
Con la llegada de las fiestas navideñas, las calles se llenan de celebraciones, luces y reuniones familiares, pero también de ruido y sobresaltos causados por los petardos, y muchos propietarios buscan información sobre qué hacer si mi perro tiene miedo a los cohetes. En muchas ciudades españolas, tirar pirotecnia en la vía pública en Nochevieja está estrictamente limitado o directamente prohibido, aunque a menudo la costumbre social vaya por delante de lo que dice la ley.
Para evitar sustos, accidentes y conflictos vecinales, y también problemas como perros perdidos por la pirotecnia, los ayuntamientos han ido endureciendo en los últimos años sus ordenanzas. Las normas locales suelen vetar el uso libre de artificios pirotécnicos en calles, plazas o parques, reservando su utilización a espectáculos autorizados o a horarios muy concretos, y fijan un régimen de sanciones que puede salir caro a quien se salte las reglas.
Marco legal básico: qué dice la ley sobre petardos
Al margen de las ordenanzas locales, el uso de petardos se apoya en una normativa estatal que marca el terreno de juego. La Ley Orgánica 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana y el Real Decreto 989/2015, que aprueba el Reglamento de artículos pirotécnicos y cartuchería, establecen el marco general sobre fabricación, venta y uso de estos productos en España.
Esta normativa clasifica los artificios pirotécnicos en varias categorías. La F1 se considera de muy baja peligrosidad y bajo nivel de ruido (como bombetas infantiles o bengalas pequeñas), y solo puede venderse a mayores de 12 años. La categoría F2 se define como de baja peligrosidad y bajo ruido (por ejemplo, truenos medianos o cohetes moderados), restringida a mayores de 16 años.
La categoría F3 se reserva a productos de peligrosidad media, con efectos más potentes y destinados a espacios amplios al aire libre, estando limitada a personas mayores de 18 años. El objetivo es que los artificios más ruidosos y peligrosos solo estén en manos de adultos y siempre en condiciones de seguridad.
Más allá de la clasificación por edades, estas normas estatales persiguen proteger a las personas y los bienes, así como garantizar el ejercicio de derechos y libertades en un entorno seguro. De ahí que se insista en la compra en establecimientos autorizados, en el etiquetado homologado y en el cumplimiento estricto de las instrucciones de uso.
A partir de este marco general, cada ayuntamiento desarrolla su propia ordenanza para concretar cuándo y dónde se pueden tirar petardos, o si se prohíben totalmente en espacios públicos. Por eso, la situación puede cambiar bastante de una ciudad a otra, incluso dentro de la misma comunidad autónoma.
Uso de petardos en la vía pública: prohibiciones y excepciones
En muchas grandes ciudades españolas, la regla general es clara: no se permite el uso de pirotecnia en la calle sin autorización municipal expresa. Esto incluye cohetes, petardos y todo tipo de fuegos artificiales, desde los más ruidosos hasta los aparentemente inocuos.
Municipios como Madrid, Sevilla, Pamplona o San Sebastián contemplan en sus ordenanzas que tirar petardos en la vía pública está vetado salvo en actos autorizados, como cabalgatas, espectáculos de fin de año o eventos organizados por el propio consistorio. En esos casos suele haber empresas especializadas al mando y un dispositivo de seguridad preparado.
En otras localidades se permite un cierto margen durante fechas muy señaladas, pero con limitaciones horarias estrictas. Ciudades como Huelva o Almería reducen el uso de pirotecnia a noches concretas —por ejemplo, el 24 y el 31 de diciembre— y en franjas como de 22:00 a 02:00, lo que significa que encender un petardo fuera de ese intervalo está prohibido.
En paralelo, hay municipios que han optado por una línea aún más tajante. En algunos términos urbanos el uso de artificios pirotécnicos en espacios públicos se prohíbe de forma general durante todo el año, salvo que haya un permiso específico para una actividad concreta, algo habitual en zonas históricas o cascos urbanos muy densamente poblados.
