Un perro de Estados Unidos se ha convertido en protagonista internacional tras lograr el récord mundial Guinness por tener la lengua canina más larga entre los perros vivos. Su aspecto resulta tan llamativo que allá donde va despierta miradas curiosas y más de una sonrisa.
Este singular canino se llama Ozzy y vive con la familia Pick en Oklahoma. Con solo cuatro años y un carácter afable, ha pasado de ser el perro de la casa a convertirse en noticia global gracias a una característica física tan sorprendente como inofensiva: una lengua descomunal.
El nuevo récord Guinness: una lengua de casi 20 centímetros
Ozzy es un mestizo de mastín francés y bullmastiff, un cruce de razas grandes que ya de por sí llama la atención por su tamaño. Sin embargo, lo que realmente le ha colocado en el libro Guinness no es su porte, sino la longitud de su lengua.
Según los datos difundidos por Guinness World Records, la lengua de Ozzy mide exactamente 19,8 centímetros, o lo que es lo mismo, 7,83 pulgadas. La medición se realizó siguiendo el protocolo oficial, tomando la distancia desde la punta del hocico hasta el extremo de la lengua.
Con esta marca, el perro de Oklahoma ha logrado superar con holgura al anterior poseedor del récord, Rocky, un bóxer macho procedente de Illinois. Rocky había establecido el mejor registro previo con una lengua de 12,7 centímetros (5,46 pulgadas), una cifra que ahora queda claramente por detrás de la de Ozzy.
La organización Guinness World Records difundió el logro a través de un comunicado de prensa y un vídeo en redes sociales, donde se puede ver a Ozzy luciendo su larguísima lengua y conviviendo de forma totalmente normal con su familia.
El descubrimiento del récord durante una visita rutinaria
Curiosamente, el récord no se buscó de forma deliberada desde el principio. La dueña de Ozzy, Angela Pick, explicó que todo se desencadenó durante un simple corte de uñas. En una de las visitas habituales al veterinario, el equipo aprovechó para medir la llamativa lengua del perro.
Durante esa consulta, los profesionales tomaron la medida desde la punta del hocico, siguiendo los criterios que se exigen para registrar un récord oficial de Guinness World Records. Fue entonces cuando se constató que aquella lengua que siempre sobresalía resultaba mucho más larga de lo normal.
Angela reconoce que, desde que era cachorro, Ozzy ha mostrado la lengua constantemente fuera de la boca. Para la familia era casi una seña de identidad, pero no imaginaban que pudiera alcanzar dimensiones de récord mundial.
Una vez verificado el dato y completado el proceso con Guinness, llegó la confirmación: su perro se convertía en el can vivo con la lengua más larga del planeta, un título que en casa han recibido con una mezcla de sorpresa, orgullo y cierto humor.
Una lengua «anormalmente, extrañamente larga» pero sin problemas de salud
La propia Angela Pick define la lengua de su perro como “anormalmente, extrañamente larga”. Sin embargo, subraya que, pese a su aspecto, no provoca complicaciones médicas ni limita la rutina diaria de Ozzy.
La familia ha llevado al perro en varias ocasiones al veterinario para revisar su estado y descartar cualquier trastorno asociado. Los profesionales han confirmado que no presenta problemas dentales ni afecciones relacionadas con la lengua, por lo que se trata simplemente de un rasgo físico muy poco habitual.
Resulta llamativo que, a pesar de tener una lengua tan prominente, apenas la utiliza para lamer. Su dueña comenta que no es un perro especialmente “besucón”: no suele repartir lametones, sino que prefiere acercarse a la cara, frotar la nariz y buscar el contacto de una forma más suave.
Este comportamiento contrasta con lo que cabría esperar de un perro con semejante lengua, pero confirma que el récord se limita al tamaño y no implica una conducta fuera de lo común. Más allá de la apariencia, Ozzy lleva una vida normal, con sus paseos, sus ratos de juego y sus rutinas familiares.
Carácter familiar, dieta especial y vida cotidiana de un perro de récord
Más allá de la anécdota del récord, quienes conviven con él destacan sobre todo el carácter afable y sociable de Ozzy. La familia Pick cuenta que lo eligieron de la camada precisamente por su personalidad: ya de pequeño se intuía que sería un perro tranquilo, cariñoso y bien adaptado a la vida en casa.
Una de las actividades favoritas de este mastín es salir en coche con su familia. No le gusta quedarse fuera de los planes y a menudo insiste en acompañarles en sus desplazamientos, manteniéndose muy pegado a la rutina diaria de sus humanos.
Por su tamaño y nivel de energía, Ozzy necesita una alimentación abundante y bien ajustada a sus necesidades. Según ha detallado la familia, consume aproximadamente medio recipiente de pienso cada día, optando por un alimento formulado para perros con alta actividad física.
Este tipo de comida, además de ayudarle a mantener un peso saludable y suficiente masa corporal, resulta más blanda y fácil de gestionar con una lengua tan larga. Así, puede alimentarse sin dificultad pese a esa peculiaridad anatómica que le ha dado fama.
Con todo, en el día a día se comporta como un perro más: disfruta del tiempo en familia, busca mimos, convive con normalidad en casa y solo recuerda que es “especial” cuando alguien repara en la impactante longitud de su lengua y decide sacar el móvil para hacer una foto.
Reacciones y curiosidad en torno a un récord muy llamativo
Desde que se hizo público el reconocimiento de Guinness, la repercusión en redes sociales ha sido notable. El vídeo difundido por la organización, donde aparece Ozzy junto a la familia Pick, ha acumulado numerosas visualizaciones y comentarios sorprendidos por el tamaño de su lengua.
Angela asegura que cada vez que salen a la calle o reciben visitas, se convierte en tema de conversación. Quienes le conocen por primera vez reaccionan con asombro, pero casi siempre con una sonrisa, y muchos se interesan por cómo es vivir con un perro tan singular.
Para la familia, el título de Guinness es sobre todo una anécdota que comparten con humor. Reconocen que están encantados y muy ilusionados con el reconocimiento, pero insisten en que, para ellos, Ozzy sigue siendo el mismo perro de siempre: un compañero leal al que quieren por su carácter más que por su récord.
La dueña ha llegado a comentar que le hace feliz comprobar que “todo el mundo quiere a mi perro” cuando descubren su historia. Ese cariño que despierta, unido a la atención mediática, ha convertido a Ozzy en una figura curiosa dentro del universo de los récords caninos, demostrando que una peculiaridad física puede, de vez en cuando, robarse todos los focos.
Con su mezcla de ternura y extravagancia, la historia de este mastín de Oklahoma resume bien hasta qué punto los perros pueden sorprender: una simple lengua, desproporcionada y siempre al aire, ha sido suficiente para pasar de la rutina doméstica al libro Guinness, sin que su protagonista pierda un ápice de su vida tranquila y familiar.