
En los últimos años se han puesto de moda los llamados perros de diseño, sobre todo los que mezclan caniche con otras razas populares. Su aspecto simpático y mullido, unido a la idea de que son más fáciles de educar y perfectos para convivir con niños, ha disparado su presencia tanto en hogares del Reino Unido como del resto de Europa.
Sin embargo, una investigación reciente del Royal Veterinary College (RVC) británico cuestiona buena parte de estas creencias. El trabajo apunta a que varios de estos perros híbridos, conocidos como “doodles”, presentan más problemas de comportamiento que las razas puras de las que proceden, algo que puede influir de lleno en el bienestar del animal y en la convivencia diaria con la familia.
Qué son realmente los perros doodle y por qué se han popularizado
Los llamados “doodles” no son perros mestizos al azar, sino cruces planificados entre un caniche de raza pura y otra raza también pura. La idea detrás de estos emparejamientos es combinar rasgos considerados atractivos de ambos progenitores, desde el tipo de pelo hasta el carácter o la supuesta facilidad de adiestramiento.
Entre los ejemplos más conocidos se encuentran el cockapoo (cocker spaniel con caniche), el cavapoo o cavoodle (cavalier king charles spaniel con caniche) y el labradoodle (labrador retriever con caniche). En muchos barrios de ciudades europeas es cada vez más habitual cruzarse con alguno de estos perros durante el paseo diario.
Su auge se relaciona con la percepción de que estos cruces combinan “lo mejor de cada casa”: el supuesto pelaje hipoalergénico del caniche, el carácter familiar del labrador o la dulzura del cavalier, entre otros. Además, la pandemia y el teletrabajo impulsaron que muchas familias valorasen incorporar un perro, y este tipo de híbridos encajó de lleno en ese deseo.
En algunos países, como Reino Unido, estos cruces han llegado a ser tan frecuentes o más que las razas puras de las que proceden. No obstante, esta popularidad no siempre ha ido acompañada de una información rigurosa sobre su comportamiento real, lo que ha alimentado expectativas que el estudio del RVC ha puesto en entredicho.
El estudio del Royal Veterinary College: cómo se analizó el comportamiento
La investigación, liderada por Gina Bryson y publicada en la revista científica PLOS One, se centró en comparar la conducta de varios perros doodle con la de sus razas progenitoras. Para ello, el equipo recopiló información de 9.402 perros residentes en el Reino Unido, a partir de encuestas online cumplimentadas por sus propietarios.
El estudio consideró tres cruces muy populares: cockapoo, cavapoo y labradoodle. Sus resultados se compararon con los de cocker spaniel, cavalier king charles spaniel, labrador retriever y distintos tamaños de caniche de raza pura. El objetivo era comprobar si, en la práctica, estos híbridos presentaban ventajas conductuales frente a sus “padres”.
Para medir los comportamientos se utilizó el Cuestionario de Evaluación e Investigación del Comportamiento Canino (C-BARQ), una herramienta estandarizada muy empleada en estudios científicos. Este cuestionario permite valorar aspectos como la agresividad, el miedo, la ansiedad, la respuesta ante ruidos, o las reacciones frente a personas y otros perros.
A partir de esas respuestas, el equipo analizó una docena de categorías conductuales y elaboró múltiples comparaciones entre los híbridos y cada una de sus razas progenitoras. De esta forma, pudieron determinar en qué porcentaje de los casos los doodles se comportaban mejor, peor o de forma similar a los perros de raza pura.
Más comportamientos indeseables que las razas progenitoras
Los datos no respaldan la imagen idílica que suele acompañar a estos perros. Según los resultados del RVC, los híbridos diferían de sus razas progenitoras en aproximadamente la mitad de las comparaciones realizadas. Y, cuando había diferencias, lo habitual era que los doodles salieran peor parados.
En el conjunto del análisis, los investigadores observaron que en torno al 54% de las comparaciones de comportamiento los perros híbridos mostraban conductas distintas a las de las razas puras, y que en la gran mayoría de esos casos esas diferencias iban en la dirección de comportamientos indeseables.
Si se mira el detalle de algunas cifras, en torno al 44,4% de las comparaciones los perros mestizos tipo doodle presentaban más problemas de conducta que sus equivalentes de raza pura, mientras que solo en aproximadamente el 9,7% de los casos mostraban menos problemas. En cerca de la mitad de las situaciones, alrededor del 45,8%, no se encontraron diferencias estadísticamente relevantes.
Estos resultados cuestionan la idea, muy extendida en el mercado de los perros de diseño, de que un cruce entre razas va a producir automáticamente un animal con mejor carácter o más fácil de manejar en el día a día. El estudio recuerda que mezclar dos razas no garantiza ventajas ni en salud ni en comportamiento.
Qué tipos de problemas de conducta se han detectado
Entre los comportamientos problemáticos que se observaron con más frecuencia en los híbridos destacan el miedo no social (por ejemplo, temor al tráfico, ruidos intensos o entornos desconocidos), la ansiedad por separación y una excitabilidad elevada en situaciones cotidianas, como la llegada de visitas o el momento de salir a la calle.
Un perro excesivamente excitable puede ladrar, saltar o tirar de la correa de forma constante, lo que complica la convivencia, especialmente en pisos pequeños o en zonas urbanas densas, muy habituales en España y otros países europeos. A medio plazo, este tipo de conducta también puede generar frustración en la familia.