Detrás de estas decisiones locales se encuentra la misma idea: reducir los riesgos para la seguridad y la integridad física de las personas, minimizar incendios o daños materiales y, además, evitar que el ruido se convierta en una fuente constante de conflicto entre vecinos.
Sevilla: horarios restringidos para petardos en Navidad y Nochevieja
En el caso de Sevilla, el Ayuntamiento ha optado por una fórmula intermedia: la ordenanza municipal contra la contaminación acústica prohíbe en general el uso de material pirotécnico en la vía pública, pero recoge algunas excepciones específicas durante las fiestas navideñas.
La norma contempla cierta flexibilidad en los días 24, 25 y 31 de diciembre y 1 de enero, dada la tradición festiva de esas jornadas. No obstante, incluso en esas fechas se marcan dos periodos muy claros en los que no se puede hacer estallar petardos: entre las 03:00 y las 11:00 horas y entre las 15:00 y las 18:00 horas, franjas diseñadas para proteger el descanso nocturno y la siesta.
Eso significa que, aunque durante algunas horas pueda haber cierta tolerancia, usar pirotecnia fuera del margen permitido supone una infracción. Además, el Ayuntamiento incide en que no todo vale: se deben respetar también los niveles máximos de ruido y las condiciones de seguridad recogidas en la ordenanza.
Las consecuencias económicas tampoco son menores. El incumplimiento de los horarios o de los límites de ruido puede conllevar multas de entre 300 y 750 euros por infracciones leves. Si el comportamiento provoca daños materiales o pone en peligro la seguridad de las personas, las sanciones se encuadran como muy graves y pueden alcanzar entre 1.500 y 3.000 euros.
Paralelamente, desde el servicio de Emergencias 112 de Andalucía se insiste en que los productos pirotécnicos no son juguetes y requieren una manipulación responsable: comprarlos siempre en puntos de venta autorizados, no permitir que los menores los utilicen sin supervisión adulta y, para las mascotas, seguir indicaciones sobre cómo cuidar a mi perro de los cohetes, y encenderlos únicamente en el suelo, alejados del cuerpo y en espacios abiertos y despejados, sin recurrir a papeleras, botellas o alcantarillas, que pueden convertirse en auténticas trampas por el riesgo de explosiones descontroladas.
Jerez: bando municipal y control de la venta de pirotecnia
En Jerez, el Ayuntamiento ha reforzado el mensaje de prudencia de cara a las fiestas de Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo con un Bando Municipal específico. Este texto desarrolla lo previsto en el Real Decreto 989/2015 y en la Ordenanza Municipal de Policía y Buen Gobierno, y pone especial foco tanto en la venta como en el uso de artefactos pirotécnicos.
Según este bando, no se permite vender productos pirotécnicos en establecimientos sin la licencia correspondiente, ni suministrarlos a personas que estén bajo los efectos del alcohol o de sustancias estupefacientes. Se trata de reducir situaciones de riesgo añadido en unas fechas en las que el consumo de alcohol suele ser elevado.
En cuanto a las edades, se respetan los mismos límites que marca la normativa estatal: artificios de categoría F1 solo para mayores de 12 años, F2 para mayores de 16 y F3 para mayores de 18. Pero además, el Ayuntamiento subraya que la manipulación o el disparo de petardos y fuegos artificiales requieren autorización municipal expresa, de modo que no vale simplemente comprarlos y encenderlos en cualquier plaza o calle.
La Policía Local de Jerez, apoyada por otros cuerpos de seguridad, se encargará de vigilar el cumplimiento de estas normas, con la facultad de iniciar expedientes sancionadores e incautar material cuando se detecten infracciones. El mensaje institucional va en la línea de compatibilizar la fiesta con la seguridad, la limpieza y la convivencia.
De forma complementaria, el consistorio ha puesto en marcha un dispositivo especial de limpieza para los días 24, 25 y 31 de diciembre y 1 de enero. A través de la Delegación de Servicios Públicos se han planificado refuerzos de personal y medios mecánicos en las zonas más concurridas, especialmente en el centro urbano y en los puntos más frecuentados por vecinos y visitantes, con el fin de reducir al máximo las molestias y recuperar la normalidad lo antes posible tras cada celebración.
