En el área metropolitana de Barcelona se ha desplegado un amplio dispositivo que combina perros adiestrados y drones para frenar la expansiĂłn de la peste porcina africana (PPA) entre los jabalĂes. La estrategia se centra en localizar de forma rápida y precisa los animales muertos o con sĂntomas sospechosos, sin espantar al resto de fauna ni generar más movimientos innecesarios dentro de la zona afectada.
Las autoridades catalanas han acotado un perĂmetro de hasta 20 kilĂłmetros alrededor del foco inicial, donde rige una fuerte limitaciĂłn de accesos. En ese espacio, equipos a pie, unidades caninas y drones con cámaras tĂ©rmicas trabajan coordinados para rastrear bosques, campos agrĂcolas y corredores naturales por los que se desplazan los jabalĂes, con el objetivo de mantener controlado el brote y evitar que llegue a la cabaña porcina domĂ©stica.
Un brote de peste porcina africana bajo estrecha vigilancia
El foco de PPA se detectĂł en el entorno de Cerdanyola del Vallès (Barcelona) y, segĂşn la Generalitat, continĂşa circunscrito a la zona de infecciĂłn inicial. Hasta ahora se han localizado alrededor de un centenar de jabalĂes muertos, de los que trece han dado positivo en el virus, unos datos que las autoridades consideran compatibles con el objetivo de contenciĂłn, al no haberse identificado casos fuera del perĂmetro marcado.
El anillo de control se ha estructurado en dos coronas: una primera franja de seis kilĂłmetros de alto riesgo, que ya ha sido rastreada de manera intensiva, y una segunda zona de menor riesgo que amplĂa la vigilancia hasta un radio de 20 kilĂłmetros. En total, el operativo afecta a más de 90 municipios de varias comarcas barcelonesas, donde se han extremado las precauciones de bioseguridad tanto en el medio natural como en explotaciones ganaderas cercanas.
En este perĂmetro ampliado se encuentran decenas de granjas de porcino con capacidad para unos 80.000 cerdos. Desde la conselleria de Agricultura se ha insistido en que los animales seguirán el ciclo habitual de engorde y envĂo a matadero, sin planes de sacrificio masivo ni vaciado preventivo de explotaciones, siempre que el virus permanezca acotado en la poblaciĂłn de jabalĂes.
Mientras se refuerzan los controles veterinarios, el origen del brote continĂşa bajo investigaciĂłn. Expertos en peste porcina africana apuntan a que el análisis genĂ©tico del virus permitirá determinar con bastante precisiĂłn de dĂłnde procede, descartando ya teorĂas poco probables, como la de una transmisiĂłn a travĂ©s de bocadillos contaminados, y sin poder excluir del todo hipĂłtesis como una posible procedencia de otro paĂs europeo o una fuga accidental desde instalaciones de laboratorio.

CĂłmo se combinan drones y perros adiestrados sobre el terreno
El nĂşcleo del dispositivo se apoya en una coordinaciĂłn milimĂ©trica entre patrullas a pie, drones y equipos caninos. Los Agentes Rurales y otros cuerpos repasan a pie las zonas boscosas y márgenes de cultivo, mientras los drones sobrevuelan las áreas abiertas y más extensas para detectar animales desde el aire mediante cámaras tĂ©rmicas e infrarrojas, tanto de dĂa como de noche.
Los drones tĂ©rmicos permiten localizar con gran precisiĂłn la posiciĂłn de un jabalĂ, ya sea vivo o muerto. Cuando el dron detecta una señal de calor sospechosa o un cuerpo sin movimiento, se notifica la ubicaciĂłn a los equipos de tierra, que se desplazan hasta el punto indicado. Si el ejemplar está herido o muestra sĂntomas compatibles con la enfermedad, se activa un protocolo especĂfico que incluye el sacrificio controlado y la retirada del animal con estrictas medidas de bioseguridad.
En los tramos de orografĂa más complicada o con una vegetaciĂłn muy cerrada entran en acciĂłn los perros adiestrados para rastreo. Estos animales están entrenados para encontrar cadáveres de jabalĂes sin perseguir ni asustar a los ejemplares vivos, algo esencial para evitar desplazamientos descontrolados que pudieran extender el virus a nuevas zonas.
