En distintas ciudades de España, personas ciegas usuarias de perros guía están alzando la voz para reivindicar algo que, sobre el papel, ya está reconocido: poder entrar con sus animales a supermercados, fruterías, carnicerías, pescaderías y otros comercios de alimentación como cualquier otro cliente. La campaña lanzada por la ONCE con motivo del Día Internacional del Perro Guía busca precisamente eso, recordar a toda la ciudadanía que este derecho existe y debe respetarse sin excusas.
Aunque la normativa es clara, el desconocimiento y ciertos prejuicios siguen provocando situaciones incómodas en la vida diaria de muchas personas con discapacidad visual. Desde encargados que dudan de si dejarles pasar hasta clientes que se muestran molestos, la realidad dista de lo que marcan las leyes autonómicas y la Ley de Bienestar Animal, que blindan de forma explícita el acceso de los perros guía a la mayoría de espacios públicos y de uso público.
Una campaña para recordar que los perros guía pueden entrar en tiendas de alimentación
La ONCE ha puesto en marcha en España la iniciativa «Perros guía, sí» coincidiendo con el Día Internacional del Perro Guía, que se celebra cada año el 29 de abril. El objetivo es subrayar que los usuarios de estos animales pueden acceder «en igualdad de condiciones que el resto de la ciudadanía» a establecimientos de venta de alimentos: supermercados, mercados municipales, fruterías de barrio, carnicerías, pescaderías y cualquier otro comercio minorista del sector.
En lugares como Soria, Cantabria o Salamanca se han desarrollado acciones específicas de sensibilización. En Soria, la ONCE ha lanzado una campaña de concienciación local para recalcar que negar la entrada a un perro guía en una tienda de alimentación supone vulnerar un derecho reconocido. La organización insiste en que la compra del día a día no debería convertirse en un recorrido de obstáculos para las personas ciegas.
En Cantabria, donde 17 de los 882 perros guía activos de la ONCE acompañan a usuarios ciegos, la entidad ha aprovechado la efeméride para recordar que el acceso a supermercados y otros comercios de alimentación está plenamente respaldado por la normativa. Aun así, reconocen que se siguen registrando episodios de rechazo o dudas por parte de responsables de establecimientos y de algunos clientes.
En Salamanca, solo cuatro perros guía prestan apoyo diario a sus usuarios, pero la reivindicación es la misma: que se respete el derecho a entrar, permanecer y realizar la compra sin necesidad de dar explicaciones adicionales. La ONCE hace un llamamiento a que la ciudadanía conozca mejor esta realidad y colabore difundiendo esta información, para evitar discusiones innecesarias cada vez que una persona ciega cruza la puerta de un comercio con su perro.
Movilización en Madrid y presencia en los cupones de la ONCE
La capital también ha sido escenario de una movilización visible de usuarios de perros guía. Decenas de personas con discapacidad visual, acompañadas por sus animales, recorrieron algunos de los puntos más emblemáticos de Madrid -como la plaza de Colón, la calle de Alcalá o la plaza de Cibeles- para reclamar de forma pública su derecho de acceso a los establecimientos de alimentación.
El delegado de la ONCE en Madrid, Luis Natalio Royo, recordó durante el acto que en la Comunidad de Madrid hay alrededor de 220 perros guía en servicio, verdaderos «compañeros de vida» para quienes no pueden ver. Estos animales, subrayó, no son simples mascotas, sino una pieza esencial para la autonomía personal y la seguridad en los desplazamientos cotidianos, incluida una tarea tan básica como hacer la compra.
Para reforzar el alcance de la campaña, la ONCE ha decidido difundir el mensaje «Perros guía, sí» a través de cinco millones de cupones. En ellos aparece ilustrada una persona ciega realizando la compra en una frutería acompañada por su perro guía, una estampa cotidiana que la organización quiere normalizar y que, sin embargo, todavía genera dudas en algunos comercios.
La presencia de esta imagen en los cupones, que se distribuyen por todo el país, busca llegar más allá de los actos puntuales en ciudades concretas. La intención es que cualquier persona que compre un cupón se tope con este recordatorio visual de que los perros guía pueden estar, sin problemas, en los mismos espacios donde se mueve el resto de la población.
Qué dice la ley sobre el acceso de los perros guía
El marco legal español en la materia es claro. Las leyes autonómicas y la actual Ley de Bienestar Animal reconocen expresamente el derecho de las personas usuarias de perro guía a acceder a todo tipo de lugares públicos o de uso público. En este grupo se incluyen los comercios minoristas, los establecimientos de venta de alimentos y los grandes supermercados.
La Fundación ONCE del Perro Guía (FOPG) recalca que este acceso no puede implicar costes adicionales para la persona usuaria, ni puede estar restringido por supuestos «cupos» de animales de compañía. Los perros guía no se consideran mascotas a efectos de acceso, sino ayudas técnicas de movilidad, por lo que la presencia de otros perros en el local no puede utilizarse como argumento para impedir la entrada.
Más allá de las tiendas de alimentación, la normativa también garantiza el acceso a establecimientos de restauración -bares, cafeterías, restaurantes- y a una amplia variedad de espacios de uso cotidiano: centros sanitarios y hospitalarios, centros educativos, instalaciones deportivas, espacios religiosos, salas de espectáculos, cines, teatros y dependencias administrativas, entre otros.
