

La leishmaniosis canina es una de las enfermedades más peligrosas que pueden tener los canes, hasta el punto de que puede acabar siendo mortal para ellos si no es detectada a tiempo. Además, también puede afectar a los humanos, y lo peor es que es endémica en muchas regiones, como América del Sur, la región mediterránea, África y Asia.
Es una enfermedad que se transmite a través de la picadura de un mosquito flebótomo. Cuando el flebótomo pica al animal, inocula el parásito Leishmania en su cuerpo. Puede llevar tiempo saber que nuestro amigo ha sido infectado, por lo que es importante saber cómo prevenir la leishmaniosis canina, ya que hasta el momento no se ha desarrollado ninguna vacuna capaz de curarla. No existe contagio por contacto directo entre perros ni de perros a personas: el vector es imprescindible para la transmisión.
La leishmaniosis no tiene cura, pero sí que se puede prevenir fácilmente si tomamos una serie de medidas, como son:
- Antes de que empiece el buen tiempo, ponle a tu perro un collar Scalibor anti-mosquitos que encontrarás en las clínicas veterinarias. Esto es especialmente importante si vives en una zona donde es endémica. La eficacia es de un 95%.
- Asimismo, puedes ponerle también una pipeta repelente, que si bien no es tan efectiva como el collar (su eficacia ronda el 85%), puede ayudar.
- Saca a pasear a tu amigo durante el día (entre las 8 y las 17-18h), ya que por la noche es cuando los mosquitos se mantienen más activos.
- Es aconsejable colocar mosquiteras, cuyos agujeros sean diminutos, en las ventanas y puertas.
A día de hoy también contamos con una vacuna para prevenir la leishmaniosis, con una eficacia muy alta (hasta el 99% según producto y estudio). En algunas pautas se administran tres primeras dosis, con tres semanas de margen entre vacunas, y a partir del segundo año se pone una anual; en otras, la pauta inicial es distinta según la vacuna disponible. El precio es orientativo y puede variar por clínica y producto, y sólo se pueden vacunar aquellos perros que no están infectados.
Si sospechas que tu perro tiene problemas, no dudes en llevarlo al veterinario.
¿Qué es la leishmaniosis y cómo se transmite?
Leishmania infantum es un parásito protozoo que vive dentro de las células del huésped. El vector son los flebótomos (pequeños “mosquitos” de actividad crepuscular y nocturna) y sin su picadura no hay contagio. Prefieren temperaturas templadas, zonas húmedas y ricas en materia orgánica (grietas, raíces, hojarasca). En numerosos países mediterráneos su presencia es amplia y creciente por factores ambientales y climáticos.

Síntomas de alerta y periodo de incubación
Desde la picadura hasta los primeros signos pueden pasar 4-6 meses (rango amplio de 3 a 18 meses). No todos los perros muestran lo mismo: algunos tienen lesiones cutáneas iniciales; otros, signos generales.
- Sintomatología inespecífica: apatía, atrofia muscular, episodios de fiebre, lagrimeo excesivo, cojera sin causa aparente.
- Signos más sugestivos: onicogrifosis (uñas largas), alopecia y úlceras en orejas y entorno ocular, adelgazamiento, ganglios aumentados, epistaxis.
Si progresa sin control, puede afectar a riñón, bazo e hígado (leishmaniosis visceral) comprometiendo seriamente la vida del animal.
Prevención integral: repelentes, hábitos y entorno
La estrategia más efectiva es combinar métodos para evitar la picadura:
- Repelentes externos: collares con piretroides y spot-on. Algunos collares han demostrado eficacias muy altas en laboratorio; usarlos de forma continua reduce el riesgo de transmisión y también en perros ya infectados limita que un flebótomo se infecte al picarlos.
- Horarios y lugares: evita amanecer y anochecer y las zonas húmedas (cauces, regadíos, vegetación densa) en épocas de actividad. Procura que duerma dentro de casa o en zonas protegidas con mosquiteras de malla fina.
- Entorno: reduce materia organica (basura, hojas), sella grietas y mejora el drenaje de la parcela o patio. En casetas, valora pinturas/insecticidas de contacto indicados por tu veterinario.
- Protección todo el año: en áreas con vector activo de forma prolongada conviene mantener repelentes de forma continua. Si viajas, protege antes del desplazamiento.
- Chequeos periódicos: en zonas endémicas, realiza tests serológicos o PCR de forma regular (anual y, si el riesgo es alto, semestral) para detectar precozmente.
- Apoyo inmunitario: tu veterinario puede valorar domperidona (fármacos inmunomoduladores específicos) en ciertos casos para potenciar la respuesta celular.
- Reproducción responsable: dado que existen vías no vectoriales poco frecuentes (vertical y sexual), la esterilización puede contemplarse en contextos de riesgo.

Vacunas disponibles y su papel
Las vacunas antileishmania no impiden al 100% la infección, pero reducen el riesgo y la progresión clínica. Se recomiendan en perros que viven o viajan a zonas endémicas y deben administrarse sólo si el test es negativo. La pauta inicial y refuerzos dependen de la vacuna (algunas requieren tres dosis iniciales y otras un esquema diferente). Deben usarse junto a repelentes para maximizar la protección.
Diagnóstico temprano y monitorización
El veterinario combinará exploración física con pruebas como serología (IFI, ELISA), PCR y, en algunos casos, citología o biopsia. Los análisis de sangre y proteinograma ayudan a evaluar inflamación, anticuerpos y el impacto en riñón e hígado. En perros expuestos o convivientes de positivos, se aconseja control periódico.
Tratamiento cuando hay diagnóstico positivo
El tratamiento es farmacológico y personalizado según carga parasitaria y función orgánica. Se usan combinaciones como Alopurinol (parasitoestático) con antimoniato de meglumina o miltefosina, entre otros. Requiere controles regulares y, en ocasiones, dietas específicas para apoyar el riñón. Muchos pacientes evolucionan a un estado crónico controlado con buena calidad de vida. Aunque se mejore, el perro debe seguir protegido con repelentes para evitar reinfecciones y cortar la transmisión.
Preguntas clave
- ¿Contagia a personas? Es una zoonosis, pero la transmisión a humanos requiere flebótomos. No hay contagio por caricias, saliva o convivencia normal.
- ¿Cuándo hay más riesgo? En épocas templadas y zonas húmedas, especialmente al amanecer/anochecer. La actividad puede prolongarse según clima local.
- ¿Sirve de algo un solo método? La mejor protección es la estrategia combinada: repelentes + hábitos + entorno + vacuna (si procede) + controles veterinarios.
Cuidar el entorno, elegir bien los horarios de paseo, usar repelentes de calidad, valorar la vacunación y hacer tests periódicos son las claves que marcan la diferencia para mantener a tu perro seguro frente a la leishmaniosis.