Alcalá de Henares: prohibición total de petardos en la calle
En el corredor del Henares, el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, a poca distancia de Madrid capital, ha marcado una postura muy clara de cara a la Navidad: queda prohibido lanzar petardos, fuegos artificiales o cualquier artificio pirotécnico en el espacio público del municipio.
El consistorio recuerda esta limitación amparándose en su Ordenanza Municipal para Fomentar y Garantizar la Convivencia Ciudadana en el espacio público. Entre los motivos se menciona expresamente la necesidad de no causar molestias a las personas ni perturbaciones a los animales domésticos y silvestres, motivos por los que conviene conocer cómo saber si mi perro está estresado, apostando por unas fiestas más tranquilas.
Quien ignore esta prohibición se arriesga a sanciones nada despreciables. El Ayuntamiento advierte de que las multas pueden alcanzar los 750 euros, sin perjuicio de las posibles responsabilidades civiles y penales que puedan derivarse si se ocasionan daños o lesiones. Además, se apela a la colaboración vecinal para que las celebraciones se desarrollen de manera apacible, sin sobresaltos ni conflictos.
Detrás de esta decisión pesa también la preocupación por la salud y la seguridad. Desde el ámbito municipal se recalca que, aunque muchos vean los petardos como un entretenimiento, se trata de artefactos potencialmente peligrosos si se usan sin conocimiento o de forma temeraria, más aún en entornos urbanos densos.
El impacto sobre los animales es otro argumento central. El ruido súbito y de gran intensidad que provocan los fuegos artificiales provoca estrés, miedo y desorientación tanto en mascotas como en fauna urbana, lo que puede derivar en fugas, accidentes y problemas de salud añadidos. Por ello, Alcalá de Henares se ha convertido en un ejemplo de municipio que apuesta por unas fiestas con menos estruendo.
Córdoba: prohibido tirar petardos en espacios públicos sin permiso
En Córdoba, el Ayuntamiento ha establecido un marco muy restrictivo respecto al uso de pirotecnia, especialmente en fechas como la Nochevieja, cuando aumenta el número de celebraciones. La normativa municipal parte del Real Decreto 989/2015 y de un bando específico sobre la prohibición, manipulación y uso de artificios pirotécnicos en vías públicas y privadas.
Este bando señala que se prohíbe la venta, manipulación y uso de cualquier tipo de artículo pirotécnico, en particular los denominados “petardos”, en zonas de dominio público y en espacios privados, salvo que se disponga de una autorización expresa del Ayuntamiento y, en su caso, de otras administraciones competentes.
La regulación recuerda también los límites de edad por categorías: artificios F1, de muy baja peligrosidad y bajo ruido, vetados a menores de 12 años; F2, también de baja peligrosidad y bajo nivel sonoro, prohibidos a menores de 16; y F3, de peligrosidad media y destinados a grandes espacios exteriores, reservados para mayores de 18 años. Incluso en lugares autorizados, estas restricciones de edad se aplican de forma estricta.
Las sanciones económicas en Córdoba están graduadas según la gravedad de la infracción. El Ayuntamiento distingue entre faltas leves, con multas que oscilan aproximadamente entre 100 y 3.005 euros; faltas graves, penalizadas desde 601 hasta 90.151 euros; y faltas muy graves, con cuantías que pueden situarse entre 30.001 y 601.012 euros.
Además de las multas, las consecuencias pueden incluir la incautación del material, el cierre temporal de establecimientos, la retirada de autorizaciones e incluso la revocación del permiso para abrir un local en caso de venta no autorizada. Con ello se pretende desincentivar la comercialización irregular de estos productos y reforzar la seguridad en toda la cadena, desde el vendedor hasta el usuario final.
Motivos de las restricciones: seguridad, salud y convivencia
El endurecimiento de las normas sobre petardos en Nochevieja y en otras fechas señaladas no es caprichoso. Las principales razones tienen que ver con la seguridad ciudadana y la prevención de accidentes. Cada año se registran quemaduras, heridas en manos, lesiones oculares y daños auditivos, especialmente entre niños y adolescentes que manipulan estos artefactos sin experiencia.
