Muere Lazare, el perro más longevo del mundo, a los 30 años

  • Lazare, perro francés de raza papillón/spaniel toy, ha fallecido con 30 años y cinco meses en Villy-le-Pelloux, en el sureste de Francia.
  • Su edad fue verificada en registros oficiales franceses y la protectora tramitó su candidatura al récord Guinness como perro más viejo del mundo.
  • Fue adoptado por Ophélie Boudol apenas un mes antes de su muerte, tras el fallecimiento de su anterior dueña, que lo cuidó casi toda su vida.
  • Pese a ser ciego, sordo y usar pañales, mantenía un carácter cariñoso y vivaz, convirtiéndose en un símbolo de longevidad canina.

Perro muy longevo considerado el más viejo del mundo

La historia de Lazare, un pequeño perro francés de raza papillón o spaniel toy, ha conmovido a amantes de los animales en Europa y en todo el mundo. El can, que alcanzó la extraordinaria edad de 30 años y cinco meses, ha muerto en el sureste de Francia después de una vida tan larga como poco habitual para un perro.

Su caso ha suscitado especial interés porque podría haber superado todos los registros oficiales de longevidad canina, situándose por encima de otros perros célebres. Sin embargo, su posible título como perro más viejo del mundo quedó pendiente de validación por parte del Guinness World Records antes de su fallecimiento.

Un perro francés con una vida excepcionalmente larga

Lazare era un papillón francés, también descrito como spaniel toy continental, fácilmente reconocible por sus orejas erguidas en forma de mariposa. Según la trabajadora del refugio Anne-Sophie Moyon, el perro nació el 4 de diciembre de 1995, una fecha que fue confirmada en varias bases de datos oficiales francesas.

A lo largo de casi toda su vida, vivió con la misma dueña en Francia, quien se ocupó de él hasta que falleció. Tras la muerte de esta primera propietaria, el pequeño perro fue encontrado junto a su cuerpo y trasladado a la protectora de animales SPA Annecy Marlioz, en la región de Alta Saboya, cerca de Annecy.

En el momento de su llegada al refugio, los voluntarios se sorprendieron al conocer su edad. Cuando Moyon y su equipo descubrieron que el perro había nacido en 1995, pensaron de inmediato que podría tratarse del perro más viejo del mundo, por lo que comenzaron a revisar su documentación con detenimiento.

Para comprobarlo, la protectora verificó la información a través del microchip, el tatuaje identificativo y el Livre des Origines Français (LOF), el registro genealógico oficial de perros de raza en Francia gestionado por la Société Centrale Canine. Tras este proceso, concluyeron que no había dudas: Lazare tenía realmente 30 años.

Perro mayor descansando en su hogar

La adopción inesperada que cambió sus últimas semanas

Tras su llegada a la protectora, la vida de Lazare dio un giro inesperado. Ophélie Boudol, una madre soltera de 29 años residente en Villy-le-Pelloux, acudió al refugio con la idea de encontrar una mascota para su madre. Sin embargo, al conocer al veterano perro, sus planes cambiaron por completo.

Los responsables del centro le contaron la historia del animal y le explicaron que su edad real superaba la de la propia Ophélie. Aun así, la joven sintió una conexión inmediata con él, especialmente por su aspecto entrañable y su peculiar lengua siempre asomando fuera de la boca, consecuencia de un síndrome de protrusión lingual típico en algunos perros de cara corta.

Después de pasar un rato sentada a su lado en el refugio, Ophélie decidió adoptarlo y llevárselo a casa el 18 de abril, apenas unos días después de que sus caminos se cruzaran por primera vez. En su vivienda de Villy-le-Pelloux, donde ya convivía con dos gatos, Lazare se integró rápidamente.

La nueva dueña explicó que, al principio, no era plenamente consciente de lo extraordinaria que era la edad del perro. A medida que fue recibiendo más detalles de la protectora y revisando los papeles, se dio cuenta de que estaba acogiendo en casa a un auténtico veterano del reino animal.

