La rabia no es algo que debamos tomarnos a la ligera, ya que se trata de una enfermedad que, una vez que da la cara y presenta síntomas, resulta fatal tanto para los animales como para las personas. Aunque en nuestro entorno nos sintamos seguros, la realidad es que la vacunación preventiva de nuestras mascotas sigue siendo el único muro de contención eficaz para evitar que este virus vuelva a campar a sus anchas por nuestras calles.
A día de hoy, el panorama normativo en España es un poco caótico, con reglas que cambian según en qué comunidad autónoma te encuentres, lo que genera una falta de protección uniforme. Por eso, los expertos veterinarios están insistiendo en que va siendo hora de que nos dejemos de parches y se establezca un criterio homogéneo en todo el territorio nacional, basándose siempre en lo que dicta la ciencia y no en decisiones políticas arbitrarias.
El aviso que llega desde Italia y el riesgo del tránsito ilegal

Hace poco saltaron todas las alarmas tras la notificación de un caso positivo de rabia en un perro en la zona del Véneto, en Italia. Lo preocupante del asunto no es solo el caso en sí, sino que el animal había sido traído de forma ilegal desde Marruecos y había cruzado toda España antes de llegar a su destino final. Este incidente pone de relieve lo vulnerables que somos ante el movimiento de animales que se saltan los controles oficiales y la necesidad de estar siempre en guardia.
En el país transalpino, la respuesta no se hizo esperar y se tuvo que poner en marcha un dispositivo de emergencia de lo más serio. Se identificaron a más de treinta personas que habían estado en contacto con el perro para tratarlas de inmediato y se vacunaron a miles de animales domésticos en el municipio afectado para frenar cualquier posible brote. Este tipo de situaciones nos recuerdan que, en un mundo tan conectado, un descuido en una frontera puede terminar en un problema de salud pública de primer nivel.
Un rompecabezas legislativo en España

La Organización Colegial Veterinaria (OCV) no se cansa de repetir que la actual disparidad de leyes es un coladero de riesgos. No tiene mucho sentido que en unas regiones la vacuna sea obligatoria todos los años y en otras se dé más margen o ni siquiera se exija de la misma forma, especialmente cuando España es una puerta de entrada constante desde zonas donde la rabia sigue siendo un problema endémico, como es el caso del norte de África.
Los veterinarios consideran prioritario que se trabaje codo con codo con el ámbito universitario y científico para que las decisiones que se tomen tengan una base sólida. Es fundamental tener claro cuál es la cobertura vacunal real en nuestro país y cuánto tiempo dura la inmunidad en los animales, para que así las administraciones puedan coordinarse sin que las fronteras autonómicas supongan un impedimento para la seguridad sanitaria.
Esfuerzos locales y autonómicos por la tenencia responsable

Mientras se espera ese marco común, algunas regiones ya se han puesto las pilas para intentar blindarse. Por ejemplo, en Cataluña, la Federación de Caza está animando a sus miembros a participar en la creación de un nuevo decreto que pretende hacer obligatoria la vacunación de las mascotas en toda la autonomía. Es un paso importante que busca alinear a una de las regiones con más movimiento de animales de compañía con los estándares de prevención más exigentes.
A pequeña escala, los ayuntamientos también juegan un papel crucial para que los vecinos lo tengan fácil. En lugares como el municipio canario de Pájara, se organizan campañas anuales que recorren centros culturales y deportivos para que nadie se quede sin vacunar a su perro o gato por falta de medios. Estas iniciativas no solo sirven para poner la inyección de turno, sino que son el momento ideal para que los dueños se conciencien sobre la identificación con microchip y la tenencia responsable de sus mejores amigos.
Ciencia y prevención para dormir tranquilos
Según la Organización Mundial de la Salud, si logramos que al menos el 70% de los perros estén bien vacunados, creamos una barrera de inmunidad colectiva que hace casi imposible que la rabia llegue a las personas. Por eso, la vacunación masiva es la estrategia más barata y efectiva que tenemos a mano. No se trata solo de proteger a nuestro perro o a nuestro gato, sino de ser solidarios con el resto de la sociedad para que este virus no encuentre ningún hueco por donde colarse.
A veces, por puro despiste o exceso de confianza, algunos propietarios piensan que, como su animal no sale mucho o vive en un entorno controlado, no hace falta pasar por el veterinario. Sin embargo, los casos vistos en otros lugares demuestran que de un animal infectado que ha entrado de forma irregular puede complicarnos la vida de forma dramática en cuestión de días si no hemos hecho los deberes a tiempo con la cartilla de vacunación.
Mantener a raya una enfermedad tan peligrosa como la rabia depende de que todos, desde las altas instituciones hasta el vecino que sale a pasear a su mascota, estemos a una. La coordinación entre administraciones para se presenta como el paso lógico para evitar sustos innecesarios, garantizando que el nivel de protección sea igual de fuerte en cada rincón de nuestra geografía y reforzando así la vigilancia ante cualquier entrada de animales que no cumplan con los requisitos sanitarios exigidos por la Unión Europea.

