A veces los perros adquieren hábitos que no comprendemos. Uno de los más comunes es lamerse las patas constantemente, algo que si bien no tiene por qué reflejar un problema grave, sí puede deberse a ciertos factores que debemos tener en cuenta. Observar la frecuencia, la intensidad y si se centra en una sola pata o en varias nos ayudará a distinguir cuándo es un gesto normal de higiene y cuándo estamos ante un posible problema médico o de comportamiento. Te contamos cuáles son los motivos más frecuentes que desencadenan este extraño comportamiento y qué puedes hacer en casa antes de acudir al veterinario.
¿Es normal que mi perro se lama las patas?
El lamido es un comportamiento natural en los perros. Lo utilizan para limpiarse, relajarse e incluso como forma de autoconsuelo. Puede considerarse normal si tu perro se lame las patas de forma puntual, por ejemplo después de pasear o cuando se ha ensuciado, y si no se observan enrojecimientos, heridas ni pérdida de pelo.
Sin embargo, hablamos de lamido excesivo cuando el perro se lame las patas durante largos ratos, lo hace muchas veces al día, interrumpe otras actividades para seguir lamiéndose o incluso llega a producirse heridas, costras o zonas sin pelo. En estos casos, el lamido deja de ser una conducta de higiene y pasa a ser un síntoma de que algo no va bien.
También debe ponernos en alerta que el perro se lama de forma insistente una sola pata, que aparezca cojera, inflamación, mal olor o supuración, o que el lamido no cese aunque intentemos distraerlo con juegos, comida o caricias. En estas situaciones es recomendable acudir al veterinario para encontrar la causa cuanto antes y evitar complicaciones como infecciones o dermatitis acral por lamido.
1. Alergia
Muchas alergias se manifiestan en el perro a través de picor e irritación en la piel de las patas, sobre todo en la zona interdigital (entre los dedos) y las almohadillas. El animal intenta calmar esa molestia lamiéndose y mordiéndose la zona constantemente, lo que a su vez empeora la inflamación y puede abrir la puerta a infecciones secundarias por bacterias u hongos.
Las alergias pueden ser alimentarias, ambientales (polen, ácaros, polvo, mohos, césped) o por contacto con determinadas superficies o productos químicos (detergentes, limpiadores del suelo, desinfectantes, etc.). En muchos perros alérgicos, además del lamido de patas, se observan otros signos como otoitis recurrentes, enrojecimiento en abdomen o ingles, o rascado en orejas y lomo.
Puede estar ocasionada por una gran variedad de motivos, desde picaduras de insectos hasta algún producto químico con el que haya tenido contacto el animal, pasando por algunos alimentos. Si vemos enrojecimiento, erupciones, descamación u otras irregularidades en la zona, debemos acudir cuanto antes a una clínica veterinaria. Allí pueden realizar citologías de la piel, pruebas de alergia o dietas de descarte para determinar el origen del problema y pautar el tratamiento adecuado (medicación, baños específicos, cambios de dieta, control ambiental, etc.).
2. Higiene
A veces los canes usan los lametazos como método de higiene diario. Caminan sobre tierra, barro, hierba, superficies calientes o suelos con restos de productos de limpieza, y es normal que intenten retirar la suciedad o pequeños restos de plantas, arena o comida pegados a las almohadillas.
Si notamos que nuestro perro se lame frecuentemente algunas zonas del cuerpo, deberemos comprobar si está sucio y darle un baño o limpiar sus patas con agua tibia para acabar con el problema. Es muy importante secar bien entre los dedos y las almohadillas, ya que la humedad mantenida favorece la aparición de hongos y dermatitis.
Incorporar una rutina de revisión rápida de las patas después de cada paseo ayuda a detectar a tiempo espigas, pequeñas heridas o irritaciones. Además, mantener una buena higiene en casa y utilizar productos de limpieza respetuosos con los animales reduce el riesgo de irritaciones por contacto que pueden desencadenar lamido excesivo.
3. Heridas o lesiones
En estos casos, los lametazos suelen venir acompañados por cojeo, dolor al apoyar la pata y apatía. A veces se trata de daños en las articulaciones, mientras que en otras ocasiones encontramos heridas, cortes, uñas rotas u objetos clavados (espigas, astillas, cristales, piedrecitas).
Tendremos que examinar bien las patas de nuestra mascota, prestando atención al espacio interdigital y a la parte inferior de las almohadillas. Si vemos una herida visible, un cuerpo extraño o inflamación localizada, lo más prudente es hacer que reciba atención veterinaria. En algunos casos, aunque externamente no se observe nada llamativo, puede existir un problema más profundo como una lesión de tendones, ligamentos, fracturas o esguinces, especialmente si el lamido se centra en una sola pata y se acompaña de cojera.