Durante esas semanas de convivencia, Lazare siguió mostrando curiosidad por lo que ocurría a su alrededor. A pesar de sus muchos años, continuaba moviéndose por la casa, seguía a Ophélie por las habitaciones y disfrutaba de pequeños paseos, aunque cada vez más cortos y tranquilos.

Un final de vida lleno de cuidados y cariño

Aunque su edad era excepcional, el estado de salud de Lazare reflejaba claramente el paso del tiempo. Con 30 años y cinco meses, era sordo, prácticamente ciego y necesitaba usar pañales. Dormía buena parte del día y sufría problemas como artrosis y la mencionada protrusión de la lengua.

Su dueña ha relatado que intentó ofrecerle una vejez lo más digna y cómoda posible. Poco antes de su muerte, le compró una nueva cama con manta, así como un jersey y un abrigo para protegerlo del frío y la humedad, pequeños gestos que buscaban mejorar su bienestar en los últimos días.

El empeoramiento de Lazare se produjo de forma progresiva pero se aceleró en sus últimas horas. Según contó Ophélie a medios franceses y a la agencia AFP, el perro comenzó a apagarse la noche del 14 de mayo, mientras ella lo sostenía en brazos. Finalmente, falleció en la noche del 14 al 15 de mayo, en sus brazos y sin necesidad de ser dormido, algo que su dueña destacó como un alivio dentro del dolor.

En sus declaraciones, la joven insiste en que el perro murió de manera natural, sin sufrir. Para ella, lo esencial era que no pasara sus últimos días solo en un refugio, sino acompañado, querido y en un entorno de hogar, por muy breve que fuera ese último capítulo de su vida.

Pese a sus limitaciones físicas, quienes lo conocieron destacan que conservaba un carácter sorprendentemente vivaz y cariñoso. Anne-Sophie Moyon y su equipo lo describen como un perro entrañable, mientras que Ophélie lo recuerda como un «pequeño abuelo» extremadamente dulce, siempre dispuesto a recibir caricias.

El impacto emocional y el adiós en redes sociales

La noticia de su fallecimiento se dio a conocer a través de las redes sociales que la familia había abierto para compartir el día a día de Lazare. Su cuenta en Instagram, muy seguida en Francia, se utilizó para publicar un mensaje de despedida que ha tenido gran repercusión.

En ese texto, redactado en primera persona como si hablara el propio perro, Ophélie relató cómo Lazare «decidió emprender el vuelo» en sus brazos la noche del 14 de mayo, para reunirse con su antigua dueña, que lo había cuidado durante casi toda su vida. La publicación estaba cargada de ternura y agradecimiento por el corto tiempo compartido.

La familia explicaba que, a pesar de que solo convivieron con él alrededor de un mes, Lazare transformó su vida cotidiana. Lo describen como el «bebé abuelo» de la casa, un perro que reclamaba afecto, buscaba mimos y mantenía una personalidad curiosa y afectuosa incluso con una edad tan avanzada.

En los mensajes de despedida, la nueva dueña aseguraba que habían intentado darle el final de vida que todo animal merece: un entorno tranquilo, presencia constante, cariño y respeto. También señalaba el vacío que dejaba su marcha y la dureza de regresar a casa sin él después de su fallecimiento.

Las publications generaron numerosas reacciones de usuarios, muchos de ellos sorprendidos por la extraordinaria longevidad del perro y otros compartiendo historias propias de animales mayores adoptados en sus últimos años. La figura de Lazare se convirtió así en un símbolo de la importancia de la adopción de animales senior.

¿El perro más viejo del mundo? El papel de Guinness World Records

La edad de Lazare no solo despertó emoción, sino también un debate sobre los récords de longevidad canina. Los responsables de la protectora francesa, al comprobar sus datos, decidieron iniciar el proceso para solicitar a Guinness World Records el reconocimiento oficial como perro más viejo del mundo.

Según explicó Anne-Sophie Moyon, el refugio rellenó los formularios y reunió la documentación necesaria, en parte como una especie de broma interna, pero también convencidos de que los registros oficiales respaldaban la inusual edad del animal. Los documentos incluían su pedigrí, los datos del LOF y los registros veterinarios.

