La situación en Venezuela es, a falta de una palabra mejor, demoledora. Tras los dos seísmos de gran magnitud que sacudieron el país el pasado miércoles, las cifras oficiales ya hablan de más de 1.719 víctimas mortales, un número que tristemente sigue subiendo a medida que las excavadoras retiran capas de hormigón. Aunque el plazo crítico de las primeras 96 horas ya ha expirado, los equipos de emergencia no tiran la toalla y mantienen el mismo ritmo de trabajo que el primer día, centrando sus esfuerzos en encontrar a quienes todavía resisten bajo las ruinas.
En este escenario de caos, el papel de las unidades caninas de rescate está siendo absolutamente vital para dar con señales de vida en puntos donde la tecnología a veces no llega. Desde España, la respuesta no se ha hecho esperar y varios contingentes se han desplazado hasta la zona cero, principalmente en el estado de La Guaira. Equipos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y del ERICAM de la Comunidad de Madrid están trabajando sobre el terreno, aportando perros adiestrados que son capaces de detectar el olor humano incluso a gran profundidad, convirtiéndose en los mejores aliados de los rescatistas.
El despliegue de las unidades caninas españolas en La Guaira

Uno de los grupos que más ruido está haciendo por su entrega es el de Bomberos Unidos sin Fronteras, llegados desde Huelva. Con ellos viajan Ivy y Tins, dos canes que se están dejando la piel en lo que antes eran hoteles y bloques de apartamentos frente al Caribe. El procedimiento es siempre el mismo: se pide un silencio absoluto en toda la zona, cortando incluso el tráfico de motocicletas, para que los animales puedan concentrarse y los guías escuchen cualquier señal. Aunque el cansancio hace mella, estos efectivos onubenses siguen rastreando cada hueco con la esperanza de que sus compañeros de cuatro patas marquen un punto positivo con un ladrido firme.
Por otro lado, desde las Islas Baleares también ha llegado refuerzo pesado. El Grupo de Rescate Balear envió a doce especialistas y cinco perros, entre ellos a la veterana Mica, que a pesar de tener una pata vendada no ha querido quedarse atrás. Es importante destacar que estos animales no solo buscan supervivientes, sino que están entrenados para localizar restos humanos en las fases más avanzadas de la catástrofe. La coordinación entre los diferentes cuerpos españoles y la policía local venezolana está siendo fluida, a pesar de los lógicos problemas logísticos y el calor sofocante que complica las tareas.
Héroes con nombre propio: de Tsunami a Bart
Entre los más de 130 perros que trabajan en el siniestro, algunos nombres han empezado a sonar con fuerza en los medios locales. Es el caso de Tsunami, un border collie que tiene una historia de esas que te encogen el corazón: fue rescatado del maltrato y ahora se dedica a salvar vidas. Este perro ya demostró su valía en el terremoto de Turquía y ahora en Caracas ha conseguido ubicar a un hombre de 60 años que estaba sepultado bajo toneladas de escombros en el sector de San Bernardino. Su técnica es infalible: una vez detecta el rastro, se queda clavado en el sitio o ladra de forma insistente hasta que llegan los operarios con las cizallas.
Pero este trabajo tiene un coste físico evidente para los animales. Las superficies cortantes y el polvo constante provocan heridas y deshidratación severa. De hecho, varios perros han tenido que recibir asistencia veterinaria urgente, incluido un can del equipo español que se lastimó durante una de las incursiones. Aun así, la motivación de estos animales, que ven la búsqueda como un juego donde el premio es su juguete favorito, es lo que permite que se sigan rescatando personas cuando casi todo el mundo había perdido ya la esperanza.
Combinación de olfato y tecnología de vanguardia
Aunque el olfato del perro es insustituible, los rescatistas están apoyándose en herramientas técnicas muy avanzadas. Se están utilizando los llamados «drones cucaracha», dispositivos diminutos capaces de meterse por grietas imposibles, además de cámaras térmicas que detectan el calor corporal a través de los muros. Cuando un perro como Ivy o Tsunami marca una zona, los ingenieros introducen geófonos y cámaras de 360 grados para confirmar la posición exacta de la víctima y establecer contacto visual o auditivo antes de empezar a picar el hormigón.
La maquinaria pesada, como excavadoras y grúas, entra en juego solo cuando se ha confirmado que no hay riesgo de nuevos derrumbes que puedan aplastar a quienes están atrapados. Es un equilibrio muy delicado entre la fuerza bruta de las máquinas y la precisión de los guías caninos. Los expertos señalan que, gracias a los avances en el adiestramiento de perros para búsqueda y rescate, se ha podido optimizar el tiempo de respuesta en estructuras de varias plantas, algo crucial cuando el oxígeno y el agua escasean para los supervivientes que aguardan bajo la tierra.
El esfuerzo conjunto de los profesionales españoles y los equipos internacionales está dejando claro que, en situaciones de extrema necesidad, la solidaridad no entiende de fronteras. A pesar de que los días pasan y las posibilidades disminuyen, la presencia de estos canes en las calles de La Guaira y Caracas sigue siendo un motor de ánimo para las familias que esperan noticias de sus seres queridos. La labor de estos animales, que se mueven con una agilidad asombrosa entre hierros retorcidos, seguirá siendo fundamental hasta que se retire el último escombro de esta tragedia que ha marcado a Venezuela.