Los perros trabajan en binomio con sus guĂas, recorriendo parcelas de unos 300 metros de lado que se van marcando sobre cartografĂa y dispositivos de geolocalizaciĂłn. Cuando localizan un cadáver, los canes se mantienen junto a Ă©l y avisan al guĂa sin acosar a otros animales. A diferencia de los perros de caza, su conducta está orientada Ăşnicamente a la detecciĂłn de restos, lo que encaja mejor con la estrategia de contenciĂłn de la PPA.
La labor de los drones y de los perros se complementa con instrumentos de geoposicionamiento, que ayudan a registrar cada hallazgo y a dibujar un mapa detallado de los movimientos y concentraciones de jabalĂes en el área afectada. Esta informaciĂłn resulta clave para decidir en quĂ© sectores reforzar los controles, dĂłnde instalar barreras fĂsicas y quĂ© zonas es prioritario volver a peinar.
Un dispositivo de hasta mil efectivos y cooperaciĂłn entre cuerpos

En esta operaciĂłn trabajan cerca de mil personas entre personal tĂ©cnico y fuerzas de seguridad. Además de los Agentes Rurales de la Generalitat, participan Mossos d’Esquadra, Guardia Civil, policĂas locales, Bombers de la Generalitat, la Unidad Militar de Emergencias (UME), ProtecciĂłn Civil, Cruz Roja, el Sistema de Emergencias MĂ©dicas (SEM), voluntarios de agrupaciones de defensa forestal y distintos servicios municipales.
Dentro de este conjunto destaca el despliegue de equipos caninos especializados procedentes de varias procedencias: unidades de los propios Agentes Rurales de Cataluña, binomios de la Comunidad de Madrid, efectivos de Andorra y perros de la Guardia Civil. Se prevé también la incorporación de más equipos desde la Val d’Aran y otros territorios si la situación lo requiere.
En total, se han movilizado al menos quince binomios perro-guĂa, que se distribuyen por los municipios incluidos en la zona de riesgo. Su trabajo se integra en un plan de rastreo por cuadrĂculas, de modo que cada equipo conoce quĂ© sectores tiene asignados y puede registrar con precisiĂłn las áreas ya inspeccionadas y las que quedan pendientes, reduciendo al mĂnimo solapamientos e inclinando la balanza a favor de una cobertura casi total.
Los esfuerzos sobre el terreno se apoyan en un centro de operaciones ubicado en Torreferrussa, en el tĂ©rmino municipal de Santa Perpètua de Mogoda. Desde allĂ se coordinan los vuelos de los drones, la rotaciĂłn de los equipos caninos y la distribuciĂłn de agentes, asĂ como el flujo de informaciĂłn con laboratorios y servicios veterinarios, que analizan las muestras recogidas de los jabalĂes hallados muertos.
La presencia de la UME añade un refuerzo logĂstico y sanitario fundamental, sobre todo en lo que respecta a la desinfecciĂłn de personas, vehĂculos y animales. Sus unidades han habilitado puntos de limpieza para todo aquel que entra o sale de la zona de trabajo, algo que se aplica no solo a los operativos, sino tambiĂ©n a visitas puntuales de periodistas u otros profesionales que deban acceder temporalmente al área restringida.
Entrenamiento especĂfico de los perros y protocolos de desinfecciĂłn
Los perros que participan en el dispositivo han sido seleccionados y formados para responder a necesidades muy concretas: detectar cadáveres sin dispersar a los jabalĂes vivos y trabajar en entornos naturales complejos. Su entrenamiento se centra en el rastro de animales muertos, por lo que no se les incentiva a la persecuciĂłn, algo que sĂ sucede en disciplinas de caza tradicionales.
Esta forma de trabajar permite que, si un perro detecta un ejemplar vivo, no lo persiga ni lo acorrale, evitando asĂ carreras y desplazamientos que podrĂan sacar al animal del perĂmetro controlado. Cuando encuentra un cuerpo, el perro se mantiene cerca del punto de hallazgo, señalando la ubicaciĂłn a su guĂa, que activa el protocolo de retirada del cadáver y desinfecciĂłn del terreno.
