La diversidad de los perros modernos nació en la prehistoria

  • Un análisis 3D de 643 cráneos de cánidos, a lo largo de 50.000 años, revela una diversidad temprana.
  • Ya en el Holoceno temprano, hace ~11.000 años, los perros mostraban cerca de la mitad del rango morfológico actual.
  • Factores humanos, ambientales y dietéticos impulsaron la variación; participación clave de equipos de Europa y España.
  • Los supuestos "protoperros" del Pleistoceno tardío no encajan morfológicamente, lo que complica fijar el inicio de la domesticación.

Diversidad de los perros modernos

Lejos de ser una moda reciente, la amplia variedad de formas y tamaños en los perros actuales hunde sus raíces en la prehistoria. Un consorcio internacional ha reconstruido, con técnicas punteras, cómo cambió la morfología canina desde sus primeras etapas hasta hoy.

El trabajo, publicado en Science y liderado por equipos del CNRS y la Universidad de Exeter, muestra que los primeros perros del Holoceno ya evidenciaban una diversidad notable, mucho antes de la cría intensiva de los últimos siglos. La investigación integra datos de Europa, con especial atención a restos de la península ibérica aportados por la UAB.

Qué revela el nuevo análisis 3D

Para sortear la escasez de fósiles bien conservados y distinguir perros tempranos de lobos, el equipo aplicó morfometría geométrica 3D a 643 cráneos de cánidos antiguos y modernos, abarcando unos 50.000 años. Esta aproximación permitió detectar diferencias sutiles de forma que las medidas tradicionales pasan por alto.

Mediante escaneo láser y fotogrametría se levantaron modelos digitales precisos, comparando rasgos craneales de perros arqueológicos, razas actuales y sus parientes silvestres. Con ello se identificaron especímenes cuya morfología se situaba fuera del rango conocido de los lobos, un indicio sólido de domesticación temprana.

El enfoque, además de finamente cuantitativo, es reproducible, lo que aporta una base objetiva para rastrear la evolución de los perros a través del tiempo y el espacio.

Cuándo arrancó la diversidad canina

Los datos apuntan a que los rasgos que separan a los perros de sus ancestros lobos aparecen en el Holoceno temprano. Un cráneo hallado en Rusia, con unos 10.800–11.000 años, se sitúa entre los primeros con morfologías inequívocamente domésticas.

Desde esos momentos iniciales, los perros ya mostraban aproximadamente la mitad de la diversidad craneal que vemos hoy, y el doble de la observada en lobos del Pleistoceno. Es decir, la variación significativa no esperó a la selección moderna.

El registro documenta hitos temporales: la reducción del tamaño del cráneo se aprecia entre 9.700 y 8.700 años atrás; el incremento de la variación en tamaño, hacia hace 7.700 años; y una mayor diversidad de formas, desde hace alrededor de 8.200 años.

Además del norte de Eurasia, se han reconocido perros tempranos en América (~8.500 años) y Asia (~7.500 años), lo que sugiere una expansión y diversificación rápidas tras su surgimiento.

Funciones, entorno y dieta: el cóctel que moldeó a los perros

La variabilidad registrada encaja con una amplia gama de funciones desempeñadas en las primeras sociedades: caza cooperativa, guardia, transporte y pastoreo, entre otras. Cada tarea exigiría adaptaciones funcionales distintas, reflejadas en el cráneo.

A ello se suman factores ambientales y cambios en las fuentes de alimento, que habrían empujado las morfologías en direcciones diferentes. Este mosaico de presiones, junto con la influencia humana, explica la diversificación acelerada en plena prehistoria.

En el ámbito europeo, la Universidad de Exeter y el CNRS coordinaron un muestreo amplio, mientras que desde España la UAB aportó restos de yacimientos ibéricos y su contextualización arqueológica, reforzando el peso de Europa en este avance.

Europa, migraciones y una relación milenaria

La evolución de la diversidad canina también se entiende a la luz de los desplazamientos humanos en Eurasia. Estudios genómicos paralelos indican que los linajes de perros acompañaron a cazadores-recolectores, agricultores y pastores, encajando con perfiles regionales diferenciados que se expandieron con las migraciones.

Este vínculo histórico, documentado en Siberia, Asia oriental y la estepa euroasiática, sugiere que la integración de los perros en distintos contextos culturales potenció la variación morfológica desde etapas tempranas.

Lo que aún no vemos en el registro

Pese al salto cualitativo del análisis 3D, identificar las primeras fases de domesticación sigue siendo complicado. Varios proto-perros del Pleistoceno tardío propuestos como proto-perros no muestran, en realidad, formas compatibles con una domesticación incipiente.

Esta ausencia sugiere que los pasos iniciales del proceso permanecen ocultos en el registro, ya sea por la escasez de materiales o por la dificultad de distinguir morfologías muy próximas a las de los lobos.

Implicaciones para la cría y la conservación

Que la diversidad tenga raíces profundas invita a priorizar la salud poblacional y la variabilidad frente a estándares de raza extremos. En paralelo, comprender el rango natural de variación temprana aporta contexto para la conservación de los lobos, cuyas poblaciones han sufrido presiones humanas prolongadas.

La fotografía que emerge es la de un proceso gradual y complejo, en el que naturaleza y cultura tiran del mismo carro: una coevolución sostenida que cimentó la diversidad de los perros mucho antes de los criadores modernos.

Todo apunta a que la gran variedad morfológica de los perros modernos se gestó milénios atrás, con Europa —y también España— aportando piezas clave para reconstruir esta historia. Lejos de un fenómeno reciente, la diversidad canina se forjó entre interacciones humanas, cambios ambientales y funciones compartidas que, paso a paso, dieron forma a nuestros compañeros más antiguos.

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