Perros que aprenden nombres de objetos: qué los hace tan especiales

  • Un estudio europeo identifica tres rasgos clave en perros capaces de aprender nombres de decenas de objetos.
  • Solo 11 perros en todo el mundo superaron las pruebas de reconocimiento verbal de juguetes.
  • Curiosidad, foco en ciertos objetos e inhibiciĂłn de impulsos marcan la diferencia con el resto.
  • Los hallazgos abren la puerta a futuros tests para cachorros y a mejorar la selecciĂłn de perros de asistencia.

perros que aprenden nombres de objetos

Hay perros que no solo dominan órdenes básicas como sentarse o tumbarse: algunos son capaces de aprender decenas e incluso cientos de nombres de objetos, reconocerlos sin ayuda visual y recordarlos durante largos periodos. Para muchas familias europeas esto suena a anécdota curiosa, pero detrás hay un fenómeno cognitivo muy poco común que la ciencia empieza a desentrañar.

Una investigación internacional liderada desde Europa ha analizado qué distingue a estos llamados label-learning dogs —perros que asocian palabras concretas con juguetes concretos— del resto. Los resultados, publicados en Scientific Reports, apuntan a que un pequeño grupo de rasgos mentales, con la curiosidad en primer plano, estaría detrás de esta sorprendente facilidad para aprender nombres de objetos.

Un talento rarĂ­simo: solo 11 perros en todo el mundo

El trabajo, coordinado por el Dog Cognition Centre de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido) y la unidad DogStudies de la Universidad Friedrich Schiller de Jena (Alemania), arrancĂł con una bĂşsqueda global. Los equipos contactaron con familias de varios paĂ­ses para localizar perros que, segĂşn sus cuidadores, fueran capaces de traer un juguete concreto solo escuchando su nombre, sin ver a la persona ni recibir gestos o indicaciones adicionales.

La respuesta inicial fue amplia: 86 familias se presentaron al llamamiento. Tras una primera criba y un pre-test a distancia, se preseleccionaron 34 perros. Sin embargo, cuando se aplicaron criterios más estrictos —entre ellos, reconocer verbalmente más de una veintena de juguetes—, solo 11 perros superaron la prueba. Esa cifra ilustra hasta qué punto se trata de una habilidad excepcional dentro de la especie.

La mayoría de estos animales eran border collies, una raza con larga tradición en estudios de cognición canina por su alta capacidad de trabajo y aprendizaje. Pero el grupo también incluía un perro de aguas español, varios mestizos y un carlino (pug), lo que indica que este talento no está ligado de forma exclusiva a una raza concreta, sino a individuos muy particulares.

En paralelo, las investigadoras reclutaron un grupo de control formado por otros 11 perros sin esa habilidad extraordinaria, pero emparejados con los anteriores por edad, sexo y raza. De este modo, pudieron comparar qué ocurría a nivel cognitivo entre los perros “genio” y los considerados “corrientes”.

Un estudio de ciencia ciudadana desde cinco paĂ­ses

Como los participantes vivían repartidos entre Reino Unido, Estados Unidos, Suiza, Países Bajos y Alemania, el diseño del proyecto se apoyó en la ciencia ciudadana. No se trasladó a los perros a un laboratorio, sino que fueron sus propias familias quienes administraron las pruebas en casa, siguiendo protocolos detallados marcados desde Portsmouth y Jena.

Los cuidadores recibieron instrucciones precisas y material explicativo para aplicar una batería de ocho tareas cognitivas a sus perros. Estas tareas evaluaban aspectos como la curiosidad ante objetos nuevos, la capacidad de aprendizaje, la memoria a corto y medio plazo, la comprensión de señales humanas, el interés por los objetos y el autocontrol o inhibición de impulsos.

Cada sesiĂłn fue grabada en vĂ­deo por las familias y enviada al equipo cientĂ­fico. Esto permitiĂł comprobar que los ejercicios se realizaban correctamente, revisar con calma el comportamiento de cada perro y codificar de forma objetiva las decisiones que tomaban en cada prueba.

