasta la obligación de realizar cursos de reeducación para aprender a tratar a los bichos como es debido. Al final, lo que se busca es que la sociedad entienda que los animales son seres sintientes con derechos propios y no simples objetos de decoración o entretenimiento que podemos tener de cualquier manera en nuestras casas o negocios.

La puesta en marcha de esta legislación supone un antes y un después en la forma en que convivimos con nuestros compañeros de vida en España, recordándonos que tener un animal conlleva una serie de responsabilidades legales que no podemos ignorar. Desde asegurar que su transporte y estancia sean seguros y confortables hasta cumplir con las obligaciones de identificación y esterilización, todo suma para garantizar que el bienestar animal deje de ser una declaración de intenciones y se convierta en una realidad tangible protegida por las autoridades y respetada por toda la ciudadanía.