Para impedir que estos mismos perros se conviertan en vectores del virus, se aplica un sistema de triple desinfecciĂłn al finalizar cada jornada. Primero se limpián cuidadosamente las extremidades en la propia zona de rastreo, con especial atenciĂłn si han tenido contacto directo con restos o secreciones. Antes de subir al vehĂculo de transporte se realiza una segunda limpieza, y una vez de regreso al centro de mando se lleva a cabo una tercera higienizaciĂłn completa.
Procedimientos similares se aplican a los agentes humanos y a los vehĂculos, cuyos neumáticos y bajos se someten a baños desinfectantes antes de entrar y salir del área controlada. En algunas visitas al terreno se ha insistido de forma muy visible en estas rutinas, por ejemplo obligando a la prensa a utilizar cubre calzado desechable o a pasar por alfombras empapadas en productos biocidas.
Fuentes de los Agentes Rurales señalan que la recogida de jabalĂes muertos no es nueva: desde hace años el cuerpo monitoriza la mortalidad asociada a otras enfermedades endĂ©micas de la especie, como la triquinosis. La diferencia es que la apariciĂłn de la PPA ha incrementado notablemente tanto el nĂşmero de cadáveres localizados como la cantidad de avisos recibidos por parte de la ciudadanĂa, que ahora está más alerta y comunicativa ante cualquier hallazgo sospechoso.
PerĂmetro, limitaciones y papel de la ciudadanĂa
La zona afectada se ha dividido en cuadrĂculas de 300 metros de lado, formando un entramado que facilita el control sistemático del territorio. En la corona de alto riesgo —los primeros seis kilĂłmetros— el rastreo ya se ha completado, mientras que en la franja de menor riesgo, que llega a 20 kilĂłmetros y abarca más de 70 municipios, los agentes continĂşan peinando montes y campos para localizar cadáveres y puntos de paso de la fauna.
El objetivo paralelo a la bĂşsqueda de animales muertos es cerrar los corredores naturales por los que los jabalĂes podrĂan salir del área afectada. Para ello se están instalando barreras fĂsicas en pasos estratĂ©gicos, monitorizando con drones las entradas y salidas a valles y vaguadas, y reforzando la presencia de patrullas en caminos y pistas forestales, siempre tratando de interferir lo menos posible en el resto de fauna silvestre.
Por el momento, las autoridades han optado por no abatir jabalĂes vivos de forma generalizada dentro de la zona de control, priorizando primero la delimitaciĂłn y el conteo de los ejemplares presentes. La caza intensiva quedará pendiente de lo que autorice la UniĂłn Europea, que debe pronunciarse sobre un posible plan de eliminaciĂłn selectiva segĂşn cĂłmo evolucione la situaciĂłn.
La ciudadanĂa tiene un papel nada menor en esta estrategia. Desde los cuerpos implicados se ha pedido con insistencia que se eviten paseos por bosques y senderos que se encuentren dentro del área restringida, recordando que las personas pueden transportar el virus en la ropa, en las suelas de los zapatos o en las ruedas de los vehĂculos, especialmente si han pasado por zonas con presencia de heces o restos biolĂłgicos.
Según los responsables del operativo, la respuesta social está siendo mayoritariamente responsable, aunque persisten algunos casos aislados de personas que acceden a pesar de las prohibiciones. Las administraciones recalcan que el cumplimiento de las normas no solo protege a la fauna y al sector porcino, sino que también contribuye a que las restricciones comerciales internacionales sobre productos cárnicos españoles sean más suaves y temporales.
La combinaciĂłn de perros adiestrados, drones tĂ©rmicos y un dispositivo humano masivo ha permitido, de momento, mantener el brote de peste porcina africana acotado en la poblaciĂłn de jabalĂes de la provincia de Barcelona. Aunque el origen exacto del virus sigue bajo investigaciĂłn y no se descartan escenarios complejos, la coordinaciĂłn entre cuerpos, la colaboraciĂłn entre comunidades y paĂses vecinos, y la implicaciĂłn ciudadana están siendo claves para reducir el riesgo de que la enfermedad se extienda a granjas de cerdos o a otras zonas de Europa, mostrando cĂłmo la tecnologĂa y el trabajo de campo pueden ir de la mano en la gestiĂłn de crisis sanitarias en fauna silvestre.