En el ámbito de la movilidad, las personas ciegas usuarias de perro guía pueden viajar con sus animales en prácticamente todos los medios de transporte público: autobuses urbanos e interurbanos, metro, tren de cercanías y larga distancia, barcos, aviones, taxis y vehículos de transporte con conductor (VTC). El objetivo es que su movilidad no se vea limitada por barreras adicionales a las que ya de por sí afrontan por su discapacidad visual.
Excepciones muy concretas por motivos de higiene y seguridad
Aunque el acceso es, en general, muy amplio, la ley establece un reducido listado de excepciones en las que la entrada de perros guía no está permitida por razones estrictas de higiene o seguridad. La ONCE y la FOPG recuerdan que estas situaciones son casos puntuales y bien definidos, y no una excusa para aplicar restricciones generales.
Entre estos espacios excepcionales se encuentran las zonas exclusivas de manipulación de alimentos, como las áreas internas de preparación en cocinas industriales o determinados obradores, donde las normas sanitarias son especialmente estrictas. También se prohíbe su presencia en quirófanos y salas de curas, donde se requiere un entorno absolutamente controlado para evitar riesgos sanitarios.
Del mismo modo, no está permitida la entrada de perros guía en atracciones de feria o en determinadas instalaciones de parques de atracciones, debido a las condiciones de seguridad y funcionamiento de estos espacios. Otro ejemplo es el agua de las piscinas públicas que no estén específicamente habilitadas para perros, donde las normas de higiene impiden el baño de animales, con independencia de que sean de asistencia o de compañía.
Fuera de estas excepciones muy específicas, la presencia de un perro guía en una tienda de alimentación, en un restaurante o en un transporte público debería considerarse completamente normal. La ONCE insiste en que la restricción generalizada «por si acaso» o por simple desconocimiento no está amparada por la ley y supone una discriminación hacia la persona usuaria.
Perros altamente adiestrados, sanos y socializados
Uno de los argumentos que a veces se esgrimen para cuestionar su acceso es la preocupación por la higiene o el comportamiento del animal. Sin embargo, los perros guía siguen protocolos mucho más exigentes que los de los perros de compañía habituales, tanto en salud como en adiestramiento.
Desde que nacen en las instalaciones de la Fundación ONCE del Perro Guía, el bienestar animal y la correcta socialización son prioridades. Durante su primer año de vida, estos cachorros viven con familias educadoras que se encargan de que se acostumbren a todo tipo de entornos, ruidos y situaciones cotidianas, lo que reduce drásticamente la posibilidad de conductas inadecuadas en lugares públicos.
Tras esta etapa, los perros entran en una fase de entrenamiento especializado para convertirse en perros guía. Aprenden a reconocer y evitar obstáculos tanto fijos como en movimiento, a marcar bordillos, escaleras y desniveles, a encontrar puertas y asientos libres, y a buscar rutas alternativas cuando el camino habitual está bloqueado o resulta peligroso.
Una de las capacidades más llamativas de estos animales es la llamada «desobediencia inteligente». Si la persona usuaria da una orden que pueda poner en riesgo su integridad física -por ejemplo, cruzar una calle cuando se aproxima un vehículo silencioso o un patinete eléctrico-, el perro está entrenado para negarse a obedecer y proteger así a ambos.
En el plano sanitario, los controles son aún más estrictos que en los perros de compañía. Deben estar vacunados contra la rabia de forma anual, desparasitados interna y externamente con regularidad y disponer de un certificado veterinario anual que acredite que no padecen enfermedades transmisibles a las personas. Estas garantías refuerzan el argumento de que su presencia en tiendas de alimentación y otros espacios abiertos al público no supone un riesgo añadido para la salud.
El papel de la Fundación ONCE del Perro Guía
Detrás de cada perro guía hay un largo proceso de selección, formación y seguimiento que coordina la Fundación ONCE del Perro Guía, con más de tres décadas y media de trayectoria. En este tiempo, la entidad ha proporcionado cerca de 4.000 perros a personas con discapacidad visual grave en toda España.
Actualmente, se contabilizan unos 882 perros guía en activo acompañando a personas ciegas en diferentes comunidades autónomas. En Cantabria son 17, en Salamanca cuatro, y en la Comunidad de Madrid la cifra se eleva a unos 220. Cada uno de ellos marca la diferencia en la vida cotidiana de su usuario, desde ir al trabajo hasta acudir al médico o hacer la compra semanal.
La Fundación se ocupa no solo de la cría y el adiestramiento, sino también de monitorizar la evolución de cada binomio perro-usuario a lo largo del tiempo. Si surgen problemas de salud o comportamiento, el equipo profesional interviene para asegurar que el animal se encuentra en condiciones óptimas para seguir desempeñando su función de guía.
El mensaje que la ONCE y la FOPG lanzan a la sociedad es claro: el perro guía es una herramienta de libertad para la persona ciega, no un capricho ni un accesorio. Cualquier obstáculo que se ponga a su acceso a tiendas de alimentación, restaurantes o transportes se traduce, en la práctica, en un recorte de la autonomía de quien depende de él para moverse con seguridad.
Con la campaña «Perros guía, sí», los actos en ciudades como Madrid, Soria, Cantabria o Salamanca y la difusión masiva del mensaje en millones de cupones, la ONCE busca que la presencia de estos perros en comercios de alimentación deje de ser motivo de discusión y pase a entenderse como algo tan normal como ver a cualquier otro cliente empujando un carro de la compra. Conocer la ley, respetarla y confiar en el riguroso adiestramiento y control sanitario de estos animales son pasos imprescindibles para que las personas con discapacidad visual puedan vivir su día a día con menos trabas y más autonomía.