En espacios cerrados o cerca de elementos inflamables, un simple cohete o petardo puede originar incendios en viviendas, locales o zonas con decoración navideña, donde hay cortinas, luces eléctricas y adornos que arden con facilidad. Por eso se insiste tanto en no utilizarlos en portales, patios interiores o balcones y limitar su uso, cuando esté permitido, a espacios abiertos y despejados.
Otro pilar de estas restricciones es el ruido. La pirotecnia contribuye a la contaminación acústica y a la alteración del descanso nocturno, algo especialmente sensible en zonas residenciales y en ciudades con mucha densidad de población. Las ordenanzas sobre ruidos suelen fijar horas de silencio que chocan frontalmente con la costumbre de encender petardos a deshora.
Los colectivos más vulnerables —personas mayores, bebés, personas con trastornos del espectro autista o problemas de ansiedad— son quienes más sufren los sobresaltos sonoros. De ahí que muchos consistorios prioricen la protección del bienestar general frente a la tradición de “hacer ruido” la noche de fin de año.
Por último, el impacto sobre los animales sigue cobrando peso en el debate público. Veterinarios y asociaciones recuerdan que el oído de perros, gatos y otras especies es mucho más sensible al estruendo, y que las explosiones repentinas pueden causar pánico, huidas descontroladas e incluso problemas cardiacos en los casos más extremos; por eso es útil saber cómo calmar a un perro. Esta preocupación ha llevado a algunos municipios a plantearse alternativas, como espectáculos de fuegos silenciosos o shows de luz y láser, aunque todavía son minoritarios.
Multas por tirar petardos en lugares públicos en Nochevieja
La consecuencia más inmediata de saltarse las normas sobre pirotecnia suele ser económica. Las ordenanzas municipales fijan rangos de sanciones que varían según la ciudad, el tipo de infracción y el perjuicio causado, pero que en la práctica pueden llegar a suponer un buen susto para el bolsillo.
En muchas localidades, tirar petardos en la calle sin autorización o fuera de los horarios permitidos se considera infracción leve, con multas que pueden situarse, según el municipio, entre 100 y 750 euros. Estos importes buscan frenar las conductas más habituales, como encender un petardo en una plaza residencial o en una calle concurrida.
Cuando el comportamiento conlleva un riesgo mayor —por ejemplo, usar material de alto poder explosivo en zonas muy sensibles, provocar pequeños incendios o causar daños en mobiliario urbano— la infracción puede calificarse como grave o muy grave. En casos de este tipo se contemplan sanciones que van desde varios cientos hasta varios miles de euros, y en algunas normativas, como la de Córdoba, las cuantías máximas pueden superar de largo los 90.000 euros en situaciones excepcionales.
A estas multas se añaden otras medidas: la incautación del material pirotécnico, el cierre temporal de negocios que vendan sin licencia o la retirada de autorizaciones a quienes organizan espectáculos sin cumplir los requisitos legales. Además, si se producen lesiones o daños importantes, pueden entrar en juego responsabilidades civiles y penales, con reclamaciones de indemnizaciones o incluso delitos contra la seguridad colectiva.
Por todo ello, los expertos y las autoridades recomiendan que, antes de salir a celebrar el cambio de año con cohetes, se consulte la normativa de ruidos y pirotecnia de cada ayuntamiento. Esa simple comprobación puede evitar sanciones y conflictos innecesarios, y ayuda a disfrutar de la Nochevieja con algo más de calma tanto para las personas como para los animales.
El panorama actual en España muestra que, aunque la pirotecnia sigue muy presente en las celebraciones de fin de año, cada vez más municipios limitan o prohíben tirar petardos en la vía pública en Nochevieja para priorizar la seguridad, el descanso y la convivencia. Conocer bien los horarios, respetar las zonas en las que no se pueden utilizar y seguir las recomendaciones básicas de uso responsable se ha vuelto imprescindible para que la fiesta no acabe en multa, accidente o en un mal trago para quienes nos rodean.