Mientras tanto, la agencia AFP se puso en contacto con los responsables de Guinness World Records para aclarar si el caso de Lazare había sido recibido y si existía la posibilidad de que hubiera sido proclamado oficialmente como el perro más viejo del mundo antes de su muerte.

Desde la organización, sin embargo, se indicó que no constaba la recepción de un expediente completo sobre Lazare antes de su fallecimiento. Afirmaron no haber recibido formularios de registro ni pruebas asociadas suficientemente consolidadas en el momento de su muerte, por lo que no podían confirmar el título.

En ausencia de ese reconocimiento, el récord oficial de perro más longevo sigue en manos de Bluey, un boyero australiano (blue heeler) que vivió 29 años y cinco meses entre 1910 y 1939, una marca ampliamente citada en las listas de Guinness World Records.

Lazare, Bobi y el debate sobre la longevidad canina

El caso de Lazare llega después de otro episodio polémico relacionado con la longevidad en perros. Bobi, un Rafeiro do Alentejo portugués, fue anunciado en 2023 como el perro más viejo del mundo tras morir supuestamente a los 31 años, según comunicó en su momento el propio Guinness World Records.

Posteriormente, la organización revisó la documentación presentada en el caso de Bobi y, tras una investigación más exhaustiva, concluyó en 2024 que no existían pruebas lo bastante sólidas y concluyentes para corroborar su edad. Como consecuencia, se le retiró la certificación y la marca volvió oficialmente a Bluey.

En este contexto, el expediente de Lazare se encontraba todavía en una especie de limbo administrativo. Su avanzada edad parecía estar mejor respaldada por registros oficiales franceses, pero el proceso de revisión de Guinness no llegó a completarse antes de su fallecimiento ni se hizo público un veredicto firme.

El debate sobre qué perro ha sido realmente el más viejo del mundo pone de relieve la importancia de los sistemas de identificación y registro, como el microchip, el pedigrí y las bases de datos nacionales. En países europeos como Francia o España, estos instrumentos resultan clave para seguir la pista a los animales durante toda su vida.

Más allá de la cifra concreta, la historia de Lazare ha servido para abrir una conversación sobre la calidad de vida de los perros ancianos, la atención veterinaria en edades avanzadas y la responsabilidad de las familias a la hora de acompañar a los animales durante su vejez.

Un símbolo para la adopción de animales mayores en Europa

En muchos refugios europeos, los perros senior suelen tener menos probabilidades de ser adoptados que los cachorros o los animales jóvenes. La historia de Lazare, sin embargo, muestra el impacto que puede tener la decisión de acoger a un perro en el tramo final de su vida.

El gesto de Ophélie Boudol ha sido especialmente valorado por protectoras y asociaciones de bienestar animal, que ven en su caso un ejemplo de cómo una adopción tardía puede marcar la diferencia. Aunque solo compartieron un mes de convivencia, ese tiempo fue suficiente para que el perro muriera rodeado de atención y afecto.

Para quienes trabajan en refugios de Francia, España y otros países europeos, la historia de este papillón francés ayuda a visibilizar la realidad de muchos animales mayores que llegan a las protectoras tras la muerte o enfermedad de sus dueños. Son perros que, a menudo, requieren más cuidados, pero que también pueden ofrecer una compañía muy especial.

Las organizaciones de protección animal señalan que dar una oportunidad a un perro anciano no es solo un acto solidario, sino también una experiencia profundamente gratificante. Suelen ser animales tranquilos, muy apegados a las personas y con una capacidad notable para adaptarse a los nuevos hogares cuando se les brinda paciencia y cariño.

El caso de Lazare, difundido ampliamente por medios europeos y agencias internacionales, ha reforzado este mensaje. Su figura se ha convertido en un símbolo de resiliencia y de la importancia de acompañar a los animales hasta el final, sin dejarlos atrás cuando más apoyo necesitan.

Aunque nunca llegue a figurar de forma oficial en los libros de récords, la vida de este pequeño perro francés y su sorprendente longevidad han dejado huella tanto en su familia adoptiva como en quienes han seguido su historia. Su despedida recuerda que, detrás de cada cifra llamativa, hay una relación de afecto y cuidados que define realmente el valor de esos años compartidos con un animal.

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