La ansiedad por separación, por su parte, se traduce en lloros, ladridos persistentes, destrozos en casa o intentos de escape cuando el animal se queda solo. En entornos donde la mayoría de la población trabaja fuera de casa, este problema puede convertirse en un factor de estrés importante tanto para el perro como para sus cuidadores.
El miedo no social, como el temor a ruidos fuertes o a determinadas situaciones, también impacta en la calidad de vida del animal. Un perro que se asusta con facilidad tenderá a evitar determinadas experiencias o reaccionar con nerviosismo, lo que puede limitar sus paseos, sus interacciones y, en consecuencia, su bienestar general.
Diferencias entre cockapoos, cavapoos y labradoodles
El estudio no sitúa a todos los doodles en el mismo saco. De hecho, se observaron diferencias importantes entre los tres cruces analizados, lo que indica que el comportamiento final depende en buena medida de las razas implicadas y del propio individuo.
En el caso de los cockapoos, el resultado fue especialmente llamativo. Estos perros mostraron niveles más altos de comportamientos indeseables en comparación con sus progenitores cocker spaniel y caniche. Los investigadores señalan que obtuvieron peores puntuaciones en 16 de 24 aspectos analizados.
Entre esos comportamientos problemáticos se encontraron mayores niveles de agresividad hacia el propietario, conflictos con otros perros que conviven en el mismo hogar y una excitabilidad marcada. Esta combinación puede complicar la vida familiar si no se cuenta con un plan de educación adecuado.
Los cavapoos también obtuvieron resultados desfavorables en varias áreas: en 11 de 24 rasgos evaluados mostraron peores valores que sus progenitores cavalier king charles spaniel y caniche. Destacaron, sobre todo, los problemas ligados a la excitabilidad, la ansiedad por separación y el miedo a otros perros, algo que puede generar dificultades en paseos y encuentros en parques caninos.
En el caso de los labradoodles, el panorama fue algo más matizado. Aunque registraron peores resultados en cinco comportamientos respecto a labradores y caniches de raza pura, también presentaron puntuaciones mejores en seis aspectos, incluyendo una menor agresividad que la observada en algunos caniches. Esto muestra que no todos los cruces son iguales y que hay matices dentro del grupo de los doodles.
Expectativas poco realistas y fuentes de información dudosas
Uno de los puntos que subrayan los autores del trabajo es que muchos propietarios adquieren estos perros con expectativas que no se ajustan a la realidad. Se asume que, por ser híbridos de moda, serán siempre dóciles, obedientes y perfectos para cualquier tipo de familia, incluidas aquellas con niños pequeños y poca experiencia previa con perros.
La profesora Rowena Packer, experta en comportamiento y bienestar animal del RVC y coautora del estudio, alerta de que esta visión tan idealizada puede desembocar en decepción y conflictos en la convivencia cuando aparecen problemas de conducta. Si la familia piensa que el perro “venía de serie” bien educado, es fácil que no se invierta el tiempo necesario en socialización y adiestramiento.
Además, la investigación detectó que los dueños de estos híbridos recurren con frecuencia a consejos de redes sociales, amigos o familiares en lugar de acudir a educadores caninos cualificados o veterinarios especializados en comportamiento. Esto aumenta el riesgo de recibir recomendaciones poco rigurosas o incluso contraproducentes.
En un contexto europeo donde proliferan criadores informales y anuncios en internet, es clave que quien se plantee incorporar un perro de este tipo consulte siempre fuentes profesionales y contrastadas. Una mala orientación en las primeras etapas puede agravar conductas problemáticas que, bien gestionadas, podrían haberse atajado a tiempo.
Implicaciones para familias de España y Europa
Aunque el trabajo del RVC se centró en perros residentes en el Reino Unido, sus conclusiones son relevantes para familias de toda Europa, incluida España, donde estos cruces también van ganando visibilidad. El estilo de vida urbano, con pisos cada vez más pequeños y horarios laborales largos, hace que la gestión del comportamiento sea un factor decisivo a la hora de convivir con un perro.
Si se suma una alta excitabilidad, ansiedad por separación o miedo a determinados estímulos a un entorno con ruido, tráfico y falta de espacios verdes, el resultado puede ser un cóctel complicado. De ahí que el estudio insista en la necesidad de ajustar las expectativas y valorar si la familia puede ofrecer al perro el tiempo y los recursos que necesita.
Para la sanidad y el bienestar animal en Europa, estos hallazgos también son una llamada de atención. El auge de los perros de diseño obliga a revisar cómo se informa al público sobre las verdaderas necesidades de estos animales, y a fomentar que las decisiones de adopción o compra se basen en datos, y no solo en tendencias o en la apariencia física del perro.
Los autores recalcan que no se trata de demonizar a los híbridos, sino de recordar que cada perro es un individuo y que ni la raza pura ni el cruce garantizan automáticamente un buen o mal comportamiento. Lo determinante será la genética concreta, la crianza, la socialización temprana y la educación que reciba a lo largo de su vida.
En este escenario, la investigación del Royal Veterinary College actúa como un toque de atención para quienes se plantean incorporar a casa un cockapoo, cavapoo o labradoodle confiando en mitos comerciales: conviene informarse a fondo, consultar a profesionales y valorar con calma si ese perfil de perro encaja con el ritmo y el entorno del hogar. Solo así se puede aspirar a una convivencia equilibrada y a largo plazo, sin sorpresas desagradables ni para la familia ni para el animal.

