Probablemente hayamos observado que los perros se decantan por distintas zonas a la hora de orinar durante el paseo. Unas de las más comunes son las ruedas de los coches o motos, que por alguna razón resultan especialmente llamativas para ellos. Este hecho no tiene nada que ver con la forma, color o material con el que están fabricados los neumáticos, sino con el privilegiado olfato canino.
Como sabemos, los perros olfatean previamente los espacios sobre los que van a orinar, algo instintivo que tiene su explicación con su naturaleza jerárquica. Así, suelen «marcar» su territorio a través de su orina, desahogándose en aquellas zonas donde ya lo han hecho otros canes o donde perciben ciertos olores.
¿Qué hace tan especiales a las ruedas?

De ahí que las ruedas de los vehículos sean una de sus partes preferidas para ello, puesto que gracias a su forma y movimiento absorben un sinfín de aromas. Circulan por diferentes superficies y zonas (asfalto, tierra, arena, etc.), por lo que se impregnan de todo tipo de olores.
Esto llama especialmente la atención de los perros, que cuantas más fragancias perciban, más deseo sienten de dejar su huella. Además, si otros perros han actuado de igual forma anteriormente, se crea una especie de ciclo en el que cada uno de ellos quiere dejar señas de su presencia.
Además, a muchos perros les atraen los objetos verticales (postes, esquinas, llantas) porque permiten dejar la orina a la altura del hocico de otros perros, facilitando la comunicación química. La marca contiene información sobre sexo, estado reproductivo y estrés, por lo que resulta un “tablón de anuncios olfativo” irresistible.
La altura también comunica tamaño y estatus: algunos machos elevan más la pata para que el chorro quede más alto. Los perros medianos y pequeños encuentran el neumático especialmente cómodo, mientras que los más grandes pueden preferir troncos o muros por simple ergonomía.
Otras teorías que ayudan a explicarlo
Se ha propuesto que los perros interpretan el coche como un vehículo difusor de olores. Al desplazarse por distintos lugares, el automóvil “transporta” aromas; al marcar la rueda, el perro intentaría que su olor viaje con él. Es una hipótesis interesante, aunque difícil de demostrar.
También circula una teoría bioquímica: el caucho caliente liberaría compuestos volátiles que podrían estimular áreas cerebrales relacionadas con la micción. Esta explicación no está plenamente verificada, pero recuerda un hecho clave: el olfato canino discrimina una enorme variedad de moléculas, y una rueda concentra “mil olores” capaces de disparar el marcaje.
¿Puede dañar el coche la orina?

- Rines y acabados: la orina contiene sales y urea que, si no se limpian, pueden favorecer manchas o ligera corrosión en cromados o pinturas delicadas.
- Válvula y sensores (TPMS): la exposición reiterada puede afectar componentes metálicos y juntas si no se higienizan.
- Caucho del neumático: el desgaste es raro, pero la suciedad y el mal olor persistente son habituales si no se lava.
Cómo reducir o evitar que orinen en las ruedas

Es prácticamente imposible evitar que los canes orinen en las ruedas de nuestro coche, algo que también es común entre los gatos. No obstante, podemos llevar a cabo algunos trucos para reducir las probabilidades. Por ejemplo, impregnar los neumáticos con zumo de limón, ya que este aroma resulta muy desagradable para estos animales. También podemos pulverizar vinagre, ya que causa el mismo efecto. Además, se recomienda lavar las ruedas frecuentemente para eliminar residuos y olores.
Para reforzar la disuasión, muchos propietarios usan un repelente casero con 300–350 ml de agua, una taza de zumo de limón y 100 ml de alcohol de 96º. Rociar sobre la goma limpia y reaplicar tras lluvias o lavados. Algunas recetas incluyen amoniaco, pero es preferible optar por cítricos y alcohol por seguridad y olor; nunca mezclar con lejía.
Otra opción son los repelentes comerciales que combinan captadores de olor y sustancias ahuyentadoras. Su eficacia varía según el perro y el nivel de entrenamiento, por lo que conviene probar y consultar al veterinario si hay dudas.
El truco de las botellas con agua junto a cada rueda puede funcionar en algunos casos, pero resulta poco práctico (hay que ponerlas y retirarlas cada vez) y su efectividad no es consistente.
Si el perro es nuestro, la clave es el adiestramiento con refuerzo positivo: redirigirlo a zonas permitidas (tierra, césped), premiar cuando orine allí y usar un “no” firme para interrumpir la intención junto a un coche, guiándolo de inmediato al lugar adecuado. La limpieza frecuente de las ruedas reduce el rastro que incita a otros a marcar.
Por otro lado, como dueños de mascotas debemos adquirir ciertas responsabilidades, y entre ellas está la de procurar que no ensucien los vehículos de los demás.
Comprender que el marcaje en ruedas responde a biología y comunicación ayuda a gestionarlo con empatía: combina higiene, disuasión segura y educación para minimizar incidentes sin perjudicar a los animales ni al entorno.
