La seguridad ciudadana se ha visto de nuevo en el punto de mira tras una serie de incidentes graves que han vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la tenencia de animales potencialmente peligrosos. En el entorno europeo, la preocupación no es para menos, ya que la convivencia en espacios públicos exige un cumplimiento riguroso de las normativas que a menudo parecen quedarse en papel mojado. La alarma social crece cada vez que trasciende una noticia donde la falta de previsión y el incumplimiento de las leyes básicas terminan en tragedia, dejando a familias destrozadas y a la opinión pública exigiendo soluciones inmediatas.
No es la primera vez que escuchamos historias que ponen los pelos de punta y que tienen como protagonistas a perros peligrosos que, por su potencia fÃsica, requieren un control exhaustivo que no siempre se da. A veces parece que hasta que no ocurre una desgracia de magnitudes considerables, las autoridades y los propios dueños no terminan de ponerse las pilas con la seguridad y el uso de elementos tan básicos como el bozal o la correa corta. Esta dejadez ha provocado que en los últimos tiempos se hayan dictado sentencias judiciales de gran calado que buscan no solo castigar, sino también concienciar sobre lo que supone tener a cargo a un ser vivo de estas caracterÃsticas.
La tragedia de Elisa Pilarski: una sentencia que marca un antes y un después
Uno de los casos más estremecedores vividos en suelo europeo ha sido el de Elisa Pilarski, una joven que perdió la vida en un bosque francés mientras paseaba. Lo que en principio se intentó desviar hacia un ataque fortuito de perros de caza, terminó demostrándose que fue obra de Curtis, el pitbull de su propia pareja. La justicia ha sido clara y ha condenado a Christophe Ellul a cuatro años de prisión, demostrando que la responsabilidad legal del propietario es ineludible cuando se producen mordeduras con desenlace fatal. El tribunal no ha tenido dudas tras las pruebas de ADN que confirmaron que el animal fue el único responsable de las múltiples heridas que causaron el fallecimiento.
Este caso ha levantado un gran revuelo porque se descubrió que el animal no solo estaba fuera de control, sino que habÃa sido introducido en el paÃs de forma totalmente irregular. La importación ilegal desde otros territorios, saltándose a la torera las prohibiciones vigentes sobre ciertas razas, es un problema que preocupa seriamente a las administraciones. Además, durante el juicio se hizo hincapié en que el animal habÃa sido entrenado para morder, lo cual convierte al perro en un arma en manos de alguien que no sabe medir las consecuencias de sus actos.
A pesar de que algunas asociaciones intentaron mediar para evitar el sacrificio del can, la justicia ha ordenado que se cumpla la medida más drástica para garantizar que no vuelva a ocurrir algo similar. El perro, que ha pasado años recluido tras el incidente, mostró comportamientos agresivos incluso con sus cuidadores en el centro de estancia, lo que refuerza la idea de que el adiestramiento irresponsable puede anular cualquier posibilidad de convivencia segura. Este veredicto envÃa un mensaje nÃtido a todos los propietarios: la ley no va a mirar hacia otro lado cuando se trata de proteger la integridad de las personas.
El vacÃo en el control de las normativas de seguridad ciudadana

Más allá de los casos judiciales más mediáticos, el dÃa a dÃa en muchas ciudades refleja una falta de vigilancia que asusta. Es habitual ver a perros de gran envergadura paseando por parques o zonas residenciales sin el bozal reglamentario, a pesar de que la normativa es bastante estricta al respecto. Esta sensación de impunidad hace que muchos ciudadanos se sientan inseguros al salir a la calle, especialmente cuando se trata de ancianos o niños pequeños que no tienen capacidad de reacción ante una embestida inesperada. La administración local tiene aquà un reto mayúsculo para que las ordenanzas dejen de ser simples recomendaciones y se conviertan en leyes que se apliquen a rajatabla.
En varios puntos del continente, se está pidiendo a gritos que se cree un registro mucho más detallado y que las licencias para poseer estos animales sean más difÃciles de obtener. No se trata de criminalizar a una raza en concreto, sino de entender que la tenencia responsable no es algo opcional. Si un propietario decide liarse la manta a la cabeza y tener un perro con estas capacidades, debe ser plenamente consciente de que cualquier descuido puede derivar en una sanción administrativa o, lo que es peor, en un proceso penal por homicidio involuntario si la cosa pasa a mayores.
Los expertos en comportamiento animal coinciden en que la educación es fundamental, pero que no se puede obviar la potencia de mordida y el instinto de ciertos ejemplares. Por ello, se insiste en que las autoridades deben realizar inspecciones aleatorias en la vÃa pública para verificar que los animales cuentan con su microchip y registro obligatorio, sus vacunas en regla y, por supuesto, que van debidamente controlados. La prevención es la única vÃa para evitar que las noticias de sucesos se llenen de ataques que podrÃan haberse evitado con un poco de sentido común y respeto por la convivencia.
La problemática de los ataques de perros de gran potencia fÃsica es una realidad que requiere una respuesta coordinada entre la justicia, los legisladores y los propios dueños de los animales. Mientras sigan existiendo casos de importación ilegal o entrenamientos que fomenten la agresividad, el riesgo seguirá presente en nuestras calles. Es fundamental que la sociedad civil tome conciencia de que la seguridad es un compromiso compartido y que el respeto por las normas de control animal es la mejor herramienta para evitar tragedias irreparables que marcan de por vida tanto a vÃctimas como a responsables.