El enfoque era estrictamente observacional: no se utilizaron métodos invasivos de ningún tipo. Los perros participaban en juegos o pequeñas tareas y recibían comida o interacción social como recompensa, algo que encaja con la filosofía del Dog Cognition Centre, pionero en Reino Unido en el estudio de cómo los perros entienden a los humanos y su entorno.

Entre los participantes destacó, por ejemplo, Harvey, un border collie del Reino Unido que ha llegado a memorizar los nombres de 203 juguetes. Su cuidadora explica que siempre ha fomentado su interés por los objetos y que en casa conviven con más de 220 juguetes, un contexto que, según el estudio, encaja con la idea de que la curiosidad y el ambiente pueden ir de la mano.

Tres rasgos cognitivos que marcan la diferencia

Al analizar todo el material, las investigadoras observaron que los perros capaces de aprender nombres de muchos objetos compartían tres rasgos cognitivos muy marcados que apenas se veían en el grupo de control. Estas características parecen funcionar como una especie de “combo” mental que facilita el aprendizaje de etiquetas verbales.

El primer rasgo es la curiosidad. En las pruebas de “objeto novedoso”, los perros genio dedicaban más tiempo a explorar y observar juguetes desconocidos, frente a los perros de control, que perdían el interés antes o buscaban más rápidamente la ayuda de la persona. Esa inclinación a investigar lo nuevo se interpreta como una base sólida para el aprendizaje: quien explora más, acumula más información.

El segundo rasgo tiene que ver con el foco en determinados objetos. Estos perros no solo eran curiosos en general, sino que mostraban una preferencia clara por ciertos juguetes, como los de goma o con texturas concretas, y mantenían su atención en ellos durante más tiempo. Esa especie de “fijación” facilita que el perro pueda vincular una palabra a un objeto concreto y consolidar esa asociación de forma estable.

El tercer elemento clave es la inhibición de impulsos. En tareas que exigían controlar la reacción inmediata —por ejemplo, no ir de frente hacia un objeto para obtener la recompensa, sino rodear una barrera—, los perros que aprendían nombres de objetos lo hacían mejor. Esa capacidad para “pararse”, contener la primera reacción y elegir una estrategia diferente resulta esencial en ejercicios cognitivos complejos.

Estas diferencias se apreciaron también en detalles más sutiles: los perros de control tendían a buscar más la ayuda de las personas en algunas situaciones, mientras que los perros genio actuaban de forma algo más independiente. Sin embargo, en el test de memoria (con intervalos de 30 minutos, 2 horas y 24 horas), fueron los perros del grupo de control quienes, de media, rindieron mejor, lo que rompe el tópico de que estos “perros genio” destacan en todas las facetas de la memoria.

De Rico a los label-learning dogs actuales

La trayectoria que ha llevado hasta este estudio arranca hace dos décadas. En 2004, la investigadora Juliane Kaminski tuvo acceso al famoso border collie Rico, un perro que se hizo conocido por reconocer más de 200 palabras asociadas a objetos. Aquel caso fue un punto de inflexión y abrió una línea de investigación sobre cómo los perros procesan información verbal y social.

Desde entonces, el Dog Cognition Centre de Portsmouth ha trabajado con cientos de perros en estudios no invasivos, analizando cómo interpretan nuestros gestos, miradas y palabras. Entre sus hallazgos más llamativos figura la detección de nuevos músculos alrededor de los ojos que los perros habrían desarrollado para comunicarse mejor con los humanos, y la descripción detallada de los movimientos faciales caninos, incluyendo la llamada Unidad de Acción (AU) 101, implicada en el levantamiento de la parte interna de las cejas.

Los actuales label-learning dogs se pueden considerar herederos de aquel primer caso de Rico: son perros que han demostrado una capacidad fuera de lo común para asociar nombres y juguetes. La novedad de este último trabajo es que, por primera vez, se ha podido esbozar un “retrato cognitivo” de estos animales y compararlo sistemáticamente con el de otros perros.