Intentar extraer en casa un objeto clavado en profundidad o tratar una lesión articular sin diagnóstico puede empeorar la situación, por lo que ante la duda es mejor dejar la exploración y el tratamiento en manos de un profesional.
4. Parásitos u hongos
La picadura de algunos insectos provoca un fuerte picor en el perro, que tratará de calmarlo mediante mordiscos y lametazos. Las pulgas son un buen ejemplo de ello, ya que su saliva puede desencadenar una alergia intensa (hipersensibilidad a la picadura de pulga) que se manifiesta con lamido, rascado y enrojecimiento en patas, base de la cola y otras zonas.
Por otro lado, si las patas del animal desprenden mal olor, aspecto enrojecido, humedad constante o un color marronáceo en el pelo de la zona, lo más seguro es que se trate de hongos o infecciones por levaduras, tan sólo eliminables a través del tratamiento médico adecuado. Estas infecciones suelen aparecer como complicación de alergias, humedad mantenida o microtraumatismos por el propio lamido.
Los ácaros y otros parásitos microscópicos también pueden alojarse en la piel de las patas, causando picor intenso y descamación. El uso regular de antiparasitarios externos (pipetas, collares, comprimidos) recomendado por el veterinario, junto con una limpieza adecuada del hogar, es clave para prevenir y controlar este tipo de problemas.
5. Absorción de vitaminas
Estos animales lamen sus patas para absorber, según algunas teorías, las vitaminas que les proporciona el sol, pues ellos no metabolizan la vitamina D como nosotros. En su caso, la vitamina se acumula en la grasa superficial de su pelaje, sin absorberse automáticamente. Por ello, recurren a los lametazos como medio de absorción.
Aunque esta explicación puede tener un componente fisiológico, hoy en día se sabe que el lamido de patas rara vez se debe solo a este motivo. Lo más habitual es que vaya asociado a otros factores como picor, dolor, suciedad o estrés. En cualquier caso, proporcionar al perro una alimentación equilibrada, con los nutrientes y vitaminas necesarios, y permitirle disfrutar de ratos de sol controlados contribuye a mantener su salud general y la de su piel.
Si sospechamos que existe un déficit nutricional (pelo apagado, piel seca, cansancio), conviene consultar con el veterinario para valorar un posible ajuste de la dieta o suplementación específica, en lugar de confiar únicamente en el lamido como mecanismo de aporte de vitaminas.
6. Aburrimiento o ansiedad
Si el perro no realiza la actividad física suficiente, tratará de calmar su ansiedad mediante este tipo de comportamiento repetitivo. Lamiendo sus patas genera endorfinas, sustancias que producen sensación de bienestar, “compensando” en cierto modo la falta de ejercicio o de estimulación. Con el tiempo, este gesto puede convertirse en una conducta compulsiva difícil de frenar.
Los perros ansiosos pueden encontrar alivio lamiéndose excesivamente. Las causas de dicha ansiedad pueden variar desde ansiedad por separación hasta trastornos obsesivo-compulsivos o estrés crónico por cambios en la rutina, mudanzas, llegada de nuevos miembros a la familia o conflictos en el entorno. Algunos perros se lamen las patas antes de acostarse o hasta quedarse dormidos como una forma de ritual de relajación.
Cuando detrás del lamido no hay una causa física clara, es recomendable revisar el entorno, las rutinas y la cantidad de ejercicio y estimulación mental que recibe el perro. Aumentar los paseos, ofrecer juguetes interactivos, juegos de olfato y sesiones de entrenamiento en positivo puede reducir de forma importante el lamido por aburrimiento. En casos más graves, puede ser necesaria la ayuda de un especialista en comportamiento canino y la combinación con tratamientos veterinarios específicos.
Es importante recordar que reñir al perro o castigarle por lamerse rara vez soluciona el problema y puede aumentar su ansiedad. Lo fundamental es identificar y tratar la causa de fondo, ya sea médica o emocional, y utilizar medidas de apoyo como collares isabelinos o vendajes solo cuando el profesional lo recomiende y siempre de forma temporal.
Cuando un perro se lame las patas más de lo normal, observar el contexto, revisar bien la zona y consultar con un profesional si el comportamiento persiste es la mejor forma de proteger su salud. Atender a estas señales a tiempo ayuda a evitar lesiones crónicas, infecciones dolorosas y problemas de conducta que pueden afectar seriamente a su bienestar.


