Holanda ha sido el primer país en declararse libre de perros abandonados. En sus calles ya no hay perros sin casa, porque todos tienen hogar. Esto está a muchos años luz de lo que sucede en otros países, en los que las leyes son tan suaves con el maltrato animal y la población está tan poco concienciada que los perros siguen siendo abandonados y maltratados a diario.
Este país es todo un ejemplo de civilización y respeto hacia los animales, y debería ser tomado como referencia a la hora de rehacer las leyes del maltrato animal, ya que allí hay multas de más de 16.000 euros y penas de hasta tres años de cárcel para quien maltrate o abandone a un animal. La población ha sido concienciada con el respeto hacia los animales desde hace décadas y por eso han llegado a ser el primer país en el que ya no hay perros abandonados en las calles.
Cómo pasó Holanda de tener muchos perros callejeros a no tener ninguno

En Holanda las leyes contra el maltrato se remontan a épocas muy tempranas, mucho anteriores a las de la mayoría de países. No siempre fue un lugar sin perros callejeros: durante parte de su historia llegó a tener una de las mayores poblaciones de perros en la vía pública de Europa, lo que provocó graves problemas de salud pública, como brotes de rabia y otras enfermedades asociadas a la falta de control sanitario.
El miedo a enfermedades contagiosas llevó a muchas personas a abandonar a sus mascotas, y se hizo habitual deshacerse de los perros que no eran de raza o que ya no se consideraban útiles. Al ser legal dejarlos en la calle, la población de perros callejeros aumentó sin control. Esta situación hizo evidente la necesidad de cambiar por completo la forma de relacionarse con los animales.
A partir de ahí se produjo un profundo cambio de mentalidad y de políticas públicas. Se comenzaron a elaborar leyes de protección animal, se limitaron las situaciones en las que se podía abandonar a un perro y se empezó a considerar el bienestar animal como una prioridad social. Todo este proceso culminó en un modelo ejemplar de gestión de la población canina que hoy se estudia en otros países.
Un marco legal muy estricto contra el abandono y el maltrato

Holanda es un lugar en el que los animales son respetados, y se les considera a día de hoy un miembro más de las familias, un ser vivo que merece todo el respeto y el cariño que podamos darle. Esta visión se refleja en un marco legal muy exigente. El abandono y el maltrato animal se consideran delitos penales, no simples infracciones administrativas.
Las leyes de protección animal en Países Bajos incluyen penas de prisión de hasta tres años y sanciones económicas que pueden superar los 16.000 euros para quienes maltraten o abandonen a un perro. Estas cifras tan elevadas tienen un claro efecto disuasorio: antes de adquirir un animal, la gente es mucho más consciente de la responsabilidad legal y ética que asume.
Además, el Gobierno ha creado un cuerpo especial de policía para animales, conocidos como “Animal Cops”, compuesto por cientos de agentes formados específicamente para actuar en casos de maltrato, negligencia o abandono. Su función es responder a denuncias ciudadanas, inspeccionar situaciones de riesgo y coordinarse con protectoras y veterinarios para garantizar el bienestar de los animales.
Trabajo conjunto de gobierno, protectoras y ciudadanía

En este país se ha realizado un trabajo conjunto a lo largo de los años. Hay muchas asociaciones dedicadas al cuidado de los animales, a buscarles casa y recogerlos de la calle. Organizaciones como las agencias de protección animal y diferentes plataformas y partidos centrados en los derechos de los animales han impulsado campañas, estudios e informes para mejorar de forma continua las políticas públicas.
Pero también la población se ha concienciado generación tras generación de que el respeto a los demás seres vivos es algo fundamental. Desde la escuela se enseña que los animales sienten y padecen, y que tener un perro implica obligaciones: alimentación adecuada, atención veterinaria, ejercicio, compañía y una correcta socialización.
Uno de los pilares del éxito neerlandés ha sido apostar por la esterilización masiva y subvencionada. El gobierno asumió los costes de castración, organizando campañas gratuitas tanto para familias como para refugios y perreras. De este modo se minimizó el nacimiento de camadas no deseadas, rompiendo la cadena que en muchos países lleva a la sobrepoblación y, finalmente, al abandono.
Al esterilizar a sus perros y controlar las camadas no hay esa superpoblación de perros que en la mayoría de países termina en las calles. Este control demográfico, unido a la identificación obligatoria y a la rápida actuación de las protectoras de animales y las autoridades en casos de abandono, ha sido clave para que los refugios dejen de estar desbordados y el número de perros sin hogar sea residual.
Otra medida decisiva ha sido desincentivar la compra impulsiva de perros de raza mediante impuestos más altos sobre estas transacciones. Con ello se ha reducido el negocio de compra-venta de animales y se ha favorecido que quienes realmente desean compartir su vida con un perro opten por la adopción responsable, valorando más el vínculo y el compromiso que el pedigrí.
Este modelo multifactorial —educación, leyes firmes, castración subvencionada, control de la cría, impuestos a la compra de raza, adopción prioritaria y una policía especializada— explica que hoy Holanda pueda ser vista como un ejemplo pionero de bienestar animal y demuestra que, con voluntad política y participación ciudadana, es posible erradicar el abandono de perros en las calles.