La coautora Juliane Bräuer, desde la Universidad Friedrich Schiller de Jena, explica que estos resultados apuntan a un perfil muy concreto: perros intensamente curiosos, con gran atención selectiva a ciertos objetos y alta capacidad de autocontrol. A partir de aquí, el reto es saber si ese perfil aparece ya en la etapa de cachorro o se moldea con la experiencia.

Aunque algunos análisis comparan estos rasgos con ciertos perfiles humanos muy centrados en el detalle y con menor motivación social, los propios autores insisten en que cualquier paralelismo con rasgos del espectro autista debe tomarse con cautela. Falta mucha investigación para saber hasta qué punto estos patrones atencionales y de inhibición son comparables entre especies.

Aplicaciones prácticas: hacia tests para cachorros y perros de asistencia

Más allá de entender por qué un puñado de perros puede aprender tantos nombres de objetos, el estudio abre puertas a posibles aplicaciones prácticas en Europa y otros territorios. Una de las ideas que se barajan es el desarrollo de un “test cognitivo para cachorros” que permita detectar pronto qué perros tienen un potencial especial para el aprendizaje referencial de palabras.

Disponer de herramientas de este tipo sería especialmente útil en la selección de perros de asistencia para personas con discapacidad visual o auditiva, donde la precisión en el reconocimiento de objetos, señales y órdenes es crucial. También podría aportar ventajas en ciertos ámbitos del trabajo policial, como la búsqueda de objetos o pruebas específicas, donde un perro que distingue con claridad entre distintos ítems tiene un plus de eficacia.

La Universidad de Portsmouth y el equipo de DogStudies subrayan que la muestra utilizada en el estudio es pequeña, pero también señalan que la diversidad geográfica y de contextos familiares refuerza la solidez de los patrones observados. El siguiente paso será comprobar si estos mismos rasgos se detectan en más perros y si es posible diseñar pruebas estandarizadas y fáciles de aplicar.

Una cuestión clave es hasta qué punto estos rasgos son innatos o pueden entrenarse. Si la curiosidad, el foco en objetos y la inhibición de impulsos se pueden potenciar con experiencias adecuadas desde edades tempranas, los programas de formación de perros de servicio en Europa podrían adaptarse para favorecer el desarrollo de estas capacidades. Si, por el contrario, se confirma que son habilidades mayoritariamente innatas, la prioridad pasaría por mejorar los sistemas de detección y selección.

En cualquier caso, los propios autores hacen una llamada a la prudencia: la participación de solo 11 perros genio obliga a considerar estos resultados como un punto de partida. Harán falta estudios más amplios, con más animales y contextos, para traducir todo este conocimiento en protocolos de evaluación rutinarios para escuelas de perros de asistencia o cuerpos de seguridad.

Los investigadores también destacan el valor de la exploración más allá de los perros genio. Profesionales de la educación canina en España y otros países europeos recuerdan que, incluso en perros con traumas o miedos intensos, fomentar la curiosidad puede ser una herramienta muy potente de rehabilitación: cuando un perro empieza a explorar su entorno con interés, suele ser señal de que el miedo está cediendo terreno.

En palabras de especialistas en conducta, la curiosidad actúa casi como un “antídoto” del miedo: cuando el perro se anima a investigar, suele indicar que va en la dirección adecuada. Este enfoque se aplica, por ejemplo, en la recuperación de galgos y otros perros rescatados, donde se refuerzan pequeños gestos de exploración para ayudarles a ganar seguridad.

Mientras la ciencia sigue afinando qué hace especiales a estos once perros repartidos entre Reino Unido, Centroeuropa y Norteamérica, el estudio aporta una idea clara: dentro de la enorme variabilidad de la especie canina existen perfiles cognitivos muy distintos. Algunos perros pueden llegar a aprender los nombres de cientos de juguetes; la gran mayoría, no. Pero todos comparten otra capacidad igual de valiosa: la de comunicarse y vincularse con las personas de formas muy diversas, aunque sean menos espectaculares que memorizar el nombre de cada objeto de la casa.

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